miércoles, 20 de enero de 2010

-Modern Vampire- [ Capitulo III -Antro- ] ﭢ

A una velocidad no visible para el ojo humano, noté como movía su mano izquierda cortando el aire, ocasionando un silbido por la velocidad, hasta llegar a la parte trasera de mi cabellera. Recorrió su mano por mi pelo hasta la nuca, provocandome grandes escalofríos y temblores en los hombros. Acarició mi cuello por el lado derecho, deslizándose por mi garganta y con un dedo levantó mi mentón. En una fracción de segundo, se encontraba enfrente mio. Comenzó a observarme fijamente.
-Fascinante.- Dijo fulminandome con la mirada.
Esa palabra me hizo recobrar el aliento, sin darme cuenta había estado conteniendo la respiración por un largo rato.
Tragué saliva e intenté analizarlo profundamente.
Su rostro denotaba pánico al ver que no me había sorprendido para nada.
Seguimos observandonos, intentando deducir cuál de los dos era el más extraño.
Sin parpadear ni siquiera una vez, intentaba sentir lo mismo que él. Por algún motivo se me complicaba, no lograba concentrarme. Me sentía bloqueado.
Sentí sus dedos acariciando mi rostro, no me importó. Tal vez era una estrategia para distraerme pero mi curiosidad por ese sujeto era mayor a lo que sucedía.
Sus dedos se detuvieron sobre la comisura de mis labios. Sin apartar la mirada de sus atrapantes ojos, lo mordí.
Su mirada se desprendió de la mía. Pude escaparme de sus hechizantes ojos color esmeralda que ahora se dirigían desde mi inexpresivo rostro hasta mis cálidos labios.
Reaccioné y me di cuenta de que empezaba a sentir lo mismo que él. No era pánico, sino todo lo contrario. Era admiración.
Una admiración que me hacía sonrojar como si fuese la primera vez que me sucedía.
Era común que los humanos sientan curiosidad y admiración por mí, que volteen tan solo para verme pasar gracias a mi persuasión de vampiro, pero él... Él me ocasionaba demasiada sed, me deseaba amí mismo. Ese sentimiento me hacía sentir más que alagado.
Todo se sentía tan extraño.
Con su dedo aún en mi boca y al sentir que no oponía resistencia, comencé a jugetear con mi lengua. Mi piercing dibujaba pequeños círculos en su dedo, provocándole pequeños cosquilleos.
El pánico lo dominó por un segundo. Por inercia tiró su dedo hacia afuera a una velocidad sorprendente, raspándose con mis dientes. Pude sentir como lo lastimaba. Ni un rastro de dolor. Me extrañó que faltara en mi boca el gusto a hierro que deja la sangre. Apartó su mirada de mi rostro, tomando su dedo con la mano derecha, observándolo sorprendidamente, sintiendo la humedad de mi saliva en él, lo colocó lentamente sobre su lengua, saboreándolo. Sus papilas gustativas se alteraron al contacto. Sus glándulas salivales atacaron el dedo, mezclándose con mi gusto, haciéndolo desaparecer rápidamente. Al retirarlo de su boca, lo seguía observando. La punta de su lengua humedeció sus finos labios rosas. Mordió suavemente su labio inferior y posó sus brillantes ojos sobre los mios.
-Dulce.- Pronunció aún saboreando sus labios. -Inhumanamente dulce.-
Su voz provocaba un efecto relajante por todo mi cuerpo. Acercó su dedo pulgar hasta mi boca, raspándola tiernamente con la punta de su uña, nos observábamos seriamente.
-Raro.- Me dijo a los ojos sin apartarlos de ahí ni un milímetro.
-Raro.- Le respondí, devolviéndole la mirada. Sentí como me temblaba la voz por la adrenalina.
Me sonrió y comenzó a alejarse, dejándome totalmente desconcertado, con todos mis sentidos alterados.
Quise saber su nombre, pero para cuando intenté preguntárselo, se había perdido entre toda la gente.
¿Quién es?

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