miércoles, 21 de abril de 2010

-Modern Vampire- [Capitulo XI -Deja-vü-]

La música se encontraba sonando en mi celular, más especificamente Superhero de You Love Her Coz She's Dead invadiendo mis oidos por medio de los auriculares.
Me encontraba en la terraza de un edificio, mirando el cielo extremadamente estrellado, con una gran luna alumbrando la ciudad. Hacía algo de frio para ser una noche de otoño.
Sonreí, manteniendo mis ojos cerrados y recordando la fiesta de la noche pasada en lo de aquél joven vampiro.
Mi cuerpo se llenaba de energia cada vez que hacía eso: cerrar mis ojos, sonreir y escuchar música.
Creeran que soy un fenómeno, pero puedo viajar con mi mente de un lugar a otro en el cuál ya haya estado.
Es raro, lo sé, pero es una de las habilidad más sorprendentes de mi raza, los Vampiros.
Se sorprenderán al descubrir como yo, que no soy el único "raro" que camina por la tierra.
Mi nombre es Daniel, bastante común ¿No lo creen?. Tengo veintidos años, aún soy estudiante. Llevo una vida bastante normal -obviando mis poderes.
Vengo de una familia de vampiros, se podría decir que soy un puro, pero odio las etiquetas.
Aparento ser más joven gracias a mi sangre de vampiro, algunos me dicen que tengo quince o dieciseis años como mucho, y que tengo cara de bebé.
Como todos los vampiros, tengo ojos violaceos y felinos. Mi cuerpo es pequeño, demasiado flacucho. Mi estatura... Me da verguenza decirlo, pero no llego al metro setenta.
Mi piel es blanca como la leche y mi cabello marrón. Lo llevo corto y despeinado la mayor parte del tiempo.
Mi obsesión... Las mujeres. No puedo pasar una noche sin el amor de una dama. ¿Quién podría sobrevivir sin ellas?.
Sangre femenina, la más dulce de todas las especies... Pero anoche todo cambió. Probé el dulce de los dulces, la sangre más azucarada del mundo. El primer sorbo embriagaba.
Podría estar horas describiendo lo que probé. Tengo pensado repetir todo lo vivido anoche, las veces que sea, hasta que mi cuerpo se llene completamente, hasta que no quiera más, que lo dulce me empalage nuevamente.
Abrí mis ojos, tomé mi celular y comencé a cambiar de música. Ésto es necesario para ayudarme a recordar el momento en el cuál quiero viajar y aparecer.
Pasé tema por tema, hasta escuchar Alice Practice, de Crystal Castles. El tema me traía demasiados recuerdos, no solo de la noche pasada.
Cerré mis ojos nuevamente, me dejé llevar por el sonido de la música. Los efectos 16-bit de la banda explotaban en el centro de mi cerebro. Todo se encontraba oscuro.
Sonreí, estaba empezando a ver los primeros flashes de colores que penetraban mis párpados cerrados y el calor de la gente me estaba invadiendo a los alrededores.
El olor a vomito de las personas penetró mis fosas nasales haciendome fruncir la nariz instantáneamene. El olor a alcohol mezclado con jugos gástricos me desagradaba más que a un humano por mi olfato de vampiro.
Abrí mis ojos y ahí me encontraba, rodeado de adolescentes extasiados y alcoholizados, saltando, moviendose sin sentido alguno, dejandose llevar por la música.
La fiesta se llevaba a cabo en un patio trasero, repleto de víctimas. La mayoría jovencitas, mis favoritas. Pero buscaba otro tipo de sangre, y no humana.
Me abrí paso entre las personas para adentrarme en la casa, caminé varios metros hasta llegar a la puerta metálica negra. Todo se encontraba oscuro en ese lugar.
Las luces de colores y los flashes no alumbraban ahí y costaba reconocer los rostros de las personas.
Choqué contra una mochila demasiado infantil, con el dibujo de una rana que me repugnó de tan solo verla. No me quise imaginar que tan ridículo se vería su portador.
Mucha gente se encontraba obstruyendo la entrada, todos apretados, hablando en voz alta aunque la música los opacaba.
Comencé a empujarlos suavemente para no lastimar a nadie, los humanos son muy frágiles.
Entré por una especie de pasillo en forma de L que llevaba a la cocina. El lugar se encontraba repleto también. Se podía ver una fila inmensa de jovenes para entrar al baño.
Todo estaba oscuro ahí tambien, salvo por un flash que parpadeaba rápidamente dejándote ciego cada vez que apagaba y prendía la luz. El olor a sudor invadia el aire.
Sentía el alcohol viajar por la sangre de todas las personas que me rodeaban pero una era la más furte, la que más podía percibir. Su sangre....
La sangre de aquél jóven vampiro, el que se encontraba dispuesto a entregarme hasta el último sorbo con tal de tenerme cerca y del cuál iba a beber una y otra vez.
Hice memoria para recordar si ya me había conocido o tendría que volver a presentarme con él otra vez.
Seguí su rastro, la sangre me guiaba sola. Seguí caminando hasta llegar a un pequeño cuarto que se encontraba iluminado por unos tubos violetas, haciendo resaltar los objetos blancos.
Adoraba esa habitación, la magia reinaba en el lugar y podías sentír que volabas tan solo al entrar. Y ahí estaba él, acompañado de tres mujeres y un hombre, sentados en una cama, sonriendo, hablando cosas sin sentidos.
Pasé caminando por delante de las cuatro personas que lo acompañaban sin prestarles atención, me arrodillé enfrente de él y lo miré a los ojos.
Sus ojos violetas me llenaron el alma de alegría, era sorprendente volver a tenerlo frente a frente. Saber que el portador de esa sangre no era imaginación mia, que realmente existía.
Me sonrió, con la mirada perdída y las pupilas dilatadas. No se encontraba en su mejor momento. El olor a alcohol que desprendia su cuerpo es imposible de describirlo.
Le devolví la sonrisa, tomé sus manos y se puso de pie. Me ayudó a hacer lo mismo.
- Deja-vü- Fue lo único que dijo, aún con la sonrisa sobre su rostro. Me apretó la mano y me sacó de la habitación.
Escuché un grito que provenía de donde habíamos salido, era una mujer, gritando -devolvéme a Mapini- o algo por el estilo, pero no le presté atención.
Pasamos entre la fila de personas que esperaban para utilizar el baño. El otro vampiro se encontraba alegre, caminaba y bailaba.
Si alguien se le cruzaba, él con la mano sobrante lo tomaba de la cintura y los hacía bailar al compás de la música. De vez en cuando escuchaba una leve carcajada de su parte.
- ¿Estás bien? - Le pregunté, sosteniendolo de la mano todavía.
No me contestó, solamente me miró y me dedicó una sonrisa muy chistosa. Seguímos caminando, hasta otra habitación que daba al patio trasero de la casa pero no había salida alguna.
Ésta habitación era aún más mágica que la anterior. El techo y las paredes del lugar brillaban como si estuviesen llenas de pequeñas estrellas fluorecentes amarillas.
Todo brillaba por una especie de líquido que fueron arrojando en la fiesta.
Mi acompañante me soltó de la mano. Comenzó a girar en el lugar, escuchando la música que sonaba al máximo aturdiendome los oídos.
-Bailá- Me invitó, girando más y más lento. Moví mis piernas pero mis brazos estaban caídos. Necesitaba algo que me motivara, me encontraba demasiado sobrio para hacerlo.
No supe que canción era, pero pude reconocer que la banda que sonaba seguía siendo Crystal Castles todavía.
- Soy Daniel- Le informé, pero hizo caso omiso, todavía giraba su cabeza perdídamente-. Se que sos un vampiro- Le dije, haciendolo parar de bailar.
- ¿Y cómo es que sabés eso?- Me interrogó, acercandose.Las palabras que pronunciaba se le trababan y se tambaleaba al caminar.
- Soy un vampiro también- Vi como me miraba fijamente a los ojos. Tambien vi como se mordía sus labios, haciendolos sangrar-. ¡Hey! ¿Qué hacés? -
Pero para cuándo terminé de preguntar, él se encontraba sobre mis labios, mojandome con su sangre. Deleitandome con su elixir. Exaltando todos mis sentidos. Extasiando hasta la última célula de mi cuerpo.
La música sonaba aún más fuerte, el olor a alcohol invadía con más intensidad mis fosas nasales, sentía que volaba. El dulce sabor empalagó mi lengua, pasandola sobre la comisura de sus labios.
Y ahí estaba yo, bebiendo de él, especificamente de su boca, como tenía planeado, cumpliendo mi objetivo al haber vuelto a la fiesta. Realmente estaba flotando en el aire o eso creí sentir.
Otra vez sonaba en mis oidos Superhero, y el aire frio me volvía a golpear de lleno, la luz de la luna bañaba todo mi rostro, dandome un aspecto sómbrio.
Las estrellas seguian tan brillantes como antes, nada había cambiado. Toqué mis labios, estaban bañados en sangre dulce y tíbia y volví a sonreir.

-Modern Vampire- [ Capitulo X - Tamarah - ]

¡Ah! Despertar con ansiedad de sangre, ese deseo de morder un cuello, una muñeca o tal vez un pecho. Beber de cualquier humano, hombre o mujer, joven o anciano. Y esas locas ganas de tener sexo.
Sexo...
Éste día no se me hacía diferente a otro, lo veía exactamente igual. Despertar abrazada a dos hombres (O más) desnudos sobre mi cama, bañados en sangre y agotadisimos por la noche movida que tuvimos.
- Otro aburrido día en la ciudad-. Dije empujando a los hombres desmayados de la cama, dejándolos caer al suelo provocando un golpe seco.
Me miré al espejo.
- Hermosa-. Me dije sonrojando.
Mi cabello oscuro y lacio permanecía intacto, parecía recién peinado, como si nunca me hubiera acostado. El maquillaje lo llevaba corrido, pero mi piel cobriza no necesitaba mucho de el, solo un poco de delineador en los ojos y listo. Mis labios se encontraban aún húmedos gracias al brillo labial. La noche anterior tuve que usarlo más de siete veces.
Saqué una crema del cajón y comencé a quitarme el maquillaje de la cara, especialmente el delineado.
Mis felinos ojos violetas relucian esplendidamente.
El reflejo del espejo me devolvía una mirada atrapante, peligrosamente atrapante.
- Un alma violeta-. Murmuré - Azul bañado de sangre. Un alma azul rojiza -
Escuché los quejidos de uno de los hombres que había empujado al suelo, se estaban despertando.
Sed...
Dejé de mirarme en el espejo, para observar a los gemelos retorcerse sobre el gélido suelo, con sus cuerpos desnudos y bañados en sangre seca. Les dediqué una mirada sin importancia.
- ¡Arriba!-Dije chasqueando mis dedos- El sol está dejando de brillar, los pajaros no cantan, el crepúsculo nos está abrazando-. Dejé volar mi mirada libremente, perdída, con una sonrisa tonta sobre mi rostro, como si estuviera apreciando el cielo desde mi cama, con expresión soñadora. Los escuché balbucear cosas sin sentido, solo comprendí algo como "Un ratito más". Estiré mis brazos, uno para cada lado de la cama, ofreciendoles la mano en forma de ayuda a los dos sujetos (Que por cierto no sé los nombres)-. Va, va, va, arriba les dije, nada de vueltas- me oyeron chasquear los dedos otra vez-. Mis bonitos, levantense- Dije de nuevo con la mirada perdída y la tonta sonrisa- Ya no me sirven, están agotados-. Recorrí sus cuerpos con la mirada, analizando que tan usados se encontraban-. Bueno, un sorbo más no le hace mal a nadie-. Me resigné y tomandolos de los brazos los tiré sobre la cama.
Cuando sus carnes cálidas y vivas me tocaron, cuando abrí los labios y sentí derramarse la sangre sobre mí, sentí el único placer que podía aliviar mi sed.
Gemídos de placer.
Gritos de dolor.
Pánico.
Amor.
El peso del cuerpo de uno de los gemelos, se encontraba todo sobre mí. El otro observaba, analizando la situación. No se encontraba asustado. Hizo una mueca de asco, pero aún así no notaba miedo en su rostro.
-¿Asustado?- Pregunté, lamiendome los labios con la lengua, empujando el cadaver hacia un costado y acercandome al hermano.
- Ni un poco- Contestó seriamente-. Me lo esperaba. La ciudad lo esperaba, el sacrificio de un humano, para acabar con la plaga- Mi expresión de pánico fue demasiado exagerada, hasta pensé en tomar el espejo y verme en el para apreciar el gesto y sobreactuarlo-. Vampirismo- Continuó- Practicas eso, siempre lo supe ¿Nunca pensaste en lo obvio que era atacar siempre en el mismo lugar? ¿Creíste que ibas a pasar desapercibida? ¡La mayoría eran mis amigos! Estudié tus movimientos. Entrabas al boliche, caminabas entre las personas rozando tu cuerpo con la gente, todos volteaban ¡¿Por qué volteaban?! Había algo raro en vos, si, algo muy raro...-
- Vas a perder la cabeza-. Dije riendo . Él seguía hablando acelerado.
- ¡Calláte!- Gritó señalandome con un dedo-. Matáste a mi hermano ¿Cómo no voy a perderla? Lo raro en vos... tocás a alguien y ya te desean ¿Por qué lo hacen?. Intenté convencerme de que no era cierto, de que... esa cosa que sos, seas lo que seas... que vos no existías.
- ¿Y qué es lo que soy?- Pregunté con un dedo en la boca sonriendo. Me encontraba arrodillada sobre la cama a pocos centimetros del humano. Nos encontrabamos sin ropa.
- Un vampiro- Otra mueca de asco sobre su rostro-. Una maldita chupa sangre, que vive de nosotros, se aprovecha de nuestras debilidades...
Hasta que lo reconoces! La carne... Debilidad, ¿No?- Mojé mis labios con la lengua y pasé un dedo entre mis pechos, bajando por el abdómen y dibujando pequeños circulos hasta subir de nuevo y morir en mi boca.
- Tus ojos...- Entrecerró los ojos para poder observarme mejor-. Tienen un profundo efecto sobre mi mente. No entiendo porque me tranquilizan, me quitan todo temor, todos los nervios.
- Vas a perder la cabeza- Volví a sonreir.
- Dejá de repetir eso-. Su voz sonó muy tranquila, se encontraba flotando en un mundo de fantasías, relajado, perdído en mis ojos.
- Estoy enojada- Inflé mis mejillas infantílmente-. Hablaste sobre mis ojos y no comentaste lo bonitos que son- Tomé otra vez el espejo, por supuesto que eran hermosos los ojos que me observaban-. Mi cola, decíme ¿Qué te parece?- Me puse de espaldas a él y moví mi cintura como odalisca-. ¿No es perfecta?- Me di un golpe con la mano que sonó como un latigazo-. A que no te podes resistir- Solté una carcajada- ¡Que bonitos ojos! dicen todos ustedes ¡Pero si nunca nos prestan atención! Se dejan llevar por la carne ¡No ven las horas de que les demos la espalda para que nos puedan observar! Y ni hablar de querer tocarnos ¿Cuántas veces se te escapó una mano? Rozarnos con lo que sea, pasar cerca de nosotros para rozarnos con sus penes por dentro del pantalon ¿Me equivoco? ... Debilidad.
- Debilidad, ignorancia, sangre... sexo- El humano se había escapado del hechizante color violeta, ahora observaba mi espalda-. Irresistible- Dijo moviendo sus manos resistiendo a la tentación y mordiendo sus labios-. Un ser divino-
- ¿Por qué te resistis? Hacé lo que quieras... Soy tuya-
- ¿Mia? ¿Lo que quiera? - Su voz sonaba muy agitada
- Lo que quieras - Repetí. Apoyé mis brazos en la almohada, boca abajo, corrí mi cabello de la espalda, él se encontraba detras de mí.
- Toda mia- Dijo él, clavando en mi una estaca que sacó de su chaleco que se encontraba tirado a un costado de la cama, llenando mis pulmones de sangre.
- ¿Qué hacés? - Grité, girando sobre la cama.- ¡Oh dios mio! ¡Moriré! ¡Que alguien me ayude!- Daba gritos de dolor y gemídos a la vez sobreactuados. El humano caminaba a un costado de la cama, observandome. - ¡Maldito seas!-
- Desde un principio supe que nos controlabas mentalmente- Se había parado en seco, me miraba girar sobre la cama, escupiendo sangre-. Ese azul bañado en rojo sangre ¿Sabés que significa eso?- Largó una pequeña carcajada, se refería a mis ojos-. Sexópata, que vas a saber sobre eso- Se posó en los pies de la cama, juntando su ropa, hablando sin mirarme-. El rojo simboliza poder, se asocia con la ambición y vitalidad. Te otorga confianza, coraje y una actitud optimista ante la vida ¿Me equivoco?- Se colocaba su boxer. Se veía tan sensual con el-. Si te encontras con rabia, tus ojos se verían más rojizos que azules ¿Verdad? Demasiado rojo te convierte en irritable, impaciente e inconformista - Ahora se colocaba un jean- ¿Sabías que el rojo se asocia con la atracción, pasión, deseo, amor?-Me fulminó con la mirada-. Y el azul... - Me lo comía vivo, su abdómen descubierto y todo marcado, solo para mí. Yo seguía dando vueltas en la cama, no paraba de gritar y escupir sangre. Sus ojos color miel me derretian ¡Ah!.- es un color tranquilizante, se lo asocia con la mente, la parte más intelectual de la mente. Representa la noche. El oscuro azul de medianoche, ejerce como un fuerte sedante sobre nuestra mente ¿A que no lo sabías? Te ayuda a controlar la mente, a ser intuitivo y creativo. Gracias a él, podés controlar a la gente-
Me quedé quieta sobre la cama boca arriba. Comencé a reirme, hasta que se convirtió en una estruendoza carcajada.
- ¿Sos una especie de psicólogo caza vampiros?- Seguí riendome. Su rostro se llenó de pánico-. Me agradas-
-Llamáme como quieras... pero estás muerta-
- ¿Muerta? ¿Cuándo estuve viva?- Volví a sonreir, quitandome la estaca de mis pulmones, desprendiendo sangre-. ¿Creés que esto puede matarme?- Pasé mi lengua por toda la estaca. Di un gemído-. Necesitas más que un palito para matarme ¿Qué te pareció mi actuación? ¿Necesito mejorarla?.
- ¡Estás loca!- Agarró su remera y los zapatos asustado, corriendo para atras.
Salí de la cama a una velocidad incalculable, parandome enfrente de él, mirandolo fijamente a los ojos.
- No te asustes- Lo volví a hechizar con la mirada-. No sé hasta que punto soy invencible, pero un humano tan sensual como vos, no podría matarme. Si tu belleza no es capaz de hacerme daño... Dudo que un simple escarbadientes lo haga.
Corrió su rostro de mí, ya se había tranquilizado.
- Muchas personas saben de mi paradero, si no vuelvo con vida van a venir a buscarte- Observó el cadaver de su hermano sobre el suelo, seco-. Es cuestión de tiempo.
Mis ojos se encontraban abiertos como platos. Un tic nervioso atacó mi cabeza, haciendola temblar ¿Me iban a venir a buscar? ¿Ya no me encontraba oculta entre los humanos?.
- No me podés hacer ésto. Te doy lo que quieras a cambio de tu silencio ¿Por favor?- Me arrodillé en el suelo juntando mis brazos como si estubiera rezando, comencé a parpadear rápidamente...
- No me hagas ojitos, no va a funcionar, sos malísima actuando- Eso fue un golpe bajo para mí.
- ¿Mala actuando? ¡¿Pero qué sabés sobre actuación?! ¿Desde cuándo los psicólogos o adictos a los colores y a lo que representan saben sobre actuación?-
- No hace falta estudiar actuación, todos sabémos apreciar cuando una persona es buena o mala actuando, y vos, sos uno de esos casos en el cuál la actuación, no es tu fuerte- Me dejó perpleja, atónita-. Mi hermano que yáce sobre el suelo actua mucho mejor que vos estándo muerto ¿Lo podés apreciar? Sigue viendose como un simple humano al cuál comíste ésta noche, inocente, ignorante, sin saber lo que le esperaba, pero no, estás equivocada, todo el tiempo lo estuviste. Él se encontraba tan bien informado como yo.
Me levanté del suelo, tambaleandome. La habitación comenzó a girar - o eso creí.
- Mentira- Le grité-. Sos un mentiroso ¡Andáte!- Tomé lo primero que encontré, fue mi espejo. Se lo lancé pero mi mala puntería hizo que impactara contra un estante de cristal que adornaba mi habitación.
- Loca... puta, vampira y loca.- Me miró de arriba a abajo con un gesto de desagrado en su rostro. Se colocó el chaleco y la remera al hombro, dio media vuelta y desapareció por detrás de la puerta.
-¡Ah!- Grité por la rabia que comenzaba a dominarme -¿Loca yo? ¡Enfermo!- Arranqué unas cortinas que rodeaban mi cama, arrojandolas sobre el cadaver-. ¿Mejor actor que yo, eh? ¡Já! Al menos puedo seguir actuando, en cambio, tu obra terminó- Le patié una costilla, quería cortar cada pedazo de el, hasta hacerlo desaparecer. Lo tapé completamente para que quede oculto a un costado de mi cama-. ¡No estoy loca!- Me agarré de la cabeza, no podía entender lo que sucedía. Mi mundo se había venído abajo en un instante. - No, no, no, no- Seguí diciendo. Daba vueltas por la habitación, empujando cosas al pasar, buscando algo que ponerme-. Muy blanco- Decía tirando un vestido a un costado-. Muy maduro; muy intelectual; muy santa...- Debajo de la montaña de ropa vi un short de jean azul claro, una camisa roja a cuadros de leñadora y un chaleco de cuero negro -Muy yo- Me brillaron los ojos al combinarlo.
Me vestí con las ropas y me puse unas botas altas hasta un poco más abajo de las rodillas. Color negro y de tela. Me llevó pocos segundos atarme los cordónes.
- Hombres...- Dije, pasandome una mano por el pelo, tirandolo hacia atras ya que no quedaba nada de mi espejo y no podía arreglarme.
Agarré una mochila -demasiado infantil- que llevaba el dibujo de una rana demasiado rara. Los labios pintados de rojo intenso, las mejillas ruborizadas, las pestañas le resaltaban, los ojos delineados, un sombrero negro y blanco, y toda vestida de negro, una rana emo. Tomé lo primero que encontraba, maquillaje, perfumes, una billetera, un celular, pañuelos y un alajero. Volví a gritar de rabia, estaba dejando casi toda mi vida en esa habitación por una sola persona. Observé el lugar, se encontraba destrozado. Vidrios por doquier. Me invadieron varios recuerdos de mi habitación en la mente. El día en el que me convirtieron...
- Bueno, ya- Me puse la mochila en la espalda y me acerqué a la puerta por donde se había ido el gemelo hacía unos minutos atras. Intenté no voltear. Me costó resistirme pero logré salir y cerrar la puerta con llave.
Mi cabello se voló por la brisa de otoño. Estaba anocheciendo. La calle se encontraba casi desierta. Adoraba ver los autos bañados por las hojas marrónes y amarillentas de los árboles, le daba un tono acogedor a la cuadra.
-¿Y ahora qué?- Me pregunté cruzando los brazos. Observar mi casa por última vez desde afuera no era para nada agradable.
Comencé a caminar hacia el lugar más céntrico de mi barrio, aunque a éstas horas nadie concurría por ahí. Necesitaba un espejo, urgente. No podía andar desarreglada ¿Qué iban a pensar?.
Al llegar a la esquina de la primer cuadra, tuve que esperar a que varios automoviles me den paso, eso me dio tiempo a pensar en lo ocurrido. Me encontraba en peligro, era seguro. Iban detras de mí. Se iba a saber que existímos y nos iban a comenzar a cazar.
- Sos un convertido- Escuché a lo lejos.
Mis oídos me estaban engañando de seguro. Pero si alguien había gritado eso, se encontraba mínimo a dos cuadras.
Aceleré el paso luego de cruzar la esquina. Me encontraba en avenida Santa Fé y Bulnes.
Agudicé mis oidos para intentar oir a ese chico que había hablado.
- Si, era un chico- Me autoconvencía. Miré hacia todos lados, mis ojos se movian a una gran velocidad observando todo.
- ¿Y si entendí mal? Hablaban de otra cosa- Seguí caminando hacia dónde creí escuchar Convertido. Ahora escuché carcajadas.
- ...lo único que queda es hacer una fiesta- Volví a escuchar la misma voz de antes, era un chico, estaba segura, tenía un tono de voz afeminado. Se lo notaba frustrado.
-¡Es tu noche, Tamarah!- Me dije, juntando mis manos sobre mi rostro y sonriendo. Comencé a caminar más rápido, crucé otra calle más. A mitad de cuadra pude ver, un grupo de cuatro personas, tres hombres y una mujer.
- El de cabello negro...- Me dije sonriendo, se veía sorprendentemente sensual. Aminoré la velocidad al caminar, me iba ocultando-. La rubia no se ve mal tampoco- Me tuve que tapar la boca para no dar una carcajada. Me sentía una espía.
- Tengo que volver a casa ¿Podés llevarme, Leon?- El más joven de todos se encontraba hablando, a él era al cuál había escuchado gritar anteriormente, su rostro denotaba frustración también.
- Va a llorar- Dije por lo bajo - Genial- Me fascinaba ver hombres llorando, un espectaculo único.
El que parecía ser Leon hablaba con el más joven. Me quedé observandolos, no podía oirlos bien, por alguna razón al mirarlos perdía la concentración. Me acerqué más, por el lado de los árboles cerca de la calle. De cerca se veían más hermosos.
- Vamos, vamos, hablen más alto-. Tropecé y volé medio metro hacia adelante. Las cosas que llevaba en la mochila salieron a volar por el lugar. Me reincorporé rápidamente para que no notaran mi presencia. Me limpié las rodillas -No puedo ser tan estúpida- Me dije agachandome a buscar las pinturas y las alajas que se me habían caído. - Tonta, tonta tonta- Me daba verguenza mirar alrededor.
Cuando alcé la vista, tenía a los cuatro mirandome, callados, la mujer llevaba sus brazos cruzados.
- ¿Nos estabas espiando? - Me preguntó el más joven fríamente.
- ¡Por supuesto que no!- Contesté acomodando las cosas en la mochila y arreglando mi cabello torpemente. - ¿Cómo van a pensar eso?- Todos se miraron. -Ok, si, perdón.- Dije mirando el suelo-. Creí escuchar algo, pero me equivoqué. Lo siento ¿Sí?- Me odié ami misma, nadie estaba cayendo en mis actuaciones.
- Los ojos...- Gritó la mujer señalandome asustada
- ¡Ay! ¿Qué tienen? ¿Se ven mal?- Comencé a correr en circulos en busca de algo dónde reflejarme. Casi tropiezo de nuevo.- ¡Un espejo!- Me acerqué a una moto que se encontraba estacionada a un costado.
- ¡No te atrevas...!- Escuché que me gritaron, pero ya me encontraba colgada de espejo de la moto, observandome.
- Es una convertida- Dijeron captando mi atención. Me di vuelta felinamente con la lengua fuera de mi boca hacia un costado.
- Convertida... ¿Y ustedes que saben de eso?- Actué mi mejor mirada de seria, misteriosa. Comencé a caminar balanceando mis caderas de un costado hacia otro, acercandome a ellos.
El que habian llamado Leon colocó a la mujer detrás de él protegiendola con un brazo, el de cabello oscuro me miraba amenazante y el joven me dedicaba una mirada inexpresiva.
- Somos vampiros - Dijo este, estirando su mano como invitación.

-Modern Vampire- [ Capitulo IX - Sebastian - ]

-Es la triste verdad, preciosura.- Le dije secandole las lágrimas que derramaba por su rostro, corriendole el maquillaje. Ella no paraba de analizarme. Tomó mis manos, las acariciaba, se encontraba sorprendida.
-¿Cómo vas a creer eso?. Amor, está alcoholizado... ¡María! .- Gritó Leon al ver que se producía un corte a propósito en la palma de la mano con mis afiladas uñas.
- Tomá lo que quieras.- Acercó su mano ensangrentada hacia mi boca. El olor a sangre...
¡Ah!, el olor a sangre invadió mis fosas nasáles provocandome demasiada sed. Tragé saliva.
- Mujer ¿Estás loca?.- Le pregunté fulminandola con la mirada. Leon observaba atónito.
- Por favor, hacélo.- Acercó más su mano. Ya no lo soportaba. Abrí mi boca dejándo a la vista mis colmillos. Leon volteó el rostro para no mirar.
Tomé de la muñeca a María. Se encontraba tenza. Acerqué mi boca muy abierta hasta apoyarla en la palma de la mano ensangrentada. Pasé mi lengua por la herída cicatrizandosela. La sangre que se había mezclado con mi saliva me producía cosquilleos extraños queríendo tomar hasta la última gota de ella.
Me alejé suavemente mirandola a los ojos. Me miraba sorprendida.
- Mi mano.- Exclamó sorprendida temblando. -Leon, curó mi mano.- Pensé que se iba a volver loca -más de lo que aparentaba. El joven observó la mano detenidamente, intentando explicarse que era lo que acababa de suceder y acercarse más a ella, pero Mapini en sus brazos se lo impedía.
- La saliva de un vampiro puede curar cualquier clase de herída.- Les expliqué. - Una gota de nuestra sangre puede desintoxicar el cuerpo de cualquier veneno.- Me observaban asombrados. Presentía que me iban a llover varias preguntas.
- ¿Por qué nos estás ayudando? .- Preguntó Leon.
- No es de tu incumbencia.- Le respondí indiferente. - Solo necesito que se lleven a Mapini urgente de acá, perdió demasiada sangre.- Les ordené .- Puede que muera.- Acoté ésto último mirando el cuerpo desmayado del vampiro. Me puse de pié -Cuando despierte, diganle que solo tuvo suerte, que la próxima puede que no fallen...-
-¿No fallen?.- Me interrumpió María. -¿Hay más de ustedes?.-
Le dediqué una sonrisa.
-La curiosidad mata al gato.- Le dije guiñando un ojo.
-¡No llames gato a mi novia!.- Me gritó Leon señalandome con un dedo amenazador. Comencé a reir.
-No lo tomes tan así.- La miré de pié a cabeza. Aún con el maquillaje corrido, la ropa destrozada y ensangrentada se veía hermosa. Tremendo ejemplar de gato, pensé. -No me refería a eso, les aclaro.- Les dije.
-Claro, lo que digas.- Decía Leon observandome con mucho odio. Volví a sonreir.
- Por favor, contános más.- Suplicaba María arrodillada en el suelo tomandome de la mano.
La imagen que presentaba era angelical y demoníaca a la vez. Sus cabellos rubios, sus ojos celestes y su piel rosa le daban un toque angelical, pero su vestimenta, las lastimaduras y el -alma, no se veian igual. Escuché unos pasos.
-Hey, pibes. ¿Cómo se encuentran?.- Preguntó un policia rechoncho que se agitaba al caminar. -Vengan por aca. Vamos, vamos.- Nos apuró. - ¡Hu! ¿Ese está bien?.- Preguntó por Mapini que se encontraba ensangrentado en brazos de Leon dando un aspecto de muerto por la palidez de su rostro.
- Si, no te preocupes, gordo.- Le contesté.- Solo necesita comer-
- ¡Mirá pibe!, amí no me digas gordo, no soy tu hermano, ni amigo. Movéte, ¿Querés?.- Me hacía señas con la mano para que camine. -¿Tienen D.N.I ?.- Nos preguntó ahora apuntandonos con una linterna.
Se quedó observando a María por un buen rato a mis pies. -¿Y a esa? ¿Qué le pasa?.- Se nos acercó más. -Levantáte piba, dale.- Le dijo tocandola con la linterna. -Vos, carita linda.- Se refería a mí- Ayudala. ¿Qué esperás?.- Comenzó a colmarme la paciencia. - Decíme tu nombre...-
- Sebastian Andrade.- Le dije observandolo a los ojos. - Y soy un vampiro. - Se le cayó de la mano la linterna. Sonreí. - Mucho gusto.- Estiré mi mano para estrecharle la suya, pero se agachó sin apartar sus ojos de los mios. Tanteaba el suelo en busca de la linterna hasta que la encontró. Tragó saliva. -Que falta de respeto.- Dije, burlandome de él.
- Sebastian ...- Dijo Leon enfureciendose. - Dejá de decirle a la gente esa sarta de mentiras.-
- No es gracioso, no jodas con eso pendejo, mostráme tu...- Provocando un silbido en el aire por la velocidad en la que me moví hasta acercarme al policia a escasos centímetros, lo tomé del cuello.
-Soy... un maldito vampiro.- Le dije mostrandole mis colmillos. -Y ahora, te vas a dar media vuelta e irte por donde viníste sin molestarnos más y olvidándote de lo que escuchaste.- Me asintió con la cabeza, hizo un gesto con el rostro en seña de saludo a los otros dos y se fue.
-Que tengan buena noche.- Fue lo último que dijo hasta que se perdió entre otros policias y bomberos voluntarios que socorrian en el lugar.
- Pero... ¿Qué mierda fue eso?.- Preguntó Leon en un tono muy alto. -¡Hipnotizás a la gente!.- Me volvió a señalar con el dedo amenazador.- María, ¡Alejáte de el!.- Ella no le prestó atención, me seguía observando fascinada.- ¡No sos más que un simple hipnotista!. Maldito fracasado.-
- Leon.- Dije tranquilamente. - No todo en la vida tiene explicaciones científicas. ¿Cómo creés que curé la mano de tu amada? ¿Con hipnósis? ¡Já!.- Excláme irónicamente. -Ahora, María hacéme el favor de levantarte.- Le dije eso ofreciendole una mano . -Aborresco a las personas que suplican o piden piedad. ¡Me dan asco!.- Grité eso último tirándo de su brazo hasta ponerla en pié bruscamente. -Ahora, vayanse si no quieren convertirse en mi comida. Todavía estoy hambriento.- Les informé entrecerrando los ojos y frunciendo el ceño. -¡Ah! ¡Libertad!.- Exclamé ésto. De verdad que, desde ese momento era libre. Mi creador se encontraba muerto. - Debería agradecerselo.- Miré a Mapini.- Él me liberó, pero solo fue suerte. No le cuenten nada de lo sucedido, pondrían en peligro todo. Su familia sabría que hay Convertidos en la ciudad y que ustedes dos, simples humanos, saben más de la cuenta. ¿Entendido? Lo digo por su bien.- Los intenté asustar con la mirada, quería aparentar enojo, pero la felicidad me invadía.
- ¿Por qué nos dejás con vida?.- Preguntó María. Fue una buena pregunta. ¿Por qué los dejaba con vida? Podría acabar con ellos en una milésima de segundo, ocultaría sus cuerpos y nadie se enteraría.
- Simple.- Contesté. - Es lo único que puedo hacer por ese puro.- Lo señalé con la vista a Mapini que todavía seguía inconciente. - Está en desventaja- Comenté.- Siempre lo estuvo. La suerte no lo va a acompañar demasiado tiempo, ya nos vamos cruzar nuevamente y sus días de cazador nocturno se le van a acabar, como a toda su familia.- Miré el suelo, quería salir corriendo y acabar con todos. -Podría acabar con ustedes tres ahora mismo, pero tengo algo que es mucho más fuerte que yo.- Ahora levanté la vista y observaba el cielo que se encontraba oculto por la gran nube de humo negro. - Orgullo.- Dije.
Leon intentó reincorporarse del suelo con Mapini en sus brazos.
- María, ayudáme a cargarlo. Necesita ir a un hospital urgente.-
-¿Hospital?.- Comencé a reirme dando fuertes carcajadas. -¿Qué creés que pueda hacer un doctor con él?.- Lo señalé con la punta de mi dedo índice. - ¡Lo van a internar! Le harían cientos de estudios médicos y no sabrían que le sucede. ¡Van a tratarlo como a un zombie!.- Moví mi cabeza hacia ambos lados. - No saben nada. ¿Verdad?.- Les pregunté aunque ya sabía la respuesta. - ¡La gran mayoría de su cuerpo se encuentra muerto o nunca funcionó!.- Me acerqué a Leon que ahora se encontraba de pié. -¿Ven ésto?.- Junté mis dedos y atravecé el estomago de Mapini.
-¡No!.- Gritaron ambos. Mapini nisiquiera se movió. Manché toda mi mano con sangre y toda la remera del vampiro. Leon tapó la herida con sus manos.
-¿Qué mierda hacés? ¡Flaco! ¿Estás enfermo?.- Gritaba desconsolado. María tapaba su boca, atónita. Volví a sonreir.
- Solo perdió un poco más de sangre. Necesita alimentarse urgente, nada más. Ah, y una camiseta nueva.- Comencé a reirme. Los dos observaban la apuñalada en el estomago de Mapini que rápidamente se iba cicatrizando. -¿Lo ven? Autoregeneración. ¿No es impresionante?.- Di más carcajadas de placer, disfrutaba ver a los dos humanos desconcertados. - ¡Me voy! Ya no tengo nada que hacer aca. Ciao, ciao.- Comencé a caminar levantando una mano al aire en seña de despedida.
-¡Sebastian!.- Me gritó María. -¡No te vayas! Esperáme.- Comenzó a correr hacía ami. Fruncí el ceño.
- ¿Qué pretendés que hagámos con él entonces? ¿Te vas así nomás? Dame una mano al menos- Me dijo Leon desde el suelo.
- No es de mi incunvencia. Si él llegara a morir, no sería mi problema, me alegraría. Esos malditos "sangre pura" tienen que desaparecer todos, al igual que como hicieron con los mios.-
- ¿De qué hablás? .- Me preguntó María.
-Hablo... ¡Hablo de que todo el mundo cree que por pertenecer a linajes superiores que otros, tienen el derecho de elegir quién puede existir, y quién no!.- Me enfurecía tocar ese tema.- Humanos, vampiros, sean lo que sean, piensan de la misma manera. ¡Alguien tiene que gobernar! ¿No?. Pero ¿Quién les da ese derecho? .- Me volvía loco pensar en toda esas cosas. - ¿Quiénes son para acabar con nosotros tan solo por no pertenecer a su "grupo".- Leon se encontraba con la boca abierta. María sonreía. -De verdad que no lo encuentro gracioso, no sé porque sonreís.- Fruncí los labios, sentí el deseo de golpearla. -Me voy, temo descargarme sobre ustedes y el karma me pesaría.- Miré a Mapini, deseaba que se despertara de una vez y acabar con él sin desventajas- Inútiles.- Les dije.
- ¡No podémos ayudarlo! .- Habló Leon. -¡No puedo llevarlo en la moto!. Lo único que me queda es subirlo a una ambulancia.- Su voz sonaba preocupada, era entendible. Su amigo se encontraba al borde de la muerte. - ¿Los vampiros no tienen super poderes? ¿Tal vez super fuerza?.- Intentaba autoconvencerse de lo que estaba diciendo. Me robó una sonrisa. - Bien, eso no suena coherente...-
-¡Ah! Leon, dejá de buscarle coherencia a la vida.- Exclamé. - ¡Lográs sacarme de mis casillas!.- Me acerqué a Mapini, lo tomé de la cintura con una sola mano y lo cargé en mi hombro como si fuera una especie de bolsa grande. -¡Muevanse!.- Les ordené y salí caminando con Mapini sobre mí, pasando entre todas las personas lentamente, para no llamar la atención. Vi como Leon y María corrian en busca de su moto.
- Ya te alcanzamos.- Logré oir. Leon sabía que podía oirlo a una gran distancia.
Caminé media cuadra hasta alejarme de los bomberos. Me pregunté varias veces qué hacía ayudandolos.
- Le debo una.- Me dije a mí mismo. -Solo por ésta vez.- No entendí porque no lograba convencerme.
A lo lejos escuché la moto de Leon acercándose a toda velocidad.
- Seguíme.- Gritó pasando por al lado mio.
Con la mano que me quedaba libre, acomodé mis pantalones. Me preparé para salir corriendo.
Escuchar la aceleración de la moto a mi lado me llenaba de adrenalína. Corríamos a la misma velocidad. Leon y María sobre la moto a mi lado parecían que no se movían, los veía prácticamente quietos, solo que el pelo se les volaba hacia todos lados.
Mapini se tambaleaba sobre mi hombro a causa de la velocidad. Me ocasionaba mucha gracia, su cuerpo desvanecido parecía una bolsa de papas.- Aunque más pesada.
No sé cuántas cuadras corrímos a gran velocidad, pero los seguí sin perder el ritmo.
Al pasar entre algunos taxis que circulaban en la ciudad, llamabamos su atención. Era imposible que reconocieran que eramos dos personas corriendo a más de docientos kilometros por hora al lado de una moto por el medio de la calle.
Tenía que dejar a Mapini con ellos rápidamente porque el cielo mostraba sus primeros rayos solares.
-Mierda.- Grité. Comenzaba a perder fuerzas. Tan solo ver el cielo aclarando, me debilitaba.
Leon aminoró la velocidad de la moto, hasta frenar a un costado de la vereda. Sacó de su bolsillo un pequeño control remoto. Apuntó hacia un gran portón metálico que haciendo un par de ruidos se abrió automáticamente.
- Entrá.- Él me invitó a pasar. María me observaba.
Con las pocas fuerzas que me quedaban, entré a lo que parecía un garage.
El lugar se encontraba plenamente ordenado.
-¡Oscuridad!.- Grité.- ¡Necesito oscuridad!.- Me temblaba el cuerpo.
-Leon, el portón.- Indicó María. El portón ya se encontraba cerrando.
El olor a polvo y aceite en el lugar era demasiado notable -hasta para la nariz de un humano.
-¿Qué vas a hacer ahora?.- Me preguntó Leon. -El sol está a punto de salir. ¿Te vas a desintegrar, Drácula?.- Me preguntó con un tono burlón.
-¡Leon!.- Lo reprimió María. -¡Sentíte como en tu casa!.- Ahora se dirigía a mí, abriendo sus brazos exageradamente.
Al costado de la única puerta que llevaba hacia adentro de la casa, habían varias cajas apiladas sobre un freezer. Corrí hacia el. Empujé las cajas que se encontraban llenas de vaya a saber uno que cosas, cayendo al suelo produciendo un estruendo en todo el cuarto.
- Consigan sangre.- Les indiqué. Ambos se miraron a las caras sorprendidos. - Ahora necesitamos descansar.- Abrí la tapa del freezer. El olor a viejo y rancio que salió de adentro era insoportable, fruncí la nariz de lo repugnante que me olía. Solté a Mapini adentro, acomodandolo a un costado.
-Pero... ¿Qué hacés?.- Preguntó Leon acercandose a nosotros.
- Si la luz solar lo tocara en ese estado, moriría.-
- ¡Mapini nunca tuvo problemas con el sol!- Me gritó él.
- No, nunca lo tuvo, gracias a esos anillos.- Le señalé el collar que llevaba en el cuello con dos anillos, uno de plata y otro de bronce. También señalé su mano, en el cuál llevaba un anillo de oro. -Eso es lo que lo protege del sol.- Tragé saliva.- E intento averiguar de que otras cosas más.- Di un salto y caí parado dentro del congelador que a simple vista se notaba que llevaba tiempo sin funcionar. -Espero que no les moleste. Para hoy en la noche, ya no voy a estar aca. Pero consigan sangre. Necesita alimentarse.- Me acomodé a un lado de Mapini. Por suerte el refrigerador era bastante grande como para que entremos los dos. Le sonreí a Leon y María que ahora nos observaban. - Hasta la noche.- Dije, y lo último que ví, fue la tapa del congelador, protegiendonos de la luz solar.

-Modern Vampire- [Capitulo VIII - Leon & María -]


El sol todavía no había salido, las luces de la vereda se colaban entre las cortinas de la habitación. El desorden se apreciaba a simple vista. El ruido de la calle se opacaba por el sonido de lluvia que provenía del baño. Las sábanas de la cama matrimonial regadas por el suelo. Unos minutos atras, había hecho el amor con mi novia, María.
La oía cantar en la ducha.
Me reincorporé en la cama, con el cabello revuelto, el torso desnudo, y bostezando .Miraba todo a mi alrededor, frotaba mis ojos -seguía bostezando.
- Vamos a tener que ordenar todo por la mañana - Me dije a mí mismo sonriendo.
Respiré profundamente, y ayudándome con las manos, me puse de pié.
Prendí marcha hacia el baño, superando los obstáculos de cosas tirados por el suelo. Pasé por enfrente de un espejo, reflejando en mí, horas de trabajo duro en el gimnasio.
Al llegar hasta la puerta de la cual se escapaba vapor por debajo, me paré en seco. Me detuve a oirla cantar, sonaba hermosa. Con tan solo escuchar, podía imaginarmela desnuda bajo el agua, enjuagando sus cabellos, rozando el jabón por su suave piel, dejandole un rico aróma y las gotas masajeandole el cuerpo entero.
El vapor mojaba mis pies. Empujé suavemente la puerta -Se encontraba entreabierta-
Caminé hacia adentro del baño. Vi la bata de María colgada a un costado.
La cortína de hule transparente me dejaba ver la silueta perfecta de ese ser angelical que cantaba en la ducha mientras masajeaba su cabello.
- Leon.- Me llamó, dejando de cantar. Abrió la cortina, ocultando en vano su cuerpo por detras de ésta. Me miró con una sonrisa en su rostro, con sus ojos altones y celestes brillando debajo de la platinada luz provocada por el vapor en el aire. -¿Te vas a duchar tambien?.- Su voz me incitó a entrar con ella, me provocaba en todos los sentidos. -Me volvía loco.
Tomó con las dos manos su cabello rubio, envolviendolo hasta dejarlo hecho un rodete. No podía apartar la mirada sobre ella. Su mirada me provocaba demasiada ternura.
- ¿Unos masajes? .- Me ofreció, cerrando el grifo, vistiendose con la bata blanca y saliendo de la ducha.
Me coloqué enfrente del botiquín. Me reflejaba en el espejo. Me veía ami mismo. Recorrí con la mirada desde mi enmarañado cabello negro, hasta mi cuadrado mentón. De mis ojos oscuros, hasta mis grandes labios rojos. Toqué mi mejilla, rozando mi piel cobriza con el dedo índice. Debajo de mis ojos, algunas ojeras quedaban a la vista. Me encontraba cansado.
Detrás del hombre del espejo, apareció ella. La mujer que me quita el sueño -La mujer de mis sueños.
Frotó sus suaves manos por mis hombros, acercandolas hasta mi cuello.
- Wow, sos buena.- Dije cerrando mis ojos y mordiendome el labio inferior.
- ¿Eso te sorprende?.- Me preguntó con un tono burlón en la voz. -Qué fácil de sorprender.- Y me besó el cuello.
Algo me puso alerta. Me quedé inmóvil. Algo estaba llamando mi atención. Miré fijamente al reflejo de mi mirada en el espejo, intentando concentrarme.
-Disculpáme.- Le dije a María. -Está sonando mi celular, enseguida vuelvo.- Me voltié, la besé en los labios, acaricié su rostro mirandola fijamente a los ojos, y salí.
-¿Dónde mierda estás?.- Me ponía nervioso el ringtone que sonaba. -Después de atender, te voy a cambiar, ya no te soporto.- Dije furioso, levantando cosas y revoleandolas a un costado en busca de mi móvil. -Ahí estás.- Sonreí. Tomé el celular, en la pantalla externa decía un nombre, Mapini.
- ¿Hola?.- Contesté aún con la sonrisa malévola en mi rostro.
- Leon, necesito ayuda.- Dijo Mapini acelerado. No podía oirlo bien, se escuchaba mucho ruido de fondo, la música molestaba.
-Hey, tranquilizate. ¿Dónde estás? ¿Qué pasa?.- La sonrisa se borró de mi rostro, realmente me preocupaba.
- No te puedo contar ahora, necesito que vengas de inmediato al Antro, en Palermo. ¿Te ubicás?.- Me dijo éste, con un tono de frustración en la voz. Supe que me quería decir algo y no tenía tiempo.
- Ya salgo para ahí, no te muevas del lugar, esperáme.-
¿Qué habrá sucedido? Me pregunté mientras buscaba ropa que ponerme.
- ¡Amor!.- Grité. -Amor, voy a salir.- Tomé de un cajón varios boxers, elegí el menos arrugado -Tengo una obsesión contra las arrugas . Sobre una banqueta se encontraba mi jean negro y una chomba blanca. Me vestí tan rápido que casi pierdo el equilibrio. Los zapatos se encontraban debajo de la cama. Me senté en ella para poder atarme los cordones.
-¿Qué pasó?.- Preguntó María acercandose en ropa interior hacia mí con un toallón envuelto sobre su cabeza.
- Mapini. Eso pasa. Sale solo, se mete en problemas y necesita mi ayuda.- Contesté sin prestar atención. -Voy a buscarlo en la moto y vengo, te prometo que va a ser rápido, no voy a tardar.- Me levanté de la cama, besé su frente. Ella fruncio el ceño. Caminé hacia la cocina.
-Leon, no me quiero quedar. ¡Es sábado por la madrugada!.- Gritó. - Deberíamos salir a dar una vuelta.- Me reprochó desde la habitación. -¿Qué tal si después de dejarlo en su casa, nos vamos solos por ahí?- Volvía a incitarme con la voz.
-Está bien, pero cambiate rápido. Mapini sonaba asustado y parecía que se encontraba en verdaderos problemas.-
Comenzó a correr hacia todos lados en busca de que ponerse. De vez en cuando me preguntaba cómo se veía.
-Te ves bien, amor. ¿Ya estás lista?.- Le preguntaba mirando la hora. -Voy a sacar la moto, así ganamos algo de tiempo, te espero abajo.- Tomé las llaves de arriba de la mesa, bajé las escaleras hasta el garage. Prendí las luces y ahí estaba ella, mi bebé. Mi otra razón de existir. Mi Honda CBR 1000 negra, relucía bajo las luces del lugar. Hablandome sin hablar, pidiendome que me monte en ella, que salgamos a recorrer las calles porteñas sin que nada nos detenga. Me acerqué, la acaricié al momento que tomaba el casco. Bajé el pedál de la moto, coloqué la llave haciendola girar, habilitando el contacto de encendido y el paso de corriente. Me monté en ella. Accioné el botón de arranque hasta escuchar el "Rum, rum" que producía al girar el acelerador. Mi bebé respiraba, renacía, pedía a gritos ser liberada, correr libremente por la calle.
Escuché unos pasos bajando las escaleras, sonaban como tacos. Ahí apareció ella. Mi ángel negro. María, vestida totalmente de cuero.-Short ajustado y una remera que dejaba al descubierto el piercing de su ombligo. Su cabello rubio y lacio acariciandole la espalda, y en los pies, unas botas largas -de cuero también- con medias de red cubriendole las piernas.
- Estás hermosa.- Fue lo único que pude decir. Me sonrió sin decir nada. Se montó detras de mí en la moto. Me di vuelta para besarla. Vi que llevaba sus ojos delineados de negro, haciendolos resaltar más. Los labios pintados de rojo intenso y varios maquillajes más que la hacían lucir tan hermosa, provocandome dudas de si era de éste planeta o no. -Un ser perfecto.
-Vamos.- dije, besandola en los labios y ella correspondiendome el beso.
Apunté con un control remoto la puerta del garage haciendola abrir automaticamente. Aceleré varias veces para que mi bebé gritara. Nos colocamos los cascos y salimos a toda prisa del lugar.
María se encontraba aferrada a mi cintura, apoyando su cabeza -dentro del casco- sobre mi espalda.
La noche era perfecta. El cielo nos iluminaba con una gran luna llena y varias estrellas. Las calles iluminadas, no presentaban tráfico, era fácil pasar entre los pocos autos que transitaban.
Ciento ochenta. -Marcó el velocimetro.
María se aferraba con más fuerza a mí cintura. La calle se encontraba en silencio, salvo por mi moto. A lo lejos -un kilómetro más o menos- vi varias luces rojas girando en el medio de la calle. Pude oir las sirenas.
-¿Qué está pasando?.- Me pregunté, sin que nadie me oyera.
Comencé a aminorar la velocidad. Varias dotaciones de bomberos se encontraban bloqueando el paso.
Frené la moto, lo único que podía ver, era el cielo tapado por una gran nube de humo negra que ascendia desde uno de los edificios cercanos.
- ¡El Antro!.- Grité. Me quité el casco, esperando a que María descendiera de la moto. -Esperáme aca, voy a hechar una mirada.- Estacioné la moto a un costado, colocandole la pata y guardando las llaves en mi bolsillo.
-Leon, quiero ir con vos, tengo un mal presentimiento.- Dijo María, cruzando sus brazos.
- Está bien.- Contesté tomandola de la mano. Realmente se encontraba temblando.
Corrímos entre los camiones de bomberos hasta internarnos entre las personas.
Lo que vimos no fue nada agradable, el Antro se caía a pedazos, la calle se encontraba repleta de personas inmóviles tiradas por todas partes. Otros tocían, gritaban, lloraban. María se tapó los ojos con las manos.
- ¡Hey! ¿Estás bien?.- Le pregunté tomandola del rostro y haciendo que me mire fijamente a los ojos. -Si te hace mal, volvé a la moto, yo voy a estar bien, te lo prometo.- Intenté calmarla, besandole la frente.
-No, me quiero quedar con vos, no pasa nada.- Me dijo sollozando. Apretó su mano fuerte con la mia y comenzamos a caminar entre las personas -o cadaveres. La verdad que no lo sabía.
Los bomberos se encontraban extinguiendo el fuego, aunque se extendía hacia los edificios vecinos y era cada ves más y más intenso. Otros llevaban a los heridos para un costado, lejos del incendio.
Ver a todas esas personas en la calle, desvanecidas, muertas o lo que fuera, me provocaba escalofrios, no quería ni pensar en lo que había ocurrido.
¿Dónde estaría Mapini?
¿Me habría llamado por eso? Pero si no nombró ningún incendio. ¡El habrá visto a los que lo provocaron!.
Bien, esas eran demasiadas deducciones para tan poca información. Intenté evitar seguir pensando, necesitaba concentrarme, encontrarlo por donde sea. Tal vez estaría herido y necesitaba de mi ayuda para ser socorrido.
-Por ahí.- Me señaló María. Dos hombres se encontraban sobre lo que parecía el cuerpo de Mapini. -Está herido, lo están ayudando.- Dijo soltandose de mi brazo y comenzando a correr.
- ¡Mapini!.- Grité con todas mis fuerzas. ¡Al menos se movía!.
Los hombres que se encontraban con él voltearon al escuchar el grito. -Fue raro, porque nos encontrabamos lejos y con tanto ruido era imposible lograr escucharme.
No sé en qué momento pasó, pero María cayó al suelo -Supuse que fue por correr con botas.
Me agaché para levantarla, pero algo me embistió con mucha fuerza, derrumbandome ami tambien.
Esa misma cosa me había tomado por la remera, arrastrandonos a María y ami a gran velocidad sobre el pavimento. Comencé a forcejear. Moví mis brazos y piernas hacia todos los lados posibles, intentando soltarme de lo que nos llevaba arrastrando.
-¡Soltáme, hijo de...!.-
Los gritos de María me enceguecieron.
-¡Soltála!.- Le grité. -Que no se te ocurra hacerle nada, maldito.-
- ¿Oh qué?.- Me desafió la cosa que nos estaba arrastrando.
-Te voy a romper la cara, basura.- Me soltó y quedé tumbado boca arriba en el suelo. Ya nos encontrabamos lejos de las dotaciones de bomberos y los accidentados. La luz que tenía sobre mi, no me permitía ver quién o qué era.
Me reincorporé limpiandome la ropa, buscando con la mirada a María. Se encontraba lastimada, le sangraban varias partes del cuerpo y tenía sus medias rotas. Estaba boca abajo, tapandose la cara con los brazos. La escuché llorar.
- ¡Te voy a matar!.- Grité, aunque fue un segundo. Me quedé shockeado al ver lo que veía. -¿Qué sos?.- Le pregunté señalandolo. -¿Quién sos? ¿Qué cosa sos?.- Un hombre de rizos dorados bañados en sangre, se encontraba parado al costado de María, observandola.
-¡Dejála en paz! ¿Qué es lo que querés?.- Le volví a gritar, pero no podía evitar hacerlo con miedo.
Entonces...
¡El rostro del rubio se estaba disolviendo!. Me dedicó una mirada, dejandome desconcertado sin saber que significaba. Sus ojos eran de un color violeta, pero se iban aclarando, perdiendo todo color.
Ya no se movía, su mirada se encontraba perdída. Escuché un leve chillido que provenía de él y en un abrir y cerrar los ojos, desapareció. Se convirtió en una nube de cenizas que se volaron con la brisa nocturna. Mis ojos no lo podían creer.
¿Nos habíamos dado un buen golpe con la moto e imaginé eso?
Era de lo más seguro. Yo me encontraba golpeado y María a un costado ensangrentada.
Corrí a socorrerla.
- ¿Estás bien?.- Le pregunté nervioso.
- ¿Qué fue eso, Leon?.- Comenzó a llorar ella, cayendo rendida sobre mí.
- Un accidente, amor. Un accidente.- La atrapé entre mis brazos, consolandola. Me apenaba demasiado tener que verla en ese estado. -Perdonáme.- Le dije besando su hombro. -¿Podés caminar?.- Pregunté, poniendome de pié, sintiendo el dolor correr por toda mi espalda, en especie de punzadas. Me asintió con la cabeza, limpiandose las lágrimas.
Comenzamos a caminar, de vez en cuando miraba hacia atras para ver si aparecía el hombre de los rizos dorados, pero me convencí de que fue mi imaginación.
Cuando nos adentramos entre la multitud -otra vez- vi que varias personas se encontraban ayudando. Los vecinos se acercaban al lugar solo para ver, pero los bomberos los hacían retroceder.
-Señores, si están heridos, vayan por ese lado, ahí se encuentran las ambulancias.- Nos indicó un bombero casi tan joven como nosotros. No pasaba de los veinticinco años de edad.
Le sonreí sin ganas, pero seguímos caminando entre los cuerpos. Me pregunté cuántos estarían sin vida. El Antro se encontraba en una ruina total, consumido por las llamas que todavia luchan contra los bomberos para no ser extintas.
Me costaba identificar a las personas, todos se encontraban manchados por el humo negro.
Seguímos caminando por unos instantes, hasta que lo vi. Mapini en brazos de un joven.
Escuché ahogar un grito a María cuando lo vio, se habrá imaginado lo peor -Yo lo hice tambien.
Los dos se encontraban ensangrentados.
-Por dios, que esté bien. Por dios, que esté bien.- Repetía a medida que iba avanzando.
-Dios no lo va a ayudar ésta vez.- Escuché decirle al muchacho que sostenía a Mapini en Brazos.
Lo miré con mala cara. ¿Qué quería decir?. Me agaché para inspeccionar a mi amigo.
- Está desmayado, no te preocupes.- Me dijo sin mirarme a la cara. -Tomá, agarrálo y llevátelo.-
Empujó a Mapini como si fuera una pluma hacia mí, lo sostuve en mis brazos. Ese joven tenía más fuerza de la que aparentaba, porque para mí se me hizo dificil sostenerlo.
-¿Y Alex? ¿A dónde fue?.- Me preguntó mirandome de arriba abajo.
-¿Quién es Alex?.- Pregunté sorprendido. Vi como se ponía de pié, acomodando su ropa y su cabello oscuro. Me miró fijamente con sus ojos color verde esmeralda, inspeccionandome. Sentí como si me quemara.
- Ni un rasguño.- Noté que dijo para él mismo en un tono de voz muy bajo. -¿Realmente sos humano?.- Me preguntó. -¿Cómo acabaste con él? ¡Decímelo!.- Se había puesto ansioso.
- ¿Si soy humano? ¿Qué clase de pregunta es esa?. Por favor, habláme claro. -¿Con quién acabé?.- Me aterraba no entender de que hablaba.
-¡Vamos! ¿A qué jugás?.- Levantando la voz y sus manos al aire con tono burlón. -El vampiro, al cuál mataste. ¿Cómo lo hicíste? ¿Lo matáste, verdad?.- Me miró fijamente de nuevo, en busca de respuestas.
Me aterraba aún más sentir que no bromeaba, que lo preguntaba en serio.
-Yo... Yo no maté a nadie.- Y entonces ahí se acercó hacía ami en una fracción de segundo sin que lo pudiera ver. El corazón me latía a una gran velocidad, me había asustado. La cabeza comenzaba a darme vueltas. Entendí que se refería al hombre de los rizos dorados, ellos se encontraban juntos. No había sido mi imaginación, realmente había existido. -¡Yo no maté a nadie! Él tan solo.. él tan solo hizo "Puf" y se evaporó en el aire.- Pronuncié agitado sin detenerme. María se encontraba aterrada .- Se convirtió en polvo y desapareció.-
No podía controlar mi respiración. ¿Qué estaba sucediendo? .
El joven al cuál ahora temía, mantenía su rostro muy cerca del mio. Me observaba detenidamente.
- Interesante.- Dijo, con el tono de voz más curioso que podía sonar.- Entonces ¿Vos no hicíste nada? ¿Tan solo fue un "Puf" y desapareció?.- Abrió su boca en forma de "O" y no me dejó contestar. -Sorprendente.- Ahora miraba a Mapini que se encontraba entre mis brazos. -Ese collar...- Acercó sus manos hacia el cuello de Mapini pero no se atrevió a tocarlo. Dio varios gestos de exclamación, sorprendido. - ¿Qué sabés acerca de tu amigo?.- Me preguntó, con los ojos bien abiertos, de verdad quería saberlo todo.
- ¿A qué te referis con todas esas preguntas raras?.- Le pregunté ya sacandome de mis casillas. -¿Qué es lo que son? ¿Qué es lo que quieren? ¿Por qué hacen ésto? ¿Por qué...- Me cayó poniendome un frio dedo sobre mis labios. María se aferró de mi hombro, asustada, tapandose la boca con una mano.
- Demasiadas respuestas para un simple humano.- Me dijo.
-¿Un simple humano? ¡JÁ!- Grité - ¿Y vos qué sos? ¿Un super heroe?.- Volví a reirme irónicamente.
- Un vampiro.- Me dijo tranquilamente con una sonrisa en su rostro que no me gustó para nada.
Volví a escuchar a María ahogar otro grito del terror. Se acercó más ami, se arrodilló frente al joven que decía ser un vampiro y tocó su rostro con la yema de sus dedos.
Las lágrimas bañaron el rostro de María.
-Existen- repetía ella. -Leon, realmente existen.- Repetía llorando.

-Modern Vampire- [ Capitulo VII -Huída- ] (Parte II)


Sentí el pánico de alguien cerca, era del joven al cuál había rescatado, se encontraba petrificado, sudado y con sus ojos desorbitados.
Por intuición moví mis manos a una gran velocidad para tapar su boca y así evitar que gritara, pero ya era demasiado tarde, la pareja que se encontraba cerca lo había hecho primero. Varias personas voltearon para ver la escena, los curiosos se acercaban, no entendían lo que sucedía.
Cuando sentí que me mordieron la mano, por inercia la corrí, era el joven que asustado salió corriendo para el lado contrario de los asesinatos.
Mi mirada iba desde los curiosos, hasta el vampiro, del vampiro hacia los cuerpos.
-Perdón.- Lo escuché decir. -No pretendí armar tanto revuelo.
Sonaba temeroso, pero a mí no me lo decía, sino a alguien que se encontraba entre la multitud, no llegaba a reconocer a ningún extraño entre ellos. Giró su cabeza y clavó su mirada en mí, sentí dolor.
Varios sentimientos me gobernaron, eran temor, lástima y amor.
- ¿Qué intentás decirme? - Le pregunté susurrando, aunque solo movió su cabeza - o eso creí ver-
Entendí que no estaba solo, necesitaba decirme algo pero no podía.
Tal vez fue mi cabeza, que me comenzaba a engañar nuevamente por todo lo sucedido, pero notaba como alzaba su mentón en seña a que me marchara.
-¿Y los cuerpos? - Volví a preguntar. Él seguía moviendo invisiblemente el mentón, por alguna razón quería que me fuera.
No lo dudé.
Varias personas comenzaron a gritar, aunque no supe si había sido por los cuerpos. Se encontraba mucha gente cerca de los cadáveres y quedaban ocultos en el túnel. Creí que se asustaron por ver al joven vampiro ensangrentado.
Hice un paso hacia la multitud, pero nuevamente vi al Convertido moviendo su cabeza en seña de "no". La muchedumbre no lo observaba a él, sino a algo que sucedía entre ellos.
Vi volar por los aires a varias personas. Algo pasó por entre medio de la gente que curioseaba, a una gran velocidad empujando y levantandolos a varios centímetros del suelo por el impacto de su cuerpo.
Di media vuelta y comencé a correr hacia el otro lado del túnel, no sabía que se aproximaba, pero prefería "prevenir que curar".
Las personas del lugar se acercaban más y más, el túnel se estaba llenando y me costaba pasar entre ellos.
La corriente caminaba en mi contra, tuve que empujar con mucha fuerza de a tres o cuatro personas a la vez. No cedían lugar para pasar hacía el otro extremo, la salida.
En ese instante se empezaron a correr cuando vieron a los de seguridad acercándose al lugar . Venían a ver que sucedía, y yo estaba llegando al final del túnel. No quería ni mirar hacia atrás, temía a lo que venía detrás de mí a toda velocidad.
Dando unos últimos empujones, logré salir. La pista central se podía ver claramente desde donde me encontraba, estaba casi vacía y era el mejor lugar por el cuál podía pasar para ir a la salida de emergencia que se encontraba mucho más cerca que la salida normal.
Demasiadas personas se encontraban en ese túnel, no iban a poder salir si se seguían amontonando, todos iban a ver el cadáver del violador y la joven. También al vampiro.
El Vampiro..
¿Por qué quiso llamar tanto la atención?
¿Por qué me salvó la vida y luego me dejó escapar entre toda la gente?
La desesperación comenzó a dominarme, todos comenzaron a gritar, la música seguía sonando.
- ¿Y ahora?.- Me pregunté. Con toda mi fuerza de voluntad, miré hacía atrás, todo comenzaba a consumirse en llamas.
La multitud intentaba escapar de ese infierno pero ya era demasiado tarde, las paredes estaban forradas con una tela oscura que se consumian rápidamente. Todo era un caos. El material del techo ardía también a causa de su red plástica que lo decoraba. El túnel ahora ardía en llamas y varias personas yacían adentro, no se podían reconocer por el humo negro que lo dominaba todo. Los que más cerca se encontraban de la salida podían escapar con algunas partes de sus cuerpos incendiados.
Varios giraban en el suelo sobre ellos intentando apagar el fuego. Todos comenzaron a correr hacia las salidas.
Vi gente forzando la seguridad de los extintores de fuego.
¿Por qué mierda se encontraban con candados?
Me tapé los oídos, me encontraba aturdido, necesitaba que se callen.
Todos corrían, gritaban, se empujaban, se golpeaban. Las victimas del fuego que rodaban eran pisoteadas por la multitud que no lograba salir por las puertas de seguridad. Lo único que se encontraba abierto era la entrada principal, un hueco pequeño que solo pasaban 4 personas máximo y se encontraba colapsada.
Más gritos de dolor.
Me acerqué a la puerta de seguridad más cercana, saltando sobre las personas, no notaban mi presencia ni las pisoteadas.
Cuando me encontré frente a los candados, respiré profundo y dando un empujón logré partirlos en mil pedazos. -La adrenalina del momento me ayudó bastante- Por poco pierdo el equilibrio, me empujaban de todas partes, querían salir -querían sobrevivir.
El techo se caía a pedazos, el fuego avanzaba sobre las barras consumiendo todo a su paso, se había mezclado con el alcohol. Más personas muertas aplastadas por los escombros.
Me encontraba en la puerta, a unos pasos de la calle pero no podía avanzar, algo me retenía con mucha fuerza desde el cuello de la remera.
Ya no se podía escuchar la música, ahora el sonido de la muerte reinaba en todo el lugar.
Intenté liberarme -fue en vano- me superaba en fuerza.
Observé la mano, las uñas clavadas en mi remera -La había agujereado- De tan afiladas que las llevaba, lucían como cinco pequeñas navajas.
No lograba verle el rostro, solo la manga de su campera de cuero negra. Muchas personas seguían pasando a gran velocidad golpeándome el rostro con sus cuerpos, empujándome sin poder moverme ni siquiera un centímetro del lugar.
Mi nariz sangraba.
Me arrastraron hacia adentro, seguía de espaldas. Voltié mi cabeza y ahí pude ver su rostro tan cerca del mio que podía respirar sus efluvios.
Su piel lechoza quedaba oculta bajo un maquillaje, tapando sus ojeras y dándole color a sus mejillas con algo de rubor.
No me hizo falta ser tan inteligente para saber que se trataba de un Convertido. Éste no llevaba ninguna clase de material para tapar nuestros felinos ojos violáceos. -Observaba mi nariz que derramaba sangre ocasionandome demasiada sed.
Dejó escapar de su boca unos chirridos producidos por los dientes ocasionandome escalofríos.
Me di vuelta con el cuerpo entero quedando frente a frente. Su mano me seguía sujetando.
-Sebastian.- Dijo el vampiro sin dejar de observar mi sangre que ahora bajaba tibia y lentamente sobre mis labios.
-Te escucho, Alex.- Dijo una voz a sus espaldas. Una voz que me sonaba familiar, una voz que me producía temblores en todo el cuerpo, era Él, el primer Convertido que había encontrado en la noche.
-Salgamos de acá-. Le dijo Alex a su compañero. - Tenemos que irnos.- Me miró fijamente a los ojos. Podía sentir su respiración agitada sobre mi rostro y mirando dentro de sus ojos violetas, creí ver su alma. -Un alma oscura.
Miré a Sebastian que se encontraba por detrás de mi atacante, lo miraba fijamente a sus ojos, pero él no me devolvía la mirada, observaba el suelo. Se mantenía firme como una roca. Las personas lo embestían e intentaban moverlo para lograr salir. Ni un pelo le corrían.
-¿Me van a matar?.- Les pregunté sin pensarlo. Hasta ese entonces no había pensado en lo que realmente ocurriría.
-Todavía no.- Contestó Alex, entrecerrando sus ojos para observarme fijamente.
Noté en él, una mancha roja sobre su pecho, y en la frente, por debajo de unos rizos dorados, su cabello estaba bañado en sangre hasta las puntas pero no desde raíz.
Intenté forcejear y escaparme, pero tomó con su mano libre mi cuello apretándolo con fuerza, haciendome escupir la sangre que viajaba por la comisura de mis labios hasta el rostro del vampiro.
Éste cerró los ojos con un aire gracioso, dedicándome una sonrisa burlona. Estaba cortando mi respiración, me apretaba con muchas fuerzas.
Abrió sus ojos e impactandome con una patada en el estomago, me largó a volar diez metros hacia la calle.
Varias sirenas comenzaron a escucharse. Ese golpe me había dolido.
Intenté reincorporarme. Con una mano en el estomago y la otra sobre el suelo intenté recobrar el equilibrio y así ponerme de pie, pero no pude.
Al ver venir volando de un salto contra mí a los dos Convertidos, volví a caerme sentado.
Cerré mis ojos.
La mordida fue directa, no hubo dolor. Creí sentir placer por un instante, dar un gemido y hechar mi cabeza hacia atrás. Sentía como la sangre brotaba de mí para alimentar al hermoso ser que tenía arrodillado frente a mi cuello. El pulso se me volvía más lento.
Dolor.
Éste dolor me hizo abrir los ojos y ver como Sebastian sostenía del rostro a Alex, apartándolo de mí con su boca llena de sangre. Mi sangre.
-¿Qué hacés?- Gritó el vampiro de risos dorados y liberándose de un empujón.
-Muchos testigos.- Señalaba tranquilamente Sebastian acomodandose su camisa. Era extraño, no sonreía, no era el mismo que había visto dentro.-¿Qué vamos a hacer con él?.- Me señalaba a mí ahora, dirigiéndome una vaga mirada.
-¡Acabarlo! Pero si no te hubieras metido.- Se lanzó sobre mí otra vez, pero Sebastian lo detuvo nuevamente.
-¡No!.- Le gritó. - Ahora no, lo necesitamos.-
-¡Sebastian!.- Gritó Alex furioso apretando sus dientes - ¿Qué querés hacer? .-
-¿No te das cuenta de que nos sirve?.- Sebastian me dedicó una mirada con asco pero sus sentimientos no me expresaban eso, sino lástima. Su acompañante estaba lleno de ira. -¿Con cuánta frecuencia nos encontramos con un sangre pura?... ¡Nunca!.- Alex me miró de otra manera, comenzaba a calmarse, me daba miedo que me observara así. -Hace tiempo que estamos en ésta búsqueda, ahora no lo vamos a hechar a perder.- Apartando su mirada de mí y arreglandose la ropa.
- Tenés razón, mucha razón.- Lo apremió con unas palmaditas. -Nos puede servir, si hay uno, nos puede enseñar dónde están los demás.- Sonrió asquerosamente dejando sus colmillos a la vista llenos de sangre . -¿Querés vivir...? ¿Cómo es tu nombre?.-
- ¡Mapini!.- Gritaron a lo lejos, no alcanzaba a ver quién era.
Los dos vampiros se sorprendieron al ver que alguien se acercaba corriendo. No venía solo.
Sonreí, di una pequeña carcajada sin aliento, cerré mis ojos y seguía sonriendo. Sentía mi cuerpo cansado y la curiosidad de los dos vampiros a mi lado.
- Lindo momento de llegar.- Dije con mis últimas fuerzas y no pude mantenerme más sentado.
Me tumbé en el suelo, me había olvidado de los gritos de las personas, creía que se habían callado, que todo por fin se encontraba calmado, pero el sonido de las sirena se encontraba dentro mio ahora. Los gritos de las personas eran mucho más fuerte en la calle. El cielo estaba oculto por el mismo humo negro que ahogaba a las personas adentro del antro. Extrañaba ver mis hermosas estrellas, necesitaba verlas, si iba a ser lo último que haría, realmente quería verlas. El derrumbe de varias paredes resonaba por toda la cuadra, varios gritos ahogados se escucharon al mismo tiempo, eran los vecinos del lugar que salieron a ver lo que sucedía. Nadie me prestaba atención, no era el único moribundo que se encontraba tirado en el pavimento. Sentí cientos de humanos al borde de la muerte cerca mio. No lo soporté, tuve que vomitar. Los llantos de varias personas me llegaban a los oídos desgarrandome el alma.
Si yo moría ahí. ¿Iban a llorar por mí también?
Sentí varias gotas de agua caer sobre mi rostro . ¿Llovía? . Eso pensé por un instante. Se trataba de los bomberos intentando extinguir las llamas que se extendieron a lo largo del lugar y avanzaban hacia casas vecinas.
Sentía sed.
Abrí la boca para que el agua me resfrescara un poco, mi lengua ardía. Las gotas que impactaban en mi rostro, me obligaban a mantener los ojos cerrados. El agua sabía a hierro y tendría que haber estado fría. Se encontraba caliente. Extrañamente un calor que me refrescaba toda la boca, haciendome saborear los labios, queriendo más.
Miré con los ojos entrecerrados para evitar que el agua cayera en mis pupilas y vi el brazo de Sebastian con una gran herida en la muñeca. Lo mantenía a unos centímetros de mi boca derramando su sangre, alimentandome.
Miré hacia donde se tendría que haber encontrado Alex, pero no estaba ahí.
- ¿Estás bien? .- Me preguntaba Sebastian limpiando mi boca con su mano. -No te preocupes por nada.-
Me dijo, ahora saboreando sus dedos.
- ¿Y Leon?.- Le pregunté mirando hacia todos lados en busca de un rastro.
- ¿Quién es Leon?.- Preguntó con indiferencia. -Ah, el humano que venía a rescatarte, ¿No?.- volvía a preguntar con su tono más irónico posible. -Alex sabía que iban a venir a buscarte, no tendrías que haber hecho esa llamada telefónica, ya lo estaba esperando, pero no contaba con que viniera acompañado.- Comenzó a dar movimientos de negación con la cabeza. - Se fue detrás de tu amigo, pero dudo que regrese.- Me volvió a mirar con indiferencia. -Luego de que te mordiera, comenzó a debilitarse.- Me observaba el cuello. Observaba mi collar, los anillos que colgaban en el.
Al escuchar que Leon no estaba solo, deducí que había avisado a mi familia y estaban todos cerca en mi ayuda. Tomé coraje y me tiré sobre el vampiro.
-No tendrías que haberme alimentado.- Le gruñí en la oreja, forcejeando con él. Su fuerza era incomparable con la mia, en esos momentos, yo me encontraba débil por la pérdida de sangre, pero si iba a morir, que sea peleando como los mios.
- ¿Siempre agradeces de esa forma?.- Preguntaba Sebastian con una gran sonrisa burlona en su rostro, haciendo un par de maniobras con sus manos y dejandome boca abajo en el suelo e indefenso.- ¿Me vas a dejar explicarme?- Volvió a preguntar ahora dejando el tono sarcástico de su voz a un lado.
Lo miré de costado, no podía hacerlo fijamente, mi rostro se encontraba pegado contra el húmedo pavimento. Seguía sangrando.
Sin soltarme de los brazos, ágilmente, Sebastian se puso de pié levantandome.
-A la cuenta de tres te voy a soltar, te pido que no hagas nada estúpido si querés seguir viviendo.- Levantó una ceja esperando mi reacción, por supuesto que no contesté nada. -Tres- Gritó. Me soltó las manos, me di vuelta muy rápido, para no darle la espalda nuevamente, posisionandome de modo defensivo.
-¿Estás bien?.- Me pregunto, moviendose a una gran velocidad hacia mí, mientras me desvanecía en el lugar, perdiendo el sentido de todo. Las sirenas, los gritos, los llantos, las explosiones y toda clase de sentidos iban desapareciendo. El olor a quemado que invadia el lugar ya no se percibia. Lo último que sentí, fue a Sebastian tomandome entre sus brazos, antes de impactar contra el suelo.