miércoles, 21 de abril de 2010

-Modern Vampire- [ Capitulo IX - Sebastian - ]

-Es la triste verdad, preciosura.- Le dije secandole las lágrimas que derramaba por su rostro, corriendole el maquillaje. Ella no paraba de analizarme. Tomó mis manos, las acariciaba, se encontraba sorprendida.
-¿Cómo vas a creer eso?. Amor, está alcoholizado... ¡María! .- Gritó Leon al ver que se producía un corte a propósito en la palma de la mano con mis afiladas uñas.
- Tomá lo que quieras.- Acercó su mano ensangrentada hacia mi boca. El olor a sangre...
¡Ah!, el olor a sangre invadió mis fosas nasáles provocandome demasiada sed. Tragé saliva.
- Mujer ¿Estás loca?.- Le pregunté fulminandola con la mirada. Leon observaba atónito.
- Por favor, hacélo.- Acercó más su mano. Ya no lo soportaba. Abrí mi boca dejándo a la vista mis colmillos. Leon volteó el rostro para no mirar.
Tomé de la muñeca a María. Se encontraba tenza. Acerqué mi boca muy abierta hasta apoyarla en la palma de la mano ensangrentada. Pasé mi lengua por la herída cicatrizandosela. La sangre que se había mezclado con mi saliva me producía cosquilleos extraños queríendo tomar hasta la última gota de ella.
Me alejé suavemente mirandola a los ojos. Me miraba sorprendida.
- Mi mano.- Exclamó sorprendida temblando. -Leon, curó mi mano.- Pensé que se iba a volver loca -más de lo que aparentaba. El joven observó la mano detenidamente, intentando explicarse que era lo que acababa de suceder y acercarse más a ella, pero Mapini en sus brazos se lo impedía.
- La saliva de un vampiro puede curar cualquier clase de herída.- Les expliqué. - Una gota de nuestra sangre puede desintoxicar el cuerpo de cualquier veneno.- Me observaban asombrados. Presentía que me iban a llover varias preguntas.
- ¿Por qué nos estás ayudando? .- Preguntó Leon.
- No es de tu incumbencia.- Le respondí indiferente. - Solo necesito que se lleven a Mapini urgente de acá, perdió demasiada sangre.- Les ordené .- Puede que muera.- Acoté ésto último mirando el cuerpo desmayado del vampiro. Me puse de pié -Cuando despierte, diganle que solo tuvo suerte, que la próxima puede que no fallen...-
-¿No fallen?.- Me interrumpió María. -¿Hay más de ustedes?.-
Le dediqué una sonrisa.
-La curiosidad mata al gato.- Le dije guiñando un ojo.
-¡No llames gato a mi novia!.- Me gritó Leon señalandome con un dedo amenazador. Comencé a reir.
-No lo tomes tan así.- La miré de pié a cabeza. Aún con el maquillaje corrido, la ropa destrozada y ensangrentada se veía hermosa. Tremendo ejemplar de gato, pensé. -No me refería a eso, les aclaro.- Les dije.
-Claro, lo que digas.- Decía Leon observandome con mucho odio. Volví a sonreir.
- Por favor, contános más.- Suplicaba María arrodillada en el suelo tomandome de la mano.
La imagen que presentaba era angelical y demoníaca a la vez. Sus cabellos rubios, sus ojos celestes y su piel rosa le daban un toque angelical, pero su vestimenta, las lastimaduras y el -alma, no se veian igual. Escuché unos pasos.
-Hey, pibes. ¿Cómo se encuentran?.- Preguntó un policia rechoncho que se agitaba al caminar. -Vengan por aca. Vamos, vamos.- Nos apuró. - ¡Hu! ¿Ese está bien?.- Preguntó por Mapini que se encontraba ensangrentado en brazos de Leon dando un aspecto de muerto por la palidez de su rostro.
- Si, no te preocupes, gordo.- Le contesté.- Solo necesita comer-
- ¡Mirá pibe!, amí no me digas gordo, no soy tu hermano, ni amigo. Movéte, ¿Querés?.- Me hacía señas con la mano para que camine. -¿Tienen D.N.I ?.- Nos preguntó ahora apuntandonos con una linterna.
Se quedó observando a María por un buen rato a mis pies. -¿Y a esa? ¿Qué le pasa?.- Se nos acercó más. -Levantáte piba, dale.- Le dijo tocandola con la linterna. -Vos, carita linda.- Se refería a mí- Ayudala. ¿Qué esperás?.- Comenzó a colmarme la paciencia. - Decíme tu nombre...-
- Sebastian Andrade.- Le dije observandolo a los ojos. - Y soy un vampiro. - Se le cayó de la mano la linterna. Sonreí. - Mucho gusto.- Estiré mi mano para estrecharle la suya, pero se agachó sin apartar sus ojos de los mios. Tanteaba el suelo en busca de la linterna hasta que la encontró. Tragó saliva. -Que falta de respeto.- Dije, burlandome de él.
- Sebastian ...- Dijo Leon enfureciendose. - Dejá de decirle a la gente esa sarta de mentiras.-
- No es gracioso, no jodas con eso pendejo, mostráme tu...- Provocando un silbido en el aire por la velocidad en la que me moví hasta acercarme al policia a escasos centímetros, lo tomé del cuello.
-Soy... un maldito vampiro.- Le dije mostrandole mis colmillos. -Y ahora, te vas a dar media vuelta e irte por donde viníste sin molestarnos más y olvidándote de lo que escuchaste.- Me asintió con la cabeza, hizo un gesto con el rostro en seña de saludo a los otros dos y se fue.
-Que tengan buena noche.- Fue lo último que dijo hasta que se perdió entre otros policias y bomberos voluntarios que socorrian en el lugar.
- Pero... ¿Qué mierda fue eso?.- Preguntó Leon en un tono muy alto. -¡Hipnotizás a la gente!.- Me volvió a señalar con el dedo amenazador.- María, ¡Alejáte de el!.- Ella no le prestó atención, me seguía observando fascinada.- ¡No sos más que un simple hipnotista!. Maldito fracasado.-
- Leon.- Dije tranquilamente. - No todo en la vida tiene explicaciones científicas. ¿Cómo creés que curé la mano de tu amada? ¿Con hipnósis? ¡Já!.- Excláme irónicamente. -Ahora, María hacéme el favor de levantarte.- Le dije eso ofreciendole una mano . -Aborresco a las personas que suplican o piden piedad. ¡Me dan asco!.- Grité eso último tirándo de su brazo hasta ponerla en pié bruscamente. -Ahora, vayanse si no quieren convertirse en mi comida. Todavía estoy hambriento.- Les informé entrecerrando los ojos y frunciendo el ceño. -¡Ah! ¡Libertad!.- Exclamé ésto. De verdad que, desde ese momento era libre. Mi creador se encontraba muerto. - Debería agradecerselo.- Miré a Mapini.- Él me liberó, pero solo fue suerte. No le cuenten nada de lo sucedido, pondrían en peligro todo. Su familia sabría que hay Convertidos en la ciudad y que ustedes dos, simples humanos, saben más de la cuenta. ¿Entendido? Lo digo por su bien.- Los intenté asustar con la mirada, quería aparentar enojo, pero la felicidad me invadía.
- ¿Por qué nos dejás con vida?.- Preguntó María. Fue una buena pregunta. ¿Por qué los dejaba con vida? Podría acabar con ellos en una milésima de segundo, ocultaría sus cuerpos y nadie se enteraría.
- Simple.- Contesté. - Es lo único que puedo hacer por ese puro.- Lo señalé con la vista a Mapini que todavía seguía inconciente. - Está en desventaja- Comenté.- Siempre lo estuvo. La suerte no lo va a acompañar demasiado tiempo, ya nos vamos cruzar nuevamente y sus días de cazador nocturno se le van a acabar, como a toda su familia.- Miré el suelo, quería salir corriendo y acabar con todos. -Podría acabar con ustedes tres ahora mismo, pero tengo algo que es mucho más fuerte que yo.- Ahora levanté la vista y observaba el cielo que se encontraba oculto por la gran nube de humo negro. - Orgullo.- Dije.
Leon intentó reincorporarse del suelo con Mapini en sus brazos.
- María, ayudáme a cargarlo. Necesita ir a un hospital urgente.-
-¿Hospital?.- Comencé a reirme dando fuertes carcajadas. -¿Qué creés que pueda hacer un doctor con él?.- Lo señalé con la punta de mi dedo índice. - ¡Lo van a internar! Le harían cientos de estudios médicos y no sabrían que le sucede. ¡Van a tratarlo como a un zombie!.- Moví mi cabeza hacia ambos lados. - No saben nada. ¿Verdad?.- Les pregunté aunque ya sabía la respuesta. - ¡La gran mayoría de su cuerpo se encuentra muerto o nunca funcionó!.- Me acerqué a Leon que ahora se encontraba de pié. -¿Ven ésto?.- Junté mis dedos y atravecé el estomago de Mapini.
-¡No!.- Gritaron ambos. Mapini nisiquiera se movió. Manché toda mi mano con sangre y toda la remera del vampiro. Leon tapó la herida con sus manos.
-¿Qué mierda hacés? ¡Flaco! ¿Estás enfermo?.- Gritaba desconsolado. María tapaba su boca, atónita. Volví a sonreir.
- Solo perdió un poco más de sangre. Necesita alimentarse urgente, nada más. Ah, y una camiseta nueva.- Comencé a reirme. Los dos observaban la apuñalada en el estomago de Mapini que rápidamente se iba cicatrizando. -¿Lo ven? Autoregeneración. ¿No es impresionante?.- Di más carcajadas de placer, disfrutaba ver a los dos humanos desconcertados. - ¡Me voy! Ya no tengo nada que hacer aca. Ciao, ciao.- Comencé a caminar levantando una mano al aire en seña de despedida.
-¡Sebastian!.- Me gritó María. -¡No te vayas! Esperáme.- Comenzó a correr hacía ami. Fruncí el ceño.
- ¿Qué pretendés que hagámos con él entonces? ¿Te vas así nomás? Dame una mano al menos- Me dijo Leon desde el suelo.
- No es de mi incunvencia. Si él llegara a morir, no sería mi problema, me alegraría. Esos malditos "sangre pura" tienen que desaparecer todos, al igual que como hicieron con los mios.-
- ¿De qué hablás? .- Me preguntó María.
-Hablo... ¡Hablo de que todo el mundo cree que por pertenecer a linajes superiores que otros, tienen el derecho de elegir quién puede existir, y quién no!.- Me enfurecía tocar ese tema.- Humanos, vampiros, sean lo que sean, piensan de la misma manera. ¡Alguien tiene que gobernar! ¿No?. Pero ¿Quién les da ese derecho? .- Me volvía loco pensar en toda esas cosas. - ¿Quiénes son para acabar con nosotros tan solo por no pertenecer a su "grupo".- Leon se encontraba con la boca abierta. María sonreía. -De verdad que no lo encuentro gracioso, no sé porque sonreís.- Fruncí los labios, sentí el deseo de golpearla. -Me voy, temo descargarme sobre ustedes y el karma me pesaría.- Miré a Mapini, deseaba que se despertara de una vez y acabar con él sin desventajas- Inútiles.- Les dije.
- ¡No podémos ayudarlo! .- Habló Leon. -¡No puedo llevarlo en la moto!. Lo único que me queda es subirlo a una ambulancia.- Su voz sonaba preocupada, era entendible. Su amigo se encontraba al borde de la muerte. - ¿Los vampiros no tienen super poderes? ¿Tal vez super fuerza?.- Intentaba autoconvencerse de lo que estaba diciendo. Me robó una sonrisa. - Bien, eso no suena coherente...-
-¡Ah! Leon, dejá de buscarle coherencia a la vida.- Exclamé. - ¡Lográs sacarme de mis casillas!.- Me acerqué a Mapini, lo tomé de la cintura con una sola mano y lo cargé en mi hombro como si fuera una especie de bolsa grande. -¡Muevanse!.- Les ordené y salí caminando con Mapini sobre mí, pasando entre todas las personas lentamente, para no llamar la atención. Vi como Leon y María corrian en busca de su moto.
- Ya te alcanzamos.- Logré oir. Leon sabía que podía oirlo a una gran distancia.
Caminé media cuadra hasta alejarme de los bomberos. Me pregunté varias veces qué hacía ayudandolos.
- Le debo una.- Me dije a mí mismo. -Solo por ésta vez.- No entendí porque no lograba convencerme.
A lo lejos escuché la moto de Leon acercándose a toda velocidad.
- Seguíme.- Gritó pasando por al lado mio.
Con la mano que me quedaba libre, acomodé mis pantalones. Me preparé para salir corriendo.
Escuchar la aceleración de la moto a mi lado me llenaba de adrenalína. Corríamos a la misma velocidad. Leon y María sobre la moto a mi lado parecían que no se movían, los veía prácticamente quietos, solo que el pelo se les volaba hacia todos lados.
Mapini se tambaleaba sobre mi hombro a causa de la velocidad. Me ocasionaba mucha gracia, su cuerpo desvanecido parecía una bolsa de papas.- Aunque más pesada.
No sé cuántas cuadras corrímos a gran velocidad, pero los seguí sin perder el ritmo.
Al pasar entre algunos taxis que circulaban en la ciudad, llamabamos su atención. Era imposible que reconocieran que eramos dos personas corriendo a más de docientos kilometros por hora al lado de una moto por el medio de la calle.
Tenía que dejar a Mapini con ellos rápidamente porque el cielo mostraba sus primeros rayos solares.
-Mierda.- Grité. Comenzaba a perder fuerzas. Tan solo ver el cielo aclarando, me debilitaba.
Leon aminoró la velocidad de la moto, hasta frenar a un costado de la vereda. Sacó de su bolsillo un pequeño control remoto. Apuntó hacia un gran portón metálico que haciendo un par de ruidos se abrió automáticamente.
- Entrá.- Él me invitó a pasar. María me observaba.
Con las pocas fuerzas que me quedaban, entré a lo que parecía un garage.
El lugar se encontraba plenamente ordenado.
-¡Oscuridad!.- Grité.- ¡Necesito oscuridad!.- Me temblaba el cuerpo.
-Leon, el portón.- Indicó María. El portón ya se encontraba cerrando.
El olor a polvo y aceite en el lugar era demasiado notable -hasta para la nariz de un humano.
-¿Qué vas a hacer ahora?.- Me preguntó Leon. -El sol está a punto de salir. ¿Te vas a desintegrar, Drácula?.- Me preguntó con un tono burlón.
-¡Leon!.- Lo reprimió María. -¡Sentíte como en tu casa!.- Ahora se dirigía a mí, abriendo sus brazos exageradamente.
Al costado de la única puerta que llevaba hacia adentro de la casa, habían varias cajas apiladas sobre un freezer. Corrí hacia el. Empujé las cajas que se encontraban llenas de vaya a saber uno que cosas, cayendo al suelo produciendo un estruendo en todo el cuarto.
- Consigan sangre.- Les indiqué. Ambos se miraron a las caras sorprendidos. - Ahora necesitamos descansar.- Abrí la tapa del freezer. El olor a viejo y rancio que salió de adentro era insoportable, fruncí la nariz de lo repugnante que me olía. Solté a Mapini adentro, acomodandolo a un costado.
-Pero... ¿Qué hacés?.- Preguntó Leon acercandose a nosotros.
- Si la luz solar lo tocara en ese estado, moriría.-
- ¡Mapini nunca tuvo problemas con el sol!- Me gritó él.
- No, nunca lo tuvo, gracias a esos anillos.- Le señalé el collar que llevaba en el cuello con dos anillos, uno de plata y otro de bronce. También señalé su mano, en el cuál llevaba un anillo de oro. -Eso es lo que lo protege del sol.- Tragé saliva.- E intento averiguar de que otras cosas más.- Di un salto y caí parado dentro del congelador que a simple vista se notaba que llevaba tiempo sin funcionar. -Espero que no les moleste. Para hoy en la noche, ya no voy a estar aca. Pero consigan sangre. Necesita alimentarse.- Me acomodé a un lado de Mapini. Por suerte el refrigerador era bastante grande como para que entremos los dos. Le sonreí a Leon y María que ahora nos observaban. - Hasta la noche.- Dije, y lo último que ví, fue la tapa del congelador, protegiendonos de la luz solar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario