miércoles, 21 de abril de 2010

-Modern Vampire- [Capitulo VIII - Leon & María -]


El sol todavía no había salido, las luces de la vereda se colaban entre las cortinas de la habitación. El desorden se apreciaba a simple vista. El ruido de la calle se opacaba por el sonido de lluvia que provenía del baño. Las sábanas de la cama matrimonial regadas por el suelo. Unos minutos atras, había hecho el amor con mi novia, María.
La oía cantar en la ducha.
Me reincorporé en la cama, con el cabello revuelto, el torso desnudo, y bostezando .Miraba todo a mi alrededor, frotaba mis ojos -seguía bostezando.
- Vamos a tener que ordenar todo por la mañana - Me dije a mí mismo sonriendo.
Respiré profundamente, y ayudándome con las manos, me puse de pié.
Prendí marcha hacia el baño, superando los obstáculos de cosas tirados por el suelo. Pasé por enfrente de un espejo, reflejando en mí, horas de trabajo duro en el gimnasio.
Al llegar hasta la puerta de la cual se escapaba vapor por debajo, me paré en seco. Me detuve a oirla cantar, sonaba hermosa. Con tan solo escuchar, podía imaginarmela desnuda bajo el agua, enjuagando sus cabellos, rozando el jabón por su suave piel, dejandole un rico aróma y las gotas masajeandole el cuerpo entero.
El vapor mojaba mis pies. Empujé suavemente la puerta -Se encontraba entreabierta-
Caminé hacia adentro del baño. Vi la bata de María colgada a un costado.
La cortína de hule transparente me dejaba ver la silueta perfecta de ese ser angelical que cantaba en la ducha mientras masajeaba su cabello.
- Leon.- Me llamó, dejando de cantar. Abrió la cortina, ocultando en vano su cuerpo por detras de ésta. Me miró con una sonrisa en su rostro, con sus ojos altones y celestes brillando debajo de la platinada luz provocada por el vapor en el aire. -¿Te vas a duchar tambien?.- Su voz me incitó a entrar con ella, me provocaba en todos los sentidos. -Me volvía loco.
Tomó con las dos manos su cabello rubio, envolviendolo hasta dejarlo hecho un rodete. No podía apartar la mirada sobre ella. Su mirada me provocaba demasiada ternura.
- ¿Unos masajes? .- Me ofreció, cerrando el grifo, vistiendose con la bata blanca y saliendo de la ducha.
Me coloqué enfrente del botiquín. Me reflejaba en el espejo. Me veía ami mismo. Recorrí con la mirada desde mi enmarañado cabello negro, hasta mi cuadrado mentón. De mis ojos oscuros, hasta mis grandes labios rojos. Toqué mi mejilla, rozando mi piel cobriza con el dedo índice. Debajo de mis ojos, algunas ojeras quedaban a la vista. Me encontraba cansado.
Detrás del hombre del espejo, apareció ella. La mujer que me quita el sueño -La mujer de mis sueños.
Frotó sus suaves manos por mis hombros, acercandolas hasta mi cuello.
- Wow, sos buena.- Dije cerrando mis ojos y mordiendome el labio inferior.
- ¿Eso te sorprende?.- Me preguntó con un tono burlón en la voz. -Qué fácil de sorprender.- Y me besó el cuello.
Algo me puso alerta. Me quedé inmóvil. Algo estaba llamando mi atención. Miré fijamente al reflejo de mi mirada en el espejo, intentando concentrarme.
-Disculpáme.- Le dije a María. -Está sonando mi celular, enseguida vuelvo.- Me voltié, la besé en los labios, acaricié su rostro mirandola fijamente a los ojos, y salí.
-¿Dónde mierda estás?.- Me ponía nervioso el ringtone que sonaba. -Después de atender, te voy a cambiar, ya no te soporto.- Dije furioso, levantando cosas y revoleandolas a un costado en busca de mi móvil. -Ahí estás.- Sonreí. Tomé el celular, en la pantalla externa decía un nombre, Mapini.
- ¿Hola?.- Contesté aún con la sonrisa malévola en mi rostro.
- Leon, necesito ayuda.- Dijo Mapini acelerado. No podía oirlo bien, se escuchaba mucho ruido de fondo, la música molestaba.
-Hey, tranquilizate. ¿Dónde estás? ¿Qué pasa?.- La sonrisa se borró de mi rostro, realmente me preocupaba.
- No te puedo contar ahora, necesito que vengas de inmediato al Antro, en Palermo. ¿Te ubicás?.- Me dijo éste, con un tono de frustración en la voz. Supe que me quería decir algo y no tenía tiempo.
- Ya salgo para ahí, no te muevas del lugar, esperáme.-
¿Qué habrá sucedido? Me pregunté mientras buscaba ropa que ponerme.
- ¡Amor!.- Grité. -Amor, voy a salir.- Tomé de un cajón varios boxers, elegí el menos arrugado -Tengo una obsesión contra las arrugas . Sobre una banqueta se encontraba mi jean negro y una chomba blanca. Me vestí tan rápido que casi pierdo el equilibrio. Los zapatos se encontraban debajo de la cama. Me senté en ella para poder atarme los cordones.
-¿Qué pasó?.- Preguntó María acercandose en ropa interior hacia mí con un toallón envuelto sobre su cabeza.
- Mapini. Eso pasa. Sale solo, se mete en problemas y necesita mi ayuda.- Contesté sin prestar atención. -Voy a buscarlo en la moto y vengo, te prometo que va a ser rápido, no voy a tardar.- Me levanté de la cama, besé su frente. Ella fruncio el ceño. Caminé hacia la cocina.
-Leon, no me quiero quedar. ¡Es sábado por la madrugada!.- Gritó. - Deberíamos salir a dar una vuelta.- Me reprochó desde la habitación. -¿Qué tal si después de dejarlo en su casa, nos vamos solos por ahí?- Volvía a incitarme con la voz.
-Está bien, pero cambiate rápido. Mapini sonaba asustado y parecía que se encontraba en verdaderos problemas.-
Comenzó a correr hacia todos lados en busca de que ponerse. De vez en cuando me preguntaba cómo se veía.
-Te ves bien, amor. ¿Ya estás lista?.- Le preguntaba mirando la hora. -Voy a sacar la moto, así ganamos algo de tiempo, te espero abajo.- Tomé las llaves de arriba de la mesa, bajé las escaleras hasta el garage. Prendí las luces y ahí estaba ella, mi bebé. Mi otra razón de existir. Mi Honda CBR 1000 negra, relucía bajo las luces del lugar. Hablandome sin hablar, pidiendome que me monte en ella, que salgamos a recorrer las calles porteñas sin que nada nos detenga. Me acerqué, la acaricié al momento que tomaba el casco. Bajé el pedál de la moto, coloqué la llave haciendola girar, habilitando el contacto de encendido y el paso de corriente. Me monté en ella. Accioné el botón de arranque hasta escuchar el "Rum, rum" que producía al girar el acelerador. Mi bebé respiraba, renacía, pedía a gritos ser liberada, correr libremente por la calle.
Escuché unos pasos bajando las escaleras, sonaban como tacos. Ahí apareció ella. Mi ángel negro. María, vestida totalmente de cuero.-Short ajustado y una remera que dejaba al descubierto el piercing de su ombligo. Su cabello rubio y lacio acariciandole la espalda, y en los pies, unas botas largas -de cuero también- con medias de red cubriendole las piernas.
- Estás hermosa.- Fue lo único que pude decir. Me sonrió sin decir nada. Se montó detras de mí en la moto. Me di vuelta para besarla. Vi que llevaba sus ojos delineados de negro, haciendolos resaltar más. Los labios pintados de rojo intenso y varios maquillajes más que la hacían lucir tan hermosa, provocandome dudas de si era de éste planeta o no. -Un ser perfecto.
-Vamos.- dije, besandola en los labios y ella correspondiendome el beso.
Apunté con un control remoto la puerta del garage haciendola abrir automaticamente. Aceleré varias veces para que mi bebé gritara. Nos colocamos los cascos y salimos a toda prisa del lugar.
María se encontraba aferrada a mi cintura, apoyando su cabeza -dentro del casco- sobre mi espalda.
La noche era perfecta. El cielo nos iluminaba con una gran luna llena y varias estrellas. Las calles iluminadas, no presentaban tráfico, era fácil pasar entre los pocos autos que transitaban.
Ciento ochenta. -Marcó el velocimetro.
María se aferraba con más fuerza a mí cintura. La calle se encontraba en silencio, salvo por mi moto. A lo lejos -un kilómetro más o menos- vi varias luces rojas girando en el medio de la calle. Pude oir las sirenas.
-¿Qué está pasando?.- Me pregunté, sin que nadie me oyera.
Comencé a aminorar la velocidad. Varias dotaciones de bomberos se encontraban bloqueando el paso.
Frené la moto, lo único que podía ver, era el cielo tapado por una gran nube de humo negra que ascendia desde uno de los edificios cercanos.
- ¡El Antro!.- Grité. Me quité el casco, esperando a que María descendiera de la moto. -Esperáme aca, voy a hechar una mirada.- Estacioné la moto a un costado, colocandole la pata y guardando las llaves en mi bolsillo.
-Leon, quiero ir con vos, tengo un mal presentimiento.- Dijo María, cruzando sus brazos.
- Está bien.- Contesté tomandola de la mano. Realmente se encontraba temblando.
Corrímos entre los camiones de bomberos hasta internarnos entre las personas.
Lo que vimos no fue nada agradable, el Antro se caía a pedazos, la calle se encontraba repleta de personas inmóviles tiradas por todas partes. Otros tocían, gritaban, lloraban. María se tapó los ojos con las manos.
- ¡Hey! ¿Estás bien?.- Le pregunté tomandola del rostro y haciendo que me mire fijamente a los ojos. -Si te hace mal, volvé a la moto, yo voy a estar bien, te lo prometo.- Intenté calmarla, besandole la frente.
-No, me quiero quedar con vos, no pasa nada.- Me dijo sollozando. Apretó su mano fuerte con la mia y comenzamos a caminar entre las personas -o cadaveres. La verdad que no lo sabía.
Los bomberos se encontraban extinguiendo el fuego, aunque se extendía hacia los edificios vecinos y era cada ves más y más intenso. Otros llevaban a los heridos para un costado, lejos del incendio.
Ver a todas esas personas en la calle, desvanecidas, muertas o lo que fuera, me provocaba escalofrios, no quería ni pensar en lo que había ocurrido.
¿Dónde estaría Mapini?
¿Me habría llamado por eso? Pero si no nombró ningún incendio. ¡El habrá visto a los que lo provocaron!.
Bien, esas eran demasiadas deducciones para tan poca información. Intenté evitar seguir pensando, necesitaba concentrarme, encontrarlo por donde sea. Tal vez estaría herido y necesitaba de mi ayuda para ser socorrido.
-Por ahí.- Me señaló María. Dos hombres se encontraban sobre lo que parecía el cuerpo de Mapini. -Está herido, lo están ayudando.- Dijo soltandose de mi brazo y comenzando a correr.
- ¡Mapini!.- Grité con todas mis fuerzas. ¡Al menos se movía!.
Los hombres que se encontraban con él voltearon al escuchar el grito. -Fue raro, porque nos encontrabamos lejos y con tanto ruido era imposible lograr escucharme.
No sé en qué momento pasó, pero María cayó al suelo -Supuse que fue por correr con botas.
Me agaché para levantarla, pero algo me embistió con mucha fuerza, derrumbandome ami tambien.
Esa misma cosa me había tomado por la remera, arrastrandonos a María y ami a gran velocidad sobre el pavimento. Comencé a forcejear. Moví mis brazos y piernas hacia todos los lados posibles, intentando soltarme de lo que nos llevaba arrastrando.
-¡Soltáme, hijo de...!.-
Los gritos de María me enceguecieron.
-¡Soltála!.- Le grité. -Que no se te ocurra hacerle nada, maldito.-
- ¿Oh qué?.- Me desafió la cosa que nos estaba arrastrando.
-Te voy a romper la cara, basura.- Me soltó y quedé tumbado boca arriba en el suelo. Ya nos encontrabamos lejos de las dotaciones de bomberos y los accidentados. La luz que tenía sobre mi, no me permitía ver quién o qué era.
Me reincorporé limpiandome la ropa, buscando con la mirada a María. Se encontraba lastimada, le sangraban varias partes del cuerpo y tenía sus medias rotas. Estaba boca abajo, tapandose la cara con los brazos. La escuché llorar.
- ¡Te voy a matar!.- Grité, aunque fue un segundo. Me quedé shockeado al ver lo que veía. -¿Qué sos?.- Le pregunté señalandolo. -¿Quién sos? ¿Qué cosa sos?.- Un hombre de rizos dorados bañados en sangre, se encontraba parado al costado de María, observandola.
-¡Dejála en paz! ¿Qué es lo que querés?.- Le volví a gritar, pero no podía evitar hacerlo con miedo.
Entonces...
¡El rostro del rubio se estaba disolviendo!. Me dedicó una mirada, dejandome desconcertado sin saber que significaba. Sus ojos eran de un color violeta, pero se iban aclarando, perdiendo todo color.
Ya no se movía, su mirada se encontraba perdída. Escuché un leve chillido que provenía de él y en un abrir y cerrar los ojos, desapareció. Se convirtió en una nube de cenizas que se volaron con la brisa nocturna. Mis ojos no lo podían creer.
¿Nos habíamos dado un buen golpe con la moto e imaginé eso?
Era de lo más seguro. Yo me encontraba golpeado y María a un costado ensangrentada.
Corrí a socorrerla.
- ¿Estás bien?.- Le pregunté nervioso.
- ¿Qué fue eso, Leon?.- Comenzó a llorar ella, cayendo rendida sobre mí.
- Un accidente, amor. Un accidente.- La atrapé entre mis brazos, consolandola. Me apenaba demasiado tener que verla en ese estado. -Perdonáme.- Le dije besando su hombro. -¿Podés caminar?.- Pregunté, poniendome de pié, sintiendo el dolor correr por toda mi espalda, en especie de punzadas. Me asintió con la cabeza, limpiandose las lágrimas.
Comenzamos a caminar, de vez en cuando miraba hacia atras para ver si aparecía el hombre de los rizos dorados, pero me convencí de que fue mi imaginación.
Cuando nos adentramos entre la multitud -otra vez- vi que varias personas se encontraban ayudando. Los vecinos se acercaban al lugar solo para ver, pero los bomberos los hacían retroceder.
-Señores, si están heridos, vayan por ese lado, ahí se encuentran las ambulancias.- Nos indicó un bombero casi tan joven como nosotros. No pasaba de los veinticinco años de edad.
Le sonreí sin ganas, pero seguímos caminando entre los cuerpos. Me pregunté cuántos estarían sin vida. El Antro se encontraba en una ruina total, consumido por las llamas que todavia luchan contra los bomberos para no ser extintas.
Me costaba identificar a las personas, todos se encontraban manchados por el humo negro.
Seguímos caminando por unos instantes, hasta que lo vi. Mapini en brazos de un joven.
Escuché ahogar un grito a María cuando lo vio, se habrá imaginado lo peor -Yo lo hice tambien.
Los dos se encontraban ensangrentados.
-Por dios, que esté bien. Por dios, que esté bien.- Repetía a medida que iba avanzando.
-Dios no lo va a ayudar ésta vez.- Escuché decirle al muchacho que sostenía a Mapini en Brazos.
Lo miré con mala cara. ¿Qué quería decir?. Me agaché para inspeccionar a mi amigo.
- Está desmayado, no te preocupes.- Me dijo sin mirarme a la cara. -Tomá, agarrálo y llevátelo.-
Empujó a Mapini como si fuera una pluma hacia mí, lo sostuve en mis brazos. Ese joven tenía más fuerza de la que aparentaba, porque para mí se me hizo dificil sostenerlo.
-¿Y Alex? ¿A dónde fue?.- Me preguntó mirandome de arriba abajo.
-¿Quién es Alex?.- Pregunté sorprendido. Vi como se ponía de pié, acomodando su ropa y su cabello oscuro. Me miró fijamente con sus ojos color verde esmeralda, inspeccionandome. Sentí como si me quemara.
- Ni un rasguño.- Noté que dijo para él mismo en un tono de voz muy bajo. -¿Realmente sos humano?.- Me preguntó. -¿Cómo acabaste con él? ¡Decímelo!.- Se había puesto ansioso.
- ¿Si soy humano? ¿Qué clase de pregunta es esa?. Por favor, habláme claro. -¿Con quién acabé?.- Me aterraba no entender de que hablaba.
-¡Vamos! ¿A qué jugás?.- Levantando la voz y sus manos al aire con tono burlón. -El vampiro, al cuál mataste. ¿Cómo lo hicíste? ¿Lo matáste, verdad?.- Me miró fijamente de nuevo, en busca de respuestas.
Me aterraba aún más sentir que no bromeaba, que lo preguntaba en serio.
-Yo... Yo no maté a nadie.- Y entonces ahí se acercó hacía ami en una fracción de segundo sin que lo pudiera ver. El corazón me latía a una gran velocidad, me había asustado. La cabeza comenzaba a darme vueltas. Entendí que se refería al hombre de los rizos dorados, ellos se encontraban juntos. No había sido mi imaginación, realmente había existido. -¡Yo no maté a nadie! Él tan solo.. él tan solo hizo "Puf" y se evaporó en el aire.- Pronuncié agitado sin detenerme. María se encontraba aterrada .- Se convirtió en polvo y desapareció.-
No podía controlar mi respiración. ¿Qué estaba sucediendo? .
El joven al cuál ahora temía, mantenía su rostro muy cerca del mio. Me observaba detenidamente.
- Interesante.- Dijo, con el tono de voz más curioso que podía sonar.- Entonces ¿Vos no hicíste nada? ¿Tan solo fue un "Puf" y desapareció?.- Abrió su boca en forma de "O" y no me dejó contestar. -Sorprendente.- Ahora miraba a Mapini que se encontraba entre mis brazos. -Ese collar...- Acercó sus manos hacia el cuello de Mapini pero no se atrevió a tocarlo. Dio varios gestos de exclamación, sorprendido. - ¿Qué sabés acerca de tu amigo?.- Me preguntó, con los ojos bien abiertos, de verdad quería saberlo todo.
- ¿A qué te referis con todas esas preguntas raras?.- Le pregunté ya sacandome de mis casillas. -¿Qué es lo que son? ¿Qué es lo que quieren? ¿Por qué hacen ésto? ¿Por qué...- Me cayó poniendome un frio dedo sobre mis labios. María se aferró de mi hombro, asustada, tapandose la boca con una mano.
- Demasiadas respuestas para un simple humano.- Me dijo.
-¿Un simple humano? ¡JÁ!- Grité - ¿Y vos qué sos? ¿Un super heroe?.- Volví a reirme irónicamente.
- Un vampiro.- Me dijo tranquilamente con una sonrisa en su rostro que no me gustó para nada.
Volví a escuchar a María ahogar otro grito del terror. Se acercó más ami, se arrodilló frente al joven que decía ser un vampiro y tocó su rostro con la yema de sus dedos.
Las lágrimas bañaron el rostro de María.
-Existen- repetía ella. -Leon, realmente existen.- Repetía llorando.

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