miércoles, 21 de abril de 2010

-Modern Vampire- [Capitulo XI -Deja-vü-]

La música se encontraba sonando en mi celular, más especificamente Superhero de You Love Her Coz She's Dead invadiendo mis oidos por medio de los auriculares.
Me encontraba en la terraza de un edificio, mirando el cielo extremadamente estrellado, con una gran luna alumbrando la ciudad. Hacía algo de frio para ser una noche de otoño.
Sonreí, manteniendo mis ojos cerrados y recordando la fiesta de la noche pasada en lo de aquél joven vampiro.
Mi cuerpo se llenaba de energia cada vez que hacía eso: cerrar mis ojos, sonreir y escuchar música.
Creeran que soy un fenómeno, pero puedo viajar con mi mente de un lugar a otro en el cuál ya haya estado.
Es raro, lo sé, pero es una de las habilidad más sorprendentes de mi raza, los Vampiros.
Se sorprenderán al descubrir como yo, que no soy el único "raro" que camina por la tierra.
Mi nombre es Daniel, bastante común ¿No lo creen?. Tengo veintidos años, aún soy estudiante. Llevo una vida bastante normal -obviando mis poderes.
Vengo de una familia de vampiros, se podría decir que soy un puro, pero odio las etiquetas.
Aparento ser más joven gracias a mi sangre de vampiro, algunos me dicen que tengo quince o dieciseis años como mucho, y que tengo cara de bebé.
Como todos los vampiros, tengo ojos violaceos y felinos. Mi cuerpo es pequeño, demasiado flacucho. Mi estatura... Me da verguenza decirlo, pero no llego al metro setenta.
Mi piel es blanca como la leche y mi cabello marrón. Lo llevo corto y despeinado la mayor parte del tiempo.
Mi obsesión... Las mujeres. No puedo pasar una noche sin el amor de una dama. ¿Quién podría sobrevivir sin ellas?.
Sangre femenina, la más dulce de todas las especies... Pero anoche todo cambió. Probé el dulce de los dulces, la sangre más azucarada del mundo. El primer sorbo embriagaba.
Podría estar horas describiendo lo que probé. Tengo pensado repetir todo lo vivido anoche, las veces que sea, hasta que mi cuerpo se llene completamente, hasta que no quiera más, que lo dulce me empalage nuevamente.
Abrí mis ojos, tomé mi celular y comencé a cambiar de música. Ésto es necesario para ayudarme a recordar el momento en el cuál quiero viajar y aparecer.
Pasé tema por tema, hasta escuchar Alice Practice, de Crystal Castles. El tema me traía demasiados recuerdos, no solo de la noche pasada.
Cerré mis ojos nuevamente, me dejé llevar por el sonido de la música. Los efectos 16-bit de la banda explotaban en el centro de mi cerebro. Todo se encontraba oscuro.
Sonreí, estaba empezando a ver los primeros flashes de colores que penetraban mis párpados cerrados y el calor de la gente me estaba invadiendo a los alrededores.
El olor a vomito de las personas penetró mis fosas nasales haciendome fruncir la nariz instantáneamene. El olor a alcohol mezclado con jugos gástricos me desagradaba más que a un humano por mi olfato de vampiro.
Abrí mis ojos y ahí me encontraba, rodeado de adolescentes extasiados y alcoholizados, saltando, moviendose sin sentido alguno, dejandose llevar por la música.
La fiesta se llevaba a cabo en un patio trasero, repleto de víctimas. La mayoría jovencitas, mis favoritas. Pero buscaba otro tipo de sangre, y no humana.
Me abrí paso entre las personas para adentrarme en la casa, caminé varios metros hasta llegar a la puerta metálica negra. Todo se encontraba oscuro en ese lugar.
Las luces de colores y los flashes no alumbraban ahí y costaba reconocer los rostros de las personas.
Choqué contra una mochila demasiado infantil, con el dibujo de una rana que me repugnó de tan solo verla. No me quise imaginar que tan ridículo se vería su portador.
Mucha gente se encontraba obstruyendo la entrada, todos apretados, hablando en voz alta aunque la música los opacaba.
Comencé a empujarlos suavemente para no lastimar a nadie, los humanos son muy frágiles.
Entré por una especie de pasillo en forma de L que llevaba a la cocina. El lugar se encontraba repleto también. Se podía ver una fila inmensa de jovenes para entrar al baño.
Todo estaba oscuro ahí tambien, salvo por un flash que parpadeaba rápidamente dejándote ciego cada vez que apagaba y prendía la luz. El olor a sudor invadia el aire.
Sentía el alcohol viajar por la sangre de todas las personas que me rodeaban pero una era la más furte, la que más podía percibir. Su sangre....
La sangre de aquél jóven vampiro, el que se encontraba dispuesto a entregarme hasta el último sorbo con tal de tenerme cerca y del cuál iba a beber una y otra vez.
Hice memoria para recordar si ya me había conocido o tendría que volver a presentarme con él otra vez.
Seguí su rastro, la sangre me guiaba sola. Seguí caminando hasta llegar a un pequeño cuarto que se encontraba iluminado por unos tubos violetas, haciendo resaltar los objetos blancos.
Adoraba esa habitación, la magia reinaba en el lugar y podías sentír que volabas tan solo al entrar. Y ahí estaba él, acompañado de tres mujeres y un hombre, sentados en una cama, sonriendo, hablando cosas sin sentidos.
Pasé caminando por delante de las cuatro personas que lo acompañaban sin prestarles atención, me arrodillé enfrente de él y lo miré a los ojos.
Sus ojos violetas me llenaron el alma de alegría, era sorprendente volver a tenerlo frente a frente. Saber que el portador de esa sangre no era imaginación mia, que realmente existía.
Me sonrió, con la mirada perdída y las pupilas dilatadas. No se encontraba en su mejor momento. El olor a alcohol que desprendia su cuerpo es imposible de describirlo.
Le devolví la sonrisa, tomé sus manos y se puso de pie. Me ayudó a hacer lo mismo.
- Deja-vü- Fue lo único que dijo, aún con la sonrisa sobre su rostro. Me apretó la mano y me sacó de la habitación.
Escuché un grito que provenía de donde habíamos salido, era una mujer, gritando -devolvéme a Mapini- o algo por el estilo, pero no le presté atención.
Pasamos entre la fila de personas que esperaban para utilizar el baño. El otro vampiro se encontraba alegre, caminaba y bailaba.
Si alguien se le cruzaba, él con la mano sobrante lo tomaba de la cintura y los hacía bailar al compás de la música. De vez en cuando escuchaba una leve carcajada de su parte.
- ¿Estás bien? - Le pregunté, sosteniendolo de la mano todavía.
No me contestó, solamente me miró y me dedicó una sonrisa muy chistosa. Seguímos caminando, hasta otra habitación que daba al patio trasero de la casa pero no había salida alguna.
Ésta habitación era aún más mágica que la anterior. El techo y las paredes del lugar brillaban como si estuviesen llenas de pequeñas estrellas fluorecentes amarillas.
Todo brillaba por una especie de líquido que fueron arrojando en la fiesta.
Mi acompañante me soltó de la mano. Comenzó a girar en el lugar, escuchando la música que sonaba al máximo aturdiendome los oídos.
-Bailá- Me invitó, girando más y más lento. Moví mis piernas pero mis brazos estaban caídos. Necesitaba algo que me motivara, me encontraba demasiado sobrio para hacerlo.
No supe que canción era, pero pude reconocer que la banda que sonaba seguía siendo Crystal Castles todavía.
- Soy Daniel- Le informé, pero hizo caso omiso, todavía giraba su cabeza perdídamente-. Se que sos un vampiro- Le dije, haciendolo parar de bailar.
- ¿Y cómo es que sabés eso?- Me interrogó, acercandose.Las palabras que pronunciaba se le trababan y se tambaleaba al caminar.
- Soy un vampiro también- Vi como me miraba fijamente a los ojos. Tambien vi como se mordía sus labios, haciendolos sangrar-. ¡Hey! ¿Qué hacés? -
Pero para cuándo terminé de preguntar, él se encontraba sobre mis labios, mojandome con su sangre. Deleitandome con su elixir. Exaltando todos mis sentidos. Extasiando hasta la última célula de mi cuerpo.
La música sonaba aún más fuerte, el olor a alcohol invadía con más intensidad mis fosas nasales, sentía que volaba. El dulce sabor empalagó mi lengua, pasandola sobre la comisura de sus labios.
Y ahí estaba yo, bebiendo de él, especificamente de su boca, como tenía planeado, cumpliendo mi objetivo al haber vuelto a la fiesta. Realmente estaba flotando en el aire o eso creí sentir.
Otra vez sonaba en mis oidos Superhero, y el aire frio me volvía a golpear de lleno, la luz de la luna bañaba todo mi rostro, dandome un aspecto sómbrio.
Las estrellas seguian tan brillantes como antes, nada había cambiado. Toqué mis labios, estaban bañados en sangre dulce y tíbia y volví a sonreir.

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