domingo, 9 de mayo de 2010

-Modern Vampire- [ Capitulo XIV - Verdades - ]

Los sentimientos que invadieron al joven vampiro al salir de los recuerdos de Alex, fueron demasiados, poco entendibles. Se encontraba más que desconcertado, asustado también. No entendía cómo lo había hecho, qué significaba y qué era su collar exactamente.
Sebastian se encontraba todavía en el living con María y Leon, se los escuchaba hablar desde el baño, pero no se entendía lo que decían, los pies de Mapini acababan de pisar tierra firme. Sintió deseos de salir corriendo del baño y contarles lo que había pasado, pero la vergüenza lo dominó. Se miró al espejo y sonrió, sonrojándose, diciéndose que pensar en eso ya era algo de loco, si les contaba iban a pensar que quedó traumado después de la noche movida que tuvieron. Dejó el collar enfrente del espejo.
Se preguntaba por qué había sentido pena por Sebastian al verlo retorcerse de dolor en la tierra, si lo odiaba ¿Lo odiaba? Sí, tenía que hacerlo, el otro vampiro que se encontraba en la casa, era un Convertido. Toda su vida creció creyendo eso, no encontraba la razón por la cuál sus padres, abuelos y otros familiares le hayan mentido toda su vida. Sebastian era el malo, él se encontraba mintiendo, por algún motivo lo hacia, era imposible que él fuese un sangre impura y a la vez bueno, tan solo lo estaba usando para acercarse a los linajes así los podría estudiar y luego traicionarlos, tal vez conocía otros asesinos de la noche que esperaban ansiosos noticias. Sí, eso era, Sebastian era un espía, no podía pensar otra cosa. Tenía que sacarlo de esa casa como sea, no había otra razón por la cuál Sebastian lo salvara la noche anterior, lo necesitaban vivo, esas fueron las palabras que cruzaron los convertidos la noche anterior.
Apretó su puño fuerte, todavía mirándose al espejo, sentir que lo estaban usando lo hacía sentir estúpido, no entendía por qué Leon y María habían permitido entrar en su casa a Sebastian, pero al instante se le aclaró la duda, pensando que era más que obvio, sus amigos no estaban concientes de la situación en el mundo de los vampiros ¿Y si Sebastian los había hipnotizado? No, eso no lo iba a permitir.
Mapini tuvo que reprimir su furia para no darle un buen golpe al espejo y así hacerlo estallar en mil pedazos.
A un costado se encontraba la ropa que Sebastian le había lanzado sobre su cara - eso hizo enfurecerlo más. Se quitó su camiseta que llevaba un agujero en el medio del estomago con una gran mancha de sangre y no entendía el por qué. Su pálido cuerpo se encontraba sano, completamente sano, pero pegajoso por la sangre. No recordaba el momento en el cuál había sangrado tanto. Hizo una bola con la remera y la metió dentro de una bolsa grande - esa camiseta tenía que ser prendida fuego urgentemente. Comenzó a quitarse las demás prendas y a observar su cuerpo detenidamente por si tenía alguna cicatriz o algo, pero era imposible, su piel lucía igual que la piel de un bebé, sin ningún rasguño, ni una arruga, pálida como la leche -obviando la sangre, y suave como la seda.
Miró el collar y pensó que tenía que relajarse. Caminó hacia la ducha y dejó que la lluvia de agua tibia masajeara todo su cuerpo. Comenzó a tararear una canción, pero no podía evitar pensar en lo sucedido, en el collar, en los recuerdos y en Sebastian. Las voces que le llegaban eran puros murmullos pero la voz de Sebastian... era la única voz a la cuál lograba reconocer completamente.
- Ya está, lo decidimos- Casi gritó María al decir eso cuando Mapini salía del baño con la ropa limpia puesta.- Vamos a mantener esto en secreto- Y dio una gran impresión de que quería saltar de la emoción.
Mapini pensó que en cualquier momento, María iba a correr por la habitación gritando algo con sus brazos suspendidos en el aire. Nadie dijo nada.
Uno a uno comenzaron a salir a la calle, el cielo no se encontraba totalmente oscuro, pero los últimos rayos de sol ya se habían escondido. La moto de Leon se encontraba estacionada sobre la vereda. El otoño se hacía notar con las hojas amarillentas volando en su gélida brisa. María iba del brazo de su novio, evitando el frío. Sebastian miraba el cielo sin prestar atención a nada más y Mapini lo fulminaba con la mirada, intentando penetrar en sus sentimientos, saber que era lo que el convertido sentía pero no lograba concentrarse, la furia lo dominaba. Leon rompió el silencio del crepúsculo.
- Podrían llegarse a conocer mejor, sé que suena como una locura, Sebastian nos contó...-
- Leon, por el amor de...- Mapini suspiró luego de interrumpir a su amigo- no podes creer nada de lo que él te diga.
- ¿Por qué habría de dudar?- Preguntó Sebastian, dejando de mirar el cielo, ahora mirando a Mapini.
- Porque sos un convertido- Gritó el joven vampiro
- Eso no tiene nada que ver, él nos contó que fue convertido sin su consentimiento- Dijo Leon, intentando calmar a su amigo
- ¿Y qué tiene? Lo lleva en su sangre- Mapini no quería entender.
- Tu vida me interesa mucho más que esas estúpidas leyes de Puros o Convertidos y todos sus conflictos.
Todos se quedaron callados.
María había dejado su boca abierta por el asombro, quiso salir corriendo para abrazar a Sebastian, pero Leon la tomó de la mano antes de que llegara y el convertido se había alejado unos pasos hacia el costado para evitarla.
- Por... por tu culpa, el Antro ahora no existe más- Dijo Mapini, intentando olvidar lo que acababa de escuchar, no quería creer en las mentiras de Sebastian, pero al decir eso su corazón se estrujó de dolor ajeno. Recordó todos los sentimientos de las personas sufriendo la noche anterior, lo sintió tan propio que hasta deseó morirse. Se apretó el pecho y cayó arrodillado en el suelo, escupiendo algo de sangre.
Leon soltó a María para ayudar a su amigo.
- ¿Estás bien?- Le preguntó ayudándolo a ponerse de pié- ¿Qué pasa?-
Mapini no se reincorporaba, estaba débil, la falta de sangre en su organismo se hacía visible.
- Me importa un bledo lo que digas o nos quieras hacer creer. Conmigo tu hipnosis no sirve, a ellos los podrás haber...-
- ¿Por qué tanta desconfianza?- Preguntó Sebastian evitando sentir el olor a sangre que desprendía el vampiro en el suelo.
- ¡Porque sos un convertido! - Contestó Mapini, escupiendo más sangre, al instante que Sebastian se acercaba para ayudarlo.- No te acerques- Le gritó y se puso en pié .
- Necesita alimentarse urgente, se lo ve pálido- Comentó María.
Todos la quedaron observando.
- El Antro está destruido- Dijo Mapini observando a Sebastian fríamente- Lo único que queda, es hacer una fiesta.
Ahora todas las miradas se dirigían hacia él, se preguntaban en qué estaba pensando, por qué había dicho de hacer una fiesta después de todo lo vivído.
-¿Estás seguro de querer hacer una fiesta?- Preguntó Leon, frunciendo sus labios, apretando a María más cerca de su cuerpo.
- Es bastante arriesgado, lo sé Leon, pero necesito alimentarme y es urgente, necesito un grupo de personas ya mismo-
- Pero necesitamos más tiempo para organizar una fiesta, hay que conseguir gente, por qué no vas a otro lugar parecido al Antro...-
- ¡No! No quiero volver a pisar nunca más un lugar así- Mapini se sentía culpable por todas las víctimas de la noche pasada. Todavía podía oír los gritos de dolor y sentir a cientos de humanos agonizando en la calle. Se preguntaba cuántos habían sido las muertes ocasionadas tan solo por el hecho de haber ido a ese lugar. No podía ni imaginarlo. - Tengo que volver a casa ¿Podés llevarme, Leon?- Ya no lo soportaba, el dolor era insoportable, su pecho se hundía y llenaba su boca de sangre.

- No hay problema, te llevo, pero con el tema de la fiesta. ¿Cómo hacemos? ¿Estás en condiciones para festejar algo?-
- Leon, estoy bien, necesito alimentarme. Invitá gente, la que sea, lo hacemos en casa-
- Pero ¿Y tus viejos? Te van a matar-
- Necesito hablar con ellos, contarles lo que pasó anoche...-
- ¡No!- Gritó Sebastian- Si lo hacés, van a ir a cazarme- No se lo notaba preocupado.
En ese instante, varios objetos volaron por los aires cerca de donde se encontraban. También se vio volar una mujer por detrás de las cosas, cayendo de rodillas al suelo.
- No puedo ser tan estúpida- Dijo para ella misma.
Era una mujer de piel cobriza, cabello oscuro. Vestía raro y su cabello estaba desprolijo.
- Tonta, tonta, tonta- Se repetía, juntando las cosas que se le habían caído.
Mapini observó rápidamente a Sebastian mientras él lo observaba también. Lo habían sentido, esa mujer, no era humana.
- ¿Nos estabas espiando?- Preguntó Mapini fríamente.
- ¡Por supuesto que no!- Exclamó la mujer. En su tono se podía sentir la actuación de su voz y el exceso de ironía que usaba en ella.- ¿Cómo van a pensar eso?- Observó a todos y notó que la seguían mirando de mala manera.- Ok, si, perdón- Dijo llevando su mirada hacia el suelo.- Creí escuchar algo, pero me equivoqué. Lo siento ¿Si?- Su rostro denotaba frustración.
- ¡Los ojos!- Gritó María señalándola asustada.
- ¡Ay! ¿Qué tienen? ¿Se ven mal? - Preguntó la joven desconocida. Comenzó a correr en círculos, casi tropezando otra vez.- ¡Un espejo!- Gritó, acercándose a la moto de Leon corriendo.
- ¡No te atrevas!- Se escuchó gritar a Leon, pero era demasiado tarde, la mujer se encontraba aferrada al espejo, observándose.
- Es una convertida- Dijo María, haciendo que la desconocida volteara, con pasos muy felinos y su lengua a un costado, fuera de su boca.
- Convertida... ¿Y qué más saben sobre eso? - Su mirada, le daba el aspecto de un ser misterioso.
Balanceando sus caderas lentamente, fue acercándose hacia el grupo.
Leon colocó a María detrás de él, protegiéndola con un brazo. Sebastian la observaba caminar, con una mirada amenazante, en cualquier momento mostraría sus colmillos.
- Somos vampiros- Le informó Mapini, dedicándole una mirada inexpresiva e invitándola con un brazo para que se acercara.- ¿Cómo es tu nombre?- Le preguntó.
-Tamarah- Contestó ella, misteriosamente.
Todos se quedaron observando a Mapini ¿La estaba invitando a unirse?
- ¿Estás seguro de lo que estás haciendo?- Preguntó Leon por lo bajo.

- Nos pedías que desconfiemos de Sebastian, que te salvó la vida, ¿Y ahora te arriesgas con una desconocida?- Decía María reprochando a Mapini y aforrándose del brazo de su novio. Tamarah le dedicó una mirada soberbia.

- ¿Hablas con humanos, pequeño vampiro?- Preguntó la recién llegada.

- ¿Qué tiene de malo?- Mapini había cambiado su postura de inexpresividad a desafiante.- ¿Por qué nos espiabas? ¿Qué estás buscando?-

- Lo mismo que vos- Contestó Tamarah.- diversión.

- ¿Y qué sabés si está buscando diversión?- María se había adelantado unos pasos hacía Tamarah, mientras que la vampiresa, en un segundo, se puso a su lado, con el rostro cerca del cuello de la rubia.

- No me desafíes, bonita.- Tamarah abría su boca, mostrando sus afilados colmillos.-Puedo acabar con humanos en segundos.-

Sebastian se había movido a la misma velocidad que Tamarah, colocándose por detrás, tomándola por los brazos para que no atacara a María.

- A mí me tenía que pasar esto- Pensaba Mapini.- Dos convertidos en un mismo día.

Las mejillas de Sebastian tomaron un color rosado, se encontraban ardiendo. Mapini lo observó y pudo sentir lo mismo que él. Deseaban devorar a Tamarah, beber de su sangre y besarla por todo el cuerpo.

- No hagas eso otra vez.- Dijo Tamarah, apartando a Sebastian de un gran golpe que lo hizo dar varios pasos hacia atrás.

- ¿Qué sos?- Preguntó Sebastian asustando.- Al tocarte… ¡Fenómeno!- Le gritó. La expresión de Tamarah, había cambiado a misteriosa muy exageradamente y había sacado su lengua a un costado otra vez.

- Una mujer muy deseada, eso soy- Contestó ella, elevando sus cejas.- ¿Querés éste cuerpo?- Le preguntó, pasando sus manos por toda su figura, desde los pechos hasta la cadera.

- ¡Basta!- Gritó Mapini.- Sos una convertida ¿Verdad?- Tamarah asintió con la cabeza.- Si estás buscando pelea, te pido que te vayas…- Mapini estaba intentando elaborar alguna mentira.- No te das una idea de lo que soy capaz.- Y la miró fríamente, con un aspecto sombrío.

- ¿Si? ¿De qué sos capaz, vampirito?-

- Puedo hacer que estalles en llamas en cuestión de segundos.- Tamarah se había sorprendido.- Anoche… anoche hice arder todo un edificio lleno de gente, en un par de minutos no quedó nada, solo escombros.

- ¿Fuiste vos?- Preguntó Tamarah, dejando su boca abierta en forma de O. María y Leon observaban a Mapini, asustados.- ¡Yo estuve ahí! ¿Fue en el Antro, verdad?- Y se llevó una mano por la admiración hacia su boca.- Enseñame como lo hiciste.

- No, por supuesto que no.

- ¿Quién es tu creador?- Quiso saber ella.

- ¿Creador?- Preguntó Mapini, haciendo que la actitud de Tamarah cambiara. Ahora ella emitía unas carcajadas.

- No soy tonta, no sos un convertido. ¡OH! Pequeño vampirito perdido en la ciudad ¿Dónde están tus papis para cuidarte de nosotros?

- No me trates de chiquito, debemos tener la misma edad.

- Siento tu debilidad… ¡Ah! Podría acabarte en segundos.

- Atrevéte a tocarlo.- Gritó Sebastian.

- ¿Y qué si lo hago? ¿Vas a intentar matarme? Lo único que vas a terminar logrando, es excitarte en el intento.- Y volvió a soltar otra carcajada. Todos la observaban, no podían defenderse.

- Leon, María, vayan adentro.- Ordenó Mapini.

- María, ya escuchaste - Gritó Leon.

- Ni loca, no los voy a dejar solos- Reprochó su novia.

Mapini les dedico una mirada llena de furia. Tenían que escapar, era urgente.

- ¿Ustedes fueron los causantes del incendio anoche?- Quiso saber Tamarah, en un tono serio por primera vez.

- No exactamente.- Le contestó Sebastian.

- Yo me encontraba saliendo del Antro, abrazada de dos hombres.- Sonrió exageradamente como tonta.- Bueno, ustedes saben como es esto.- Seguía sonriendo.- Me encontraba a varios metros de la entrada principal, cuando veo salir a varias personas corriendo, chocándome y desvaneciéndose sobre el suelo. No entendía que sucedía, pero ahí fue cuando vi el fuego en lo alto del lugar.- Todos la observaban, ninguno decía nada. También pude ver volar por los aires a un par de hombres hacia la calle.- Tamarah ahora observaba detenidamente a Sebastian y Mapini.- ¡Eran ustedes!- Los señaló con el dedo.- Si, mi memoria no me falla, pero… no recuerdo haberlos visto a ustedes dos.- Se dirigía a Leon y María.- Falta alguien más…- Llevó un dedo a su boca y pensaba.

- Alex.- Dijo Mapini.- el creador de Sebastian.

- Así que vos sos Sebastian, el convertido… Pude escuchar, cuando el enano te gritaba así… Convertido.- Mapini quiso golpearla al escuchar que lo había llamado enano. Sebastian sonrió, pero su expresión cambió nuevamente a serio al ver el cejo fruncido del vampiro más joven.

- Así que vos estabas también.- Decía Mapini, obviando lo que acababa de escuchar.- ¿Cuántos convertidos se hallaban en el lugar?

- La verdad que tan solo conocía a dos más, un par de viejos amantes convertidos.- Volvió a sonreír picaronamente- pero supongo que no lograron escapar del gran incendio.- Ahora su voz denotaba preocupación.

- Una ciudad llena de convertidos y yo ni enterado.- Se quejaba Mapini.

- Así es, querido. Somos muy pocos los que quedamos… así que…-Ahora observaba a Sebastian- ¿Qué te parece vos y yo, bombón?- Le guiñó un ojo. Él la miró con desprecio.

- Están hablando sobre una gran tragedia y vos lo único que sabes pensar es en sexo-

- Estás poniendo palabras donde no las hay, mi niña Barbie.- María había fruncido su ceño e inflado sus cachetes como lo hacían los nenes pequeños cuando se ofendían.- ¿Qué tan grande fue?- Quiso saber.

- Ciento noventa y siete muertes.- Le informó Leon. Todos se quedaron callados, mirando hacia el suelo. Permanecieron en silencio por un largo rato.

- Festejémoslo. Gritó animada Tamarah.

- ¿Festejar?- Preguntó Mapini, en un tono de voz muy elevado.- Mujer ¿Estás loca? ¿Qué habría de festejar?

- Que estamos vivos.- Le contestó ella en un tono sincero, haciendo que todos tragaran saliva.

María apretó el brazo de Leon contra ella, su rostro se llenó de lágrimas, mientras él la contenía. Mapini y Sebastian se observaban sin saber que decir.

- Hay que disfrutar y festejar la vida a cada momento, y no lamentarse por todo.- Decía la convertida. Mapini pudo sentir lo mismo que Tamarah, miedo y felicidad.- En cualquier momento y cualquier lugar, puede estar aguardándonos la muerte, para acabar con nuestras vidas, quién sabe.- Ahora sentía tristeza.- Hace dos años, me encontraba observando el teatro desde un ventanal muy alto, colgada sobre una tarima de madera que se sostenía con la pared. Adoraba estar ahí, era mi lugar favorito. Observar los ensayos me motivaban, me inspiraban a seguir adelante. Mi vida de humana no era tan fácil o feliz por cierto. Vivía maltratada por mi tío. Mis padres murieron cuando yo era muy chica, ya ni los recuerdo.

Mi sueño siempre fue ser una gran actriz, esas que salen en las películas de Hollywood.- Todos escuchaban atentos la historia de vida de la convertida. Se encontraban sorprendidos de que no estuviera actuando y hablara con tal sinceridad y sentimientos.- Como mi tío no apoyaba en nada lo que yo deseaba, no quiso pagarme los estudios en el teatro, así que me conformaba con ver los ensayos desde el gran ventanal. Mi casa quedaba justo enfrente, así que ya conocía todas las mañas para treparme y mantenerme oculta.

Una noche de verano, se iba a estrenar una gran obra, interpretada por varios adolescentes, moría de ganas por participar. Había concurrido una gran cantidad de personas, pero no pude entrar, cobraban entrada. Como no tenía dinero, subí donde siempre y observé desde afuera.- Los ojos de Tamarah brillaban con varias lágrimas amenazando con escaparse.- La obra transcurría perfectamente, me encontraba fascinada viendo a todos cumpliendo con sus papeles que con tanto esfuerzo los habían preparado. Sin darme cuenta, hice que la tabla en la cuál me encontraba parada, se tambaleara por un mal movimiento y me cayera de espaldas por los aires.- Pasó una mano por su rostro, secando las lágrimas que habían logrado escaparse.- No sentí nada, solo miedo mientras caía, pero cuando me di cuenta, tenía dos tubos de metal atravesando mi pecho, no me podía mover. Por mi boca salía demasiada sangre, me estaba ahogando, ya no podía respirar, pero apareció ella…

- ¿Ella?- Preguntó María, que se encontraba oculta detrás de Leon, escuchando la historia atentamente, como si fuese una película.

- Si, ella. En un primer momento, no la pude divisar muy bien, tan solo sabía que alguien se encontraba a mi lado, moviéndose a una gran velocidad, quitando los tubos que atravesaban mi cuerpo. No pude gritar, no tenía ni siquiera fuerzas para intentarlo, pero dolió, mierda, si que dolió.

- Vas a estar bien- Me decía, pero apenas lograba oírla. No podía entender como iba a estar bien. Pensé que tan solo lo decía para tranquilizarme, porque ambas sabíamos que yo, iba a morir.

Se acercó a mi rostro, se encontraba inclinada sobre mí. No podía ver bien su rostro, todo se veía borroso y me costaba diferenciar entre las cosas. Me estaba muriendo, pero ahí fue cuando ella me dio el beso de la vida y la muerte. Se había posado sobre mi boca, bebiendo de la sangre que salía, que me estaba ahogando, pero ella comenzó a beberla, trago por trago hasta vaciarme, hasta que pude recuperar el aliento, aunque me costaba respirar, un tubo había atravesado uno de mis pulmones. Intenté darle las gracias, pero antes de poder formular alguna palabra, la conciencia había vuelto a mí e hizo que me asustara el hecho de que haya bebido sangre de mi boca. Me aterré. Si hubiera podido, hubiese salido corriendo, pero ya no me podía mover, no tenía fuerzas para nada por la gran cantidad de sangre que había perdido.

- Vas a estar bien- Repitió. Pude ver- o eso creí- como cortaba con una pequeña daga su pálida garganta, brotándole demasiada sangre sobre mi rostro. Se acercó a mí, posando su ensangrentada garganta sobre mi boca, llenándola de mismo líquido que había extraído de mí. Ésta sangre no me ahogaba, me llenaba el alma, sentía la fuerza fluir a través de todo mi cuerpo. Sentí que podía levantarme y correr libremente. Las dos heridas que llevaba en mi pecho, eran historia, ya no sentía dolor, pero ahí fue cuando más me aterré y la alejé de mí. Me pregunté si ya me encontraba muerta, no podía entender lo que estaba sucediendo, pero quise volver a beber de ella, no me importaba nada más. El éxtasis que me provocaba su sangre al recorrer mi cuerpo, era mucho más fuerte y embriagadora que cualquier otra droga existente. Deseaba más, mucho más de esa cálida sangre… ¡Sangre! Pensé, y me levanté de un salto, horrorizada, exclamando un gran grito que se apagó cuando la mujer, rápidamente tapó mi boca con sus finas pero firmes manos.

-No hagas eso - Me reprochó- O vas a hacer estallar en mil pedazos, los vidrios de toda la cuadra entera y podrías aturdir a cientos de humanos.-

Y sin pensarlo, ni saberlo, había muerto. Claro, mi muerte humana, pero jamás lo había imaginado.

Todavía no sé si mi destino me había preparado eso, o si tan solo fue pura casualidad que Isabel esté pasando por ahí cerca y oliera mi sangre.

Esa misma noche, luego de que me enseñara lo que había conocer sobre mi nueva vida, nos topamos con otro grupo de vampiros, pero éstos no eran amables como mi creadora, nos atacaron apenas nos vieron, sin previo aviso, sin haberles hecho nada. Isabel peleo contra ellos para defenderme, mientras nos gritaban Convertidas. Ella no quería que me lastimaran. Con todas sus fuerzas, me ayudó a escapar y me pidió que no me dejara cazar, que corriera lo que más pudiera.

Al principio no quise, no entendía lo que sucedía, pero le hice caso y corrí. Corrí sin saber a dónde iba, no sé por cuánto tiempo me siguieron ni en que momento los perdí, pero desde ahí, disfruto cada día de mi vida, porque como me paso ami, o como le pasó a Isabel, uno nunca sabe cuándo la muerte lo espera.- Tamarah sonreía, con sus ojos violáceos llenos de lágrimas, pero sonreía.

María se encontraba en un mar de lágrimas, mientras Leon la consolaba. Sebastian observaba el suelo, inmóvil, y Mapini no podía entender, mejor dicho, no quería creer en la historia que acababa de escuchar. Los habían cazado como animales. Isabel, por lo que había oído de la historia, le parecía una mujer buena. Le salvó la vida a Tamarah. ¿Por qué la habían cazado?

Mapini se sentía culpable, el pecho le dolía

- Perdón.- Dijo, dirigiéndose a Tamarah y Sebastian al mismo tiempo, mientras ellos lo observaban, con una sonrisa en sus rostros.

-Modern Vampire- [ Capitulo XIII - Recuerdos - ]

Era como antes.
Para él volvía a ser todo como antes.

Luego de que Mapini terminara la charla con Sebastian, su corazón se quebraba en mil pedazos, no solo por esa conversación, pero me estoy adelantando demasiado.

El joven vampiro miraba desconcertado a Sebastian, no podía entender por qué lo había salvado. Lo quería bombardear en preguntas, pero no sabía como formularlas.
- Alex te quiso matar, yo dije que te necesitabamos ¿Te acordás?- Le decía Sebastian a Mapini intentandolo hacer recordar lo hablado la noche anterior.
- Si, algo me acuerdo, es una mierda... Me vienen imagenes colgadas de lo que pasó, casi ni entiendo como acabé en ese refrigerador durmiendo, pero lo que no entiendo, es para qué me necesitas- decía el más joven.
- Tengo demasiadas dudas, quiero saber todo sobre nosotros-
- ¡Pero yo no sé nada!- Gritó Mapini -. ¿Por qué me iban a matar? ¿Me querés para acabar con toda mi familia? ¡Matáme! Pero yo no sé nada. Matáme y andáte, dejá a Leon y María en paz, ellos no tienen nada que ver- .
Sebastian emitió una gran carcajada
- Tan ingenuo. No te pienso lastimar, soy libre, puedo vivir mi vida nocturna libremente ¿Qué te hace pensar que querría matarte? ¿De qué me serviría?-
- Sos un convertido, lo llevás en tu sangre- Se defendía Mapini
- Llevo tu misma sangre, la misma sangre que llevamos todos los vampiros - Musitó Sebastian, llevaba una gran sonrisa sobre su rostro, tenía a Mapini desconcertado y él llevaba el hilo de la conversación-. Me gustaría conocer a otros como vos, como yo. Soy un vampiro joven también, llevo poco tiempo deambulando por las noches, cerca de un año ¿No tenés curiosidad sobre nosotros? -. En un abrir y cerrar de ojos, Sebastian se había colocado al lado de Mapini, y esa última pregunta se la había susurrado al oído.
- ¿Por qué viníste hasta ésta casa?- Mapini no se había movído ni un centímetro al sentir al otro vampiro a un lado, tampoco se había sorprendido, se encontraba tranquilo por fuera, pero el terror dominaba todo su interior - El sol no me afecta ¿Por qué les dijíste que tenía que ocultarme?-
- Porque necesitaba hablar con vos, además estabas débil y no estaba seguro de eso- Ésta confesión si había desordenado los sentimientos del joven, Sebastian se había preocupado por él-. Como ya te dije, quiero saber todo sobre vos, tu familia y nosotros. Quiero saber la verdad de por qué los vampiros y licántropos lucharon contra los convertidos-.
- Licantropos...- Susurró Mapini. Esa palabra le había dado escalofrios. Lo había hecho recordar a su amigo de la infancia.
- ¿Qué te pasa?- Sebastian se encontraba observando a Mapini fijamente, le había sorprendido el cambio de su rostro, se lo notaba triste.
- Nada- Contestó Mapini, aunque su tono de voz lo delataba.
- Necesito saber sobre vos, sobre todos-
- ¿Y para qué? ¿Qué cambia que sepas las cosas o no?- Mapini se había alterado nuevamente. Sebastian había tocado un tema que lo ponía mal
- ¿Nunca tuvíste tus dudas? ¿No hay cosas que no te cierran en la cabeza y las necesitas saber para poder descansar en paz?- Otra vez lo había hecho desconcertar al joven vampiro.- Quiero saber quién soy, por qué somos así, para qué existimos y por qué nos quieren cazar-
- Pero no necesitas saber nada sobre mí, yo no podría contestarte nada, sé menos que vos y soy un vampiro de sangre pura-
- Entonces ¿No te gustaría saber más? - Sebastian se había sentado en la cama.
- La verdad que nunca me puse a pensar en eso- Mapini seguía con esa expresión de sufrimiento en el rostro y un hoyo en el pecho que le dolía.
- También... Me gustaría saber más de vos- A Sebastian le costó admitir eso. Agachó su mirada para evitar cruzarla con el otro. Mapini se encontraba mirando a un costado, miraba sin ver, se encontraba metido en sus más profundos recuerdos.
- Está bien- Mapini miró fijamente a Sebastian sobre la cama, saliendo de sus recuerdos-. Te voy a contar todo- María se encontraba entrando en la habitación.
- ¿Interrumpo? Es que Leon y yo vamos a salir a hacer unas compras, queríamos saber si necesitaban algo para comprar porque...-
- No, muchas gracias María, ya me iba, no necesito nada, solo alimentarme, de verdad, muchas gracias por tu hospitalidad- Sebastian la había interrumpido, dedicandole una sonrisa forzada. Se puso de pié, pasó por al lado del joven vampiro. Mapini creyó ver que Sebastian le sacaba la lengua al pasar, pero no dijo nada. Sebastian ya no se encontraba en la habitación.
Mapini observaba a María. Se encontraba realmente orgulloso de su amigo Leon. María le parecía una mujer realmente hermosa, inhumanamente hermosa. Llevaba puesto un vestido violeta, el pelo atado por detras, medias largas de color blanco y unas sandalias violetas también. Se encontraba parada en la puerta, dedicandole una gran sonrisa.
-¿Venís?- Le preguntó María. Mapini se la quedó observando, el rostro de la mujer le hacía recordar a un angel.
- Si... Vamos- Contestó el vampiro, caminando hacia la puerta. Pasó lentamente por al lado de María, muy cerca, observandola de cerca, casi rosando sus rostros, hasta salir de la habitación.
Leon ya se encontraba vendado .
- ¿Vos no te pensás limpiar? - Preguntó Sebastian. Un par de prendas volaron por los aires, hasta chocar contra el rostro de Mapini, tomandolo por sorpresa-. Que reacción tan débil- Sebastian se reía. María observaba todo fascinada y Leon hacía caso omiso.
Mapini frunció el entrecejo y apretó sus puños fuertemente, pero no dijo nada. Se quitó la ropa de la cara y prendió rumbo hacia el baño.
Al entrar, se acercó al espejo. Su rostro se llenó de pánico al verse, se encontraba lleno de sangre seca por todo el cuerpo y la ropa. Pensó que si fuese posible, mataría otra vez a Alex.
- Pero todavía queda Sebastian- Dijo mirando fijamente a sus ojos en el espejo. Su rostro tomó un aspecto sombrio, maligno.
Posó su mirada sobre su collar, el brillo que producían los dos anillos que llevaba colgado, le habían llamado la atención.
- Alex está muerto por éste collar- Lo tomó entre sus manos, observandolo fijamente. Lo apretó fuerte, cerrando sus ojos y se vió caminando por una calle oscura que no conocía. Abrió sus ojos nuevamente, asustado-. Pero que...- Miró otra vez el collar- que extraño.-
Se quitó el collar del cuello, lo tomó con ambas manos y lo apretó nuevamente. Respiró profundo y fue cerrando los ojos lentamente.
Se encontraba caminando por una calle oscura y silenciosa, en algún lugar que creía conocer, pero que no recordaba, tal vez si hubiera un poco más de luz lo reconocería. No era completamente de noche, recién estaba oscureciendo, el cielo se veía violáceo.
Se dio cuenta de que él no caminaba, se movía solo. Observaba todo de un lado al otro, pero tampoco controlaba lo que veía, solo era un espectador dentro de la cabeza de alguien.
La calle se encontraba rodeada de unos grandes y húmedos arbustos que tapaban el frente de las casas. Todo se veía húmedo y se sentía frio. Mapini dedujo que era invierno, pero no sabía de que año. Siguió caminando. Podía ver como una capa negra lo envolvia del frio y ladeaba a su alrededor con cada paso acelerado.
Tanto silencio incomodaba al joven vampiro, sentía miedo, era su propio miedo. Miedo al ver lo que sucedería, tenía un mal presentimiento, sabía que sea lo que fuera que estaba viendo, no iba a terminar bien. Y ahí estaba, el primer sonido que lo hizo resaltar. El sonido del disparo de alguna especie de arma de fuego quebró el silencio. Lo sabía, sabía que algo malo iba a suceder, podía presentirlo. Pero ese presentimiento no era de él, sinó de la persona que lo estaba llevando. Aceleró el paso hacia donde se había escuchado el disparo, el corazon se le aceleraba, se encontraba contento. ¿Cóntento por qué? se preguntó Mapini.
Subió a la vereda y siguió un camino entre los arbustos que a simple vista parecía que llevaba a ningún lugar. Refregó sus manos emocionado, sabía lo que hacía, Mapini podía sentir como sabía a dónde iba, pero era un sentimiento ajeno, lo sentía pero no lo entendía. Al final del camino se abría un descampado con una plaza en el medio, y al otro lado se veia un barrio.
Ahora observaba el centro de la plaza, había parado de caminar. Mapini se sorprendió al ver cada vez más cerca el centro de la plaza, como si estuviese usando unos binoculares, y ahí pudo ver, tirado en el suelo, una figura negra, dando vueltas lentamente. El corazón le volvió a saltar de emoción, estaba en lo correcto, eso era lo que sentía. La vista se volvió a acomodar y veía todo lejos otra vez. Caminó hacia el centro del lugar, donde se encontraba la figura negra tirada en el suelo. Observaba de izquierda a derecha y pudo ver como un par de personas salian corriendo a lo lejos, pero no les dio importancia, siguió caminando. A Mapini se le aceleraba el corazón ahora, no sabía con qué se iba a encontrar. Se encontraban a unos pocos pasos, el suspenso era mayor a medida que se iban acercando.
La figura negra, a simple vista, era un hombre sobre el suelo, se encontraba herido y ahogaba el dolor en un llanto. Llevaba una campera de cuero negra y un jean oscuro también. Se encontraba de espaldas y no podía verle el rostro. La tierra se encontraba humeda por debajo de él, era la sangre que estaba perdiendo.
- Andáte- Se escuchó entre sollozos. El hombre caído apenas logró formular eso.
La voz se le hizo conocida a Mapini, pero no la llegó a reconocer del todo.
- ¡Ah! Pobre gatito indefenso ¿Duele? ¿Realmente duele la muerte?- La voz era de un hombre, si, un hombre que Mapini ya había conocido, un hombre al cuál odiaba demasiado y que si podría, volvería a matarlo. Era Alex.
Llevó su mano de piel lechoza hacia su rostro y tapó su boca mientras se reía. Entre carcajada y carcajada, el hombre del suelo se retorcia de dolor.
- El sufrimiento, a veces, es la oportunidad para convertirse en heroe amigo mio- Dijo Alex, arrodillandose sobre el hombre moribundo que no paraba de dar gritos de dolor. Con una mano lo volteó, lo puso boca arriba, dejando su rostro al descubierto. Sus ojos color esmeralda se encontraban bañados en lágrimas, sus finos labios rosas estaban manchados con sangre, y en su pecho llevaba una herida, que la tapaba con su mano. Era Sebastian, se encontraba perdiendo mucha sangre.
Mapini quiso hablar, preguntarle qué pasaba, pero no pudo formular ninguna palabra, se encontraba mudo. La imagen de Sebastian moribundo le dolió en el medio del pecho, le guardaba rencor, pero verlo así le provocó unos sentimientos extraños. Sintió lástima, lo quiso ayudar, pero volvió a hablar Alex.
- Necesitas ayuda, urgente- Volvió a dar una carcajada.
- ¡Andáte! - Gritó Sebastian con gran esfuerzo.- Si querés ayudarme... - Escupió sangre de su boca- llamá una ambulancia.
Sebastian no iba a aguantar tanto tiempo, Alex lo sabía.
- Yo te puedo ayudar, tengo la cura exacta para lo que estás sufriendo- Decía Alex en un tono muy sereno, con su rostro cerca de Sebastian.
- Me duele.
- Lo sé, y te digo algo amigo mio . - Alex se puso de pié, y observó el lugar hacia donde habia visto correr a las dos personas.- Quienes no se quedaron solamente llorando y salieron a luchar contra lo que originó su dolor, modificaron, con esfuerzo, una parte de su mundo.
Sebastian solo escuchaba, la sangre le brotaba por el pecho y la boca, sabía que su momento iba a llegar pero no comprendía que quería decir ese extraño, a qué se refería con esas palabras.
Alex se volvió a agachar, acercandose al rostro de Sebastian, con ambas manos le abrió los ojos y lo obligó a mirarlo fijamente a los suyos. Mapini veía el pánico en los ojos de Sebastian.
- Tus ojos- Pronunció Sebastian en un hilo de voz- ¿Qué sos?-
- Un vampiro, joven amigo- Contestó Alex, sin parar de mirar fijamente a los ojos de su interlocutor.
Sebastian sintió que escuchaba cosas sin sentido, que todo era ocasionado por encontrarse al borde de la muerte. Pensó : ¿Un vampiro dijo? Que graciosa que es la muerte.
- Veo que no voy a necesitar vaciarte de sangre para convertirte, ya lo hicieron por mí- Alex lo seguía fulminando con la mirada-
- ¿Convertirme? ¡No lo hagas!- Sebastian volvió a toser sangre y ahora se encontraba sin fuerzas, los parpados le pesaban, se sentia liviano, como una pluma. Solo quería que ese extraño lo dejara en el suelo tranquilo, no tenía fuerzas nisiquiera para seguir oyendo, lo fatigaba el sonido mismo.
- Los grandes cambios en la humanidad, tuvieron comienzo con un gran sufrimiento, amigo mio. No podes escapar al dolor que te llega, solo le podés dar un sentido y no pienses en el por qué, sinó el para qué- Y dicho eso, Alex pasó su lengua por el rostro de Sebastian, probando su sangre. Mapini pudo sentir el gusto a hierro que provocaba la sangre de Sebastian. Se encontraba con apetito y ese falso sentimiento de placer al beber la sangre de Sebastian, lo volvía loco.- Ahora, dejá que la oscuridad de mi sangre, domine tu cuerpo- Alex mordió su lengua hasta hacerla sangrar. Mapini quiso gritar del dolor. Vio como se iba acercando más y más a Sebastian, hasta introducir la lengua dentro de su boca. Sintió como el joven moribundo comenzaba a succionar el cálido líquido rojizo, como la fuerza se escapaba de su cuerpo por medio de la sangre y lo llenaba de ellas a Sebastian.
Con todas sus fuerzas, Alex se separó de los brazos de su compañero, poniendose en pié, observandolo dar vueltas en el suelo, apretando su pecho, maldiciendo, terminando de morir.
Mapini observaba la escena aterrorizado. Era la primera vez que veía como una persona se transformaba en vampiro. Recordó otra vez a su difunto amigo de la infacia, el licántropo.
Recordó como quiso traspasarle su sangre para salvarlo, como mezcló inconcientemente la sangre de un vampiro con la sangre de un hombre lobo, como le afectó ésto a su amigo, provocandole la muerte, creyendo en que iba a terminar siendo un convertido, pero no, no fue así, tampoco fue completamente su culpa, él no sabía que su amigo era un licántropo y su amigo tampoco sabía que él era un vampiro. Eso lo atormentaba, realmente le comía la cabeza.
Sebastian se había tranquilizado, pero ya no respiraba, se encontraba muerto. Tenía su rostro pálido y su cuerpo tenzo, acostado boca arriba, como un difunto.
- Ahora levantáte y viví tu nueva vida- Dijo Alex, invitándolo a levantarse con un ademán de manos.
Sebastian se puso de pié, con sus ojos bien abiertos, se lo notaba sorprendido, no hizo esfuerzo para levantarse, se encontraba lleno de vitalidad.
- ¿Qué me hicíste?- Preguntó Sebastian, sorprendido.
- Ya va a haber tiempo para todas esas cosas, ahora vayamos a lo divertido- Alex volvió a girar su vista hacia donde se habían escapado los dos hombres que habían atacado al recién convertido. -Acabas de ser mordído por un vampiro, felicitaciones- Dijo Alex graciosamente, como si hubiera ganado alguna clase de premio. Lo último que vio Mapini de ese recuerdo, fue a Sebastian corriendo a una gran velocidad a su lado, llendo a cazar a los dos hombres que lo habían atacado.

-Modern Vampire- [ Capitulo XII - Despertar - ]

La mayoría de las personas se encontraban finalizando su día, como era normal.
En la ciudad de Buenos Aires, las personas terminaban su día laboral, volviendo a sus casas con el comienzo del anochecer, pero para ellos no. Los Vampiros.
El día recién comenzaba. Abrian sus ojos a otro anochecer en la ciudad.
María se encontraba sentada al costado del refrigerador en el cuál dormía Mapini. Lo observaba con aire sereno en su rostro pero algo de admiración en su interior. La mirada parecía quemar el rostro del vampiro, haciendolo moverse levemente y entreabrir sus ojos.
La mujer que lo observaba, le dedicó una sonrisa al recién despertado.
- Buenas tardes- Lo saludó la rubia aún con la sonrisa sobre su rostro.
- Buenas... ¿María?-
- ¡Genial! Estás bien- La mujer se levantó de un salto enérgico, la sonrisa se encontraba más radiante sobre su rostro.
- ¿Qué hago aca? - Seguía preguntando el joven vampiro observando el lugar, no entendía nada-. ¿Qué pasó?- Se encontraba débil, apenas podía formular las palabras.
- Levantáte, date una ducha y lo hablámos - Su rostro optó un tono angelical-. ¡Nunca me contáste que eras un vampiro!- Volvió a dar un salto - ¡Es genial! ¡Genial, genial!- Se alejó, hasta subir las escaleras y perderse de vista.
El corazón de Mapini se encontraba acelerado. ¿María sabía que él es un vampiro? ¿Cómo lo supo?.
La sed de sangre le hacía arder las venas y crujir el estomago.
Ayudandose con las manos, se reincorporó del ediondo refrigerador, el olor le irritaba la nariz. Observó sus ropas, se encontraba sucio y bañado en sangre seca. Se preguntó cuánto tiempo haría que estaba en ese lugar o que hora era, pero su telefono móvil se encontraba con la bateria agotada. Le dolía la cabeza, todavía le daba vueltas, como si lo hubieran golpeado, pero supuso que era por dormir en ese lugar, aunque no lograba entender porque se encontraba bañado en sangre.
- ¡María! - Gritó, pero la música que provenía de arriba, opacaba sus gritos.
Cuando salió del gran refrigerador apestoso, caminó hacia donde lo había hecho la mujer hacía unos instantes. Hechó una mirada al garage donde se encontraba, vió una moto negra y varias cajas tiradas sobre el suelo. Apagó la luz y comenzó a subir las escaleras. A medida que ascendia, la música se oía más fuerte.
La habitación en la cuál había entrado se encontraba casi oscura, solo se veía prendido el televisor pasando un video musical demasiado retro. María bailaba en la cocina. Cuando lo vió pasar, le hizo unas señas para que siga caminando a la habitación. Mapini asintió con la cabeza. Iba caminando a la habitación de Leon y María, él ya la conocía, había visitado esa casa varias veces en su vida.
Empujó la puerta para abrirla, se encontraba entreabierta. Al entrar vio a Leon de espaldas, quitandose la camisa -De fondo se seguía oyendo la música "Sa... sacáte la ropita, arde papi"
- María, ayudáme con ésto...- Leon volteó para ver -¡Mapini! pensé que seguías durmiendo- Dejó al descubierto su espalda llena de vendas ensangrentadas. El rostro del más joven se veía duro como una roca, la situación se le volvía muy patética por la música y aterradora por tanta sangre.
- Leon ¿Qué te pasó? Estás sangrando-
- No es nada- Le dedicó una sonrisa forzada -. vení, dame una mano- Volvió a darle la espalda y a quitarse por completo la camisa. Desprendió una de las vendas y la fue desenrollando hasta dejar sus heridas a la vista.
-¡Pero si todavía estás sangrando! ¿Qué te pasó?- Mapini se acercó más para observarlo. Le sorprendió la gravedad de las cortaduras -. Esas herídas van a tardar días en sanar...-
- No pasa nada, ayudame a cambiar las vendas- Le señaló con una mano un botiquín que se encontraba sobre la cama.
- Leon... - Dudó al hablar - ¿Estás al tanto de todo como María?-
El rostro del herido cambió a una expresión de desconcierto, pero contestó normal.
- Claro que lo estoy, deberías habermelo contado antes-
- ¡Pero no puedo decirselo a nadie! Va contra las reglas...- Leon le dedicó otra sonrisa forzada-. ¿Cómo te hicíste esas herídas?-
- Me caí de la moto - Contestó tranquilamente. Mapini sintió como su amigo le mentía, no hacía falta ser un vampiro para notarlo. Un silencio incómodo reinó en la habitación, la música había acabado- ¿De verdad que no te acordas de nada?- Leon volteó para mirarlo a la cara, sonaba preocupado -. ¿Nada de nada?- Intentaba analizar al vampiro con la mirada.
- Me acuerdo de haber hablado con dos personas...- La imagen de Sebastian y Alex se le vino a la cabeza - ¡El Antro!- Lo dominó la desesperación - ¡Leon! ¿Qué pasó anoche? Intentaron matarme, esos dos hombres... Y el fuego, la gente gritaba- Se agarró de la cabeza, las imagenes comenzaban a llegar en partes a su cerebro.
-¡Tranquilizáte!- Le gritó Leon - Vas a explotar, pará un poco- Le puso una mano en el hombro a su amigo, ayudandolo a relajarse.
- ¡En el Antro mataron a una mujer! Después ese convertido desgolló a un hombre...- La expresión de Leon cambió al instante, no entendía de lo que hablaba.- Por eso te llamé, necesitaba que me saques de ahí ¿Cómo llegué aca? ¿Alex? ¿Sebastian? Ellos estaban conmigo... ¿Por qué no me mataron?-
- ¿Podés tranquilizarte? Hey, tranquilo.- Le dio unas palmaditas en el rostro- Ya pasó, ahora estás bien. María y yo te fuimos a buscar en la moto, pero cuando llegamos... Fue todo demasiado raro. Te encontramos tirado en el suelo, con esos dos...- En su rostro se veía una mueca de asco- esos dos vampiros te tenían, pero fue todo muy raro. El más viejo, Alex, nos arrastró a María y a mí a un costado, provocandome éstas heridas - Volteó de nuevo dandole la espalda a Mapini.- y cuando nos dejó sobre el suelo, cuando nos iba a matar, se desvaneció, se convirtió en cenizas- Su mirada se encontraba perdída, era como si no pudiera convencerse de lo que había visto, le costaba creer.
- ¿Alex desapareció? ¿Como por arte de mágia?- Preguntó Mapini con la boca casi abierta.
- ¡No! Por arte de mágia no, Sebastian dijo que había muerto... que murió por tu collar- La mano del vampiro subió hasta su garganta, donde colgaba un collar con dos anillos.- Si, por ese mismo collar.
Mapini no podía entender del todo bien, creía que era por haber dormído mal o por la pérdida de sangre en la noche anterior, pero algo pasaba, algo no encajaba en su cabeza. ¿Su collar había matado al vampiro Alex? Ese accesorio había formado parte de él desde que era un bebé, se lo había regalado su abuelo, pero nunca supo para que era, siempre pensó que era un adorno más.
- ¿Sebastian sabe algo acerca de mi collar?- Sonaba demasiado curioso
- Al parecer, por lo que dijo, si-
- ¡Necesito encontrarlo! - Gritó Mapini queriendo salir de la habitación.
- ¡Hey! esperá ¿No me vas a ayudar con ésto?- Leon señaló sus heridas que no paraban de sangrar.
- Perdón- Mapini se acercó a su amigo, tomando el botiquin, abriendolo y sacando unas gazas y alcohol de adentro- Leon...-
- ¿Si?- Preguntó tranquilo nuevamente.
- ¿Querés que te ayude a sanar esas heridas?- La voz del vampiro sonaba muy baja, casi no se podía oir por la nueva canción que sonaba y que María estaría bailando.
- Claro ¿No es lo que te acabo de pedir?-
- Si, pero...-
-¿Pero? Siempre hay un pero-
- Yo te puedo ayudar a sanarlas ahora- Leon se volteó, Mapini pudo sentir algo de miedo en él.
- ¿Ayudarme a sanarlas ahora? ¿Cómo? ¿Además de vampiro sos una especie de curandero?- Esas palabras lograron sacarle una sonrisa al joven.
-No digas estupideces, Leon.- Se encontraba sonrojado-. La saliva de un vampiro, cura heridas al instante, así borramos las huellas de nuestras victimas, para que nunca se enteren de que fueron mordidas...-
-¿Saliva dijíste? ¿Querés que pase tu saliva por mi cuerpo?- Leon sonaba como si se estubiera burlando, pero se encontraba aterrado .
- No... Así no funciona. Tus herídas van a llevar días en curarse, además estás perdiendo mucha sangre...- Sangre... era lo que más necesitaba en ese momento.
- Bueno, decíme que tenémos que hacer con tal de curarme, porque de verdad que no me hace ninguna gracia ir perdiendo sangre por ahí teniendo un amigo vampiro ¿Quién sabe como podrías reaccionar?- Mapini volvió a sonreir.
- Acostate en la cama- Le indicó Mapini.
- ¿En la cama?- Leon no confiaba, se encontraba tenzo.
- Relajáte, no te voy a comer- Ahora hablaba serio- Acostate boca abajo y relajáte, no te va a doler.
Leon largó una pequeña carcajada, ocasionada por los nervios. Se resignó, bajó el botiquín, se arrodilló en la cama, miró a su amigo y lentamente se fue acostando boca abajo.
- ¿Hicíste ésto anteriormente?- Preguntó nervioso.
- Una vez, con mi gato- Contestó Mapini naturalmente.
- ¡Ja! ¿Con tu mascota? Ya decía yo que era algo ridículo- Intentó reincorporarse en la cama, pero Mapini ya se encontraba detras de él, con una mano en su espalda, para que no se levantara. Lo doblaba en fuerza -¡Hey!- Gritó Leon, pero se relajó y dejó de intentar levantarse.
- Bueno, aca voy- El vampiro se acercó a la espalda de su amigo, observando cada y una de las herídas. En la zona del omóplato izquierdo, Leon llevaba un tatuaje de un dragón negro, se encontraba intacto, sin ningún rasguño, le daba un toque sensual a su cuerpo.- Éste es nuevo ¿No? no lo había visto antes- Dijo el vampiro, acercando su rostro a una de las primeras herídas. A medida que se iba acercando, sintió como el cuerpo de Leon se iba tenzando por los nervios- Calmáte- musitó, pasando su lengua suavemente sobre la sangre, disfrutando de cada sorbo que desprendian esas herídas que él no había provocado, aunque habían sido en gran parte por su culpa. La sangre de Leon, al rozar con la lengua del vampiro, provocó un placer como nunca jamás había sentido antes, se encontraba con hambre, había perdído demasiada sangre y no se había alimentado lo suficiente. Leon era su desayuno. Nunca jamás se había imaginado estar alimentandose de su amigo. Leon dió un leve gemído de placer al sentir como sus herídas se iban cerrando, su cuerpo se estaba relajando y las herídas iban desapareciendo. Recordó como Sebastian había cicatrizado con su lengua, el corte que María hizo en su mano para alimentarlo. Mapini pensó en comentar lo sabroso que le resultaba, pero sintió un nudo en el estomago que le impidó decirselo. Era su amigo, y no debía comentar nada fuera de lo normal ¿Qué iba a pensar Leon?. Ahora que sabía que es un vampiro, debía cuidarse más, demostrar que nunca se le había cruzado por la cabeza alimentarse de él o de María.
Mapini escuchó los pasos de la única mujer en la casa acercandose al lugar. Se encontraba recuperando fuerzas gracias a su amigo y todos sus sentidos comenzaban a funcionar bien otra vez.
- María...- Dijo el vampiro en un hilo de voz y la boca llena de sangre.
María entró a la habitación con un bulto de ropa entre sus manos, al verlos se quedó paralizada.
- Sigan, por favor, solo sigan- Sonaba exitada. Observó su mano, recordando tambien el momento en que Sebastian la había curado-. Traje... traje éstas prendas para ver cuál les quedaba mejor, no sé las tallas de Sebastian ¿Le quedará bien ésto?...-.
Mapini se resaltó a oir ese nombre. ¿María había traído ropa para el otro vampiro? Eso significaba..
-¿Sebastian se encuentra en ésta casa?-. El joven que se encontraba curando las heridas de Leon se sobresaltó de la cama, dando un salto hasta quedar de pié al lado de María. La tomó de los hombros y la miró fijamente a los ojos- ¿Lo dejaron entrar? ¿Dónde está?- Sonaba agitado, nervioso y agresivo.
-¡Auch! Me hacés daño- Se quejó la rubia-Apretáme más fuerte- Mordió su labio inferior mirando a los ojos de Mapini, realmente parecía disfrutarlo.
-¡María!- Le gritó Leon. Ella se separó del vampiro, mirando el suelo angustiada-.Está en el baño, duchandose. Él te trajo en sus brazos hasta acá. Nos dijo que necesitaba ducharse y se iba...-
-¡No!- Mapini negaba con la cabeza mirando a su amigo-. Antes necesito hablar con él...-
-¿Hablar conmigo?- Sebastian se encontraba parado frente a la puerta de la habitación, húmedo por el agua caliente de la ducha, con una toalla cubriendolo de su cintura hasta la rodilla-. ¿Tanto alboroto armas apenas te levantas? Que potencial- El vampiro más grande se burlaba, ahora agitaba su cabeza y con una mano peinaba su oscuro cabello mojado.
-Sebastian...- María se acercó al semidesnudo vampiro, como si fuera una sirvienta-. Preparé éstas ropas para vos, quisiera que te las pruebes... Si necesitas ayuda...- La mirada de Leon fulminó la espalda de su mujer. Los dos vampiros se observaban, con los colmillos a la vista-. Bueno, veo que podés cambiarte solo- Torpemente acercó la ropa al pecho descubierto de Sebastian, observando su figura esbelta.
Sin apartar la vista del más joven de la sala, tomó la ropa que la mujer le estaba ofreciendo.
- Si me permiten- Dijo observando la ropa que tenía en sus manos. Dio media vuelta y volvió a salir hacia el baño.
-¡¿Están locos?! Es un convertido- Mapini los regañaba con la voz lo más baja posible para que el otro no lo oyera-. ¿Cómo lo van a dejar entrar? ¡Es un asesino! Intentó matarme junto a Alex ¡Mató a una mujer y un hombre en el Antro!- El rostro de sus dos amigos se encontraba lleno de terror.
- Si no fuera por él, estarías muerto- Leon hablaba firmemente, ocultando sus dudas y miedos acerca del convertido-. Ya estaba amaneciendo, los tres no entrabamos en la moto, no podríamos haberte traído rápido hasta casa y el sol te iba a matar...-
-¡Pero Leon! ¡El sol nunca me afectó en nada!- Mapini había perdído la cordura, ahora no le importaba si lo escuchaban de afuera de la habitación o no -. Es un asesino, una plaga...-
En ese momento, Sebastian se encontraba nuevamente debajo del marco de la puerta pero ahora vestido.
- ¿Así que soy un asesino? ¿Una plaga?- Sebastian miraba a un costado con el labio fruncido, Mapini podía sentir toda la ira del convertido contra él- ¿Qué hay de ustedes? ¡Acabaron con todos nosotros!- Lo señalaba con un dedo amenazador.
- ¡Callate!- Mapini saltó con su boca bien abierta hasta el cuello del convertido. Sebastian logró esquivarlo. Cuando el joven vampiro pasó por su lado, lo tomó de la nuca y de un brazo, desarmandolo contra el suelo-.¡Soltáme!-
-Ya ves como terminas cada vez que intentas atacarme- Sebastian intentaba ocultar su enojo, quería quebrarle el cuello pero se resistía, cada palabra que pronunciaba, que dejaba escapar de su boca, se encontraba llena de rabia, rencor-. Antes te ayudé, porque te debía una. Me separaste de mi creador, es lo único que te debo- Tragó saliva - Pero... ¿Qué me detiene ahora? ¿Por qué no habría de acabar con los tres? Son presa fácil-
María tomó a Sebastian del hombro llorando.
- Por favor, no, dejálo. Soltálo ¡Está indefenso!... Tomáme a mí- Gritaba María desconsolada.
-¡Mujer! Por dios, no pienso tocar una gota de sangre de tu cuerpo ¡Estás maldita!- Sebastian apretaba más fuerte contra el suelo al joven vampiro.
Leon se encontraba parado junto a la cama, apretando sus puños inútilmente. Sabía que si iba a intentar defenderlos, moriría.
-¡Basta!- Gritó Leon -. ¡Es suficiente! Terminenla los dos. Respeten, ésta es mi casa y los voy a tener que hechar-
Sebastian relajó sus músculos, dejando en libertad a Mapini, mirandolo fijamente a los ojos a Leon, y con un poco de asco a María. Se puso de pié. Mapini se levantó también y se corrió a un costado.
-Muchas gracias, muchas gracias- Repetía Maria muy cerca del rostro de Sebastian.
- Dejáme en paz, no pienso tocarte- El convertido apartó a María de un empujoncito, haciendola dar unos pasos hacia atras.-Mujer, estás obsesionada ¿Qué es lo fascinante de que te muerda un vampiro?-
-¡Quiero ser uno de ustedes!- María se acercaba nuevamente a Sebastian, tomandolo del cuello de la camisa que se encontraba usando- ¡Por favor! ¡Convertíme!- Le hablaba a pocos centímetros de su rostro, los dos podían sentir su respiración.
-¡María, por favor!- Leon se había cansado. Se acercó por detras de María, tomandola de la cintura, separandola del convertido y saliendo de la habitación. De un empujón cerró la puerta.
-¿Serías capaz de matarla?- Preguntó Sebastian con un tono amenazador.
-¿Cómo? ¿De qué hablas?- Le contestó con otras preguntas Mapini, mirandolo fijamente a los ojos, con sus colmillos a la vista.
- Si ella fuera una convertida ¿También la matarías?-
-¡Por supuesto que no!- Mapini abrió tan grande sus ojos, que el verdadero color violeta de sus iris, podía escaparse del color falso que llevaba sobre éstos.
- Hipócrita- Sebastian fruncía su nariz y arqueaba una ceja- ¿No sería una asesina? ¿Una plaga?-
El corazón de Mapini se detuvo por un instante. Su cabeza dio vueltas y vueltas hasta que le hizo una especie de "Click".
- No, ella no sería una asesina, sería incapaz de matar a alguien. María es mi amiga... Ella no sería como ustedes- Lo señaló con un dedo- Ustedes matan, no saben controlar su sed, matan por que sí, podrían aprender a beber de los humanos y no quitarles la vida... ¡No! Ella podría vivir como yo, le enseñaría a alimentarse sin matar... O podría vivir de animales- Comenzaba a perder la cordura- ¡Callate! No preguntes cosas que me hagan confundir- Mapini se encontraba debatiendo en su interior consigo mismo.
- Sería una Convertida- Dijo Sebastian, con un tono de voz tranquilo. Sabía que había logrado lo que quería, perturbar al más joven.
-¡Sería una Convertida pero no una asesina! Vos.. ¡Vos mataste a dos personas en el Antro!- Mapini no dejaba de ver las imagenes en su cabeza de lo sucedido la noche anterior. La mujer desangrada en el suelo, el hombre desgollado...
-Yo no maté a la mujer- Se defendía el convertido- Alex la mató.-
Mapini quería entender que es lo que le quería decir Sebastian. ¿Era un Convertido bueno? No, no podía ser, si sus padres le habían contado que todos los convertidos mataban.
-¡No!... ¿Y el hombre al cuál arranqueaste un pedazo de su garganta? ¡Lo matáste!- El joven vampiro comenzaba a sudar, se encontraba desconcertado, necesitaba que alguien le aclarara todas sus dudas.
- Lo maté para salvarte- Sebastian miraba fijo a su interlocutor - Llevaba un cuchillo de plata en su mano ¿No lo viste? Iba a matarte.-.
Esas palabras quebraron el corazón de Mapini en mil pedazos. Otra vez volvía a preguntarse
¿Por qué lo había salvado?