domingo, 9 de mayo de 2010

-Modern Vampire- [ Capitulo XII - Despertar - ]

La mayoría de las personas se encontraban finalizando su día, como era normal.
En la ciudad de Buenos Aires, las personas terminaban su día laboral, volviendo a sus casas con el comienzo del anochecer, pero para ellos no. Los Vampiros.
El día recién comenzaba. Abrian sus ojos a otro anochecer en la ciudad.
María se encontraba sentada al costado del refrigerador en el cuál dormía Mapini. Lo observaba con aire sereno en su rostro pero algo de admiración en su interior. La mirada parecía quemar el rostro del vampiro, haciendolo moverse levemente y entreabrir sus ojos.
La mujer que lo observaba, le dedicó una sonrisa al recién despertado.
- Buenas tardes- Lo saludó la rubia aún con la sonrisa sobre su rostro.
- Buenas... ¿María?-
- ¡Genial! Estás bien- La mujer se levantó de un salto enérgico, la sonrisa se encontraba más radiante sobre su rostro.
- ¿Qué hago aca? - Seguía preguntando el joven vampiro observando el lugar, no entendía nada-. ¿Qué pasó?- Se encontraba débil, apenas podía formular las palabras.
- Levantáte, date una ducha y lo hablámos - Su rostro optó un tono angelical-. ¡Nunca me contáste que eras un vampiro!- Volvió a dar un salto - ¡Es genial! ¡Genial, genial!- Se alejó, hasta subir las escaleras y perderse de vista.
El corazón de Mapini se encontraba acelerado. ¿María sabía que él es un vampiro? ¿Cómo lo supo?.
La sed de sangre le hacía arder las venas y crujir el estomago.
Ayudandose con las manos, se reincorporó del ediondo refrigerador, el olor le irritaba la nariz. Observó sus ropas, se encontraba sucio y bañado en sangre seca. Se preguntó cuánto tiempo haría que estaba en ese lugar o que hora era, pero su telefono móvil se encontraba con la bateria agotada. Le dolía la cabeza, todavía le daba vueltas, como si lo hubieran golpeado, pero supuso que era por dormir en ese lugar, aunque no lograba entender porque se encontraba bañado en sangre.
- ¡María! - Gritó, pero la música que provenía de arriba, opacaba sus gritos.
Cuando salió del gran refrigerador apestoso, caminó hacia donde lo había hecho la mujer hacía unos instantes. Hechó una mirada al garage donde se encontraba, vió una moto negra y varias cajas tiradas sobre el suelo. Apagó la luz y comenzó a subir las escaleras. A medida que ascendia, la música se oía más fuerte.
La habitación en la cuál había entrado se encontraba casi oscura, solo se veía prendido el televisor pasando un video musical demasiado retro. María bailaba en la cocina. Cuando lo vió pasar, le hizo unas señas para que siga caminando a la habitación. Mapini asintió con la cabeza. Iba caminando a la habitación de Leon y María, él ya la conocía, había visitado esa casa varias veces en su vida.
Empujó la puerta para abrirla, se encontraba entreabierta. Al entrar vio a Leon de espaldas, quitandose la camisa -De fondo se seguía oyendo la música "Sa... sacáte la ropita, arde papi"
- María, ayudáme con ésto...- Leon volteó para ver -¡Mapini! pensé que seguías durmiendo- Dejó al descubierto su espalda llena de vendas ensangrentadas. El rostro del más joven se veía duro como una roca, la situación se le volvía muy patética por la música y aterradora por tanta sangre.
- Leon ¿Qué te pasó? Estás sangrando-
- No es nada- Le dedicó una sonrisa forzada -. vení, dame una mano- Volvió a darle la espalda y a quitarse por completo la camisa. Desprendió una de las vendas y la fue desenrollando hasta dejar sus heridas a la vista.
-¡Pero si todavía estás sangrando! ¿Qué te pasó?- Mapini se acercó más para observarlo. Le sorprendió la gravedad de las cortaduras -. Esas herídas van a tardar días en sanar...-
- No pasa nada, ayudame a cambiar las vendas- Le señaló con una mano un botiquín que se encontraba sobre la cama.
- Leon... - Dudó al hablar - ¿Estás al tanto de todo como María?-
El rostro del herido cambió a una expresión de desconcierto, pero contestó normal.
- Claro que lo estoy, deberías habermelo contado antes-
- ¡Pero no puedo decirselo a nadie! Va contra las reglas...- Leon le dedicó otra sonrisa forzada-. ¿Cómo te hicíste esas herídas?-
- Me caí de la moto - Contestó tranquilamente. Mapini sintió como su amigo le mentía, no hacía falta ser un vampiro para notarlo. Un silencio incómodo reinó en la habitación, la música había acabado- ¿De verdad que no te acordas de nada?- Leon volteó para mirarlo a la cara, sonaba preocupado -. ¿Nada de nada?- Intentaba analizar al vampiro con la mirada.
- Me acuerdo de haber hablado con dos personas...- La imagen de Sebastian y Alex se le vino a la cabeza - ¡El Antro!- Lo dominó la desesperación - ¡Leon! ¿Qué pasó anoche? Intentaron matarme, esos dos hombres... Y el fuego, la gente gritaba- Se agarró de la cabeza, las imagenes comenzaban a llegar en partes a su cerebro.
-¡Tranquilizáte!- Le gritó Leon - Vas a explotar, pará un poco- Le puso una mano en el hombro a su amigo, ayudandolo a relajarse.
- ¡En el Antro mataron a una mujer! Después ese convertido desgolló a un hombre...- La expresión de Leon cambió al instante, no entendía de lo que hablaba.- Por eso te llamé, necesitaba que me saques de ahí ¿Cómo llegué aca? ¿Alex? ¿Sebastian? Ellos estaban conmigo... ¿Por qué no me mataron?-
- ¿Podés tranquilizarte? Hey, tranquilo.- Le dio unas palmaditas en el rostro- Ya pasó, ahora estás bien. María y yo te fuimos a buscar en la moto, pero cuando llegamos... Fue todo demasiado raro. Te encontramos tirado en el suelo, con esos dos...- En su rostro se veía una mueca de asco- esos dos vampiros te tenían, pero fue todo muy raro. El más viejo, Alex, nos arrastró a María y a mí a un costado, provocandome éstas heridas - Volteó de nuevo dandole la espalda a Mapini.- y cuando nos dejó sobre el suelo, cuando nos iba a matar, se desvaneció, se convirtió en cenizas- Su mirada se encontraba perdída, era como si no pudiera convencerse de lo que había visto, le costaba creer.
- ¿Alex desapareció? ¿Como por arte de mágia?- Preguntó Mapini con la boca casi abierta.
- ¡No! Por arte de mágia no, Sebastian dijo que había muerto... que murió por tu collar- La mano del vampiro subió hasta su garganta, donde colgaba un collar con dos anillos.- Si, por ese mismo collar.
Mapini no podía entender del todo bien, creía que era por haber dormído mal o por la pérdida de sangre en la noche anterior, pero algo pasaba, algo no encajaba en su cabeza. ¿Su collar había matado al vampiro Alex? Ese accesorio había formado parte de él desde que era un bebé, se lo había regalado su abuelo, pero nunca supo para que era, siempre pensó que era un adorno más.
- ¿Sebastian sabe algo acerca de mi collar?- Sonaba demasiado curioso
- Al parecer, por lo que dijo, si-
- ¡Necesito encontrarlo! - Gritó Mapini queriendo salir de la habitación.
- ¡Hey! esperá ¿No me vas a ayudar con ésto?- Leon señaló sus heridas que no paraban de sangrar.
- Perdón- Mapini se acercó a su amigo, tomando el botiquin, abriendolo y sacando unas gazas y alcohol de adentro- Leon...-
- ¿Si?- Preguntó tranquilo nuevamente.
- ¿Querés que te ayude a sanar esas heridas?- La voz del vampiro sonaba muy baja, casi no se podía oir por la nueva canción que sonaba y que María estaría bailando.
- Claro ¿No es lo que te acabo de pedir?-
- Si, pero...-
-¿Pero? Siempre hay un pero-
- Yo te puedo ayudar a sanarlas ahora- Leon se volteó, Mapini pudo sentir algo de miedo en él.
- ¿Ayudarme a sanarlas ahora? ¿Cómo? ¿Además de vampiro sos una especie de curandero?- Esas palabras lograron sacarle una sonrisa al joven.
-No digas estupideces, Leon.- Se encontraba sonrojado-. La saliva de un vampiro, cura heridas al instante, así borramos las huellas de nuestras victimas, para que nunca se enteren de que fueron mordidas...-
-¿Saliva dijíste? ¿Querés que pase tu saliva por mi cuerpo?- Leon sonaba como si se estubiera burlando, pero se encontraba aterrado .
- No... Así no funciona. Tus herídas van a llevar días en curarse, además estás perdiendo mucha sangre...- Sangre... era lo que más necesitaba en ese momento.
- Bueno, decíme que tenémos que hacer con tal de curarme, porque de verdad que no me hace ninguna gracia ir perdiendo sangre por ahí teniendo un amigo vampiro ¿Quién sabe como podrías reaccionar?- Mapini volvió a sonreir.
- Acostate en la cama- Le indicó Mapini.
- ¿En la cama?- Leon no confiaba, se encontraba tenzo.
- Relajáte, no te voy a comer- Ahora hablaba serio- Acostate boca abajo y relajáte, no te va a doler.
Leon largó una pequeña carcajada, ocasionada por los nervios. Se resignó, bajó el botiquín, se arrodilló en la cama, miró a su amigo y lentamente se fue acostando boca abajo.
- ¿Hicíste ésto anteriormente?- Preguntó nervioso.
- Una vez, con mi gato- Contestó Mapini naturalmente.
- ¡Ja! ¿Con tu mascota? Ya decía yo que era algo ridículo- Intentó reincorporarse en la cama, pero Mapini ya se encontraba detras de él, con una mano en su espalda, para que no se levantara. Lo doblaba en fuerza -¡Hey!- Gritó Leon, pero se relajó y dejó de intentar levantarse.
- Bueno, aca voy- El vampiro se acercó a la espalda de su amigo, observando cada y una de las herídas. En la zona del omóplato izquierdo, Leon llevaba un tatuaje de un dragón negro, se encontraba intacto, sin ningún rasguño, le daba un toque sensual a su cuerpo.- Éste es nuevo ¿No? no lo había visto antes- Dijo el vampiro, acercando su rostro a una de las primeras herídas. A medida que se iba acercando, sintió como el cuerpo de Leon se iba tenzando por los nervios- Calmáte- musitó, pasando su lengua suavemente sobre la sangre, disfrutando de cada sorbo que desprendian esas herídas que él no había provocado, aunque habían sido en gran parte por su culpa. La sangre de Leon, al rozar con la lengua del vampiro, provocó un placer como nunca jamás había sentido antes, se encontraba con hambre, había perdído demasiada sangre y no se había alimentado lo suficiente. Leon era su desayuno. Nunca jamás se había imaginado estar alimentandose de su amigo. Leon dió un leve gemído de placer al sentir como sus herídas se iban cerrando, su cuerpo se estaba relajando y las herídas iban desapareciendo. Recordó como Sebastian había cicatrizado con su lengua, el corte que María hizo en su mano para alimentarlo. Mapini pensó en comentar lo sabroso que le resultaba, pero sintió un nudo en el estomago que le impidó decirselo. Era su amigo, y no debía comentar nada fuera de lo normal ¿Qué iba a pensar Leon?. Ahora que sabía que es un vampiro, debía cuidarse más, demostrar que nunca se le había cruzado por la cabeza alimentarse de él o de María.
Mapini escuchó los pasos de la única mujer en la casa acercandose al lugar. Se encontraba recuperando fuerzas gracias a su amigo y todos sus sentidos comenzaban a funcionar bien otra vez.
- María...- Dijo el vampiro en un hilo de voz y la boca llena de sangre.
María entró a la habitación con un bulto de ropa entre sus manos, al verlos se quedó paralizada.
- Sigan, por favor, solo sigan- Sonaba exitada. Observó su mano, recordando tambien el momento en que Sebastian la había curado-. Traje... traje éstas prendas para ver cuál les quedaba mejor, no sé las tallas de Sebastian ¿Le quedará bien ésto?...-.
Mapini se resaltó a oir ese nombre. ¿María había traído ropa para el otro vampiro? Eso significaba..
-¿Sebastian se encuentra en ésta casa?-. El joven que se encontraba curando las heridas de Leon se sobresaltó de la cama, dando un salto hasta quedar de pié al lado de María. La tomó de los hombros y la miró fijamente a los ojos- ¿Lo dejaron entrar? ¿Dónde está?- Sonaba agitado, nervioso y agresivo.
-¡Auch! Me hacés daño- Se quejó la rubia-Apretáme más fuerte- Mordió su labio inferior mirando a los ojos de Mapini, realmente parecía disfrutarlo.
-¡María!- Le gritó Leon. Ella se separó del vampiro, mirando el suelo angustiada-.Está en el baño, duchandose. Él te trajo en sus brazos hasta acá. Nos dijo que necesitaba ducharse y se iba...-
-¡No!- Mapini negaba con la cabeza mirando a su amigo-. Antes necesito hablar con él...-
-¿Hablar conmigo?- Sebastian se encontraba parado frente a la puerta de la habitación, húmedo por el agua caliente de la ducha, con una toalla cubriendolo de su cintura hasta la rodilla-. ¿Tanto alboroto armas apenas te levantas? Que potencial- El vampiro más grande se burlaba, ahora agitaba su cabeza y con una mano peinaba su oscuro cabello mojado.
-Sebastian...- María se acercó al semidesnudo vampiro, como si fuera una sirvienta-. Preparé éstas ropas para vos, quisiera que te las pruebes... Si necesitas ayuda...- La mirada de Leon fulminó la espalda de su mujer. Los dos vampiros se observaban, con los colmillos a la vista-. Bueno, veo que podés cambiarte solo- Torpemente acercó la ropa al pecho descubierto de Sebastian, observando su figura esbelta.
Sin apartar la vista del más joven de la sala, tomó la ropa que la mujer le estaba ofreciendo.
- Si me permiten- Dijo observando la ropa que tenía en sus manos. Dio media vuelta y volvió a salir hacia el baño.
-¡¿Están locos?! Es un convertido- Mapini los regañaba con la voz lo más baja posible para que el otro no lo oyera-. ¿Cómo lo van a dejar entrar? ¡Es un asesino! Intentó matarme junto a Alex ¡Mató a una mujer y un hombre en el Antro!- El rostro de sus dos amigos se encontraba lleno de terror.
- Si no fuera por él, estarías muerto- Leon hablaba firmemente, ocultando sus dudas y miedos acerca del convertido-. Ya estaba amaneciendo, los tres no entrabamos en la moto, no podríamos haberte traído rápido hasta casa y el sol te iba a matar...-
-¡Pero Leon! ¡El sol nunca me afectó en nada!- Mapini había perdído la cordura, ahora no le importaba si lo escuchaban de afuera de la habitación o no -. Es un asesino, una plaga...-
En ese momento, Sebastian se encontraba nuevamente debajo del marco de la puerta pero ahora vestido.
- ¿Así que soy un asesino? ¿Una plaga?- Sebastian miraba a un costado con el labio fruncido, Mapini podía sentir toda la ira del convertido contra él- ¿Qué hay de ustedes? ¡Acabaron con todos nosotros!- Lo señalaba con un dedo amenazador.
- ¡Callate!- Mapini saltó con su boca bien abierta hasta el cuello del convertido. Sebastian logró esquivarlo. Cuando el joven vampiro pasó por su lado, lo tomó de la nuca y de un brazo, desarmandolo contra el suelo-.¡Soltáme!-
-Ya ves como terminas cada vez que intentas atacarme- Sebastian intentaba ocultar su enojo, quería quebrarle el cuello pero se resistía, cada palabra que pronunciaba, que dejaba escapar de su boca, se encontraba llena de rabia, rencor-. Antes te ayudé, porque te debía una. Me separaste de mi creador, es lo único que te debo- Tragó saliva - Pero... ¿Qué me detiene ahora? ¿Por qué no habría de acabar con los tres? Son presa fácil-
María tomó a Sebastian del hombro llorando.
- Por favor, no, dejálo. Soltálo ¡Está indefenso!... Tomáme a mí- Gritaba María desconsolada.
-¡Mujer! Por dios, no pienso tocar una gota de sangre de tu cuerpo ¡Estás maldita!- Sebastian apretaba más fuerte contra el suelo al joven vampiro.
Leon se encontraba parado junto a la cama, apretando sus puños inútilmente. Sabía que si iba a intentar defenderlos, moriría.
-¡Basta!- Gritó Leon -. ¡Es suficiente! Terminenla los dos. Respeten, ésta es mi casa y los voy a tener que hechar-
Sebastian relajó sus músculos, dejando en libertad a Mapini, mirandolo fijamente a los ojos a Leon, y con un poco de asco a María. Se puso de pié. Mapini se levantó también y se corrió a un costado.
-Muchas gracias, muchas gracias- Repetía Maria muy cerca del rostro de Sebastian.
- Dejáme en paz, no pienso tocarte- El convertido apartó a María de un empujoncito, haciendola dar unos pasos hacia atras.-Mujer, estás obsesionada ¿Qué es lo fascinante de que te muerda un vampiro?-
-¡Quiero ser uno de ustedes!- María se acercaba nuevamente a Sebastian, tomandolo del cuello de la camisa que se encontraba usando- ¡Por favor! ¡Convertíme!- Le hablaba a pocos centímetros de su rostro, los dos podían sentir su respiración.
-¡María, por favor!- Leon se había cansado. Se acercó por detras de María, tomandola de la cintura, separandola del convertido y saliendo de la habitación. De un empujón cerró la puerta.
-¿Serías capaz de matarla?- Preguntó Sebastian con un tono amenazador.
-¿Cómo? ¿De qué hablas?- Le contestó con otras preguntas Mapini, mirandolo fijamente a los ojos, con sus colmillos a la vista.
- Si ella fuera una convertida ¿También la matarías?-
-¡Por supuesto que no!- Mapini abrió tan grande sus ojos, que el verdadero color violeta de sus iris, podía escaparse del color falso que llevaba sobre éstos.
- Hipócrita- Sebastian fruncía su nariz y arqueaba una ceja- ¿No sería una asesina? ¿Una plaga?-
El corazón de Mapini se detuvo por un instante. Su cabeza dio vueltas y vueltas hasta que le hizo una especie de "Click".
- No, ella no sería una asesina, sería incapaz de matar a alguien. María es mi amiga... Ella no sería como ustedes- Lo señaló con un dedo- Ustedes matan, no saben controlar su sed, matan por que sí, podrían aprender a beber de los humanos y no quitarles la vida... ¡No! Ella podría vivir como yo, le enseñaría a alimentarse sin matar... O podría vivir de animales- Comenzaba a perder la cordura- ¡Callate! No preguntes cosas que me hagan confundir- Mapini se encontraba debatiendo en su interior consigo mismo.
- Sería una Convertida- Dijo Sebastian, con un tono de voz tranquilo. Sabía que había logrado lo que quería, perturbar al más joven.
-¡Sería una Convertida pero no una asesina! Vos.. ¡Vos mataste a dos personas en el Antro!- Mapini no dejaba de ver las imagenes en su cabeza de lo sucedido la noche anterior. La mujer desangrada en el suelo, el hombre desgollado...
-Yo no maté a la mujer- Se defendía el convertido- Alex la mató.-
Mapini quería entender que es lo que le quería decir Sebastian. ¿Era un Convertido bueno? No, no podía ser, si sus padres le habían contado que todos los convertidos mataban.
-¡No!... ¿Y el hombre al cuál arranqueaste un pedazo de su garganta? ¡Lo matáste!- El joven vampiro comenzaba a sudar, se encontraba desconcertado, necesitaba que alguien le aclarara todas sus dudas.
- Lo maté para salvarte- Sebastian miraba fijo a su interlocutor - Llevaba un cuchillo de plata en su mano ¿No lo viste? Iba a matarte.-.
Esas palabras quebraron el corazón de Mapini en mil pedazos. Otra vez volvía a preguntarse
¿Por qué lo había salvado?

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