domingo, 9 de mayo de 2010

-Modern Vampire- [ Capitulo XIII - Recuerdos - ]

Era como antes.
Para él volvía a ser todo como antes.

Luego de que Mapini terminara la charla con Sebastian, su corazón se quebraba en mil pedazos, no solo por esa conversación, pero me estoy adelantando demasiado.

El joven vampiro miraba desconcertado a Sebastian, no podía entender por qué lo había salvado. Lo quería bombardear en preguntas, pero no sabía como formularlas.
- Alex te quiso matar, yo dije que te necesitabamos ¿Te acordás?- Le decía Sebastian a Mapini intentandolo hacer recordar lo hablado la noche anterior.
- Si, algo me acuerdo, es una mierda... Me vienen imagenes colgadas de lo que pasó, casi ni entiendo como acabé en ese refrigerador durmiendo, pero lo que no entiendo, es para qué me necesitas- decía el más joven.
- Tengo demasiadas dudas, quiero saber todo sobre nosotros-
- ¡Pero yo no sé nada!- Gritó Mapini -. ¿Por qué me iban a matar? ¿Me querés para acabar con toda mi familia? ¡Matáme! Pero yo no sé nada. Matáme y andáte, dejá a Leon y María en paz, ellos no tienen nada que ver- .
Sebastian emitió una gran carcajada
- Tan ingenuo. No te pienso lastimar, soy libre, puedo vivir mi vida nocturna libremente ¿Qué te hace pensar que querría matarte? ¿De qué me serviría?-
- Sos un convertido, lo llevás en tu sangre- Se defendía Mapini
- Llevo tu misma sangre, la misma sangre que llevamos todos los vampiros - Musitó Sebastian, llevaba una gran sonrisa sobre su rostro, tenía a Mapini desconcertado y él llevaba el hilo de la conversación-. Me gustaría conocer a otros como vos, como yo. Soy un vampiro joven también, llevo poco tiempo deambulando por las noches, cerca de un año ¿No tenés curiosidad sobre nosotros? -. En un abrir y cerrar de ojos, Sebastian se había colocado al lado de Mapini, y esa última pregunta se la había susurrado al oído.
- ¿Por qué viníste hasta ésta casa?- Mapini no se había movído ni un centímetro al sentir al otro vampiro a un lado, tampoco se había sorprendido, se encontraba tranquilo por fuera, pero el terror dominaba todo su interior - El sol no me afecta ¿Por qué les dijíste que tenía que ocultarme?-
- Porque necesitaba hablar con vos, además estabas débil y no estaba seguro de eso- Ésta confesión si había desordenado los sentimientos del joven, Sebastian se había preocupado por él-. Como ya te dije, quiero saber todo sobre vos, tu familia y nosotros. Quiero saber la verdad de por qué los vampiros y licántropos lucharon contra los convertidos-.
- Licantropos...- Susurró Mapini. Esa palabra le había dado escalofrios. Lo había hecho recordar a su amigo de la infancia.
- ¿Qué te pasa?- Sebastian se encontraba observando a Mapini fijamente, le había sorprendido el cambio de su rostro, se lo notaba triste.
- Nada- Contestó Mapini, aunque su tono de voz lo delataba.
- Necesito saber sobre vos, sobre todos-
- ¿Y para qué? ¿Qué cambia que sepas las cosas o no?- Mapini se había alterado nuevamente. Sebastian había tocado un tema que lo ponía mal
- ¿Nunca tuvíste tus dudas? ¿No hay cosas que no te cierran en la cabeza y las necesitas saber para poder descansar en paz?- Otra vez lo había hecho desconcertar al joven vampiro.- Quiero saber quién soy, por qué somos así, para qué existimos y por qué nos quieren cazar-
- Pero no necesitas saber nada sobre mí, yo no podría contestarte nada, sé menos que vos y soy un vampiro de sangre pura-
- Entonces ¿No te gustaría saber más? - Sebastian se había sentado en la cama.
- La verdad que nunca me puse a pensar en eso- Mapini seguía con esa expresión de sufrimiento en el rostro y un hoyo en el pecho que le dolía.
- También... Me gustaría saber más de vos- A Sebastian le costó admitir eso. Agachó su mirada para evitar cruzarla con el otro. Mapini se encontraba mirando a un costado, miraba sin ver, se encontraba metido en sus más profundos recuerdos.
- Está bien- Mapini miró fijamente a Sebastian sobre la cama, saliendo de sus recuerdos-. Te voy a contar todo- María se encontraba entrando en la habitación.
- ¿Interrumpo? Es que Leon y yo vamos a salir a hacer unas compras, queríamos saber si necesitaban algo para comprar porque...-
- No, muchas gracias María, ya me iba, no necesito nada, solo alimentarme, de verdad, muchas gracias por tu hospitalidad- Sebastian la había interrumpido, dedicandole una sonrisa forzada. Se puso de pié, pasó por al lado del joven vampiro. Mapini creyó ver que Sebastian le sacaba la lengua al pasar, pero no dijo nada. Sebastian ya no se encontraba en la habitación.
Mapini observaba a María. Se encontraba realmente orgulloso de su amigo Leon. María le parecía una mujer realmente hermosa, inhumanamente hermosa. Llevaba puesto un vestido violeta, el pelo atado por detras, medias largas de color blanco y unas sandalias violetas también. Se encontraba parada en la puerta, dedicandole una gran sonrisa.
-¿Venís?- Le preguntó María. Mapini se la quedó observando, el rostro de la mujer le hacía recordar a un angel.
- Si... Vamos- Contestó el vampiro, caminando hacia la puerta. Pasó lentamente por al lado de María, muy cerca, observandola de cerca, casi rosando sus rostros, hasta salir de la habitación.
Leon ya se encontraba vendado .
- ¿Vos no te pensás limpiar? - Preguntó Sebastian. Un par de prendas volaron por los aires, hasta chocar contra el rostro de Mapini, tomandolo por sorpresa-. Que reacción tan débil- Sebastian se reía. María observaba todo fascinada y Leon hacía caso omiso.
Mapini frunció el entrecejo y apretó sus puños fuertemente, pero no dijo nada. Se quitó la ropa de la cara y prendió rumbo hacia el baño.
Al entrar, se acercó al espejo. Su rostro se llenó de pánico al verse, se encontraba lleno de sangre seca por todo el cuerpo y la ropa. Pensó que si fuese posible, mataría otra vez a Alex.
- Pero todavía queda Sebastian- Dijo mirando fijamente a sus ojos en el espejo. Su rostro tomó un aspecto sombrio, maligno.
Posó su mirada sobre su collar, el brillo que producían los dos anillos que llevaba colgado, le habían llamado la atención.
- Alex está muerto por éste collar- Lo tomó entre sus manos, observandolo fijamente. Lo apretó fuerte, cerrando sus ojos y se vió caminando por una calle oscura que no conocía. Abrió sus ojos nuevamente, asustado-. Pero que...- Miró otra vez el collar- que extraño.-
Se quitó el collar del cuello, lo tomó con ambas manos y lo apretó nuevamente. Respiró profundo y fue cerrando los ojos lentamente.
Se encontraba caminando por una calle oscura y silenciosa, en algún lugar que creía conocer, pero que no recordaba, tal vez si hubiera un poco más de luz lo reconocería. No era completamente de noche, recién estaba oscureciendo, el cielo se veía violáceo.
Se dio cuenta de que él no caminaba, se movía solo. Observaba todo de un lado al otro, pero tampoco controlaba lo que veía, solo era un espectador dentro de la cabeza de alguien.
La calle se encontraba rodeada de unos grandes y húmedos arbustos que tapaban el frente de las casas. Todo se veía húmedo y se sentía frio. Mapini dedujo que era invierno, pero no sabía de que año. Siguió caminando. Podía ver como una capa negra lo envolvia del frio y ladeaba a su alrededor con cada paso acelerado.
Tanto silencio incomodaba al joven vampiro, sentía miedo, era su propio miedo. Miedo al ver lo que sucedería, tenía un mal presentimiento, sabía que sea lo que fuera que estaba viendo, no iba a terminar bien. Y ahí estaba, el primer sonido que lo hizo resaltar. El sonido del disparo de alguna especie de arma de fuego quebró el silencio. Lo sabía, sabía que algo malo iba a suceder, podía presentirlo. Pero ese presentimiento no era de él, sinó de la persona que lo estaba llevando. Aceleró el paso hacia donde se había escuchado el disparo, el corazon se le aceleraba, se encontraba contento. ¿Cóntento por qué? se preguntó Mapini.
Subió a la vereda y siguió un camino entre los arbustos que a simple vista parecía que llevaba a ningún lugar. Refregó sus manos emocionado, sabía lo que hacía, Mapini podía sentir como sabía a dónde iba, pero era un sentimiento ajeno, lo sentía pero no lo entendía. Al final del camino se abría un descampado con una plaza en el medio, y al otro lado se veia un barrio.
Ahora observaba el centro de la plaza, había parado de caminar. Mapini se sorprendió al ver cada vez más cerca el centro de la plaza, como si estuviese usando unos binoculares, y ahí pudo ver, tirado en el suelo, una figura negra, dando vueltas lentamente. El corazón le volvió a saltar de emoción, estaba en lo correcto, eso era lo que sentía. La vista se volvió a acomodar y veía todo lejos otra vez. Caminó hacia el centro del lugar, donde se encontraba la figura negra tirada en el suelo. Observaba de izquierda a derecha y pudo ver como un par de personas salian corriendo a lo lejos, pero no les dio importancia, siguió caminando. A Mapini se le aceleraba el corazón ahora, no sabía con qué se iba a encontrar. Se encontraban a unos pocos pasos, el suspenso era mayor a medida que se iban acercando.
La figura negra, a simple vista, era un hombre sobre el suelo, se encontraba herido y ahogaba el dolor en un llanto. Llevaba una campera de cuero negra y un jean oscuro también. Se encontraba de espaldas y no podía verle el rostro. La tierra se encontraba humeda por debajo de él, era la sangre que estaba perdiendo.
- Andáte- Se escuchó entre sollozos. El hombre caído apenas logró formular eso.
La voz se le hizo conocida a Mapini, pero no la llegó a reconocer del todo.
- ¡Ah! Pobre gatito indefenso ¿Duele? ¿Realmente duele la muerte?- La voz era de un hombre, si, un hombre que Mapini ya había conocido, un hombre al cuál odiaba demasiado y que si podría, volvería a matarlo. Era Alex.
Llevó su mano de piel lechoza hacia su rostro y tapó su boca mientras se reía. Entre carcajada y carcajada, el hombre del suelo se retorcia de dolor.
- El sufrimiento, a veces, es la oportunidad para convertirse en heroe amigo mio- Dijo Alex, arrodillandose sobre el hombre moribundo que no paraba de dar gritos de dolor. Con una mano lo volteó, lo puso boca arriba, dejando su rostro al descubierto. Sus ojos color esmeralda se encontraban bañados en lágrimas, sus finos labios rosas estaban manchados con sangre, y en su pecho llevaba una herida, que la tapaba con su mano. Era Sebastian, se encontraba perdiendo mucha sangre.
Mapini quiso hablar, preguntarle qué pasaba, pero no pudo formular ninguna palabra, se encontraba mudo. La imagen de Sebastian moribundo le dolió en el medio del pecho, le guardaba rencor, pero verlo así le provocó unos sentimientos extraños. Sintió lástima, lo quiso ayudar, pero volvió a hablar Alex.
- Necesitas ayuda, urgente- Volvió a dar una carcajada.
- ¡Andáte! - Gritó Sebastian con gran esfuerzo.- Si querés ayudarme... - Escupió sangre de su boca- llamá una ambulancia.
Sebastian no iba a aguantar tanto tiempo, Alex lo sabía.
- Yo te puedo ayudar, tengo la cura exacta para lo que estás sufriendo- Decía Alex en un tono muy sereno, con su rostro cerca de Sebastian.
- Me duele.
- Lo sé, y te digo algo amigo mio . - Alex se puso de pié, y observó el lugar hacia donde habia visto correr a las dos personas.- Quienes no se quedaron solamente llorando y salieron a luchar contra lo que originó su dolor, modificaron, con esfuerzo, una parte de su mundo.
Sebastian solo escuchaba, la sangre le brotaba por el pecho y la boca, sabía que su momento iba a llegar pero no comprendía que quería decir ese extraño, a qué se refería con esas palabras.
Alex se volvió a agachar, acercandose al rostro de Sebastian, con ambas manos le abrió los ojos y lo obligó a mirarlo fijamente a los suyos. Mapini veía el pánico en los ojos de Sebastian.
- Tus ojos- Pronunció Sebastian en un hilo de voz- ¿Qué sos?-
- Un vampiro, joven amigo- Contestó Alex, sin parar de mirar fijamente a los ojos de su interlocutor.
Sebastian sintió que escuchaba cosas sin sentido, que todo era ocasionado por encontrarse al borde de la muerte. Pensó : ¿Un vampiro dijo? Que graciosa que es la muerte.
- Veo que no voy a necesitar vaciarte de sangre para convertirte, ya lo hicieron por mí- Alex lo seguía fulminando con la mirada-
- ¿Convertirme? ¡No lo hagas!- Sebastian volvió a toser sangre y ahora se encontraba sin fuerzas, los parpados le pesaban, se sentia liviano, como una pluma. Solo quería que ese extraño lo dejara en el suelo tranquilo, no tenía fuerzas nisiquiera para seguir oyendo, lo fatigaba el sonido mismo.
- Los grandes cambios en la humanidad, tuvieron comienzo con un gran sufrimiento, amigo mio. No podes escapar al dolor que te llega, solo le podés dar un sentido y no pienses en el por qué, sinó el para qué- Y dicho eso, Alex pasó su lengua por el rostro de Sebastian, probando su sangre. Mapini pudo sentir el gusto a hierro que provocaba la sangre de Sebastian. Se encontraba con apetito y ese falso sentimiento de placer al beber la sangre de Sebastian, lo volvía loco.- Ahora, dejá que la oscuridad de mi sangre, domine tu cuerpo- Alex mordió su lengua hasta hacerla sangrar. Mapini quiso gritar del dolor. Vio como se iba acercando más y más a Sebastian, hasta introducir la lengua dentro de su boca. Sintió como el joven moribundo comenzaba a succionar el cálido líquido rojizo, como la fuerza se escapaba de su cuerpo por medio de la sangre y lo llenaba de ellas a Sebastian.
Con todas sus fuerzas, Alex se separó de los brazos de su compañero, poniendose en pié, observandolo dar vueltas en el suelo, apretando su pecho, maldiciendo, terminando de morir.
Mapini observaba la escena aterrorizado. Era la primera vez que veía como una persona se transformaba en vampiro. Recordó otra vez a su difunto amigo de la infacia, el licántropo.
Recordó como quiso traspasarle su sangre para salvarlo, como mezcló inconcientemente la sangre de un vampiro con la sangre de un hombre lobo, como le afectó ésto a su amigo, provocandole la muerte, creyendo en que iba a terminar siendo un convertido, pero no, no fue así, tampoco fue completamente su culpa, él no sabía que su amigo era un licántropo y su amigo tampoco sabía que él era un vampiro. Eso lo atormentaba, realmente le comía la cabeza.
Sebastian se había tranquilizado, pero ya no respiraba, se encontraba muerto. Tenía su rostro pálido y su cuerpo tenzo, acostado boca arriba, como un difunto.
- Ahora levantáte y viví tu nueva vida- Dijo Alex, invitándolo a levantarse con un ademán de manos.
Sebastian se puso de pié, con sus ojos bien abiertos, se lo notaba sorprendido, no hizo esfuerzo para levantarse, se encontraba lleno de vitalidad.
- ¿Qué me hicíste?- Preguntó Sebastian, sorprendido.
- Ya va a haber tiempo para todas esas cosas, ahora vayamos a lo divertido- Alex volvió a girar su vista hacia donde se habían escapado los dos hombres que habían atacado al recién convertido. -Acabas de ser mordído por un vampiro, felicitaciones- Dijo Alex graciosamente, como si hubiera ganado alguna clase de premio. Lo último que vio Mapini de ese recuerdo, fue a Sebastian corriendo a una gran velocidad a su lado, llendo a cazar a los dos hombres que lo habían atacado.

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