viernes, 3 de septiembre de 2010

- Modern Vampire - [ Capitulo XX- La Saga del Hombre Lobo-]

Jenny caminaba sola, tarareando una canción que se le había vuelto pegajoza. Le sonreía a todos los hombres que le gritaban al pasar con los autos, y otros le tocaban bocina.
Se encontraba tranquila, caminando por los bordes de los bosques de Palermo, aunque a esa hora era realmente tenebroso.
Era conciente de que ese lugar tenía mala fama por los sexópatas y malvivientes sueltos, pero no le importaba, realmente no le hacía caso a los comentarios de amigos y menos de sus padres que siempre intentaban aterrarla con macabras historias que paralizarían a cualquiera con la primer sombra que viese cerca o con algún extraño sonido, pero ella seguía como si nada, sabía que era una adulta responsable y que podía cuidar de sí misma.
Se sintió algo incómoda al ver varios hombres corriendo entre los grandes árboles, que crujían por el leve viento de la noche. Se acomodó un poco el pañuelo que llevaba sobre la garganta porque sabía que si el frio la impactaba, al otro día amanecería sin voz.
Comenzó a caminar un poco más rápido, y no porque se hubiera aterrado, sinó porque no era tonta.
Podía percibir - como cualquier persona- que algo la observaba, haciéndole erizar los cabellos de la nuca. Sentía que la miraban intensamente, como penetrando en su mente... como si la llamaran.
Pensó que era algo extraño, porque siempre era conciente de cuando algún hombre - o varias veces mujeres- le clavaban la mirada. No por nada Dios - o sus padres - la había dotado con tal belleza (Por supuesto que ella se había "lookeado" para verse mucho mejor)
Llevaba su cabello enrulado de color negro azabache, la piel bien blanca que con un poco de frío le hacía sonrojar la nariz y sus cachetes tomaban un color sonrozado.
Delineaba sus ojos para resaltar el verde apagado de su mirada. Sus grandes labios se ensanchaban al sonreir, dejando una cálida y hermosa sonrisa.
En su nariz llevaba un piercing, de esos modernos con una piedrita muy pequeña de color violeta que no dejaba de brillar a causa de las luces que solo una ciudad podría brindar a tal hora de la noche.
Lo que más admiraban los hombres de ella, era lo balanceado de su cuerpo. "Ni muy muy, ni tan tan" le habían dicho varias veces intentando alagarla. Siempre los atontecía con su sincera sonrisa en esos momentos, pero ahora de que le servían sus encantos si nisiquiera sabía lo que sucedía.
Pensó en cruzar la avenida, pero el semáforo a esas horas no se respetaba y si lo hacía apresuradamente, corría un alto riesgo.
Intentaba tranquilizarse pensando en que solo era una paranóia, pero su corazon se aceleró al escuchar unos aullidos... como de lobos.
- ¿De lobos? - Pensó, pero sonrió al momento en el que reaccionó. En los bosques de Palermo no habían más que perros y gatos callejeros, pájaros y muchas ratas, de seguro que el sonido provenía del zoológico. Desde pequeña que no lo visitaba y tal vez ahora habían lobos ¿Y esos chicos corriendo? Observó bien... el sonido había provenido de esa dirección... ¡Y el zoo quedaba en dirección contraria! ¿Estarían bien? ¿Y si se cruzaron con los lobos? O peor aún... ¡Los lobos los perseguían! Aunque pensandolo bien, eso último no era posible, porque no había visto a los animales por detrás.
Bien, Jenny volvió a sonreir al darse cuenta de que llevaba su telefono móvil apretadísimo en la mano, esperando algo que rompiera el orden nocturno, haciéndola entrar en alerta y así llamar a la policia, o tal vez una ambulancia para esos chicos por si se encontraban lastimados.
Jenny era demasiado intuitiva, siendo conciente de eso, nunca iba a dar un paso en falso, siempre intentando llevar los hilos de su mundo, y así lo era, por algo había llegado a ser la más popular, poco creída y muy querida en la escuela secundaria. También así logró tener toda la confianza de sus padres, aunque pobres... si supieran lo que eran realmente sus salidas "a la casa de una amiga" o los "Pijama Party"
Noches y noches en el Antro, si, su lugar favorito, y no se le podía preguntar el por qué, porque ni ella lo sabía, pero había algo, si... había algo que la hacía volver una y otra vez, como si fuera mágia. Esos vagos recuerdos en los cuáles luego de matarse en un mar de besos en el cuello... ¡Ah! Luego seguía el momento en el cuál perdía la conciencia, y cuando despertaba se encontraba realmente relajada, algo mareada también, aunque sabía que eso era por no alimentarse bien al salir de su casa a la noche, utilizando la excusa de: "Mamá, voy a comer en lo de Judith"
- Jenny - Escuchó que la llamaron. Era la voz de un hombre, pero sonaba en el interior de su cabeza. como un eco, algo demasiado extraño.
Siguió caminando, sin darle importancia, pensando en que le había parecído escuchar eso, pero en ese instante se sintió atraída mentalmente hacia el interior de los bosques. Caminó para encontrarse con -esa persona- que no sabía dónde estaba, ni siquiera quién era, pero algo en su interior - pecho y cabeza- le decía que siga adelante, aunque le pareciera una locura.
La curiosidad la estaba matando, y ella más que nadie sabía que la curiosidad mata al gato.
Se encontraba en un túnel, por el cuál pasaba un tren por arriba. Todo estaba muy oscuro a causa de los árboles que tapaban las luces de neón más cercanas, pero igual se podían ver las antiguas paredes de ladrillos a la vista muy desgastados y cubiertos por musgo, y el olor a humedad no era muy agradable.
Observó hacia todos lados y se dio cuenta que se encontraba en un lugar muy oculto, hasta para el día, lugar en el cuál los rayos solares hacía años, o tal vez nunca habían logrado penetrar. Lo que más le extrañaba, era la carencia de olor a orina que solía haber en esos lugares apartados, realmente le hacía pensar que ningúna persona había circulado por aquél túnel en un largo período de tiempo.
Se le erizaron los cabellos de la nuca al sentir que algo la observaba desde el otro extremo, aunque dudó mucho en si había una salida al otro lado del túnel, porque no se llegaba a ver nada.
Pensó en voltearse y salir corriendo hacia un lugar más transitado, como el costado de la avenida, porque haber ido a ese lugar, había sido totalmente absurdo, era como la gran boca del lobo.
Blanqueó los ojos y se dirigió de nuevo hacia la avenida, pero se paralizó al oir dentro de su cabeza, aquella voz extraña, pero sensual de un hombre.
- No te vayas- Le dijo en ésta ocasión.
Bien, ésto no le hacía mucha gracia. Escuchar voces a esas horar de la noche... ¡Y sin haber bebido! ¡Qué patético! Estaba acostumbrada a las extrañas voces que la llamaban, pero siempre le sucedía en el Antro, luego de haber bebido Tequila como una degenerada y estar al borde de la pérdida de conciencia.
Con todas sus fuerzas logró dar el primer paso, pero para su asombro, escuchó un par de pasos por detrás. Volteó la cabeza por instinto y curiosidad, quedando prácticamente sin aliento al ver dos esbeltas figuras salir de la oscuridad, uno de cabello oscuro y el otro de cabello rubio y rizado, ambos con los rostros llamativamente pálidos.
Jenny se ruborizó de la verguenza, al pensar que había interrumpido el momento de intimidad, y que la voz sensual que le hablaba en su cabeza, no era imaginación, sinó alguno de esos dos hombres y ella lo había malinterpretado, creyendo escuchar su nombre.
Agachó la cabeza y nuevamente volteó para retirarse, pero en una milésima de segundo, con un leve silbido y una ráfaga de viento, los dos hombres se colocaron a ambos lados de Jenny, muy cerca, como si desearan devorarla, olfateándola como perros pero más sutílmente, acariciándole suavemente el cabello, la garganta.
El rubio la miró fijamente a los ojos...
-¡Que hermoso color!- Pensó Jenny. El violeta era su color preferido y ese hombre era una rareza andante, con un par de ojos vidriosos, pero algo apagados de color violeta rojizo, pero en ese instante, el joven de cabello oscuro (Y el que aparentaba menos edad) se puso en medio, mirando a su acompañante y negando con la cabeza. El rubio asintió y volvió a olfatear a Jenny, mientras ella se mordía los labios y apretaba su teléfono movil fuertemente sin saber que hacer. Tal vez podría llamar a la policía apenas se distrajeran.
- Mierda - Dijo el hombre de cabello rubio y rizado, ojos violetas y piel pálida y gélida.
El aullido de lobo se había vuelto a oir, pero ahora se encontraba mucho más cerca. Eso a Jenny la incomodaba un poco. No sabía que era mejor : Si morir en manos de dos acosadores o ser comida por un lobo suelto.
- Sebastian - Volvió a hablar el rubio - Encargáte de ella - Y al decir eso, desapareció en un abrir y cerrar de ojos, o eso le pareció a Jenny, que sabía que se encontraba shockeada e imaginaba cosas.
El muchacho observaba el suelo, con la mirada algo perdída, como si estuviera pensando. Jenny temblaba, pero no de miedo, sinó de rábia por no poder hacer nada, aunque el acosador se veía bastante flacucho y fácil de derribar. Pensó en empujarlo y salir corriendo, mientras llamaba a la policia y les advertía del lobo y el ataque - o lo que haya sido - que acababa de sufrir por ambos hombres.
- A la cuenta de tres - Pensó, llenándose de coraje mental, respirando profundamente y esperando que la calma desapareciera y la domine la adrenalina. Inhaló profundamente provocando un sonido con la nariz, llamándole la atención a Sebastian que ahora la observaba como si la estuviese analizando, pero con un aire distraido, preocupado. Esa mirada de desconcierto, llenó de energias el cuerpo de Jenny, haciéndola sentir segura... confiándoce demasiado, estirando sus brazos y embisiento a Sebastian lo más rápido y fuerte que un humano podría, junto a toda la adrenalina y presión del momento.
El golpe fue duro, como si hubiese embestido una roca en vez del pecho de aquél joven. Sabía que se había hecho daño en las manos, porque le dolían, pero sonrió al ver - para ella en cámara lenta- como Sebastian se alejaba más y más por el empujon que había recibido, pero era extraño, el pálido joven de cabello oscuro, seguía parado en el lugar, todavía mirándola desconcertadamente, cuando en realidad lo que se alejaba, era ella, volando por el reflejo del golpe que le había dado, cayendo sentada sobre el suelo, ahogando su dolor en la garganta, evitando gritar y observar al morocho.
Sebastian cerró los ojos y negó con la cabeza. Sus facciones se curvaron hasta formar una especie de sonrisa muy camuflada. Jenny no encontraba la gracia, porque le había dolido demasiado el golpe y la caida. Él ahora la observaba, comenzando a acercarse, pero Jenny intentó arrastrarse hacia atrás con las manos mientras permanecía sentada, pero el dolor en ambas muñecas la venció e hizo que cayera a un lado, aunque no llegó a chocar el resto de su cuerpo contra el suelo, porque ya se encontraba a un metro de altura, sobre los brazos de Sebastian, y ella nuevamente intentaba evitarle la mirada.
A ella le temblaba la mandíbula y los pómulos, todavía llena de rábia. ¿Tan débil era como para no poder derribar a ese flacucho? Qué impotente se sentía ¡Y qué tonta había quedado! Llevaba sus brazos cruzados sobre el pecho y se mordía la lengua.
Con la vista temblorosa, siguió el rostro de Sebastian: Su pálido cuello, la pera, los labios rosas, su fina nariz, y sus ojos color verde esmeralda, aunque ella notó que eran falsos. Sebastian llevaba puesto lentes de contacto, qué triste le había resultado, casi suelta una carcajada, aunque la disimuló y sonó como si hubiera tosído. Sin darse cuenta, ya no se encontraba respirando el olor a humedad, sinó que ahora por sus fosas nasales, viajaba el aroma a menta, super refrescante del perfume de Sebastian, haciéndo juego con su gélida piel, que en cuanto no usara un par de guantes, iba a congelar la espalda y las piernas de Jenny, aunque no hiciera tanto frío.
- ¿Qué me vas a hacer? - Preguntó Jenny respirando disimuladamente el perfume de Sebastian. Él no le contestó, solo la observaba fijamente, como apenado.- ¿Podés bajarme al menos? - Seguía sin contestar, aunque ahora sus ojos brillaban extrañamente. - ¡Hey! ¿Me estás escuchando?- Jenny blanqueó sus ojos, estaba perdiendo la paciencia. Los ojos de Sebastian se encontraban vidriosos, cargados de lágrimas, haciéndole correr un poco los lentes de contacto y enseñando su verdadero color : Violeta azulado.
- Perdonáme - Al fin habló Él, y para sorpresa de Jenny, Él era el que había escuchado hablar en su cabeza o eso había creído.
- ¿Perdonarte por qué? - Preguntó ella. Apenas pudo terminar la pregunta, que dio un grito con todas sus fuerzas, mientras varias lágrimas se escapaban de los ojos de Sebastian al clavar los colmillos en su frágil garganta.
Cada sorbo era como un castigo, lleno de amargura. Sebastian la deseaba desde hacía un año, pero ya no se podía resistir, la tentación era mucho más fuerte que su autocontrol, además si no lo hacía él, al final la iba a terminar matando Alex, ya que siempre se la cruzaban en el Antro, pero Sebastian hacía malabares para evitar atacarla, porque en ella había algo que lo atraía, y no era su belleza, sinó su valentía, sus ganas de vivir la vida al límite- aunque el fisico también contaba, claro- Pero había algo más, y eso a Sebastian lo volvía loco, pero ahora la tenía entre sus brazos, acabando con su vida sorbo a sorbo.
Aunque quisiera frenar, no podía, realmente nunca lo había logrado, la sed de sangre era mucho más fuerte, pero le dolía, si... le dolía acabar con aquella vida que tanto adoraba.
Le parecía absurdo haberse enamorado de una humana, pero sabía que si no fuese un vampiro, intentaría enamorarla y no devorarla como se contraba haciendolo.
Los gritos habían cesado, pero las lágrimas no.
Sebastian ahora lloraba, no solo por estar a punto de acabar con la vida de un ser que amaba, sinó porque nunca más iba a poder estar con una persona a la cuál amase, sin los deseos de beber su sangre, tampoco tener hijos, y eso le destrozaba el interior, su alma, o lo que quedara de ella.
Intentó soltarla al escuchar varios pasos cerca, pero nuevamente no pudo, hasta que lo golpearon por detrás, haciéndolo volar varios metros y soltando a la fuerza a su amada que cayó en los brazo de un joven corpulento, de cabello negro enmarañado, cachetes rosas y ojos pardos.
- Zemial, hay que llevarla con Rucalaf - Le dijo una mujer que medía alrededor del metro noventa, cabello platinado, largo hasta la cintura, piel cobriza y ojos grisaceos, vestida toda de jean oscuro, como todos los demás, pero lo que más le había llamado la atención a Jenny, antes de perder la conciencia, eran sus dientes y las uñas, al igual que los otros cuatro que la acompalaban. Tenían los dientes muy grandes y puntiagudos, y las uñas largas y afiladas.- Acañir, Millañir, encargencen del de afuera- Ahora se dirigía a los otros dos jovenes gemelos, que no eran tan adultos como ella, pero tampoco tan jovenes como el muchacho que tenía en brazos a Jenny.
- Ayiñir ¿Estás segura? - Le preguntó Zemial, acomodando bien entre sus fuertes brazos al débil cuerpo de Jenny.
La mujer de cabello platinado y ojos grisaceos no le contestó, pero le dedicó una mueca de desapruebo.
Sebastian se encontraba parado bajo la oscuridad, observando a su amada en otros brazos, e intentando analizar la situación.
De afuera del túnel, se escuchó el alarido de dos personas, llamándole la atención a Ayiñir.
Sebastian quiso aprovechar la situación para quitar a su amada de los brazos de Zemial, pero él, ágilmente dio un corto salto hacia atrás, cayendo sobre un pié, y con el otro embistiendole una patada en el pecho al vampiro que otra vez volvió a volar varios metros, pero antes de caer, Ayiñir lo atrapó en el aire, estampándolo contra el suelo y enseñándole su gran mandíbula, aunque tuvo que correrse hacia atrás, dejándolo libre a Sebastian porque uno de sus compañeros pasó volando -aparentemente por un golpe- muy cerca de ella, y el otro voló contra Zemial que logró atraparlo sin soltar ni un segundo a Jenny.
- Veo que Mellodie no se equivocó al decir que la sangre de vampiro todavía recorre tu organismo, y cada día te hace más fuerte- Dijo Ayiñir, acomodándose el cabello.
Zemial le sonrió como un tonto por el cumplido, pero ella lo miraba inexpresivamente.
- Sebastian, vamosno.- Se oyó que gritaron desde afuera.
El vampiro de cabello oscuro dudó por un segundo en si debía obedecer a su creador o tomar nuevamente a Jenny, pero agachó la cabeza, apretó los puños y no dijo nada, porque sabía que ella estaba mejor sin él, y milagrosamente ese extraño grupo le habían salvado la vida, ahora el karma no le pesaría, pero igual se las iban a pagar, por interrumpir en su momento de amor con su humana, Jenny.
Zemial gruñó entre dientes mientras el tren pasaba sobre el túnel, pero no podía hacer nada, tenía ambos brazos ocupados. Ayañir se quedó inmóvil, porque el otro que había volado cerca de ella, se encontraba inconciente sobre el suelo y no podía hacer nada ella sola, teniendo un vampiro acechando por detrás y el otro observándola por delante.
Sebastian obedeció a Alex, que lo esperaba en el exterior. Caminó lentamente dedicándole una mirada de odio a Zemial, ambos mostrándose los dientes. Ayañir apretaba los puños, maldiciendo por dentro, y Jenny perdía el conocimiento, sin entender nada.


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