miércoles, 15 de septiembre de 2010

- Modern Vampire - [ Capitulo XXII- Paul's - ]



Lo único que le había dicho, era que se liberara, nada más.
El pequeño vampiro se encontraba descontrolado, Mapini se preguntaba que había hecho, en qué lo había convertido. Su primer impresión había sido totalmente distinta a lo que ahora le enseñaban sus ojos, empezando desde la vestimenta hasta su corte de cabello. El solo hecho de tenerlo enfrente, le provocaba rabia, deseaba saltarle al cuello y desangrarlo hasta la muerte; no soportaba su presencia, le parecía chocante. Su mirada con grandeza y sus expresiones soberbias lo ponían loco, pero lograba contenerse, sabía que era su culpa, pero no podía hacer nada para remediarlo.
- ¿Qué te pasó?- Le preguntó Mapini, con un tono preocupado, observándolo.
- Nada- Contestó el vampiro Paul’s, acomodando su campera de Jean, gesto que hizo que Mapini quisiera golpearlo con más ganas.- ¿Por qué lo preguntas?- Su rostro había cambiado de misterioso a soberbio. Mapini no contestó nada, no podía creer lo que veía. Ese joven que tenía frente a sus ojos, no era su Paul’s, el Paul’s joven e inocente que había conocido meses atrás.


-Cinco Meses Atrás –


- Hijo, él es Paul’s- Gabriel leía el pensamiento de los dos jóvenes vampiros al presentarlos, llevaba una gran sonrisa en su rostro.- Espero que sean buenos amigos.- Dio una leve carcajada, observó a su hijo y se marchó.
Mapini y Paul’s se observaron por un instante. Gabriel había sonreído al escuchar el pensamiento de los dos.
- Un vampiro de ciudad- Pensaba el más joven asombrado.
Los pensamientos de Mapini habían sido confusos, él no había dicho nada, tan solo había creado imágenes en su cabeza de un futuro no tan lejano, con Paul’s a su lado, recorriendo toda la Argentina.
- Mucho gusto- Dijo Paul’s, estirando su brazo hacia el otro vampiro, para estrecharle la mano, con una gran sonrisa en su rostro.
Mapini pudo sentir como Paul’s lo admiraba. El sentimiento era muy grande e inquietante. Ambos estrecharon las manos, pero Mapini no dijo nada, solo observaba y le dedicaba una leve sonrisa.

Los días transcurrieron y se fueron conociendo más y más, hasta entablar una gran amistad. Salían todas las tardes en la camioneta de Gabriel, recorriendo varios sitios y marcando sus lugares de cacería. Frecuentaban un bar, a pocas cuadras de la casa de Paul’s, frente al parque 9 de Julio. Bebían alcohol como cualquier adolescente, para verse como humanos y así sentir los efectos de ebriedad que tanto les agradaba.
Al salir del bar, se trasladaban al lugar más céntrico para alimentarse. Era un juego, así lo veían ellos. Lograban olvidarse de sus vidas, de los cientos de problemas que los atormentaban. Mapini le contó en varios días, la historia de su vida y así fue olvidándose de la pérdida de su amigo; en Paul’s veía el hermano menor que siempre deseó y Paul’s en él veía exactamente lo mismo, un hermano mayor, al cuál seguir, aprender e idolatrar.
El tiempo seguía transcurriendo. Un mes.
Mapini tenía que volver a la gran ciudad, a seguir su vida.
Esa noche, se habían quedado bebiendo en el bar hasta tarde, se encontraban saciados de sangre, no hacía falta salir a cazar de nuevo. Los padres de Paul’s habían pedido que regresaran temprano.
- Son las tres de la mañana- Decía Mapini, con su teléfono móvil en mano. Paul’s sonrió.- Vamos porque nos van a matar ¡Mirá en el estado que estás!
Los dos dieron una fuerte carcajada y varias personas que se encontraban en el lugar, voltearon para verlos.
- Mis viejos se llegan a enterar que tomamos tanto, y no me van a dejar salir más con vos- Y tomó el último trago de ron.
Ayudándose con la mesa, Mapini se puso de pié, haciéndole señas a su amigo para que haga lo mismo. Dejó en la mesa varios billetes y salió a la calle, seguido por Paul’s. Apuntó con las llaves al vehículo estacionado y desactivó la alarma.
- Demos un par de vueltas por acá un rato más - Dijo Paul’s forzando una sonrisa. Mapini sintió el mismo dolor que Paul’s, pero no era un dolor físico, algo estaba atormentándolo, haciéndolo sentir mal.
- ¿Estás bien?- Le preguntó Mapini con un tono que denotaba preocupación.
Paul’s asintió con la cabeza y subió a la camioneta en el lugar del acompañante.- La policía nos llega a parar y estamos muertos-
- Pero ¿No lo estamos ya?- Preguntó Paul’s en un tono burlón.
- No, no lo estamos, pero cuando te vean llegar en ese estado, tus papás nos matan- Los dos rieron.
Mapini miraba hacia el frente, por donde manejaba. Paul’s llevaba su cabeza a un lado, apoyado sobre la puerta, mirando por la ventanilla hacia el parque en la noche, empañando el vidrio con cada suspiro. De vez en cuando se veía una pareja que salía a caminar o autos estacionados. Vagabundos recolectando basura y perros sueltos corriendo. Ninguno de los dos decía nada, solo se escuchaba la música de fondo que sonaba desde el estéreo.
- Se que te vas mañana.- Dijo Paul’s en un tono que irradiaba furia y tristeza, quebrando el silencio de los dos.- Escuché a tu papá hablando sobre el tema-
Mapini no sabía que decir, siguió manejando, ahora se dirigía a la casa de Paul’s para dejarlo. En su garganta se había creado un nudo a causa de la culpa que lo dominaba. Se encontraban cerca, a un par de cuadras, pero se le hicieron eternamente interminables. Al llegar apagó la camioneta y quitó las llaves, jugaba con ellas entre sus manos, no sabía que decir, solo esperaba que Paul’s se despidiera normalmente y descendiera, sin preguntarle nada. Se encontraba nervioso. El silencio ahora dominaba el ambiente.
- ¿Cuándo pensabas contármelo?- Preguntó Paul’s todavía mirando por la ventanilla.
- ¿Contarte qué?- Preguntó Mapini. La culpabilidad lo estaba matando, en el tiempo que llevaban juntos, se había enterado que Paul’s no tenía amigos, que sus padres no lo dejaban salir más que al colegio, tampoco podía sociabilizar con humanos. Era una persona triste y solitaria.
Dejó la llave sobre sus piernas y posó las manos sobre el volante, observando por el parabrisas, mirando sin mirar. Pasaron varios minutos hasta que Paul’s volvió a hablar.
- No te vayas Porteño- Así solía llamar Paul’s a Mapini- Sos lo único que tengo- Mapini deseaba que dejara de hablar y se marchara. Odiaba el sentimiento de culpabilidad que le producía su amigo.
- Eso tiene que cambiar- Dijo Mapini, aclarando su voz- Tenés que salir, liberarte de tus viejos, tenés dieciséis años, disfrutá tu vida, tu adolescencia.- Y al decir eso, lo miró fijamente.
- Pero…- Paul’s ahora lo observaba también- Vos sabes como son, solo puedo salir con vos y me encanta… Sos todo para mí- Sus ojos se habían llenado de lágrimas. Mapini frunció los labios y se pellizcó la pierna para soportar el momento – Por favor, no te vayas.- Paul’s se lo quedó mirando con la cara bañada en lágrimas. Mapini quería salir corriendo, le partía el alma ver a su amigo así.
- Está bien.- Mintió Mapini. – Prometo quedarme.-
Paul’s saltó a sus brazos, sellando el momento con un gran beso, expresándole todos sus sentimientos al mayor.
- Quedáte ésta noche conmigo – Invitó Paul’s a Mapini.- Les decímos que bebiste demasiado alcohol y que es peligroso que manejes en ese estado.-
Mapini lo dudó varias veces. Su avión partía al medio día hacia Buenos Aires, además los padres de Paul’s no iban a creer la historia del alcohol ya que a los vampiros no les hace perder el equilibrio ni los reflejos y pueden conducir tranquilamente, pero el rostro de Paul’s… se veía tiernamente feliz, no podía romperle el corazón en esos momentos. Se quedaría con él, hablarían toda la noche hasta que el más joven se durmiera y luego se marcharía.
Paul’s se encontraba fuera del vehículo, haciéndole señas a Mapini para que lo acompañara. Bajó, cerró con llave y colocó la alarma. Caminó hacia la entrada de la casa y dio un gran suspiro. El padre de Paul’s abrió la puerta, había oído el ruido de los portazos al cerrar la camioneta y se levantó para ver quién era.
- Se queda en casa- Informó Paul’s, entrando sin saludar, pasando directamente hacia su habitación.
- Buenas noches- Dijo Mapini cordialmente al entrar. El padre de Paul’s asintió con la cabeza y cerró la puerta por detrás al pasar.
Se dirigieron a la habitación decorada con láminas de soldados y películas de guerra. A un costado se encontraba la cama de Paul’s, toda desordenada, con muchos almohadones encima. Paul’s sonrió y se acostó boca arriba con sus brazos estirados. Mapini se quitó su saco de vestir y lo colocó sobre un mueble que tenía una lámpara sin funcionar. Seguía nervioso.
- ¿Vas a dormir?- Pregunto Mapini observando a Paul’s.
- ¿Vos tenés sueño?
-Estoy cansado, pero estoy bien.
- Recostate, hay espacio para los dos- Dijo Paul’s, golpeando el espacio libre que tenía a su lado. Mapini se acostó, se puso de costado observando a Paul’s muy cerca. Lo veía muy inocente y puro. Se puso a pensar en todo lo vivído juntos y lo mucho que había llegado a apreciarlo. Le encantaba pasar tiempo con él, Paul’s lo llenaba completamente de alegría.
Hablaron toda la noche de temas vividos y no paraban de reírse. Jugueteaban el uno con el otro tocando sus cabellos y seguían riendo.
La culpabilidad asaltaba a Mapini en todo momento, no entendía cuando había pasado a ser una persona tan importante para Paul’s. Le dolía saber que Paul’s iba a estar solo otra vez por mucho tiempo luego de que partiera, pero se consolaba pensando que se iban a volver a ver e iba a tener la oportunidad de disculparse por haberlo hecho y todo sería como antes.
Las manos de Paul’s acariciaban el rostro y los cabellos de Mapini. Sus ojos brillaban de felicidad. La noche pasó a ser día y Paul’s cayó dormido en los brazos del más grande. Se veía igual que un bebé. Mapini se sentía cómodo, muy cómodo. Cerró sus ojos y seguía pensando. Recordó a su amigo de la infancia y del tiempo que pasaron juntos, las veces que se habían quedado dormidos luego de amanecerse hablando noches enteras. Sonrió.
Cuando Mapini despertó, se dio cuenta de que el sol ya se encontraba en lo más alto. Había escuchado la puerta de entrada y a su padre hablando. Vio a Paul’s acurrucado a su lado durmiendo tranquilamente. Observó la hora y se levantó sobresaltado, su avión salía en una hora. Caminó hacia la entrada de la casa, ahí se encontraba su padre y el padre de Paul’s hablando. Los dos lo saludaron al verlo y siguieron hablando.
- Buenos, saludá y vamos- Dijo Gabriel, saliendo al exterior de la casa.
Mapini le estrechó la mano al vampiro de cabello colorado y quiso pedirle que le de saludos de su parte a Paul’s, pero no pudo formular palabra alguna.
Caminó hacia la camioneta de Gabriel. El sol lo enceguecía, estaba radiante. Colocó las llaves en el auto y sintió su presencia.
- Porteño ¿Ya te vas?- Preguntó Paul’s, refregando sus ojos como lo hacían los nenes chiquitos.
- Si, ya me voy.- Contestó Mapini, mordiendo sus labios. Verlo parado en la puerta le partió el corazón. Paul’s se acercó lentamente. Mapini lo observaba.
- Te voy a extrañar.- Dijo Paul’s con mucha tristeza en el tono de voz. Lo abrazó fuertemente, como si quisiera pegarse y jamás soltarlo.
Los padres los observaban.
- Vamos- Dijo Gabriel desde la camioneta, tocando bocina.
Mapini se separó tiernamente para que de una vez lo soltara. Paul’s sentía mucho aprecio por Mapini en ese momento, y a la vez la tristeza lo dominaba. Metió su mano en el bolsillo y sacó un pequeño osito de peluche con una P grabada en el centro de la remera que lo cubría y se lo dio a Mapini.
- Para que nunca te olvides de mí- Susurró Paul’s. Dio media vuelta y entró en su casa, perdiéndose de vista.
Mapini apretaba el oso fuertemente, observándolo. Quería entrar en la casa y expresarle todo su amor también, pero sabía que si lo hacía, iba a destrozar mucho más el corazón del más joven.
- Nunca te voy a olvidar.- Pensó el vampiro con el oso en su mano. Observó a Gabriel que se encontraba oyendo sus pensamientos. Se dedicaron una sonrisa y subió a la camioneta, dejando atrás toda su historia con Paul’s.

Y ahí estaban ellos, luego de cinco meses sin saber nada el uno del otro, observándose como si fuese la primera vez que se veían, como si no se conocieran, como si sus vidas hubieran dado un gran giro inesperado y empezara todo otra vez.
Paul’s se encontraba rodeado por dos jóvenes muy atractivas, una de ojos color miel y la otra grisáceos. Las dos llevaban el mismo vestido color rojo sangre muy ajustado al cuerpo, marcando sus curvilíneas. La piel de las jóvenes era un color muy común del lugar, bronceadas, color trigueño. El cabello lo llevaban muy largo, hasta la cintura, pero una lo tenía de color negro y la otra bien rojizo con rulos; dos ejemplares de hermosas humanas. A Mapini la de cabello oscuro, le hacía recordar a Tamarah por su expresión de aire soñador.
Paul’s se veía reluciente también, el cabello bien oscuro, peinado hacia un costado perfectamente, sus pómulos estaban bien marcados, era diez o veinte centímetros más alto que antes y su cuerpo había crecido aún más. Se podía notar que había trabajado mucho tiempo con su físico. Ya no se veía más como un joven tierno e inocente. En sus expresiones, se denotaban sus experiencias de vida, la madurez conseguida.
Su piel cobriza seguía intacta, como todos los vampiros, ni una arruga, ni un rasguño, exactamente como lo recordaba, plenamente hermoso, pero eso incomodaba a Mapini, su repentino cambio. Cinco meses le parecía muy poco tiempo para tal cambio. Seguía sin poder entenderlo. Se preguntaba dónde había quedado su inocencia. Su antiguo amigo.
- Veo que no cambiaste en nada - Decía Paul’s sonriendo, pero no era una sonrisa agradable, sino todo lo contrario, desagradaba en todo sus aspectos. Su aire de superioridad era lo que más le molestaba. Las dos mujeres se encontraban muy cerca de él, sonriendo y haciendo caras simpáticas a Mapini, pero las ignoraba.
- Y veo que a vos, se te subieron los humos a la cabeza- Dijo Mapini. A Paul’s no le había hecho mucha gracia, pero igual le dedicó una sonrisa que más parecía una mueca de desagrado.
- Tanto tiempo sin verte, amigo- Exclamó Paul’s, estirando ambos brazos hacia Mapini para saludarlo, lo rodeó por los hombros y lo soltó de inmediato. Mapini no pudo sentir ni un poco de cariño por ambas partes, el aire estaba cargado de falsedad.
- Veo que tenés eso todavía- Paul’s observaba el llavero que colgaba del cinturón de Mapini, donde estaba el oso que le había regalado tiempo atrás.
Mapini asintió con la cabeza. Pudo percibir la rabia que dominaba a Paul’s al ver tal recuerdo- ¿Cómo va la vida en la gran ciudad? ¿Llena de emociones?- Paul’s no esperaba respuesta, solo se había burlado.-Me enteré que te vas a quedar a vivir un largo tiempo por éstos lugares.- Lo fulminaba con la mirada- La ciudad es muy pequeña para los dos… Claro, hablo por el tema de la cacería.- Mapini lo observaba fijamente, confundido. ¿Paul’s estaba marcando su territorio?- Nos es por nada, viejo amigo- Decía, subrayando la última palabra- pero voy a tener que pedirte que te limites a cazar por acá, que vayas bien lejos.- Otra vez volvió a subrayar la última palabra.- Lo sabes, como te dije, no es por nada, simplemente precaución, para evitar sospechas y esas cosas.
-Quedáte tranquilo, lo voy a hacer.
- Espero que así sea, aunque ya no puedo confiar en tu palabra, la última vez…- y no terminó la oración, evadiendo el tema- ¿Estás hambriento?- Preguntó, acercándole las dos jóvenes humanas como aperitivo.
- No.- Mintió Mapini, ladeando su cabeza- Paul’s, son humanas ¿Qué estás haciendo? Acaban de escuchar todo lo que hablamos.
- No te preocupes, están bajo el hechizo de mis ojos, y sí… podes confiar en mi palabra.- Esa última frase, había quebrado a Mapini en mil pedazos.
- Ya veo, aprendiste a usar bien todos tus dones.
- Y los que te faltan ver, amigo… los que te faltan ver.- Mapini odiaba que Paul’s lo llamara –Amigo- con tanta falsedad. Podía notar lo cambiado que se encontraba, pero no había aprendido a mentirle, además no conocía todos los secretos de Mapini, no sabía que podía percibir los sentimientos de los demás, y agradecía haberse salteado gran detalle cuando eran verdaderos amigos. La familia de Paul's no podía percibir los sentimientos ajenos, se limitaban a cazar oyendo los latídos de los corazones de las personas, un linaje debil, simples soldados.
- Otra cosa que pude notar- Agregó Paul’s- es la poca importancia que me dedicas.
- ¿A qué te referís?- Preguntó Mapini sin entender.
- Hoy- Dijo Paul’s, juntando sus manos- es mi noche.
- ¿Tu noche?- Mapini cada vez entendía menos.
- Exacto, mi cumpleaños- El nudo había vuelto a aparecer en la garganta de Mapini a causa de la culpabilidad ¿Cómo había pasado por alto el cumpleaños de su amigo?- Pensé por un momento, que tu visita había sido por ésta fecha tan importante, pero veo que no, que así no es.- Ahora volvía a sonreírle soberbiamente- pero como buen amigo, te perdono- Subrayó esa palabra- y si estás libre mañana por la noche, te espero en el bar que solíamos concurrir ¿Lo recordas? Ó ¿Ya olvidaste eso también? Es el bar que está frente al parque …
- Si Paul’s, me acuerdo- Mapini quería golpearlo, no soportaba escucharlo ni un segundo más.
- Entonces que así sea. Mañana, donde siempre- Paul’s olvidó sonreír y su rostro había cambiado a sombrío y mortecino, dejando escapar todo su resentimiento contra el más grande.
- ¿Qué estás tramando, Paul’s?- Se preguntó Mapini, y vio como el otro vampiro movía su cabeza y como creaba una expresión en su rostro, contestando «Nada» o eso creyó entender.
Mapini se aterró ¿Había escuchado sus pensamientos? Paul’s tomó a las dos mujeres por la cintura, miró a Mapini y sonrió.
¿Paul’s irradiaba felicidad? Pero ¿Qué era ese resentimiento contra él? Tenía que entenderlo, no podía quedarse. En el bar le pediría disculpas e intentaría arreglar las cosas, así todo volvería a ser como antes. Tomarían un par de copas y luego saldrían de cacería por la oscura noche.
- Yo que vos, no me ilusionaría tanto, hijo. Las cosas cambiaron mucho desde que te fuiste- Gabriel se encontraba caminando hacia su hijo.
Mapini se sentía fatal, quería gritar, se encontraba destrozado. Había vuelto a perder, de cierta forma, a otro ser querido. No entendía por qué le sucedían siempre las mismas cosas. Todos creían que la vida de un vampiro era menos problemática que la de los humanos, pero no, los malditos sentimientos existen en ambas vidas, y cuando se cruzan, al final, terminan cagando todo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario