sábado, 18 de diciembre de 2010

- Modern Vampire - [ Capitulo XXIV- Superheroe - ]


Si bien las cosas con Paul's habían «empezado» de cierta forma mal, tenía fe de que se solucionaría todo esa misma noche.
Me había despertado mi abuela con una cacerola y un vaso de agua... Si, se preguntarán ¿Para qué esas cosas? Bien, Gabriel la había mandado a que me levantara « Porque los porteños solemos dormir demasiado » Así que una llovizna de agua -HELADA- recorrió todo mi rostro (En el sueño pensaba que llovía, pero no, el agua era real) y un sonar de cacerolas dentro de mis tímpanos. Me desperté y sonreí, pensé que ser amable iba a ser la mejor impresión, luego le pediría por favor que no hiciera eso nunca más... Pero no fue así, me dijo que iba a hacerlo todas las veces que sea necesario hasta que mi reloj orgánico se acostumbrase.
Mi habitación era algo tétrica. Si alguien entraba en esa habitación, nunca creería que un vampiro adolescente y moderno como yo, viviera ahí. Las paredes eran blancas, pero por la poca luminosidad, se veían grises. En el techo colgaba una gran lámpara antigua dando una tenue luz demasiado sombría. ¡Ni una ventana! Una puerta de madera (Que se dirigía hacia el exterior de mi habitación) y una puerta corrediza (La del baño). La cama... enorme, como para cuatro personas, con sus grandes acolchados negros, y al costado una biblioteca pequeña junto al placar con todas mis prendas colgadas.
Intenté recordar lo que había soñado -antes de que la vieja cho... mi abuela me despertara- Bostecé, me estiré. No recordaba desde hacía cuántas noche que no dormía bien. La última vez que lo había hecho, había sido en un refrigerador maloliente... Junto a Sebastian.
Me levanté de la cama y caminé hacia el baño. En el camino tomé unas prendas deportivas y mi teléfono móvil. Me quité la ropa -por supuesto- y tomé una ducha mientras sonaba You Love Her Coz She's Dead con Superheroes. Al principio provocó en mi una depresión total, recordando todos los momentos feos que habían sucedido mientras ésta banda sonaba... Pero el ritmo aceleraba mi corazón y como un tonto bailé debajo del agua hasta cantar con la esponja en mi mano « When dawns break, see it in your eyes. This seems fake, Superheroes disguised »
Ok, si bien no sabía inglés, podía entender lo que quería decir... o eso creí. « Cuando amanece, lo veo en tus ojos, ésto parece falso, superheroes disfrazados »
¿Superhéroes disfrazados? ¿Qué clase de frase era esa? Aunque pensándolo bien, sonaba genial... Gabriel era uno de ellos. No usaba anteojos ni capa, tampoco sus calzoncillos por encima de los pantalones ni volaba... ¿Gabriel podía volar? Reí, nunca me lo había preguntado.
Me vestí con un conjunto gris para hacer deporte. Esa mañana hacía frío. El sol recién salía por detrás de las montañas así que en el aire todavía se podía respirar frescura.
Desde el comedor podía ver por el gran ventanal la punta de las montañas todas nevadas (Y eso que todavía no era invierno) Tal cosa se podía apreciar solo por las mañanas, antes de que los vehículos ensuciaran el aire y bloquearan la visibilidad de tal belleza. Casi escupo un trozo de manzana que me había llevado a la boca de tan solo pensar en Tamarah diciendo "El humo puede bloquear la belleza del paisaje, pero nunca ami" y poniendo sus caras sobreactuadas. Mi abuela (Que por cierto se llama Emma) me miró y frunció la frente, pensó que me había reído de ella. Evité mirarla, tenía un carácter bastante insoportable...
Se preguntaran ¿Y por qué comía manzanas? Bien, aunque mis familiares eran vampiros, vivían a frutas y vegetales. Paso a explicar... ¡Son vampiros viejos, no necesitan sangre! Ya están curados de su anemia...
Gabriel había pasado la mitad de su vida bebiendo sangre. Él había sido uno de los vampiros más jóvenes en dejar de consumirla. En la Guerra de Las Malvinas (con dieciocho años de edad) se había asqueado de ver tantas muertes y sangre... así que desde ese día, comenzó «la dieta de los Cuarenta»
Vale aclarar otro punto... Mi abuela llevaba unos ochenta y todos los años... (Si, nunca pregunté su edad) se la veía débil y flacucha, pero era normal... ¡Porque es humana!
Otto Karolyi había sido mi abuelo. Murió «Como un Héroe» solían decir (No recuerdo hace cuánto murió, tal vez cinco, ocho años). Él era el culpable de seguir con la peste en la familia... Si, si él hubiera decidido no procrear, Gabriel nunca hubiera existido, por ende nunca se hubiera casado con mi mamá... y yo no la estaría haciendo pasar un momento horrible como el de ahora. Mordí fuertemente la manzana, atravesándola de lado a lado con mis pequeños pero filosos colmillos. Sentí el jugo dulce derramarse por mi mentón. Necesitaba sangre.
Ezio era el entrenador personal de mi papá. Todas las mañanas (Exactamente eran las nueve en punto) se juntaban en el gimnasio a hacer una serie de ejercicios con pesas. (Debo aclarar otra cosa: Jamás, pero JAMÁS en mi vida hice gimnasia) Y ahora me encontraba ahí, preparado para ese sufrimiento, el ejercicio. El entrenador era un estúpido, tendría que haber empezado por ahí. No paraba de hablar de jovencitas y sus aventuras con ellas. Gabriel no lo soportaba, pero lo contrató porque era el mejor con el entrenamiento. Vivía haciendo chistes sin gracia - Aunque para él si eran graciosos - Y criticaba todo. Lo que él hacía era lo mejor del mundo, y lo que hacíamos los demás, nada servía, todos inferiores para él.
Debo admitir que su físico -para su edad- me dio demasiada envidia. Era la razón por la cuál podía ligarse a alguien. Sus ojos verdes no eran tan llamativos -aunque jugaban un buen papel- y su boca... «Boca de burro arrecho» lo había llamado Gabriel un centenar de veces. Ok, nunca supe cuál era el verdadero significa de arrecho, pero los tucumanos solían tener ese lunfardo, y era gracioso.
- Eh, chango- Me había llamado Ezio, mientras se cambiaba de ropa -enfrente de nosotros sin importarle que lo vieramos- y señalaba unas pesas al costado para entrar en calentamiento.
«Si, "Chango"; "Ura", o el nombre de alguien más, por ejemplo: "Emma" (Por su carácter de mierda) en vez de decirme "Mapini", eran los típicos apodos o formas de llamarse entre si en Tucuman, casi nunca lo hacían por su verdadero nombre»
Era época de olimpiadas mundiales, así que el tema de conversación era ese. Por supuesto que yo estaba totalmente desinformado y no entendía ni la mitad de lo que hablaban, pero por Internet algo conocía, mayormente los bloopers.
- Vamos Chango, respirá profundo, el secreto está en el aire, todo es mental- Me repetían. - Tu mente es la que decide cuando frenar, tu mente es la que se cansa-
Ok ¿Qué parte de que soy débil no entendían?
- Otra serie más- Había comentado Gabriel mientras se reía porque había llegado a escuchar mi pregunta mental.
Él adoraba verme sufrir, pero no por maldad, sino por pura diversión.
Me coloqué los auriculares y seguí con la lista de reproducción que tenía mientras me bañaba. Me pregunté si usando un par de anteojos podría evitar la mirada de Gabriel y así él no escucharía mis pensamientos... Tendría que intentarlo.
Pensé en la gente estúpida que hacía ejercicios con el tema de la película Rocky... Eso me alentó... Que tema tan desagradable.
Siguieron hablando de las olimpiadas y comentaban de lo mucho que había que entrenar para ser como ellos y de lo orgulloso que se encontrarían si algún familiar fuese así. Sentí que indirectamente hablaban de mí y no pude quedarme con la boca cerrada.
- Pero ¿Y los que no llegan ni a la final?-
- Al menos llegaron hasta las olimpiadas-
« Ouch, me habían cerrado la boca »
- Pero...- Pensé antes de hablar - ¿Vieron a ese tipo que se quebró los brazos por levantar tantos kilos en pesas? Los huesos se le salieron del brazo... ¡Horrible! - Ambos me miraban intentando recordar - Ese hombre no sirve más, tantos años de entrenamiento... ¡Y en un segundo fracasó!-
Ambos sonrieron... Eso no me gustó para nada.
- Porteño... ¿Qué es fracasar para vos? ¿Tenes bien puesto el concepto de fracaso en tu cabeza?-
« ¡HEY, QUE NO SOY HUECO! » - Fracasar es llegar hasta ese lugar y retirarse... ¡Pero ellos dieron lo mejor que pudieron! No se escaparon de la presión del ejercicio ni de la competencia, y ese hombre "fracasado" como lo llamaste, tiene más huevos que vos y todos los que se presentaron, porque él sabía que no podía, pero igual lo intentó- Ahora se reía pero se notaba que no le daba mucha gracia- Hay que admitir que fue un necio... Pero si no lo hubiese intentado, ahí si hubiera sido un fracasado.-
Si, no quise acotar nada más. Era como si cada vez que dijese algo, ellos tendrían para acotar algo mas y me hacían quedar mal.
Cuando realmente mi cuerpo ya no resistía más el ejercicio me senté y vi sobre una pared unos cuchillos de lanzar que brillaban a causa del sol. Eran hermosos, sin filos pero puntiagudos. No sé si Gabriel me leyó la mente o simplemente lo notó por mi mirada fija, que se acercó y tomó uno. Lo hizo girar ágilmente sobre sus dedos y lo lanzó contra una madera. El sonido fue seco, me enamoré.

Por suerte la mañana se pasó prácticamente volando y no tuve que soportar al dúo un segundo más. El gimnasio quedaba a cinco cuadras de nuestra casa, pero Gabriel igual iba en la camioneta, en cambio yo decidí volver caminando para respirar aire puro -aunque ya no era tan fresco como en la mañana, y las montañas habían quedado tapadas por todo el humo-
Me gustaba Tucuman, no solo por sus paisajes, sino por las personas. Si bien, no eran todos de buen aspecto -La mayoría lucían como campesinos y los adolescentes no seguían las modas como en la gran ciudad- su carisma era increíble. Todos educados -aunque siempre hay hierba mala- pero la humildad y amabilidad de esas personas -como en la gran mayoría de las provincias- no se encontraba en Buenos Aires.
Por la calle que iba caminando - La avenida Sáenz Peña - las casas eran de la época colonian remodeladas, mayormente de dos pisos, no predominaban grandes edificios. Muchos autos (Bastantes modernos) , motos (Mayormente conducidas por adolescentes) y ómnibuses circulaban por la calle.
Como era el medio día, en la puerta de un colegio -que no me tomé la molestia de ver el nombre- los alumnos se juntaban y despedían. Me sentí con energías (Era el efecto que provocaba hacer ejercicio por la mañana según Ezio y Gabriel) y quise pasar entre medio todos. Si, me sentía renovado.
Por un segundo me sentí Tamarah. Quise abrir mis brazos y rozarlos a todos. Me sentía con tantas energías que me creí capaz de imitar la habilidad de la vampiresa. Quise tomar al primero que me dirigiera la mirada y darle el beso de la muerte. No me importó imitar a Alex o Sebastian. Me sentía tan poderoso como ellos. Mis venas latían bruscamente - o tal vez siempre lo hicieron a esa velocidad pero nunca lo había notado - Necesitaba sangre. No me importó encontrarme desalineado, despeinado o todo sudado. Sabía que me encontraba atractivo. Un grupo de jóvenes me sonrió y me veía reflejado en sus ojos brillantes. ¿Qué sensación les provocaba? No podía captar qué sentimientos les pertenecía, porque se mezclaban con los demás y era todo engorroso. No me interesó, sabía que me deseaban, como yo los deseaba a ellos. El sentimiento era mutuo, no importaba nada más. ¿Pero por qué sentía odio ajeno en mi interior?
¡Ah! Que mano tan firme... Alguien posó su mano en mi hombro derecho y yo seguí caminando. Si tendría suerte, me seguiría hasta un lugar alejado de tantos aperitivos... ¿Aperitivos? ¡Eran personas! La sed de sangre me estaba agobiando. Intenté seguir, pero la mano seguía firme sobre mi hombro, y con la otra mano me tomaba del brazo izquierdo. Ni siquiera me dejaba voltear. Escuché risas burlonas. Sentí un aroma conocido, aunque con tantas personas cerca, podría haberlo confundido.
- Te dije que hoy a la noche nos veríamos, y recién ahí vamos a hablar sobre tu permiso de cacería- Era Paul's. ¡Si señores! Solamente ami me podía pasar una cosa así. Su fría voz me había hecho erizar los cabellos de la nuca, pero no me sentía débil, me creía capaz de partirlo por la mitad con tan solo un golpe.
Tomé su mano izquierda (Con la que sostenía mi brazo) lo estiré hacia adelante, obligándole a soltar mi hombro, y con mucha fuerza lo hice girar bruscamente, quedando por detrás de él. Crucé sus brazos por debajo del mentón, haciendo presión sobre el cuello, en una especie de llave.
- Hola Paul's - Le dije. Mi respiración estaba acelerada. Hice más presión y sentí como su garganta hacía « Clic» La sangre seguía viajando a una gran velocidad por mis venas.
Las personas nos encerraron en un círculo mientras gritaban cosas. Varios bravucones del colegio se quisieron tirar encima pero algo invisible se los impidió. Robóticamente voltearon y se fueron. Fue como si a todos los presentes les desconectaran un cable y «mágicamente» siguieron en lo suyo, sin prestar atención a lo que sucedía, como si no nos encontráramos ahí.
Sentí otra mano más firme y pesada que la de Paul's en mi hombro, volteé furioso para ver quién era y me topé con el rostro de mi papá. Sentí como la adrenalina bajaba «mágicamente» también de cien a cero en un segundo, haciendo que Paul's se libere de mis brazos fácilmente.
Se acomodó el cuello de la camisa - aunque se veía sexy todo desprolijo - « Bien, no supe si eso lo había llegado a oír Gabriel» Entrecerró sus ojos y sentí todo su odio en mi interior.
- Hola Paul's-
- Buenos días, Gabriel- Le contestó él.
- ¿Cómo va todo?- Mi papá lo fulminaba con la mirada
- Perfecto señor, perfecto- Repitió tontamente él, pero sin quitarle la mirada de odio.
- ¿Algún problema?-
- Ninguno señor... ninguno- Y me observó ami... no supe si porque « yo era su problema » o porque no quería dirigirle la mirada a Gabriel.
- Ahora marchando - Mi papá señaló la puerta abierta de la camioneta que estaba estacionada a pocos metros. Sé que no esperaba un NO por respuesta.
En el viaje -que duró dos minutos y se me hizo interminable- pensé en que mi «relación» con Paul's había muerto, que no tenía chances de remediar lo sucedido. ¿Por qué había sido tan violento con él? Bueno, sabía por qué lo había sido, pero hacerme la pregunta me hacía sentir más inocente. Paul's se lo había buscado. Por ser tan soberbio se lo tenía merecido.
- ¿Su soberbia no es por tu culpa? Eso no te hace menos culpable -
Me crucé de brazos e inflé mis cachetes, pero no pude resistir la risa al acordarme de Tamarah haciendo eso ¿Cómo se vería conmigo? Gabriel no me miraba pero se reía de mí -sin entender, supuse- y movía su cabeza diciendo "no". Si papá, estoy loco.

En el almuerzo habían muchos (con muchas U) vegetales y unas cajitas de jugo, esas de muchos sabores, pero lo gracioso era que no contenían jugo, sino sangre.
El gusto era el mismo, pero no se podía apreciar el latido de los corazones de las personas ni la temperatura ideal. Por un momento me asqueé, pensé que tomar eso era lo más desagradable que podría haber hecho en mi vida -aunque no fuese cierto- Volví a sonreir. Mi abuela me fulminaba con la mirada. Quise gritarle muchas cosas ¿Qué tanto le molestaba que sonriera? ¿Acaso estaba prohibido sonreír en esa casa? Vieja de mierda... Aunque debo admitir que la sopa de verduras que cocinó, era perfecta.
No estaba acostumbrado a comer « comida humana » aunque era necesaria para mantener el cuerpo fuerte.
Mi papá se reía de Buenos Aires y de sus hábitos. Decía que no conocía ni a un solo vampiro -puro- que llevara una buena alimentación. Todos creían que con beber sangre, ya era suficiente. Lo mismo con los humanos que vivían a base de hamburguesas y comida chatarra, Él se reía de todos ellos.

Toda la tarde me la pasé ordenando la habitación, separando la ropa que usaría y la que no. El día se me estaba volviendo demasiado aburrido a comparación de mis últimos días.
- No hubieras traído tanta ropa - Me sorprendió Gabriel por detrás mientras colgaba unas camisas en las perchas. Lo miré y sonreí. « No pienses en nada » - ¿Vamos de paseo?- Ahora él sonreía.
Tomé la segunda ducha del día y otra vez me encontraba sobre la camioneta, en el lado del acompañante.
Nos dirigíamos al centro de la ciudad (Unas quince cuadras de donde vivíamos) La ciudad era chica pero bastante transitada, y como las calles eran angostas y transitaban muchos autos y peatones, se hacía lento. Gabriel perdía la paciencia.
- Hubiéramos venido caminando - Le dije, mientras miraba por la ventana que las personas se movían más rápido.
- Ya está, chango. Ya casi llegamos - Tocaba bocina y golpeaba el volante.
Suspiré y le aumenté a la radio. Sonaba un tema de pop internacional que ya había pasado de moda pero que me gustaba. Veía las tiendas de ropa, los cafés y a las personas caminando. Era extraño ver que no se empujaran ni corrieran. Era extraño, pero no algo que extrañara ¿Se entiende? Buenos Aires parecía ir diez veces más rápido que Tucuman. Personas aceleradas, malhumoradas (Aunque como dije antes, siempre hay hierba mala, y Gabriel era uno de ellos) Las personas caminaban tranquilas y observaban las vidrieras, casi todos se saludaban, otros pedían disculpas cuando se chocaban sin querer. Yo seguía observando. En verdad que me gustaba la ciudad.
Gabriel tardó unos cinco minutos en estacionar y casi se pelea con el policía de tránsito. No supe si usó su persuasión de vampiro o si realmente lo tranquilizó y no llegaron a golpearse.
La peatonal del centro de Tucuman estaba tan transitada como lo estaría en esos momentos la calle Florida o Lavalle en Buenos Aires. Era la hora pico, cuando todos salían de trabajar. Mapini se sentía tan protegido que no temía a estar rodeado de tantas personas. Gabriel era un tottem de la buena suerte que le daba mucha seguridad.
El sol por fin comenzaba a ocultarse y la temperatura que había levantado en la siesta comenzaba a descender. Las luces de los locales comenzaban a encenderse y las luces de neón de las calles parpadeaban en la espera de la noche completa. Gabriel caminaba a unos cinco pasos por detrás de mí, sin poder aguantar la risa, porque todos los peatones me observaban y murmuraban cosas.
- Yo no te conozco, porteño - Me había dicho mientras se tapaba la boca para hablar. Gabriel detestaba mi forma de vestir, decía que era un «pájaro pepitero» por la llamativa combinación de colores que usaba, o la exageración de blanco y negro en mi vestimenta. Según él, yo vestía «raro» y por eso todas las personas me observaban... ¡Pero podía percibir lo que sentían! Aunque debo admitir, a más de uno le aborrecía mi acento al hablar o mi vestimenta. Otros tan solo se morían de envidia o me deseaban...
Gabriel abusaba de sus dones y hacía que todas las personas que nos rodeaban, se rieran de mí... Creía que no podía darme cuenta pero concentrándome por completo, podía notar el cambio brusco en los sentimientos de las personas. Se agarraba de las costillas por tanto reírse. Yo sonreí.
Pasamos por una óptica y sentí que su presencia se alejaba, o al revés, que yo me alejaba de él.
- Chango ¿A dónde vas? Prestá atención -
Lo fulminé con la mirada, pensé que era alguno de sus tontos jueguitos otra vez.
Caminé hacia el local, varios anteojos y telescopios se veían en la vidriera... Todo era muy «blanco» se olía en el aire la higiene del lugar y también la esencia de Paul's.
El corazón se me detuvo por un instante, no podía ser, dos veces en el mismo día...
-¡Mapini!- Gritó una mujer. Era la madre de Paul's.
- Marcela...-Le dije forzando una sonrisa y observando para hacia todos lados. ( Y por cierto...Si, se llama igual que mi mamá)
- Que raro verte por acá porteño ¿Qué andas haciendo?-
- Me vine a vivir con mi papá - Le contesté sin prestar atención, seguía buscando a Paul's con la mirada.
- Ah, mirá que bien... ¿Por cuánto tiempo?- Ahora sonaba preocupada, como si algo no le gustara.
- N...no lo sé, por mucho tiempo, supongo- Y la estudié con la mirada. Ella me esquivó y ahora le hablaba a Gabriel.
No podía ser, Paul's se encontraba ahí, el aroma estaba en el aire.
- Por cierto... Marcela ¿Paul's dónde está? - Le pregunté intentando sonar lo más inocente posible.
- Mirá, se acaba de ir hace un minuto... Si salís ahora mismo, te lo vas a cruzar- Contestó.
Gabriel me fulminó con la mirada, no le presté atención y salí prácticamente corriendo. No me hizo falta preguntarle hacia donde había salido porque podía sentir su presencia a pocos metros y su aroma era tan fuerte, tan distinto a los demás... que no podía no reconocerlo.
Me sentía ágil, veloz, y poderoso. Corrí entre las personas que volteaban curiosos. Me sentía un estúpido, pero tenía que encontrar a Paul's y disculparme...
Se movía, el aroma me lo indicaba. Corrí y sentí el cuerpo agotadísimo, las horas de gimnasio estaban haciendo efecto. Tenía los músculos contraídos, eso me facilitaba el correr, pero mi cuerpo estaba agotado. Pensé en parar, descansar un rato...
«Fracasado»
Corrí más, pero mi cuerpo no lo resistía.
« Tu mente es la que se cansa » « Fracasado »
Bien, no me iba a quedar parado ahí. Corrí más rápido que antes, no me interesó llamar la atención de los que caminaban. Perseguí el aroma a Paul's (Que por cierto no era tan fresco como el de Sebastian, sino todo lo contrario, era olor a coco, algo dulzón, empalagante)
- Fracasado... ¡Já!- Me dije, y ahí logré verlo caminando entre el parque 9 de Julio acompañado de las dos mujeres de la noche anterior y por detrás tres jóvenes aparentemente de su edad.
No me hizo falta mirar la hora para darme cuenta de que era tarde y peligroso andar caminando por ahí, y más rodeado por humanos. Disminuí la velocidad para no llegar tan dramáticamente y así poder recobrar bien el aliento. Mi teléfono móvil sonó, era Gabriel.
- ¿Si? - Pregunté.
- ¿Dónde estás?- Me preguntó.
- En el parque 9 de Julio -
- Salí inmediatamente de ahí- Me ordenó aceleradamente y cortó.
No me iba a ir sin antes hablar con Paul's, además no quería esperar hasta el bar, yo ni siquiera estaba cambiado para asistir a su fiesta de cumpleaños. Lo mejor era ahora.
Siguieron caminando aparentemente sin darse cuenta de que los seguía por detrás. Todos reían a carcajadas, menos Paul's. Él sabía que yo iba por detrás y no iba a voltear.
Llevábamos una cuadra de distancia, no pensaba gritar su nombre y quedar como un loco, así que aceleré un poco el paso e intenté seguirlos, pero me paralizó ver como uno a uno desaparecían los amigos de Paul's a una gran velocidad. El vampiro tomó por la cintura a las dos mujeres y aceleró el paso también.
Seguí caminando, unas figuras negras habían hecho desaparecer a los tres jóvenes que iban por detrás de Paul's, o eso creí haber visto ¿Pero dónde se habían ido?
A los costados se levantaban unos arbustos y no se podía ver nada, la oscuridad dominaba en el ambiente.
El teléfono me volvió a sonar, era Gabriel otra vez.
- ¿Q...-
-¿Dónde estás?- Gabriel me interrumpió, ni siquiera me dejó terminar la frase.
- En el Parque te dije-
- ¡Te dije que salieras urgente de ahí! - Me gritó y tuve que alejar el tubo de mi oreja para que no me lastimase. Otra vez cortó.
Corrí hacia Paul's, ésto ya no tenía buena pinta.
Pasé por el lugar donde habían «desaparecido» los acompañantes y observé de derecha a izquierda... No oí ni percibí nada.
Ahora ni siquiera podía ver al otro vampiro puro, se había alejado demasiado, y así como apareció, me embistió y caí al suelo. Observé hacia todos lados otra vez, intentando reincorporarme. El teléfono móvil se me había escapado de las manos y la música comenzaba a sonar otra vez. La misma lista de reproducción de todo el día. Superheroes volvía a sonar.
Podía escuchar el sonido de los autos que pasaban por la avenida, no estaba tan lejos. Pude ver entre los árboles la luz del bar donde concurríamos con Paul's diariamente, pero estaba a unas tres cuadras de distancia, se me era imposible salir corriendo y llegar sin problemas.
Esperé en silencio que las figuras negras salieran. Primero una, luego otra y dos más.
Me sorprendí y casi me río de lo patético de la situación ¡Cuatro Convertidos! Ya no sabía que esperarme. Si dos Convertidos ( Y uno en amansamiento ) me fueron problemáticos ¿Qué haría con esos cuatro? Cerré los ojos y disfruté de la música. Levanté mi cabeza e intenté imaginarme el cielo. Sentí el aire cortado por una gran velocidad, un golpe seco y el viento despeinándome el flequillo... Me recordó a la habitación de mis papás y la pelea de Sebastian contra Felix. Sebastian...
Abrí mis ojos y vi a un hombre robusto y colorado... ¡El padre de Paul's! Me dio vergüenza el estar tirado en el suelo húmedo. Me reincorporé y le dediqué una sonrisa.
- Cuidado, porteño- Me dijo, y le asentí con la cabeza.
Uno de los Convertidos se abalanzó contra mí, pero lo pude detener, le apliqué la misma llave que a Paul's esa mañana y le quebré el cuello. Lo dejé caer al suelo, mientras temblaba.
Saqué de mi cintura un cuchillo para lanzar -que Ezio me había dado para que practicara- y me corté la palma de la mano. Imité a Gabriel, hice girar el cuchillo sobre mi mano y lo lancé contra otro Convertido, embistiéndole el pecho y haciéndolo caer de espaldas, mientras se convertía en cenizas. "Paul's grande" (El padre de Paul's) me observó fijamente.
- Estás loco - Me dijo, pero no me sonrió, realmente lo pensaba.
Me ruboricé y no supe que decir. Los dos Convertidos restantes nos fulminaban con la mirada, sus ojos eran rojos sangre. Llevaban por vestimenta unas capas largas y malgastadas de color negro. Olían a sangre. No se les podía ver bien el rostro, pero se los notaba jóvenes. Se miraron entre ellos, uno gruñó y el otro asintió con la cabeza, y al instante, en una fracción de segundo se encontraban alrededor de Paul's, tomándolo por los brazos, clavándole las uñas sobre el pecho, atravezándolo de lado a lado, desangrándolo.
Quise correr hacia él para ayudarlo, pero sentí un fuerte golpe en mi espalda, haciéndome caer boca abajo en el suelo. El Convertido al cuál le había quebrado el cuello, se había puesto de pié y ahora me aplicaba una llave, clavándome la rodilla sobre mi espalda y torciéndome los brazos.
Los escuché gruñir nuevamente, pero ahora sonaban furiosos. Lo único que llegué a entender fueron las palabras "puro" y "sangre".
Paul's se encontraba arrodillado en el suelo, escupiendo sangre, debilitándose. Uno de sus atacantes lo soltó y se perdió de vista entre los arbustos. Escuché el grito de unas mujeres y al instante vi caer desde el cielo - o eso creí, porque tenía la cara pegada al suelo- a Paul's junior, llevaba su cara ensangrentada, lo escuchaba chillar del dolor. Escuché el sonido de unos tacos y al instante a las jóvenes que seguían a todos lados a mi amigo.
« Tontas, tontas, tontas » pensé.
Ambas gritaron, se tapaban la cara, corrían de un lado hacia el otro, no entendían lo que sucedía.
La de cabello oscuro (La que me recordaba a Tamarah por su belleza y aire soñador) se acercó ami y con fuerza golpeó a mi atacante en la cabeza con su bolso. Éste gruñó, intentó atraparla y pude escapar. Me reincorporé velozmente, empujé al Convertido y atrapé por la cintura a la muchacha. La de cabello rojizo intentaba ayudar a Paul's Junior, mientras gritaba al parecer, el nombre de su amiga.
- ¡Dyoxe! - Repetía sin consuelo. No paraba de llorar. Su amiga chillaba en mi oído.
- ¡Ruth! - Se gritaban el nombre, pero ninguna hacía nada.
- Por favor... - Le dije. Ella me observó fijamente, llevaba su delineado corrido por el llanto - ¿Podrías dejar de gritar en mi oído? - Ella asintió con la cabeza, la solté y se apartó corriendo para ayudar a su amiga.
Corrí hacia Paul's (El grande) e intenté apartarlo del Convertido, pero temía lastimarlo más, ya que tenía una mano incrustada en el pecho.
Las dos mujeres valientemente golpeaban a un Convertido con sus bolsos, Paul's intentaba reincorporarse y Gabriel aparecía en acción.
Primero me observó fijamente, no tuve que decirle nada. Corrió hacia su amigo y con unos simples movimientos, hizo volar por los aires al Convertido, dejando una saeta de sangre por detrás. Mientras seguía en el aire, Gabriel rodó sobre el suelo, tomó el cuchillo ensangrentado y sin mirar lo lanzó contra el impuro, atravesándolo de lado a lado, convirtiéndose en ceniza.
Ruth recibió un golpe por un Convertido, cayendo inconsciente sobre los arbustos y Dyoxe salió despedida varios metros hasta caer sobre mis brazos.
- Se va a volver costumbre- Le dije, y me sonrió. Pude ver su labio cortado derramando sangre. Tuve que observar hacia otro lado, la sed de sangre me descontrolaba. La ayudé a ponerse de pié y le pedí que se apartara. Corrió hacia su amiga y la sostuvo en brazos intentando reanimarla.
Los Convertidos tenían de rehén a Paul's junior, lo sostenían por ambos brazos. Su padre se encontraba arrodillado en un costado, mientras Gabriel lo sostenía por detrás para que no cayera. Vi centellar el cuchillo sobre un costado, muy cerca mio. Caminé lentamente, mientras los Convertidos discutían -gruñían- entre ellos y no prestaban atención a mis movimientos. Cuando por fin tuve el cuchillo, lo apreté fuertemente en mi mano cortada para que brotara más sangre. Observé a Paul's, él me devolvía la mirada. Llevaba sus ojos llenos de lágrimas, lo observé por un instante fríamente, imitando a Sebastian... Y me perdí entre los arbustos. Los Convertidos me perdieron de vista, me buscaban de lado a lado. Trepé ágilmente un árbol y caí sobre ellos. Ni siquiera lo notaron, al primero le atravesé la garganta con el cuchillo, al otro, luego de arrancarle una mano y alejarlo de Paul's Junior, lo incrusté contra el árbol que había trepado, atravesándolo de lado a lado con el cuchillo, haciéndolo escupir las últimas gotas de sangre que sentiría pasar por su boca en su vida.
Paul's lloriqueaba sobre el suelo, yo llevaba toda mi cara y ropa manchada de sangre, lo observaba fríamente, como Sebastian, pero me sentía tan mal actor como Tamarah. Sentía ganas de saltar de emoción como María y temía por mi vida como Leon. Me pregunté qué estarían haciendo... ¿Que sería de ellos?