viernes, 4 de febrero de 2011

- Modern Vampire - [ Capitulo XXV- María - ]

- ¡Ay! - Me tropecé con unas rajaduras en la montaña. Rodé unos metros y me levanté como si nada hubiera sucedido, el guía turístico me miraba junto a las personas que lo rodeaban-. Estoy Bien, estoy bien- Dije. Unos nenes se reían. Me sentí tan estúpida, y recordé a mi amiga Tamarah en el día que la conocimos. Sonreí yo también. Mis rodillas sangraban.
Había llegado ese mismo día, para ser más especifica, un mes después del suceso espantoso en la casa de mi amigo vampiro, Mapini, cuando el desafortunado de Emmanuelle había caído en las garras - o colmillos - (di una carcajada) de Felix y su acompañante. Otra vez me reí, nunca nos habíamos enterado del nombre de aquél pobre infeliz. Pobre.
Se preguntaran por qué me propuse a escribir (Yo también) pero me encuentro sola, totalmente sola y necesito que alguien lea ésto, por si muero al igual que los demás.
Necesito encontrar a Mapini urgentemente, desde que se fue de la ciudad, todo es un caos. Unos hombres que se hacen llamar Licántropos atacaron a Sebastian y Tamarah, no sé nada de ellos, pero deben estar muertos por lo que escuché.
» - La cabeza, cortále la cabeza - Decía un joven al cuál anteriormente habían llamado Acañir
» - ¡No! - Gritó Sebastian - ¡Tamarah, corré! ¡El viejo! ¡Ayudá al viejo!
» - ¡Ay! - Tamarah gritó, Sebastian gritó, el Licántropo aulló, un viejo gimió de dolor.
» - ¿María? ¿Qué mierda haces acá? - Sebastian llevaba su ropa toda rota y me miraba asustado, sudaba, tenía un ojo lastimado, lo llevaba cerrado. Por su frente corría mucha sangre que le pegaba el pelo a la piel.
No pude divisar a Tamarah ni a los demás, solamente a él que pasó por mi lado a una gran velocidad y luego desapareció, en el momento que me desmayé.
Volví a sonreír.
Amanecí durmiendo en la cama de Mapini. - Se preguntaran qué hacía por aquellos lados-
Bien, Leon y yo discutimos, nos tomamos un tiempo, él no quería formar parte de éste «mundo de locos» ¡Pero yo si! Necesitaba hablar con la madre de Mapini y saber en dónde se encontraba ¡Y fue tanta la coincidencia que Tamarah y Sebastian rondaban por el lugar! Pero ¡Ah! no entendía nada.
Me daba vueltas la cabeza, como si me hubiesen golpeado por detrás - O tal vez eso había pasado- ¿Había sido Sebastian? ¡Genial!
Marcela me miraba desde la punta de la cama, con una lágrima viajando por su rostro.
Pasé el día entero en su casa, hablamos, tomamos mates y de vez en cuando comentaba algo sobre lo sucedido pero luego cambiaba de tema.
- Yo sé que lo vas a encontrar... traélo de vuelta por favor - Me dijo al momento que me iba de su casa.
Como verán, le había robado la moto a Leon ¡Ah, cómo me había gritado desde la puerta de casa! Pero yo era una novia despechada - O caprichosa- y tenía que llegar a lo de Mapini urgentemente... Por desgracia, la moto murió y tuve que caminar como veinte cuadras, y ahí fue cuando me crucé con Sebastian, pero gracias a Hector, para el atardecer la moto ya estaba arreglada.
Olvidé comentar que para ese entonces, habían transcurrido diez días de la muerte de Emmanuelle y por eso me sorprendió ver a los otros vampiros por el lugar. Yo me los imaginaba exiliados en alguna selva, o en alguna isla del Paraná, pero no, ellos seguían ahí, como si me hubieran estado esperando ¡Sabía que era una señal!
Ochenta kilómetros por hora. Sesenta. Cuarenta.
No los veía por la calle, era como si jamás hubieran existido. La gente caminaba con normalidad por la calle -y todos volteaban a ver la yegua de cabellos rubios que montaba en tremendo fierro-
¿Dónde habían quedado todos los gritos, aullidos, rasguños y sangre de la noche anterior? Bien, parecía que tal vez lo había soñado o habían matado a mis vampiros conocidos. Eso no era para nada bueno, Sebastian era un hombre demasiado hermoso y sería una lástima y desperdicio para la comunidad si él hubiese muerto. Hice puchero con mi boca, no quería que él estuviese muerto, pero era lo más probable.
Si, me había acostumbrado a ver la muerte de los vampiros tan natural que ya no me provocaban nada, aunque fuesen mis amigos - o conocidos -
» -María, buscá a Mapini en el norte y traélo de vuelta con nosotros, lo necesitamos- Me habían hablado en sueños una noche. Cuando desperté, no había nadie, tan solo la ventana de mi habitación abierta. Las cortinas se volaban por el viento.
Otras noches me trajeron más revelaciones, aunque eran más imploraciones de parte del espíritu de Sebastian que me pedía que trajera a Mapini para que se vengara «De los Licántropos»

Así fue como me dispuse a encontrar a Mapini y traerlo de vuelta a Buenos Aires para que me ayudara a entender y reclutar a los demás.
Leon me trataba de loca, discutíamos todos los días, pero yo sabía que estaba lúcida, totalmente cuerda y que tenía una misión, que mi existencia en éste mundo valía y servía de algo.
No estaba segura de si habían muerto o no, pero no me interesó, quería otra vez a mi amigo vampiro, y lo traería cueste lo que cueste.

Los paisajes eran hermosos, si, todo muy lindo, pero debo admitir que jamás me gustó el verde ni el marrón.
- Colores de viejos -
La ciudad era demasiado tranquila hasta de día. Los peatones caminaban a un ritmo tan lento, tan pasivo. No se notaba la agresividad de la cuál estaba acostumbrada - y que jamás había notado- de todos los días.
Eramos la moto de Leon y yo.
A todo ésto, no tenía ni idea de cómo iba a encontrar a Mapini. La ciudad no era tan grande, pero tampoco ¡Tan chica! me dispuse a recorrer toda clases de bares, restaurantes, Pub's
Pizza Pizuela, La torre de la Pizza, Pizzalocotomía. Ok, bien, eran todas pizzerías. Me detuve a comer unas buenas pizzas y en ese momento agudicé el oído.
- Mapini -
Fue lo único que logré oír.
Sé que vivímos en un país lleno de extranjeros ¿Pero cuántas personas llevaban ese nombre en particular?
Me acerqué - Otra vez me recordé a Tamarah - felinamente y me senté junto al moreno de ojos -llamativamente- violetas.
Lo miré como una puta, si, quería llamar su atención. Él me devolvió la mirada, se mojó los labios y me sonrió. Una de sus acompañantes se me puso enfrente y soltó una grosería por lo bajo pero me estaba retando, echándome del lugar. Por supuesto que no tenía pensado moverme ni un centímetro y captaría toda la conversación.
- Dyoxe, vas a tener que alejarte de él, es lo único que te pido, el Porteño no es para nada bueno-
«Porteño»
Saqué la libreta con la cuál estoy escribiendo todo ésto ahora y empecé a anotar las palabras claves. El jovencito me miró y me hice la tonta. Silbaba pero sé que eso le llamó más la atención.
Jugué con el sorbete de mi bebida e hice una lluvia sobre mí con el agua que quedaba del hielo derretido. Ambas mujeres me observaron e hicieron malas caras, les parecía una tonta, lo sé, pero no despertaría sospecha. Mordí la pizza.


Pasaron varios minutos hasta que me di cuenta que estaba sonando Lady Gaga de fondo y no resistí la tentación. Me paré en medio de las personas que caminaban por la pizzería y comencé a bailar. No era una de las nuevas canciones, pero igual me encantaba.
Todos me observaban, yo me dejaba llevar.
Cerré mis ojos y bailé, necesitaba tiempo para relajarme y pensar. Los carteles luminosos del lugar engañaban a mis párpados cerrados haciéndome creer que me encontraba en alguna especie de fiesta.
A Mapini no lo encontraría en mucho tiempo, lo sabía, pero la ciudad me gustaba, la gente también, era otro ambiente, no solo era un viaje de búsqueda, sino unas mini vacaciones.
Sentí alrededor de mi cuerpo como me atrapaban varios brazos, eran cálidos y tiernos. No abrí mis ojos y seguí bailando. Giraba en el lugar, las manos viajaban por mis pechos y cintura, me pareció extraño pero seguí igual.
- Baila mi princesa, baila - Escuché en mi mente. Que voz tan masculina y sensual tenía aquél muchacho. Lo podía ver con los ojos cerrados, sí, era el chico de la barra. Podía verlo observándome, eso era mucho más extraño. Supe que su nombre era Paul's, me lo estaba contando todo. Me deseaba, eso también lo supe.
Abrí mis ojos y vi a las mujeres que lo acompañaban alrededor mio, danzando como si se encontraran en un trance. No despegaban sus manos de mi cuerpo.
El dueño del lugar había apagado algunas luces y en las mesas las personas se movían al ritmo de la música.
Vi a Paul's parado en la barra observándome tal y como lo había hecho en mi mente. Me sonreía.
Caminé hacia él, pero las mujeres no me siguieron.
- No les prestes atención- Me dijo sin quitar la sonrisa de su rostro. A simple vista parecía demasiado chico, aunque su fisionomía no era la de un adolescente normal. Sería tal vez cinco años menor que yo. Él seguía sonriendo. - Tengo diecisiete - Bien, quedé atónita, me estaba leyendo la mente - Es lo que hago - Volvió a decir.
- No me impresionas - Le dije, endureciendo mi rostro.
- Lo sé.
Sentí como si algo se estallara en mi interior. Intenté mantener la calma.

Estuvimos hablando por un buen rato, le conté que tenía conocidos con características parecidas, intentándo bajarle el ego, porque ese muchacho era demasiado arrogante. Él me comentó que solo podía leerle la mente a los humanos.

-¿Humanos?-
- Así es, humanos - Me contestó.
- ¿Y acaso existen otras especies en la tierra además de los humanos?- Me hice la tonta. Él dio una leve carcajada y me observó de los pies a la cabeza.
- Por supuesto... A los animales no puedo leerles la mente - Me dijo soberbiamente. Sonreí y asentí con la cabeza. - Pero a tus amigos los vampiros tampoco.
Otra vez sentí el estallo dentro de mí. Me aferré con fuerza de la barra sin que él lo notara, aunque tenía dudas de lo que él era capaz de captar o no.
- ¿Vampiros? ¿Es una broma? - Le pregunté y observé hacia mi izquierda tan solo para hacer algo y cambiar de postura. Él volvió a dar esa carcajada que tanto me molestaba.
- Yo soy uno de ellos, aunque no soy inmune a sus mentes - ¿Por qué me contaba éstas cosas? - Tu amigo Mapini puede ver más allá de mi mente, él se contacta directamente con mi alma.
- ¡Mapini!
- Exacto.
-¿Cómo se conocen?-
- Ouch, eso me dolió... Pensé que hablaba de mí con todo el mundo -
- Estás equivocado, jamás escuché acerca de alguien llamado Paul's-
- Debe ser porque tu amigo no confía demasiado en vos -
Lo fulminé con la mirada, Mapini solía contarme todo acerca de su vida, aunque nunca me había contado lo más importante: Que era un Vampiro. Él volvió a sonreír soberbiamente.
- No juegues con mi mente- Le dije enojada.
- No lo hago, es inevitable -
Abrí mis ojos como platos. Me gustó la idea de leer las mentes de las personas a mi alrededor.
- ¿Ves a mis acompañantes?- Señaló a sus dos amigas. No me gustó que usara el termino acompañantes-. Ellas deseaban verte muerta si era posible, se sintieron amenazada por tu belleza.
Me sonrojé, pero para que no lo notara me puse a observar la cartilla del lugar sin leer.
- Necesito ver a Mapini - Le dije sin prestarle atención.
- ¡Ah! Eso es posible, él ya debe estar llegando.
Mi corazón latió rápidamente como si quisiera escaparse de mi pecho. Volvió a sonreír, lo vi por el rabillo del ojo.
- Ah, bien, lo voy a esperar entonces- Le hice una seña a la mujer que estaba detrás de la barra - Una coca cola por favor-
El tiempo se hizo eterno, Paul's no dejaba de observarme, yo no paraba de cantar en mi mente para no pensar en nada más. De vez en cuando escribía en la libreta lo sucedido y lo veía sonreírme. El ambiente se iba tranquilizando, ya no bailaban, la música era un simple fondo que le daba un tono agradable al lugar, pero nada más. Yo deseaba bailar, estaba ansiosa y feliz, el destino - o el antojo de pizzas- me habían llevado hasta ese lugar.
- ¿No te gustaría dar unas vueltas por el parque para que conozcas un poco mejor mi hermosa ciudad?-
Mi hermosa ciudad, me repetí en la cabeza. Que arrogante.
- No, gracias, prefiero esperarlo acá-
Lo ví sacar su teléfono móvil de la campera.
- Mapini acaba de mandar un mensaje de texto diciendo que se va a retrasar un poco, mi invitación es sin fines de lucro-
¿Fines de lucro? Me reí, pero lo pensé dos veces.
- Una vuelta por el parque, nada más.

Estuvimos caminando por el parque 9 de Julio un buen rato, él iba a mi lado y me llevaba del brazo -por mi seguridad- había dicho.
- ¿Por qué lo buscas realmente?
La pregunta me desorbitó.
- Porque lo necesitamos en Buenos Aires- Paul's me observó, pero yo miraba hacia el lago y no le prestaba atención.
- ¿Y qué puede hacer de importante el Porteño en Buenos Aires?
- Paul's, no me agrada hablar sobre eso, además la historia es demasiado larga.
- Pero tenemos tiempo, aunque yo mucho más que vos- Y sonrió- Bien, no me quiero burlar, perdón- Sonó demasiado sincero, me gustó-. Por favor - Me dijo y señaló un banco a un costado. Pude ver a lo lejos a sus -acompañantes- mirándonos furiosas, con los brazos cruzados por el pecho, pero no iban a acercarse, Paul's les había pedido que no nos molestaran.

Le conté acerca del Antro, algo de mi vida con Leon, el incidente con Sebastian y Alex, sobre cómo conocimos a Tamarah, sobre la fiesta en lo de Mapini, la tragedia de Emanuelle y la pelea contra Felix y el otro vampiro.
- ¿Así que Sebastian es amigo de ustedes aún siendo un Convertido?- Lo vi mirar el cielo, me hubiera gustado saber en qué pensaba. Me abrazó por la espalda, realmente lo necesitaba, me estaba congelando.
- Si, tendrías que conocerlo, él está obsesionado con los vampiros como vos.
- ¿Como yo?.
- Si... eso... ¡Puros! -
Le vi la perfecta dentadura y sus colmillos. Un leve escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Él me apretó más entre su brazo.
- Igual sigo sin entender qué es lo que necesitan de Mapini-
- Es que no terminé de contarte, ahora viene la mejor parte.
Y le conté acerca de los sueños que tenía con el difunto Sebastian.
- ¿A Sebastian lo mataron los Licántropos?- Su cara de sorprendido lo hizo ver realmente como era, un joven vampiro. Su apariencia me hacía olvidar cuál era su verdadera edad, pero en su rostro y actitudes lo delataban.
- Bueno, eso no lo sé, pero es lo más lógico.
- Los vampiros podemos hablar telepáticamente.
- Si, lo comprobé hoy, pero Sebastian es un vampiro sin habilidades- Ambos sonreímos. Sentí como le subía el ego.
- ¿Me estás queriendo decir que éste viaje lo hicíste solamente porque te hablaron en sueños?- Me tomó con su mano el mentón y me movió el rostro de derecha a izquierda- Wow María, ¡Si que estás loca!- Y me abrazó. No sé por cuánto tiempo estuvimos así, pero se sentía bien. Con él no necesitaba hablar, porque me entendía - o leía la mente- no supe cuál era la diferencia. Además, era el único que no me había apartado bruscamente de su lado por adorar su especie fanáticamente.
Paul's me soltó lentamente y se alejó unos centímetros de mí. Tomó otra vez su teléfono móvil y observó la hora.
- Mapini está acá- Comentó y lo observé, pero no tardé en darme cuenta que un automóvil negro había estacionado cerca de nosotros y de él bajaba un hombre, que por simple inercia se dirigió hacia nosotros.
Sus pasos parecían duros y pesados. Mientras caminaba iba escupiendo y se pasaba la mano por el rostro. Por la distancia no podía reconocerlo bien, pero en tan solo unos segundos se paró de lleno enfrente de Paul's y lo observó con los ojos en llamas.
Me levanté de un salto y lo quise abrazar.
-¡Mapi...- ¡Estaba todo ensangrentado! Él me observó, pero volvió a mirar a Paul's, se lo notaba furioso.
- ¡Los mataron a todos! - Dijo. Paul's se levantó y lo tomó por los hombros a Mapini.
- ¿Estás seguro? ¿A todos?-
- Tu papá está muerto también - Mapini volvió a escupir, pero no era saliva, era sangre. Saqué de mi bolsillo un pañuelo y se lo pasé por las heridas que tenía todavía sangrando en la frente. -Paul's, realmente lo siento- Y lo tomó por los hombros también.
- E... está bien - Le contestó el otro vampiro.
- Pero nos tenemos que ir ya, es obvio que me están siguiendo-
Mapini tomó a Paul's de un brazo y lo arrastró camino hacia el auto.
- Obligá a tus... mujeres que se resguarden, vayámonos ya mismo.
Me quedé parada en el lugar, crucé mis brazos y lo observé llena de rabia. Supe que él se dio cuenta de eso y se frenó. Dio media vuelta y me vio, pero ahora prestándome atención. Soltó a Paul's y se dirigió hacia mí. Cuando nos encontramos frente a frente, sentía como si me estuvieran escaneando o mirándome a través de rayos X. Nos abrazamos y lloré.
Lo golpeé en el pecho fuertemente, pero él no me soltaba, sentía como se le agitaba la respiración en mi pelo. Su cuerpo estaba tan duro, hasta parecía mucho más grande que la última vez de vernos.
- Te extrañé mucho - Le dije. Pero él no contestó nada, me seguía observando. Supe que me iba a preguntar qué hacía en ese lugar, así que me adelanté-. Te vine a buscar, te necesitamos- Él seguía sin contestarme. -¡Mapini! Por favor ¡Decí algo!
- Perdón María, te vas a tener que ir- Me contestó, se dio media vuelta y se dirigió hacia Paul's otra vez.
No entendía nada.
- ¿Sabés el viaje que tuve que hacer para venir a buscarte? ¿Tan poco te interesamos? - Mis gritos se quebraban por mis llantos.
- María, por favor-
- ¿Por favor, qué? ¿Tus nuevos amigos son mejores, no? ¿En Buenos Aires no hay nada que te interese? ¿Que te pueda llevar de vuelta?-
- No, no puedo volver.
- ¿Por qué no?-
- Ahora no-
- ¡Pero...!-
- ¡Mapini! ¡No! - Escuché que gritó Paul's, pero no escuché nada más. Mapini había desaparecido a gran velocidad. Otra vez me habían desmayado. Comenzaba a odiar que todos los vampiros hicieran lo mismo.