domingo, 10 de abril de 2011

- Modern Vampire - [ Capitulo XXVI- La Saga del Hombre Lobo - El Viejo - ]

Sebastian sentía como si no hubiese vuelto a su casa por varias semanas, y así era. Se había librado de Alex, pero ahora tenía la compañía de Tamarah que dormía a su lado abrazada a la almohada, con medio cuerpo destapado y babeaba.
Hacía nueve días que se encontraban encerrados descansando, alimentándose de animales.
El estomago de Sebastian ardía, necesitaba sangre, pero no quería despertar a su compañera (Temporal, había dicho ella) No sabía si se levantaría de mal humor y tendrían una pelea. Recién se había despertado, todavía no había oscurecido del todo, se notaba por la claridad que penetraba las grandes, oscuras y gruesas cortinas negras.
El vampiro se sentía extraño, había tenido sueños rarísimos, la mayoría pesadillas, en las cuales el no aparecía en ninguno, todas las personas de sus sueños eran desconocidas, salvo por unos pequeños Zemial y Mapini.
Sentía que lo que había soñado, eran recuerdos del vampiro puro, pero sonaba imposible. También se sentía debil, como si la mitad de su cuerpo se encontrara muerto, pero no como la muerte que sufrían los humanos al convertirse en vampiros, sino como la natural, y eso lo aterró.
Pensó en despertar a Tamarah, realmente se encontraba asustado y necesitaba ayuda, pero intentó tranquilizarse y esperó hasta que oscureciera. El tiempo pasó, pensó en que mejoraría, pero eso no sucedió, cada hora que pasaba lo mataba más y más. Algo recorría por su cuerpo hacía días, consumiéndolo poco a poco.
-Tamarah- Logró decir el vampiro luego de preguntarse si podría formular alguna palabra.
-¿Ah?- Preguntó ella, aunque sonó más como un gruñido . Ahora le temblaba una pierna, como si fuera un cacharrito dormido.
Sebastian se apretó el pecho fuertemente y sintió un líquido en la garganta, era sangre.
- T... Tamarah- Dijo escupiendo sangre en las sábanas, luego de sentarse en la cama - Por favor - Hasta ese momento no se había dado cuenta de que su cuerpo estaba hirviendo. La sangre que escupió se evaporaba, y el olor viajó hasta las fosas nasales de la vampireza, haciéndola despertar y abrir los ojos muy grandes. Se lamió los labios, tratando de recordar en dónde se encontraba y cómo había llegado hasta ahí.


»- Sebastian ¿Dónde estamos llendo? - Preguntó Tamarah mientras corrían entre los árboles de Campo de Mayo a una gran velocidad.
»- No tengo ni idea, yo te estaba siguiendo a vos - El vampiro le dedicó una mala cara.
»-¡Pero Sebastian! - Gritó ella, pero el vampiro le tapó la boca con la manga de su campera, para evitar el roce con la piel, y la empujó hacia un árbol, ocultándose de " algo " - ¡Mmm!-
»-¡Calláte!- Le gritó por lo bajo, pero Tamarah no se tranquilizaba.
Sebastian divisó a kilómetros a Ayañir, la mujer licántropo, corriendo a toda velocidad entre los árboles. La reconoció al instante por su cabello gris. Ella creyó olfatearlos, pero el perfume fresco de Sebastian se camuflaba entre tanta vegetación.
»Entre los árboles se podía oler el aroma a sangre, a muerte, y a transpiración de animal, mezclada con la de un humano. Era extraño, pero a la vez obvio, los licántropos rondaban por el lugar y tenían que tener mucho cuidado por no ser cazados.
» Tamarah no entendía nada, porque Ayañir a simple vista, aunque midiera casi dos metros y llevara el pelo gris, se veía como una humana más.
»Comenzaron a moverse sigilosamente por el campo, con todos los sentidos agudizados. Caminaron varios metros hasta llegar a un descampado alejado de toda la urbanización, hasta que se encontraron con una bestia que había cazado a un pobre infeliz, que ahora no quedaba casi nada de él.
»El lobo gigante no les prestó atención, estaba concentrado en los pedazos del sujeto, devorandolo por completo. Se lo notaba hambriento, enojado.
» Los gruñidos de la bestia y la vestimenta le hacían recordar a una persona a Sebastian. ¿Podría ser? ¿Existiría tanta casualidad para que aquél animal fuese Zemial? Tendría que serlo, no cabía duda alguna.
» Tamarah miraba sorprendida, era la primera vez que veía algo tan espeluznante en su vida. Le encantaba.
»Habían sido afortunados al no ser atrapados por tal bestia. A Sebastian le aterró la idea de encontrarse rodeado por más de un licántropo. Recordó la noche en el túnel con Alex y Jenny, y pensó en lo afortunados que había sido, aunque de todas maneras, el final de su creador había sido trágico.
» Faltaban unos minutos para que el sol saliera por completo, la claridad ya traspasaba las grandes copas de los árboles, haciéndoles arder la vista y humear la piel. Tenían que correr antes de ser devorados por Zemial, o desintegrados por el sol.
» ¿Por qué habían ido a esos campos? Se preguntaban los dos vampiros, y ¿Quién se iba a imaginar que la manada de licántropos rondaba por el lugar?
»Se escaparon en sentido contrario a Ayañir sin tener cuidado en hacer ruido porque Zemial seguía concentrado - loco- en lo suyo.
» Aprovecharon el tiempo que les dio el cielo nublado, aunque ya habían perdido casi toda las fuerzas, se estaban debilitando hasta agotarse. Si, se lo repetían, el haber ido a esos campos había sido una mala idea.
»Los crujidos de las hojas y ramas pisadas por los vampiros hacían que los chistidos del anciano que los seguía quedaran opacados.
»- Hey, novatos- Pudieron oír por detrás.
»¿Novatos? Ambos voltearon y vieron al anciano de ojos rojos y barba poblada, cubierto por muchas prendas desgastadas y mugrientas, haciéndolo ver como un vagabundo protegido, pero no a salvo, del sol.
» Les hizo una seña con las manos para que lo siguieran. Tamarah fue la primera en acompañarlo. Sebastian dudó, ya no sabía en quién confiar, pero aquél vampiro era la única esperanza que les quedaba antes de morir calcinados.
Corrieron por la sombra de los grandes árboles hasta llegar al costado de la autopista, que por debajo pasaba un acueducto.
» Tamarah lo pensó tres veces antes de entrar, porque el lugar se veía sucio y húmedo. Para sorpresa de ambos, el viejo no se detuvo en los túneles, sino que siguió moviéndose ágilmente hasta llegar a una gran puerta de hierro malgastada. . - Por cierto, demasiado ágil para alguien de su edad, cosa que sorprendió mucho a los jóvenes vampiros. El viejo golpeó la puerta, y luego con mucho esfuerzo tiró de ella. Sebastian hizo el amague de ayudarlo, pero el anciano lo apartó, sintiéndose insultado por el más joven.
» La puerta se abrió con un gran chirrido, varias ratas salieron corriendo del interior.
» - En varias peliculas e historias de vampiros, ví que se comían a las ratas- Comentó Tamarah, pateando a un roedor que pasaba junto a ella, revotando violentamente contra la pared.
» - Al igual que los humanos - Contestó el anciano sin dirigir la mirada hacia Tamarah, mientras se rascaba la nariz y caminaba rengueando hacia la rata malherida- Que pueden comer lo que sea, nosotros, los neófitos, podemos consumir cualquier clase de alimento que contenga sangre- E hizo una pausa, movió los labios sin pronunciar nada, balbuceando, quedando tildado como solían hacer los ancianos, analizando lo que van a pronunciar- Pero... - Ahora cerraba los ojos y levantaba un dedo como si fuera una señal- No todo lo que se consume le hace bien al organismo.- Ahora tomaba a la rata que no tuvo oportunidad de correr. Al agacharse se tambaleó un poco, denotando su vejez.- Éste animalito- Tenía a la rata agarrada en una mano, frente a su rostro, observándola muy de cerca.- nos puede mantener con vida en los peores momentos- Ahora le sonreía a la rata y asentía con la cabeza - como un humano podría sobrevivir a dulces, pero es obvio ¿Verdad? Los dulces no contienen las vitaminas necesarias para mantener el cuerpo en funcionamiento al ciento por ciento. - Ahora le dedicó una sonrisa a los vampiros con la rata junto a su cara. La única dentadura que tenía, eran un par de amarillentos colmillos. El roedor forcejeaba por escapar, pero al cruzar su mirada con la del viejo, se paralizó automáticamente. - A ésto me refiero... A lo único que puedo hipnotizar es a un par de roedores y con suerte algún perro no muy grande.- Bajó a la rata con cuidado y ésta salió corriendo. Tamarah quiso hablar, pero el viejo le hizo una seña para que aguardara, que hiciera silencio. Se lo veía entusiasmado, y miraba hacia donde se había ido la rata, como si estuviese esperando algo. Sebastian lo observaba con elcejo fruncido, pero escuchaba intrigado, no quería decir nada, y ahí fue cuando quedó con la boca abierta al ver una docena de ratas marchando en fila india hacia el interior de la recién abierta puerta de hierro. El viejo volvió a sonreír graciosamente, y los invitó a pasar.
Caminaron varios minutos, la mayor parte del tiempo a oscuras entre lo que parecían túneles viejos, grandes caños cloacáles en desuso.
- Y así es mi vida- Decía el viejo suspirando - Hace años que me exilié de la vida vampiristica, y siento que ahora le hago un bien a la comunidad exterminando a los roedores.- Volvió a sonreír, pero ahora se dirigía a Tamarah.
Bien, los jóvenes vampiros ya sentían que esa sonrisa graciosa pasaba a ser escalofriante. No le contestaron nada, solo le devolvieron la sonrisa forzosamente. Salieron al otro lado del autopista, a unos kilómetros de donde se habían cruzado con Ayañir.
El lugar a simple vista parecía un basurero que rodeaba una gran laguna color verde pastoso, con muchas algas flotando, y un olor muy fuerte a pescado muerto. El sol no lograba penetrar del todo por los grandes árboles, así que se sentía mucho la humedad. El piso estaba flojo, movedizo, como si fuera barro. Varias montañas de basura rodeaban el perímetro, convirtiendo la laguna en un fuerte impenetrable. El único lugar por el cuál se podía entrar, era por esos tubos cloacáles.
Prácticamente se encontraban refugiados del sol y de los licántropos, escapando de sus narices gracias al olor a basura que camuflaba sus aromas.
A un costado, en la parte más oscura y húmeda del lugar, había una fogata, con dos troncos como asientos. Mucho más al fondo, donde debería haber una puerta, una cortina negra ocultaba el interior de una casa muy destruida, bastante grande. Del interior salió un perro corriendo, con la lengua afuera y moviendo la cola felizmente.
Se dirigió hacia su amo y parándose en dos patas, le lamió el rostro; luego se dirigió hacia Tamarah y Sebastian, corriendo alrededor de ellos, olfateándolos y moviendo la cola cada vez más lento. Caminó hacia la fogata y se recostó con la cabeza sobre las patas. El anciano ahora les dedico una sonrisa amargada.
- Disculpen- Les dijo, estirando los brazos hacia ambos lados y elevando los hombros.
- Señor- Habló Sebastian, con un tono de voz que denotaba intriga- No pude pasar por alto el otro tronco- Y lo señaló con la mano.- ¿Usted vive solo?
- Ah...- El viejo se rascó la frente y otra vez balbuceaba cosas.- Siéntense por favor- Y acto seguido, señaló los asientos.
Tamarah caminó de puntas de pié y con las manos levantadas a la altura de la cabeza por pura intuición, como haría una niñita jugando a la rayuela. El viejo le sonrió. Sebastian caminó con un brazo sobre el pecho y el otro por encima, tomándose el mentón con la mano, no paraba de analizar todo.
Los jóvenes vampiros se encontraban sentados, el perro los acompañaba y el viejo tiraba unas leñas al fuego, provocando el revoloteo de varias chispas divertidas en el aire. Tamarah lo observó atónita, era lenta, pero sabía que no necesitaba ese fuego. El viejo le devolvió la mirada con una gran sonrisa, como si le leyera la mente.
- Hay que mantener vivas las llamas de la vida- Y asintió con la cabeza. Ahora se reincorporaba, mirando hacia el cielo censurado por las grandes copas de los árboles. Llevaba sus manos cruzadas por detrás como si estuviera por cantar el himno nacional. Balbuceó un buen rato mientras mojaba sus labios, dando la impresión de que en cualquier momento iba a comenzar a hablar, pero eran simples amagues. Tamarah bostezó, y el viejo lo notó. - ¿Por dónde empiezo?- Se preguntó, pero se contestó automáticamente, como si su cabeza hubiese hecho un clic interno.- Bien, no hace falta ir hasta el principio directamente, ni tampoco necesitan saber cómo nos convirtieron- La palabra "nos" le hizo brillar los ojos de curiosidad a Sebastian y llamarle la atención a Tamarah, quitándole el sueño.
- A mí me interesa- Afirmó Tamarah, levantándo la mano como si se encontrara en un aula frente a un profesor.
- Bien- El viejo sonrió tímidamente, pero con aire picarón.- Mi mujer se encontraba al borde de la muerte y yo no quería perderla, aunque sabía que no me quedaba mucho tiempo en la tierra.
- ¿Hace cuánto los convirtieron?- Quiso saber Sebastian.
- ¿A dónde se iba a ir?- Preguntó Tamarah. Los vampiros la observaron, el viejo asquerosamente sonriente y Sebastian totalmente inexpresivo.
- Hace veinte años- Contestó el viejo, y ahora dirigiéndose a Tamarah.- Al cielo, princesa. Al más allá, al paraíso... O al infierno, depende dónde me quieran... o merezca.- Juntó sus labios e hizo un gesto de negatividad. Tamarah asintió y se sintió muy tonta. Infló sus cachetes infantílmente y al instante los relajó.
»- Así que vagaba por la vida, deseando la cura milagrosa de mi mujer, y así poder vivir los años que nos quedaran juntos, aunque en mi cabeza sabía lo que quería, y era más que egoísta, no deseaba estar el resto de mi vida solo. Sabía que no aguantaría una existencia sin ella, y prefería morir primero, morir antes que ella, literalmente andaba por la vida mendigando por la muerte que no se presentaba, y tampoco iba a forzar.
Esas afirmaciones se le hicieron repugnantes a Sebastian, pero no quiso comentar nada, porque jamás había estado en su lugar, y no sabría cómo iría a actuar, aunque en su interior pensaba - o sabía- que no iba a ser de una manera tan egoísta. Tamarah no pensó en nada, o tal vez no entendía los pensamientos y acciones del viejo, aunque no le importó, ella quería que llegara a la parte de la historia en la que predominaban las corridas, los gritos, los colmillos y la sangre. Le aburrían los debates internos de las personas, esa era la razón por la cuál detestaba los libros.
»- Toda la vida vivimos cerca de éstos basureros. Mi mujer tenía una infección en la sangre que la estaba matando rápidamente. Se hizo tratar con varios médicos, pero la enfermedad estaba tan avanzada que era cuestión de días. Realmente no sabía que hacer- Volvía a mover la cabeza en sentido de negatividad, pero no se lo notaba triste, sonreía.
»- En una semana había adelgazado muchísimo, ya era un cadáver pudriéndose en vida. No la podía mirar a los ojos, y no porque me diera asco o impresión, sino que me aterraba el hecho de que su cuerpo sea la viva imagen de la muerte que me decía : ¡Ahí está! ¡Tu condena! ¡Tu soledad! Iba a morir y no podía hacer nada.
Los jóvenes vampiros intentaron visualizar en sus mentes a la pobre mujer tirada en una cama, consumiéndose a una gran velocidad, pero aunque se la imaginaban de distintas maneras (Sebastian la veía flaca, con la piel seca y chamuscada pegada directamente a los huesos sin un rastro de músculos. Tamarah la imaginaba verde, con tentáculos en vez de brazos, y recostada en una habitación que parecía sacada de la serie Buffy la Caza Vampiros, con varios insectos entrando y saliendo por varios orificios de la mujer que ahora babeaba un líquido espezo amarillento) ninguno de los dos acertaba a la imagen triste - y por qué no violenta- de la mujer en la mente de su marido.
»- Hasta que una noche... Ah, me acuerdo perfectamente ¡Que noche tan calurosa! Ni la más leve brisa corría. Yo caminaba sin rumbo, buscando algo de comer entre la basura de los barrios, peleándome con varios perros callejeros que intentaban robarme el botín, esquivando las miradas de desprecio de las personas que me cruzaba y se alejaban rápidamente por miedo a que les robara o tal vez los asesinara, por el simple hecho de llevar ropa raída, varios días sin darme una ducha o por ser viejo y la vida no me había tratado para nada bien, pero ¡Ah! qué felices habíamos sido mi mujer Eliana y yo aquellos tiempos en que la enfermedad no había salido a la luz. Vivíamos sin preocupaciones, comíamos lo que encontrábamos, nunca fuimos exquisitos, aunque con el tiempo de casados que llevábamos, yo había descubierto que su comida favorita eran los sándwich de mortadela y queso.-
Ahora si se lo notaba un poco frágil, con los ojos a punto de estallar en lágrimas. Hasta ese momento, Tamarah y Sebastian no habían caído en la cuenta de que no sabían el nombre de aquel sufrido anciano.
»- Cuando ya me había resignado y las esperanzas se habían esfumado como el día lo hace luego del crepúsculo, un auto, para ser más preciso, un BMW 323 Coupe color negro me bloqueó el paso. Levanté la mano en la cuál llevaba una bolsa con sobras de comida y largué una sarta de maldiciones. No recibí respuesta, golpeé el capó duro y cálido, y del interior del auto, luego de que la ventanilla de vidrio polarizado descendiera, me recibió un rostro sonriente, malicioso ¡Y bañado en sangre! Por un momento me sorprendí, tal vez habían sufrido un accidente, pero no, aquél hombre de tez trigueña pero a la vez pálida me sonreía. Deduje por la situación que el color de su piel era por la pérdida de sangre. Me desconcertaba su sonrisa y la herida. Por un momento me sentí paralizado, pero no por voluntad propia, sino que algo me retenía. Quise hablar, pero tampoco pude formular palabra alguna, y sentí como si me estrujaran el cerebro, como mis pensamientos volaban fuera de mi mente. Amé esos ojos azules que me encandilaban. Aquél hombre era dueño de una belleza sobrehumana. Un ángel.
» La puerta se abrió, en una fracción de segundo me encontraba dentro del lujoso auto. Dolor. Me habían mordido de ambos lados del cuello. Algo que noté, era que para ser un auto tan caro y lujoso, en el lugar reinaba un olor a perro húmedo que se volvía insoportable ¡Y eso que estaba acostumbrado al olor del sucio Toby!- El perro que estaba recostado sobre sus patas levantó la cabeza al oír su nombre y dio un gruñido.
« Me desmayé, no supe por cuánto tiempo, y desperté donde estamos ahora. Seguía siendo de noche y no era capaz de ver nada, ni a nadie, pero por todos lados sentía cosas moverse a gran velocidad. No me encontraba aterrado, pero no entendía nada, y pensé que algún grupo de jóvenes quería jugarme una broma, cosa que no me gustaba para nada, y empecé a maldecir nuevamente, pero no recibía respuesta. Di unos pasos y ahí recién me aterré, cuando caí de lleno en el lago que ven ahí.- Y lo señaló con un dedo.- Al instante me sacaron un par de manos gélidas a gran velocidad. Debió de haber sido un hombre muy fuerte, porque lo hizo sin esfuerzo alguno. Recordé que me habían mordido el cuello, pero no sentía dolor, y al tacto no sentía las heridas. Tal vez lo había soñado ¡O me habían drogado! y lo que había sentido, no eran más que un par de agujas en mi cuello.
« Mis piernas temblaron y caí. Caí al suelo, no supe si por el miedo a que esas personas me robaran los órganos, o porque me sentía muy débil. Escuchaba mucho cuchicheo pero no lograba ver a nadie, la oscuridad en éste sitio te encierra, te atrapa... y te ahoga.
» Escuché unos pasos que se iban acercando y vi al hombre que me había sonreído desde la ventanilla. Medía como medio metro más que yo, y ya no se encontraba bañado en sangre, pero sus finas ropas se encontraban rajadas, como si hubiese luchado -o sido atacado brutalmente- por alguna clase de bestia.
» Me tomó del cuello y me miró fijamente. Forcejeé e intenté asirme de él, pero no le podía mover ni un dedo, esa gente parecía muy fuerte.
«- Puedo complacer tus plegarias- Me dijo al fin. Su acento era realmente extraño, pertenecía a alguna provincia. Sí, tenía que serlo. -¡Ah! Hacéme el favor de no pensar en que soy una clase de Dios- Me seguía observando. Él podía leer la mente, de eso también estaba más que seguro, porque presionaba tan fuerte mi garganta, que no podía formular ninguna palabra, pero en mi cabeza no paraba de pensar lo que realmente quería decir. Me sonrió y dio una pequeña carcajada. - Tampoco estoy loco... o tal vez si, pero el loco podrías ser vos, viejo, y nosotros formar parte de tu mundo de locura, y esto ser tan solo parte de tu imaginación.
» Entendí de inmediato que esa era una secta y querían desconcertarme, y el que me pudieran leer la mente... no intenté deducirlo, es más, ni se me cruzó por la cabeza, porque a uno cuando le suceden esas cosas, todo le parece bastante normal, no se pone a analizar a fondo la situación, se encuentra en un shock, y cae en la realidad recién cuando termina todo y el cerebro - y cada célula del cuerpo- comienzan a trabajar más lento.
» Me imaginaba lo peor, mi cuerpo arrojado en la laguna sin órganos. ¿Cuánto tardaría la policía en encontrarme? ¿Quién cuidaría de Eliana? ¡Por Dios! No había pensado en eso, pero al menos no la vería sufrir más. Yo me alejaría primero de éste mundo. ¿Y si me dolía? Esperaba que utilizaran algo que me mate al instante, por nada del mundo deseaba sufrir. ¡No! no quería que me mataran, me aterró la simple idea de estar cerca de eso. Dolería, lo sabía, sufriría como un perro, y a esa gente no le interesaba.
» -¡Ya basta!- Me gritó el hombre que me asía de la garganta, y me mordió el cuello, bebiendo de mi sangre, atravesando los músculos, lastimándome profundamente. Me tenía abrazado con mucha fuerza, como si fuese el abrazo mortal de una anaconda.
» Volví a pensar en Eliana, y por mi rostro caían varias lágrimas. No sabía si eran de felicidad o de relajamiento al saber que no tendría que sufrir más por ella y por el tiempo de soledad que temía, o tal vez por las dos cosas a la vez, realmente no lo supe. En el interior de mi cabeza oía el zumbido de un mosquito - eso era con lo que lo relacionaba- Cada vez era más debil pero se transformaba más y más en un sonido nítido, claro. Era la voz de aquél esbelto hombre. Su voz me contaba, o mejor dicho, me relataba las imágenes que pasaban por mi cabeza como películas. Tampoco supe si las imágenes que veía eran proyecciones suyas, o imaginación mía, pero que lo oía hablar, de eso estaba seguro.
Tamarah y Sebastian recordaban el momento de su transformación.
» Salí del trance y me encontraba boca arriba, sobre el suelo húmedo. Sentía que todo giraba a mi alrededor. Me latía la cabeza. Algo goteaba sobre mi boca, era cálido y espeso, el gusto a hierro me dio asco, por supuesto que era sangre y al primer sorbo me aborreció. Sentí una corriente eléctrica recorriendo mi cuerpo, un éxtasis, frenesí interminable.
El viejo miró fijamente a los vampiros novatos.
- Igual que como lo experimentaron ustedes - Tamarah y Sebastian asintieron con la cabeza.
» Supe que aquél hombre se llamaba Gabriel ¡Y que era un vampiro! ¿Con qué clases de fármacos me habían drogado? Quise dar una carcajada sobre el suelo, pero me dolía todo el cuerpo, para ser más preciso, cada rincón de mi cuerpo se estaba acalambrando, muriendo - cosa que en ese momento no sabía- y me costaba respirar y mucho más, reírme.
» También supe que querían - o mejor dicho, lo estaba llevando a cabo- convertirme en vampiro, que cuidara de mi amada Eliana y que sea el celador de éste refugio.
» Las palabras e imágenes salían de mis ojos, se proyectaban bajo mis párpados, nada de lo que "oía" penetraba por mis oídos, todo viajaba por el centro de mi cabeza. La información viajaba a gran velocidad, me sorprendía la facilidad con la cuál procesaba y entendía todo lo que aquél hombre - o vampiro, como hacía llamarse - decía.
Tamarah asentía con la cabeza y sus ojos se llenaban de lágrimas al recordar su momento de transformación. Intentaba recordar las cosas que había aprendido en ese instante pero ya había amanecido por completo, y aunque estuviese nublado y los grandes árboles los protegían de la luz diurna, se encontraba muy débil, al igual que Sebastian. Su cerebro no funcionaba al ciento por ciento.
Sebastian recordaba su momento de transformación, de lo mucho que había sufrido al momento del disparo, lo mucho que odiaba a Alex y de lo sabroso que le habían sabido sus atacantes al momento que les dieron caza.
» - Comencé a oír otras voces... Sí, en el lugar se encontraban otras personas - o criaturas, ya comenzaba a desconfiar- y sus murmullos entraban por mis oídos con gran claridad. La oscuridad ya no me aterraba ni enceguecía. Podía ver los insectos que caminaban a lo alto, en las ramas de éstos grandes árboles, por supuesto que no entendía qué era lo que sucedía. No había muerto - o tal vez sí- pero se sentía todo lo contrario. Ahí tirado sobre el barro, sentía que flotaba. Me sentía liviano y extrañamente ágil. Mi cuerpo viejo y cansado había rejuvenecido de un momento a otro. Otra vez pensé en que me había drogado, a cada instante me convencía de aquello, y oí otra vez la carcajada de Gabriel, pero mucho más fuerte que antes.
» - Arriba, viejo- Me dijo - Cumplí con tu deber y vas a poder vivir tranquilamente el resto de tu vida con la moribunda de tu esposa.- Ahora me extendía una mano para ponerme en pié ¡Pero que mierda! ¡Si no sentía la necesidad de su ayuda para hacerlo! Quise gritar de euforia.- Andá y bendecí a la desdichada de tu mujer... ¡Aprovechá ésta segunda oportunidad que tan generosamente se te está otorgando!
-No hacía falta que el siguiera hablando, porque en aquél trance -o lo que haya sido- yo me había enterado de lo que debía hacer. Sabía que Eliana se encontraba cerca mío, dentro de ésta casa.- El viejo señaló la casa de la cuál había salido Toby, el perro. - y tendría que repetir aquél rito, entregarle mi sangre, y así ella se recuperaría. No sabía cómo, pero creía en esa locura, en que eso era posible.
- Quise preguntar sobre los Licántropos, así los habían llamado.
El corazón de Sebastian dio un salto al oír esas palabras.
- Hasta esos momentos no sabía más que eran un par de personas que merodeaban por esos bosques, capaces de convertirse en grandes lobos que cazaban a otros como yo.- El viejo hizo una pausa- Si, a Impuros como nosotros.
» - Los presentes en el lugar se hacían llamar Puros, descendientes de grandes familias de vampiros. Tenía que mantenerme oculto en éste refugio, y si era atrapado, jamás revelar "Nuestro secreto" (Así habían llamado a mi transformación y a la tarea de espiarlos).
» Me aseguraron de que si era cazado, ellos harían lo imposible por rescatarme, me ayudarían a escapar... Pero ¡Qué confuso se me había vuelto todo! Los Vampiros y Licántropos eran aliados contra seres como yo, pero me pedían que los espiase. Sabía que algo gordo se traían entre manos ¡Pero qué importaba! No quise decir nada, lo único que me interesaba era salvar a Eliana.
» - No pierdas el tiempo- Me había dicho Gabriel, y con una mano me guió hasta mi amada.
» Me sorprendían mis propios pasos. Ni siquiera en mi juventud había sido tan ágil.
- Traspasamos la puerta que ocupaba lugar en donde se encuentran aquellas cortinas negras.- Volvió a señalar la casa- Y en el interior vi a mi mujer... ¡Qué aterrador me resultó todo aquello ante mi nueva visión! Su cuerpo estaba peor de lo que creía. No podía entender cómo aquél organismo aún seguía vivo.
»- ¿Andrés? - Me llamaba ella, siguiendo mis pasos con la mirada. Todavía no podía mirarla fijamente, sus ojos brillaban igual ante aquella oscuridad.- ¿Quiénes son éstas personas? - Su voz sonaba ronca, apenas podía respirar.- ¿Andrés?
» Hice un sonido para que guardara silencio. Gabriel me dio unos golpecitos en la espalda alentándome y se marchó hacia el exterior junto a los otros. No entendía cómo, pero sabía que todavía se encontraban allí.
» Me acerqué lentamente hacia el borde de la cama, e intenté transmitirle a Eliana desde mi mirada al centro de sus ojos "Es por tu bien, amor" y me lancé sobre ella.
» ¡Ah! Qué desagradable que me había resultado en mis pensamientos aquella situación, pero en el momento que su sangre brotó de la herida e inundó mi boca, el frenesí y la excitación volvió a viajar a través de mi otra vez... Qué rápido había llegado a amar aquella sensación...
» No hablaba, pero sabía que me hacía oír igual. Ella sabía todo lo que quería decir: "Si amor, aquellos hombres dicen que podemos vivir juntos mucho más tiempo"
» Creí escucharla en mi interior, decir aterrorizada "NO" pero seguí. Sentía sus latidos unidos con los míos. Me pertenecía como jamás lo había hecho. "NO" "Si amor, juntos otra vez" y la película volvió a reproducirse en mis párpados cerrados.
» Era Eliana, felizmente hermosa, parada ansiosa, esperando algo o alguien ¡Ah! La luz del sol le hacía brillar su tez oscura, pero sana. Lucía realmente hermosa. Ni una pizca de su enfermedad. Ella saludaba a lo lejos un auto bastante destartalado que yo no había visto jamás. Un hombre de casi su misma edad la abrazaba. Se veían felices y me puse celoso. "NO". Él la besó y la apretaba contra su cuerpo fuertemente. "NO". Ella se alejaba del hombre cuidadosamente, se arreglaba la ropa y miraba hacia ambos lados. Nadie los había visto. Iba a explotar de celos.
- ¡Ah! Mi amada me había estado engañando-
» Más imágenes: Ahora se despedía dulcemente de mí, y acto seguido, caminaba por unos pasillos bastantes húmedos y sucios. Una mujer con bata de médico la atendía, le pedía que abriera sus piernas. ¡Nuestro hijo! o el de aquél patán ¡Muerto!. Eliana se desangraba. La arrojaban en las puerta de un hospital desde un auto, mientras se alejaba. Nadie volteaba hacia atrás para ver si se encontraba bien... Nuestro hijo muerto.
-¡AH! Y lo mucho que la maldita me había jurado que no podía tener hijos ¡Y era que no quería! Por su propio egoísmo, había corrido riesgo de muerte y había acabado con la vida de un angelito inocente.
» En el hospital la habían maltratado y un par de enfermeras le habían colocado sangre infectada de otro paciente. Ambas reían frente a Eliana. Ella lloraba y se maldecía por dentro. Ese era su castigo.
» La abracé más fuerte contra mis brazos. "NO". Los latidos de su corazón se volvían muy lentos, ya casi no los podía oír. "Ahora si, descansá en paz, mi infiel amada".
» Desde el exterior oía las carcajadas de los otros y las advertencias mentales de Gabriel. No debía dejarme cazar, y mucho menos confesar todo lo que sabía.
El viejo sonreía, pero sus ojos rojos brillaban.
- Yo había renacido para quedar el resto de mi existencia solo.-
Tamarah miraba boquiabierta, Sebastian no quiso decir nada, realmente necesitaba descansar, no se sentía para nada bien.

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