miércoles, 6 de julio de 2011

- Modern Vampire - [ Capitulo XXVII- Marcela - ]


Me encontraba con un Tía María en mano, bebiendo. Jamás lo hacía, pero sentía esa necesidad de ensuciar mi interior, con la intención de destruir mi cerebro (aunque fuese unos instantes) para olvidar todo lo sucedido.
En mi muñeca llevaba una gran cicatriz, la cuál me recordaba al último día que vi a mi hijo: Mapini.
Yo me había negado a la sangre de vampiro para curarla, por eso la podía ver, creyendo así que él estaría más cerca.
La visita de María me había sorprendido. En realidad, encontrarla inconsciente junto a la entrada de mi casa había sido un gran shock. Pensé que estaba muerta.
De inmediato la socorrí, dejándola descansar en paz.
Dude en llevarla a un hospital o llamar una ambulancia, ya no sabía que pensar sobre lo que dirían.
¿Y si encontraban mordeduras de vampiros en su cuerpo? ¿Qué iban a decir?
Gracias a Dios, tan solo estaba inconsciente.

No me atreví a preguntarle qué era lo que había sucedido, no quería hablar sobre el tema... hacía días que venía evitándolo, queriendo creer que mis chicos estaban bien... al menos sabía que ella lo estaba.
En el transcurso del día hablamos sobre los roces entre ella y Leon, cosa que me desagradó bastante, porque los quería a los dos.
Mientras ella hablaba sobre la vida, sabía que cada vez que estábamos a punto de llegar a la parte de la conversación que tanto me dolía, instantáneamente me sonreía y cambiábamos de tema. Realmente adoraba a esa chica.
Su visita me hizo bastante bien, haciéndome recordar que todavía vivía por una razón y que no todo estaba perdido, porque cuando nuestras palabras no pudieron camuflar más las verdaderas intenciones de su visita... Me alegré de que aquella jovencita, fuera la amiga de mi hijo.
Tanto ella como yo, queríamos de vuelta a Mapini sea como sea. No es que nos encontrábamos complotando contra él, sino que nos encontrabamos intentando darle coherencia a sus acciones. El haberse ido tan repentinamente sin haberlo analizado bien, a todos nos pareció una inmadurez. Realmente lo necesitábamos... yo lo necesitaba.
Esa noche, cuando María anunció su partida, luego de que Hector, mi esposo arreglara su moto y de haberle rogado que traiga de nuevo a mi hijo, de que lo convenciera volver... un hombre llamó a mi puerta.
Se presentó formalmente, haciéndome dudar de su identidad, pero al momento de ver que sabía demasiado... no dude en dejarlo pasar.
Ambos éramos humanos, aunque eso no me tranquilizaba, ya que hoy en día no sabía a qué temerle más.
Le ofrecí de lo que estaba bebiendo, él amablemente aceptó.
Se presentó con el nombre de Dylan y pude notar que era bastante joven, no más adulto que mi propio hijo.
Soubi, la mascota de la casa rondaba por el living, se lo notaba curioso frente al invitado. Ambos lo notamos.
Amablemente me preguntó si podía hacerme unas preguntas y al instante me puse en alerta, llenando mi cabeza de ideas defensivas y demás. Si pretendía algo extraño o simplemente quería saber más de lo que podía brindarle, era cuestión de llamar a mi marido que se encontraba recostado en nuestra habitación... Yo no tenía todavía el coraje para dormir en ese lugar, todavía podía ver el lugar lleno de sangre, aunque no había quedado rastro alguno de la masacre que había sucedido en el lugar.
Comenzó con preguntas sencillas, tan solo para asegurarse.
"¿Quiénes vivían en la casa?" "¿Quienes conformaban la familia?"
Pensé en mentirle, pero no lo hice.
Me senté en la punta de la mesa y lo observaba caminar por el pasillo de las fotografías de todos los viajes. Él se quedó observando un buen rato... Hasta que volteó, me sonrió y se acercó a mí.
- Sé sobre su hijo -
Lo vi sacar de un maletín del cuál había pasado por alto, una gran cantidad de papeles y fotografías. En varias de ellas, Mapini caminaba entre personas observándolas... dedicándoles esa mirada que tanto me aterraba, pero de la cuál ya me había acostumbrado.
- Sé más cosas de su hijo de las que usted cree- Volvió a hablar.
Su insistencia me incomodaba, y el efecto del alcohol estaba ya actuando sobre mí.
- ¿Y qué es lo que sabes? - Le pregunté fríamente, intentando disimular, persuadirlo para intentar ver a dónde quería dirigirse de antemano.
- Que es un vampiro, por supuesto.
No me sorprendió ni por un momento.
- Claro, no uno como los otros... Lo observé y él cuando caza...- Se detuvo en mi expresión al pronunciar la palabra "caza"- cuando él se alimenta, no mata. Llevo tiempo en ésto, no era el único.- Y se quedó callado, observando sus carpetas, pero volvió a levantar la mirada y me sonrió.- Mi hermano murió en manos de un vampiro- Lo vi revolver entre tantas fotografías, en las cuáles creí ver a Gabriel, mi ex esposo.- Es él.
En al fotografía se apreciaba un joven sonriente, de no más de veinticinco años, una amplia sonrisa, cabello rojizo y enmarañado, y unos grandes ojos color miel, justamente igual al que se encontraba enfrente mío, cosa que me desconcertó.- Él... era mi hermano gemelo. Veníamos siguiendo los pasos de un vampiro en particular.- Y me dio a conocer otra fotografía, en la que reconocí a la persona inmediatamente.- Ésta vampireza lleva el nombre de Tamarah... y sé que usted tuvo... el agrado de conocerla.
- No sé de que me hablas.- Fue lo primero que pude pronunciar. Realmente no sabía a dónde quería llegar.
- Oh señora, sabe muy bien a lo que me refiero... Su hijo se está relacionando con las personas...equivocadas.
- ¡Mi hijo es inteligente y él sabe lo que está bien y mal! - Tragué aire y seguí diciendo - Además, él no se deja influenciar por nadie, toda la vida fue así, actúa por sus impulsos, nunca pude ponerle un control... - Y no pude seguir hablando, pero él me interrumpió sin problemas, sin respetar mi silencio.
- Al igual que la otra noche con la decisión del viaje.-
Realmente sabía más de lo que creía.
- ¿Acaso sos un espía o algo por el estilo?.- Lo fulminé con la mirada, pero él seguía sonriendo. Pude ver unas mordedura de vampiro en su cuello que resaltaban bajo la tenue luz del lugar.
- La verdad es que varias personas me hicieron preguntas similares... ¿Quién soy? ¿A qué me dedico? Pero entre vos y yo Marcela.- Me sorprendió que supiera mi nombre sin haberme presentado.- Ni siquiera yo sé qué es lo que soy, pero sí sé bien qué es lo que busco y lo que pretendo.
- Ah ¿Si? ¿Y eso qué es?
- No morir- Sus ojos se apagaron por unos segundos, o eso creí.
- Entonces estás loco. Estás tentando al destino, te metiste en el lugar equivocado... No llego a entenderte. Si lo que buscas es vivir ¿Por qué te expones tanto?.
- ¡Ahí está el punto! - Y ahí pude ver de nuevo su sonrisa, pero ésta no se veía actuada, mientras sus ojos brillaban de excitación, era como si hubiésemos llegado al punto que tanto él deseaba tocar.- Para vivir... - Comenzó a hablar como si recién lo estuviera haciendo, sin ocultar nada- hay que someterse a los peligros. Si quisiera, podría encerrarme en una gran habitación llena de libros e informarme sobre la vida, creyéndolo saber todo.- Y me miró a los ojos fijamente.- Pero vos y yo sabemos que lo teórico no sirve para nada. Todo lo escrito son puras fantasías, aunque fuesen ciertas, claro... Pero uno no termina de creerla, hasta que las vive en carne propia.- Y ahí fue cuando señaló las mordeduras en su cuello que ya había notado.
- Creo que te sigo - Comenté, pero solo lo hice para que siguiera hablando... me intrigaba saber a dónde quería llegar.
- Fui víctima de un vampiro, al igual que mi hermano, solo que yo sobreviví.- Y asintió con la cabeza.- No podría explicarle cómo fue que caímos bajo su influencia, sobre sus colmillos.-
Sonreí, evitando una carcajada. Él me observó con curiosidad.
- Entiendo a lo que te referís... la influencia vampirica. La viví por unos largos años.
- Veinte, si no me equivoco.-
Me desconcertó otra vez, aunque provocó en mí una gran intriga.
- Logré escapar, pero no viene al caso. Sé que ese vampiro estuvo en su casa. Lo vi.
Tomé otro trago de Tía María y le hice una seña con la mano para que prosiguiera.
- La noche de la muerte de aquél joven, yo me encontraba presente... Yo toqué tu hombro y le di mis condolencias.
Hice memoria y lo recordé, pero con el impacto que había provocado todo en mí , lo había pasado por alto. Soubi seguía dando vueltas alrededor nuestro.
- Usted sabe que es un delito ocultar algo así ¿Verdad?
- ¿Acaso no dijiste que no sabías lo que eras? Y ahora resulta que sos policía...- No dudé en atacarlo.
- No me malinterpretes. Ese chico en realidad no me interesa para nada, realmente lo siento por su familia, y también por lo que habrá provocado en usted- Y observó la botella de lo que estaba bebiendo.- Dudo mucho de que usted se haya dedicado a la bebida antes de todo lo sucedido, y no se necesita de mi habilidad para observar cosas, cualquier persona podría notarlo. Es una mujer bastante hermosa y bien conservada-
Por un segundo me sonrojé.
- La verdad que la entiendo... Supongo que podría haber hecho lo mismo... tirarme en mi cama a beber y entregarle mi vida al destino... ¿Pero sabe qué? Y disculpe mi falta de respeto ¡Pero el destino se puede ir a la mierda!- E impactó su puño sobre los papeles de la mesa, haciéndome sobresaltar.
- No hay problema, maldecir libera el alma, pero solo te voy a pedir que mantengas la calma y la voz baja... no pretendo que mi marido se levante para ver qué es lo que sucede... no me gustaría involucrarlo.
- ¡Ah! La verdad que lo admiro... convivir con una mujer como usted, y un hijo tan... especial.
Lo fulminé con la mirada.
- No la culpo, todo problema...- Se detuvo nuevamente al decir eso y comprobar mi mirada amenazadora.- Perdón, toda historia tiene una base. Usted cumple un rol bastante grande en el inicio de todo ésto, quiera o no, usted es la madre... ¡Que eso no quiere decir que sea su culpa todo lo que está sucediendo, claro!
Asentí con la cabeza, no supe que decir, me sentía en gran parte culpable. Él tenía razón.
- Ahora Marcela, dígame una cosa... ¿Usted va a encerrarse a beber, esperando a que su hijo vuelva sano y salvo de ésta guerra? -
¿Guerra?
- ¿O va a ayudarme a ayudarlo?.- Ambos nos quedamos observando por un largo tiempo, pero él desvió la mirada, para así correr una silla y sentarse junto a mí.
- Mirá, para mí no es fácil como madre lo que estoy pasando... más allá de que mi hijo sea un vampiro y todas las otras cosas que nombraste... él siempre vivió a mi lado y ahora se marchó. No creo que entiendas el vacío que siente una madre al momento de ver partir a su hijo.
- ¡Pero todo se puede arreglar! Por eso es que estoy acá, sino no me hubiera arriesgado. Él necesita su ayuda, usted necesita mi ayuda, yo necesito su ayuda... la comunidad nos necesita.
Ya había aclarado mis dudas internas, él no iba a desistir hasta que yo dijera todo lo que sabía.
- Y... ¿Cómo crees que eso llegue a hacerse posible? Vos... yo. O sea, es algo que no me cierra.- Y lo volví a mirar fijamente.- Decíme la verdad... ¿Quién sos?-
- Un amigo.- Y me sonrió, haciendo brillar sus ojos y dientes. No me convenció.
- Un amigo.- Repetí, casi sarcásticamente y di un trago largo.
- Marcela... ambos tenemos el poder de solucionar ésto.
- Pero ¿Cómo?- Contesté bastante rápido, casi ahogándome con lo que acababa de beber.
- Es simple... aunque me haga sentir mal admitirlo... Era tan simple que no lo veía. Para solucionar un problema, y no quiero decir que su hijo lo sea, hay que comenzar desde el principio. La solución siempre estuvo ahí ¡Pero no la podía ver! Y es algo de lo que no me enorgullezco.- Y ahora el que le daba un buen trago a la bebida era él, haciendo sonar el vaso sobre la mesa al dejarlo.- No es momento para alardear de mis conocimientos o habilidades... Pero me siento una persona bastante capacitada para éste tipo de cosas.-
- Esperá... esperá...- Él me observó con los ojos entrecerrados, analizándome.- Por el amor de Dios, no me digas que sos un simple fanático.
-Hum... No me considero un "Simple fanático" sino en éstos momentos, en vez de estar manteniendo ésta charla con usted, me encontraría en mi cama leyendo la saga de Crepúsculo y buscando en Google la palabra "Vampiro".
Ambos sonreímos.
- Adoro las historias de Lestat- Comenté. Él me observó y volvió a sonreír, yo sé que notaba el alcohol en mí.
- ¿Edward Cullen o Lestat?- Me preguntó.
- ¿A qué te referís?-
- ¿A cuál elegís?-
- Edward Cullen, por supuesto.- Afirmé. Y me analizó nuevamente.
- ¿Edward Cullen? ¿Por qué?- Quiso saber. Lo había desconcertado, lo sabía.
- Totalmente, él es el único vampiro que puede hacer algo que nadie más.- Otra vez lo había desconcertado, pero antes de que preguntara algo le contesté - Él puede brillar... ¿Algo más patético que eso?
Cerró sus ojos, pero mostrando una agradable sonrisa y negando con la cabeza, haciendo volar sus cabellos rojizos. Ambos sonreímos, alzando nuestros vasos y bebimos otro trago.
- Ahora, volviendo a lo serio... Tu hijo está en grave peligro-
Suspiré profundo.
- Todos vivimos rodeados de peligros.-
Él negó con la cabeza.
- No me refiero a esa clase de peligros... Sé que puedo salir a la calle y cualquier persona podría intentar asaltarme y por una equivocación que jalen el gatillo y listo... Pero ambos sabemos a qué clase de peligro me refiero... y es uno muy grande.- Tomó aire y pensó antes de hablar- Todo lo que suceda de ahora en más, va a traer complicaciones en el futuro. Cada paso en falso que demos, cada palabra mal pronunciada... Todo eso tiene el poder de arruinarlo todo... o de arreglarlo.
- Dylan - Dije y observé mi vaso vacío.- En lo que no te sigo, es ¿A qué clase de peligros te referís? Porque te digo algo... Por lo que sé, éste último momento, mi hijo estuvo viviendo una serie de peligro tras otro. ¿Algo más grave que eso?- Y para mi sorpresa y desilusión, lo vi asentar con la cabeza.
- Así es... algo mucho más grave que eso- Y pude sentir como subrayaba la palabra "mucho"- Sé que en ésta familia.- Observó en rededor- existen cientos de historias, cientos de antepasados y muchas cosas más, pero... Solo sé que existen.
- Y por eso es que viniste a mí, con la esperanza de que yo te las revelara.- Noté en su cara que esa afirmación no le fue de su agrado.- Lamento desilusionarte, pero yo no sé nada sobre historias de antepasados y demás. Deberías ir en busca de mi ex marido, aunque no te lo recomiendo...
- No, no... No me malinterprete. No pretendo conocer sus secretos, ni los principios. Tan solo quiero encontrar la raíz de la flor que está a punto de brotar... Va a ser una mala cosecha, y lo mejor, va a ser desenterrarla antes de que salga a la luz.
Me lo quedé observando por bastante rato mientras revisaba entre sus papeles. Se notaba que sabía demasiado, pero era tan joven... no merecía pasar por todo ésto. Comprendía que lo hacía para que la muerte de su hermano no haya sido en vano, pero si lo pensabas bien, él se lo había buscado, por haber querido jugar al caza vampiros. No sabía que hacer ni qué decir, pero él volvió a hablar.
- Ésta muchacha... María- Y me mostró una foto. Asentí con la cabeza- Sigue siendo humana ¿Verdad?-
Me sorprendió la pregunta. ¿Sigue siendo humana?
- ¡Pero por supuesto!- Me di cuenta que había levantado el tono, había sentido un poco de agresividad en su pregunta.
- Bien... bien. Ella corre peligro entonces. Es humana, y sabe mucho.
- Pero eso no la diferencia entre vos o yo...
- Marcela, sos la madre de un Vampiro, y la ex mujer de uno de los más poderosos de ellos... ¿Qué tanto peligro crees que corres al lado de esa muchacha? Ella está indefensa.
- En éstos momentos estoy indefensa.- Él asintió con la cabeza pero dudando, y me asusté, Soubi saltó sobre mis piernas. Me observaba con sus enormes ojos celestes y bizcos fijamente, como si quisiera decirme algo. Le acaricié entre las orejas, pero seguía inmóvil. Dylan siguió sacando fotografías.
- Marcela... a lo que voy con todo ésto, es que si vos me ayudas... con algo de información, lo mínimo que sea, voy a poder estar más cerca de descubrir todo.
Sobre la mesa se encontraba la fotografía de Sebastian, Tamarah, mi hijo, Zemial, y la foto que había creído ver de Gabriel. Algo no encajaba.
- ¿Por qué le ocultan la verdad sobre su amigo?
- ¿Cómo decís?
- Sobre Zemial... Ambos sabemos que no murió.
Me dejó atónita. Supuestamente, solo el clan de Licántropos sabía eso, y todos nos encargábamos de mantenerlo alejado de Mapini.
- Hace un par de días, tuve el honor de verlo en acción, frente a éstos dos- Con un dedo señaló a Sebastian, y de su chaleco sacó otra fotografía, de un hombre al cuál no reconocía, con cabello rubio rizado.- Había una humana de por medio, que vaya a saber uno en el estado que se encontrará. Todo fue tan rápido y tan confuso. Apareció éste muchacho- Y ahora señalaba a Zemial- junto a otros que no reconocí y de los cuáles no tengo ninguna información... pero sé que pertenecen... a su manada.-
Sin darme cuenta, tenía la boca abierta, me encontraba sorprendida, sabía demasiado.
- En verdad, Dylan... creo que Mapini está más seguro de lo que vos estás... te estás metiendo en un lugar bastante peligroso.- Lo volví a ver sonreír, pero de felicidad.
- El día de la fiesta, por un tema que no va al caso, terminé en el pasillo de aquellas fotografías.- Lo señaló con la mano- Y me llamaron mucho la atención. No tuve el tiempo suficiente para revisarlas bien, porque Tamarah rondaba por el lugar, y si me veía, sabía que era hombre muerto... Pero reconocí una cara, y es la de éste muchacho.- Y ahora señalaba a Zemial.- Por supuesto que no es el mismo que se puede apreciar en la pared, pero ¡Por Dios! ¡Era él! Lo sé, no puedo equivocarme. Era él quien se enfrentó a los vampiros antes de entrar al Antro, lo supe luego de escuchar la historia de Mapini al final de la fiesta... al escuchar que él lo había matado accidentalmente con su sangre-
Si seguía con la boca abierta, de seguro que alguna mosca iba a entrar en mí.
- Le pido mil disculpas, pero llegué a oír todo. Me hice pasar por un ebrio más, tirado sobre el suelo a muy poca distancia de todos ustedes, y los pude oír. Lo que no entiendo, es cómo mis latidos pasaron desapercibido frente a tantos vampiros presentes ¡Iba a estallar de la emoción!
- Bien Dylan, veo que ya te lo estás tomando como un juego... y sí, el fanatismo te va a terminar matando.
- Por favor.- Me dijo, y me tomó de una mano.- Dígame que no estoy en lo correcto... dígame que no estoy loco. Sé que en éstos momentos lo aparento, pero ¿Usted sabe lo que significa descubrir por mí mismo todo ésto? ¿Sabe el gran avance que estaría logrando si tan solo usted me confirmara mi historia? ¡La excitación pura recorrería por mis venas y ésta noche no podría dormir!-
Y un ruido nos hizo entrar en alerta a los tres, a Dylan, a Soubi y a mí. Eran las cadenas de Shermie agitándose violentamente.
- Ellos saben que estoy acá-
Lo ví levantarse y tomar las cosas rápidamente, guardando todo desprolijamente en su maletín.
- ¿Quiénes?- Pregunté semi-alarmada.
- Los licántropos- Contestó sin mirarme.
Me sobresalté, sabía que había gente fuera de casa y sobre el techo. Soubi me lo había querido decir, pero no lo entendía, por el amor de Dios, era un gato.
- Marcela, tenes que saber que Mapini está en un verdadero peligro, al igual que todo su clan... Se está metiendo en lugares equivocados y relacionándose con personas equivocadas.
La puerta del patio estalló en mil pedazos haciendo un ruido que me provocó saltar de la silla.
Dylan se tapaba el pecho con el maletín. Se escuchaban unos pasos que provenían de afuera, caminando por el pasillo en forma de L que divide la cocina.
- Me voy a tener que ir- Dijo Dylan un poco nervioso, pero emocionado.- ¡Estoy en lo cierto! ¡Siempre lo estuve! Por algo están acá, no van a dejar que sepa tanto...
Lo quedé observando, mi marido se había levantado de la cama en pijama y nos observaba.
La cadena de Shermie, la perra, no paraba de agitarse, pero no ladraba... Soubi estaba más nervioso de lo normal, con los pelos erizados y la cola tiesa, observando hacia el pasillo.
- Marcela, de verdad que fue un gusto el haber hablado con vos... me contaste más cosas de las que crees... Gracias, realmente gracias.- Y lo vi sacar algo plateado de su chaleco. Luego escuché un click. - Tengo balas de plata - Lo escuché gritar hacia los pasos que se acercaban - Si no me hacen nada, no las pienso usar.
Y desde el pasillo, apareció la figura de un hombre, al cuál yo conocía desde bebé... Algo que me sorprendió demasiado. Ya no era un jovencito, aunque por la edad debería serlo, pero su cuerpo era mucho más grande, exageradamente desarrollado. No conservaba ni un poco de la inocencia que yo había visto en él, cuando solía venir a casa y pasaba horas y horas con Mapini. Sus ojos eran dorados, pero no brillaban... Se lo veía furioso y lastimado. En la cara llevaba varios golpes y la ropa rasgada. Era Zemial, si... después de tanto tiempo sin dar señales de vida, era él y lo que veía me sorprendía. Mi marido seguía sin entender nada.
Dylan lo apuntó con el arma temblando, Soubi maulló y saltó contra el hombre lobo que observaba al pelirrojo. Se oyó solo un disparo y el quejido del gato. Dylan me observó, su cara estaba bañada en transpiración. No lo llegué a escuchar por la conmoción del momento, pero pude leer sus labios que decían "Lo siento" y lo vi marcharse corriendo por la puerta delantera, y otro disparo.






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