martes, 19 de julio de 2011

- Modern Vampire - [Capitulo XXVIII- Cumpleaños-]

Gabriel seguía con el padre de Paul's herido entre sus brazos.
La adrenalina iba desapareciendo de mi cuerpo. No sentía la herida de mi mano, aunque podía ver que comenzaba a cicatrizarse.
Paul's junior estaba rodeado por Ruth y Dyoxe, los tres heridos, aunque el vampiro era el más sufrido, luego de su padre.
Incrustado en el árbol brillaba mi cuchillo, con el cual había acabado al último Convertido. Caminé y lo tomé con fuerza. Estaba bañado en sangre... sangre pura e impura... pero ambas se veían tan idénticas.
Mi padre ayudaba al padre de Paul's a ponerse de pie, luego de rociarle el pecho con sangre de una herida en la muñeca que él mismo se había provocado para así la perforación en el pecho del colorado cicatrizara mucho más rápido, aunque eso iba a tardar, llevaba heridas internas.
Comencé a pensar en la combinación de la sangre, en la diferencia y en cómo reaccionaban.
Gabriel me fulminó con la mirada, oía mis pensamientos pero no le presté atención.
Intenté despejar la mente, quería pensar en Sebastian... pero no lo quería hacer en ese lugar y menos si invadían mi privacidad.
Observé a Paul's junior y me causaba gracia verlo tan lastimado... Esa imagen le quitaba todo lo soberbio que había sido conmigo el día anterior.
- Buena fiesta - Le dije fríamente.
No sé por qué lo hice, pero no pude evitar el impulso de formular las palabras hirientes. Todos me observaban.
Instantáneamente caminé directo hacia el bar donde sería la fiesta, dejándolos a todos atrás. Todavía quedaba un cumpleaños por festejar ¿No?
Estuve sentado por una hora solo en la barra del lugar, mientras la jovencita que atendía me observaba al pasar con miedo al verme ensangrentado, pero no se animaba a hablarme, ni siquiera para preguntarme si necesitaba algo.
La llegada de Gabriel al lugar me hizo voltear, su presencia era muy grande y no podía pasarla por alto. Caminó hacia mí y puso una mano sobre mi hombro. Llevaba una mochila colgada.
- ¿Y cómo te sentiste? - Me preguntó, pero extrañamente animado.
¿Que cómo me sentí? me pregunté por dentro y vi cómo él asentía emocionado con la cabeza.
- No lo sé - Contesté. Era verdad, no lo sabía. Todo era tan confuso. La hora que pasé sentado en la barra no me había servido de nada, mi cabeza seguía confundida. Sentía vértigo, miedo... pero no emoción.
- No tenes que preocuparte por los otros... ya nos encargamos-
- ¿Los otros? - Pregunté. Y el volvió a asentir con la cabeza.
- Los amigos de Paul's. Sus familiares ya están al tanto. Un accidente de tráfico- Lo vi medio sonreír.- Entonces... ¿Qué se sintió acabar con esa peste?
Creo que en ese instante no pensé en nada, pero me resultó desagradable y se lo hice notar por la expresión en mi rostro. Lo miré con el cejo fruncido y no dije nada. Me dio unas palmaditas en el hombro.
- Ya estás grande, chango- Habló para si mismo, como si se intentara convencer él mismo, y le hizo unas señas a la camarera para que se acercara. Ambos se quedaron mirando por unos segundos, hasta que ella se volteó y la perdí de vista. Gabriel sonrió.- Tomá - Y me pasó la mochila que llevaba colgada.- Acá tenés ropa para cambiarte, estás todo ensangrentado y la gente está pensando en llamar a la policía.-
Era verdad, miré en rededor y vi que todos me esquivaban la mirada antes de cruzarse con la mía. Me levanté, di un suspiro y me dirigí hacia el baño.
Jamás había entrado al baño de ese lugar y había ido cientos de veces. Estaba iluminado por una luz blanca, la cual a simple vista hacía ver todo reluciente, pero por desgracia para mi nariz sensible, podía oler que no lo estaba.
Me paré frente a un gran espejo junto al lavamanos y casi grito del espanto. Ahora notaba por qué la gente se aterraba al verme, me encontraba bañado en sangre de pie a cabeza.
Sin dudarlo me quité la ropa y comencé a limpiar la sangre de mi cuerpo, siempre atento a que nadie entrara, pero para mi sorpresa, la puerta se abrió de par en par y en un segundo vi a una persona reflejada detrás de mí. Era Paul's, se observaba los colmillos al espejo.
- Me dieron duro - Comentó, mientras pasaba un dedo sobre su dentadura.
No levanté la mirada ni por un segundo, no quería observarlo. Estar sin ropa en ese lugar junto a él me intimidaba, pero intentaba ocultarlo.
- Ayer fue la noche de mi cumpleaños... Pensé que te iba a ver- Su voz resonó en el interior de mis oídos, aturdiéndome. Él seguía observándose al espejo, mientras yo limpiaba la sangre de mi cuerpo.
- ¿No era solo para familiares? - No pude evitar sonar de una manera muy fría.
- Pero si somos familia- Se burló de mí, fulminándome con la mirada, mientras me dedicaba una media sonrisa a través del espejo.
Ladeé mi cabeza y volví a esquivarlo, siguiendo con lo mío.
Me sorprendía la velocidad con la que se estaba curando. Era impresionante ver que hacía tan solo una hora atrás, él se encontraba herido, llorando de dolor y miedo (Aunque jamás lo admitiría)
- ¿Qué haces? - Le pregunté, sobresaltándome.
- Te ayudo - Contestó tranquilamente, mientras pasaba por mi cuello un trapo húmedo, limpiando la sangre. Sus manos viajaron hasta mi nuca, y comenzaron a descender por la espalda.
Me pregunté cómo había sido posible terminar manchado con sangre por esas partes.
El roce de sus manos con mi piel provocaban estática, o eso creí. El cosquilleo que recorría mi interior me iba a matar.
Con ambas manos me tomó de la cintura, y colocó su cabeza sobre mi hombro derecho, buscando nuevamente mi mirada en el espejo. Ésta vez no pude evitarlo y me rendí ante su mirada.
Cada segundo que pasaba, me desconcertaba más y más. No me atrevía a formular palabra alguna, pero moría de ganas por preguntarle ¿Qué es lo que pretendes, Paul's? Y fue como si su mirada lo delatara. No sabía cómo lo estaba haciendo, pero sí lo que estaba sucediendo: Paul's se encontraba bajo la influencia de mis ojos, haciéndome sentir cómo viajaba desde el centro de su cabeza, hasta mis ojos y almacenándose en alguna parte de mi pecho, toda clase de información inservible acerca de él, hasta que me vi, o eso creí, todavía sin saber cómo funcionaba, pero ahí estaba yo, me podía ver claramente.
Paul's me entregaba el oso de peluche en la puerta de su casa, mientras me veía marchar junto a Gabriel.
El vampiro menor estaba recostado sobre su cama, llorando, con su teléfono móvil en mano, observando fotografías de nosotros dos juntos, y otras que tenía escondidas, de las cuáles jamás me había percatado, donde aparecía yo solo. Ahora sonreía, mirando una fotografía mía, en donde dormía con la boca medio abierta.
No sé cómo es que lo supe, pero me enteré de que los dos primeros meses luego de mi partida, él repetía las mismas acciones : Acostarse, y observar hasta quedarse dormido nuestras fotografías.
La información siguió viajando a través de mí nuevamente, pero no encontraba registro que coincidiera conmigo, era todo acerca de su vida, cosas que no me llamaban la atención, hasta que lo vi en una habitación... mi habitación en la casa de Gabriel. Paul's estaba recostado en mi cama, con varias cosas desparramadas, revisándolo todo. Gabriel lo observa desde la puerta y ambos se sonríen. Todo se puso oscuro. Gabriel...
Y en ese instante sentí como si me acabaran de patear la cabeza, desprendiéndome del vampiro.
Paul's seguía detrás de mí, era como si recién nos diéramos cuenta de lo sucedido. Él se alejó de mí, tomándose de la cabeza, caminando hacia la salida, cerrando la puerta al salir.
¿Qué había sucedido? ¿Gabriel había bloqueado sus recuerdos? ¿Los había modificado? Cientos de preguntas viajaban a mil por hora por mi cabeza, pero ninguna tenía respuesta coherente... ¿Por qué Gabriel haría algo así? ¿Acaso sabía que yo podría infiltrarme en los recuerdos del vampiro? No, era imposible... él no sería capaz de ocultarme algo tan importante... o tal vez si.


Me encontraba impecable. Gabriel había elegido una combinación de ropas demasiado elegantes para lo que solía vestir habitualmente. Me sentía incómodo porque sabía que iba a desentonar en el lugar y llamar la atención, aunque era algo inevitable.
El bar estaba repleto de personas, lleno de adolescentes ajenos a lo sucedido aquella noche, y misteriosamente no recordaban haberme visto ensangrentado.
Por lo que llegué a notar, todos se conocían entre sí... algo malo para mí.
Intenté caminar por la parte más oscura del lugar, pero igual no pude evitar la mirada y los murmullos de los curiosos.
- Bonito saco - Me dijo una muchacha de no más de quince años - ¡Hola! Soy Mellanie, y ellas son Angela y Daniela- Señaló a sus dos amigas que me sonreían tontamente.
- Mapini, un gusto - Contesté y seguí caminando.
- ¡Si! ¡Se quién sos! -
Me detuve, di media vuelta y la observé fijamente. Ella sonreía de oreja a oreja, achinando su mirada.
- Ah ¿Si? - Pregunté intrigado, y en voz baja.
Mellanie se me acercó, miró hacia ambos lados, impactó su codo varias veces contra mi pecho y dijo en un susurro:
- Si, sé quien sos - Y volvió a reír a carcajadas. Tomó a sus amigas por los brazos y se alejaron diciendo las tres al unisono: -Chao.
A todo ésto, no paraba de sentir la mirada de Paul's clavada en mi nuca, pero no volteé, me dirigí directamente hacia la mesa en donde se encontraba Gabriel, junto a los padres del cumpleañero.


- Veo que conociste a Mellanie - Me dijo Marcela, al momento de sentarme, mientras me acomodaba el saco de vestir.
Asentí con la cabeza. Gabriel me observaba por el rabillo del ojo, disimulando escuchar al padre de Paul's.
- Es la prometida de mi hijo- Volvió a hablar la mujer, siempre haciendo comentarios en mi contra inconscientemente, aunque ya comenzaba a dudarlo y me convencía de que no le caía para nada bien.
- Ah... ¿Si? - Tuve que repetir la misma pregunta que antes porque no se me ocurrió nada más. Sentía que si no me agarraba del borde de la mesa, podría caerme.
Observé a Gabriel y me vi a mí mismo enseñándole el dedo del medio, mientras le sacaba la lengua mentalmente. Él no pudo evitar dar una carcajada, e instantáneamente convenció al padre de Paul's que lo que había dicho, le había resultado gracioso. Yo miré a Marcela y sonreí.

Cuando misteriosamente los desconocidos dejaron el bar, quedando solamente los invitados, los dueños del lugar no dejaron entrar a nadie más. Gabriel me guiñó un ojo.
La música estaba un poco más alta de lo normal, pero todavía era posible mantener una conversación sin la necesidad de elevar la voz hasta gritar.
- ¿Qué pasó Porteño?- Preguntó la madre de Paul's observándome con asco, como si oliera a mierda.- ¿Primer día y ya no te hablas con tu papá?- Cerró sus ojos y negó con la cabeza.
Era verdad, no nos habíamos dirigido la palabra en toda la noche, porque ambos nos jugábamos bromas mentales a cada rato, olvidando por completo que teníamos que hablar. No supe que contestar.
- Marcela, es muy chango para hablar conmigo en la fiesta... ¿Qué dirían los invitados si nos vieran hablando?- Gabriel me humilló graciosamente frente a Marcela. Ambos reían y en mi mente la voz de mi papá que decía : Vieja metida.


No sabía cuánto tiempo había transcurrido, así que consulté la hora en mi teléfono móvil: Recién eran las doce de la noche.
La mitad de los invitados se encontraban terminando de comer, los otros caminaban por el lugar hablando entre sí, fumando junto a las ventanas, bailando al ritmo de la música, observándome.
Volví a dirigir la mirada hacia mi teléfono, tan solo para hacer algo y evitar las miradas. Revisé las últimas llamadas: Gabriel y Leon.
Leon... No dudé y automáticamente llamé a mi amigo. Agudicé los oídos y logré escuchar el tono de llamada... Nadie contestó, seguramente Leon se encontraba durmiendo.
- Dejá eso chango- Ahora si era la voz de Gabriel, nada de trucos mentales. Con una mano señalaba mi teléfono.- Estás en una fiesta, no tontees con esa cosa - Y hacía unas señas para que se lo diera.
Todo bien con que interfiriera en mi mente, era algo inevitable según él, pero darle mi celular ya era demasiada invasión de privacidad.
- Chupála - Le dije, y guardé el teléfono en mi bolsillo. Me levanté de la silla evitando las miradas de los que me habían escuchado. Necesitaba un cigarrillo.
Caminé lo más lejos posible de aquella mesa, siempre evitando la mirada fulminante de Paul's.
- Mapini - Me llamaron a mis espaldas.
Era Mellanie, se encontraba sola, sus amigas estaban alejadas tonteando con unos chicos. Ella me sonreía de oreja a oreja.
- ¡Hey! Hola...- Disimulé una sonrisa, aunque no supe si se la creyó.
- ¿Bailas? - Me preguntó, estirando una mano.
Asentí con la cabeza y no pude evitar una sonrisa verdadera. Me había intimidado, mis mejillas ardían de la vergüenza.
Toda la fiesta nos observaba. Paul's se encontraba rodeado por varios jovencitos que murmuraban cosas a sus espaldas, mientras él los golpeaba haciéndolos callar. Volví a sonreír.
Molestar a Paul's no estaba en mis planes, todo lo contrario, quería hacer las pases, pero hasta que él no aflojara por su parte, entonces iba a actuar de la misma manera. No valía la pena estar mal por él y su indiferencia, al fin y al cabo tenía problemas más importantes por los cuales preocuparme... ¡Ni siquiera eso! Me encontraba a mil trescientos kilómetros de mis verdaderos problemas. Me encontraba en una fiesta, así que estaba en todo mi derecho pasarla bien.
Gabriel intentaba alejarme de Mellanie, me recomendaba buscar a alguien más para bailar, pero junté mi mirada con la de mi acompañante y no permitimos que nada ni nadie nos estorbara.
Ambos bailábamos graciosamente. No hacía falta hablar, nos entendíamos con movimientos simples de mano, o con la mirada.
Otras parejas se nos unieron al baile, y por suerte eran más desastrosos que nosotros dos.
El grupo que rodeaba a Paul's se fue desintegrando a medida que iban entrando a la pista para mover sus cuerpos en parejas.
Mellanie me dedicó una sonrisa y al instante supe que era momento de descansar. La vi agacharse y quitarse los zapatos, luego corrió hacia una mesa y tomó Coca Cola.
- ¿Un cigarrillo? - Alguien habló de nuevo a mis espaldas, pero reconocí su presencia, aunque no podía ser...
- ¿Daniel? - Pregunté atónito, dando media vuelta.
Era él, mi amigo vampiro. Me hizo una seña para que lo siguiera, y caminamos hacia el baño.
Entramos al cuarto iluminado de blanco y al cerrar la puerta por detrás, sentí sus colmillos penetrando mi cuello violentamente. Alejó su cabeza y me observó fijamente.
Llevaba su boca llena de mi sangre. Me besó los labios, ladeó la cabeza y dejó al descubierto su cuello. Observé hacia todos lados y a simple vista no había nadie más.
Hice visible mis colmillos y lo escuché reírse, y al momento de enterrar mis dientes en su gélida carne, lo oí gemir de dolor y placer.
Se aferró con fuerzas a mi ropa y me empujó hasta terminar en un compartimiento. Me tenía atrapado contra la pared.
Ahora él bebía de mí, respirando dificultosamente. Mi sangre se le volvía irresistible, y si no ponía un poco de voluntad, se iba a terminar ahogando en ella.
- Que no termine la canción- Lo oí decir.
En mi interior me pregunté " - ¿Cómo? - " y mediante el intercambio de sangre, descubrí más de lo que esperaba:
Daniel podía viajar a cualquier lugar mediante los recuerdos, aunque había aprendido a controlarlo y viajar gracias a la música. Él había llegado a la fiesta pensando en mí y escuchando la misma canción que sonaba en ese momento. También supe que cuando la música terminara, él desaparecería.
Daniel bebía violentamente de mí. Me había desvestido desde la cintura hasta el cuello, evitando manchar la ropa nuevamente con sangre.
Yo me encontraba aterrado ¿Qué clase de habilidad era esa? Él me seguía revelando información:
Hacía unos minutos, Daniel había asistido a la fiesta donde conoció a Tamarah y Sebastian, y ocurrió la tragedia con Emanuelle y los Convertidos.
Eso no podía ser verdad. El cerebro me iba a explotar de tanta información.
- Daniel... ¡Esperá! - Gemí de dolor. Él no me prestó atención.
- Tu sangre... ¡Ah! Tu dulce sangre...- Decía con la boca llena.
Me puse a pensar, aunque el trasplante violento de sangre me distraía, dejándome llevar por un trance morboso.
Daniel había viajado hasta mí varias veces desde hacía dos noches, pero por razones desconocidas hasta para él mismo, si intentaba cambiar algo de lo vivido, aparecía inmediatamente en el lugar donde comenzó el viaje, evitando cambiar lo que se podría llamar "futuro".
Ambos nos miramos a los ojos... sus hermosos ojos color violeta. Lo vi modular, pero no logré escuchar ni una palabra. Su piel se volvía blanda al tacto, comenzando a desintegrarse rápidamente, hasta desaparecer.
Me toqué el cuello para comprobar si había sido real o no, y para mi sorpresa había sido tan real como todas las locuras que había vivido las últimas horas.
Tomé papel y limpié la sangre, aunque necesitaba lavarme si o si.
Me coloqué la ropa, pero sin abrochar la camisa. Salí del compartimiento y me observé nuevamente al espejo.
Por un segundo se me detuvo el corazón: Paul's me observaba desde una esquina, con sus brazos cruzados por delante y la mirada seria, fulminándome (Aunque sus sentimientos lo delataban, se encontraba desconcertado)
Lo vi moverse y me puse en alerta, aunque fue una falsa alarma. Negó con la cabeza y dio media vuelta, caminando hacia la salida.
- Paul's, esperá... - Le dije.
Y en una fracción de segundo me desarmó. Volé varios metros, y me embistió, haciéndome chocar contra la pared.
Quedé tirado boca arriba sobre el suelo. Él estaba parado junto a mí, observándome fríamente.
Lo vi agacharse, temí lo peor. Me besó los labios y se marchó tranquilamente.





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