martes, 2 de agosto de 2011

- Modern Vampire - [ Capitulo XXIX- La Saga del Hombre Lobo - Híbrido- ]

Los sueños con los pequeños Zemial y Mapini siguieron. Podía verlos cada vez más claros.
Cada vez que cerraba mis ojos y quedaba entre una fina linea de ensueño, sentía que recorrían por mis venas trozos perdidos de la memoria de Mapini, aunque suene ilógico, por supuesto.
El viejo me había dicho que tal vez eran ilusiones mías por la falta de sangre humana y mi nueva dieta: Las ratas.
Tamarah no entendía nada, trataba de esquivarme lo más que podía (aunque compartíamos la misma cama todos los días desde hacía diez días) pero sé que lo hacía por miedo a perderme, en su interior me había llegado a apreciar.
Cada día que pasaba, sentía que moría más y más. Le había pedido a Andrés que me golpeara en el pecho, y lo único que sentí fue la fuerza (aunque no me golpeó tan duro) pero sí logró moverme dos pasos hacia atrás. Nada de dolor. Mucho miedo.
- ¡Ay! Basta Sebastian, debe ser cosa de vampiros... estás acostumbrándote a tu nueva vida, no me sorprendería que en cualquier momento me sucediera lo mismo- Dijo Tamarah arrodillada junto al fuego, mientras le acariciaba entre las orejas a Tobby.
El viejo nos observaba, yo me sentía incómodo, porque además de ser un invitado forzoso, era un paciente sin cura...
- En mis veinte años de vampiro - Decía el viejo acercándose rengueando hacia el fuego.- jamás sentí lo que estás sufriendo, Sebastian.- Me dijo, cosa que no me tranquilizó para nada.
Le sonreí, pero no supe por qué, tal vez solo para hacerle saber que no había problema, aunque sí, había uno muy grande y era que sentía próxima mi muerte.
Los días en el refugio me resultaban aburridos, pero agradables. Sentía que tenía una familia, algo que no había sentido desde hacía mucho tiempo... pero me sentía tan vacío, y no era por la falta de Alex, que en paz descanse... sino por la ausencia del vampiro que provocó que mi vida diera éste giro tan inesperado: Mapini.
Y fue en un segundo que recordé uno de los últimos sueños: Mapini bebía de la sangre de Zemial, podía sentir el gusto amargo en mi boca todavía y ver los ojos marrones del hombre lobo apagándose, muriendo.
La desesperación de Mapini al momento de la muerte de su amigo era contagiosa, deprimente. Mapini había comenzado con un simple corte en la palma de la mano para darle de beber al moribundo, pero siguió con un corte brutal en el brazo, derramando demasiada sangre, pero no funcionaba, de alguna maldita forma no funcionaba y eso lo desconcertaba.
Por alguna extraña razón, sabía que Mapini nunca supo que su amigo era un hombre lobo y el pacto de sangre que estaban llevando a cabo era lo más arriesgado que habían hecho en su vida... Pero su amigo lo necesitaba, Zemial realmente necesitaba de la sangre de Mapini, o eso creían... Si él le había dicho claramente que estaba sufriendo cambios en su cuerpo, estaba sintiendo como si la muerte estuviera cerca... al igual que me estaba ocurriendo a mí... Y ahí fue cuando todo se me aclaró.
- Zemial - Dije en voz alta, llamando la atención de los otros vampiros.
Tamarah me miró con los ojos entrecerrados y el viejo no entendía a qué me refería.
- ¿Zemial?- Me preguntó la vampireza.
- ¡Si! Él pasó por lo mismo que yo... La sangre de Mapini, la muerte verdadera.
En unos minutos les conté sobre mis sueños y en cómo había muerto (supuestamente) Zemial.
- Él ahora comparte la misma sangre que Mapini, es un híbrido, por eso su fuerza es tan sobrenatural.
- Son deducciones muy rápidas y frágiles.- Comentó el viejo para sí mismo, mientras le daba vueltas al tema en su cabeza, o eso era lo que aparentaba.
- En mi cuerpo hay restos de sangre de Mapini, de eso no hay dudas, por algo existe ésta conexión entre los dos, pero lo que no entiendo, es por qué Alex o el acompañante de Felix terminaron desintegrados al contacto con la sangre pura.
- Debe ser por la cantidad que ingeriste- Dijo Tamarah, luego de pararse y observarme fijamente con los brazos cruzados sobre el pecho, como si buscara en mi rostro rastros de la sangre del vampiro Puro.
- Si eso es verdad, entonces lo que estás sintiendo es la verdadera muerte que te está comiendo por dentro... como a mi mujer.- El viejo seguía hablando para sí mismo, intentando analizar todo.- La sangre Pura es como un cáncer para nosotros, y nos va matando lentamente...-
- Pero ¿Por qué?- Pregunté alertado.
- Es una buena pregunta, pero si lo sabríamos, entonces tendríamos la cura en mano o al menos una idea de cómo parar ésto.
- ¡A eso es a lo que me refiero! - No pude evitar gritarlo.- Si tan solo pudiera hablar con Zemial...-
- ¡Estás loco! - Tamarah me señalaba con un dedo.- ¡Ni lo pienses Sebastian!-
Ahora si que no me quedaba ninguna duda de que Tamarah me quería. Le sonreí, pensé en abrazarla pero fue tan solo un momento. Ella agachó la mirada y me evitó exageradamente.

La conversación terminó ahí, el resto de la noche las miradas se esquivaban automáticamente, nadie decía nada.

Cuando la salida del sol era inminente, me fui a la cama primero, quería estar solo y pensar tranquilamente.
Intentaba analizar los sueños, las cosas que sabía gracias a los recuerdos de Mapini en mi cuerpo, pero sentía que nada era útil.
Zemial caminaba a mi lado, iba sonriente y comentaba algo acerca de una broma en el colegio. De inmediato supe que me encontraba soñando.
Observé hacia atrás y vi a Marcela en la vereda observándonos mientras nos alejábamos. La calle se me hacía demasiado familiar, era la vereda de Mapini, aunque no la había podido reconocer a simple vista porque el sol brillaba sobre nuestras cabezas.
Caminamos dos cuadras, en las cuáles sentía que de mi boca se escapaban palabras, las cuáles eran las contestaciones de Mapini hacia su amigo. Yo seguía observando el lugar, era justamente el camino que tomamos con Tamarah hasta llegar al refugio.
Nos detuvimos frente a un gran portón verde, junto a una galería con los vidrios empapelados con diarios.
Entramos y no reconocí el lugar, jamás había estado en esa casa, pero subimos las escaleras y llegamos a una habitación bastante desordenada, con un gran ventanal que iluminaba todo el interior. ¡Era el dormitorio de Zemial!
Me desperté sobresaltado, era como si la sangre en mi interior me estuviera controlando, o se quisiera salvar así misma, mostrándome lo que necesitaba: La ubicación de Zemial.
Lo más irónico de todo eso, era que todo el tiempo había estado tan cerca...
Tamarah dormía a mi lado, enroscada entre las sábanas. Los ronquidos del viejo se oían desde la otra habitación.
Me levanté y caminé cuidadosamente sin hacer ruido y así no despertarlos.
Abrí las cortinas negras y pude ver que todavía era de día, el crepúsculo no estaba tan lejos, pero todavía había sol.
Tomé prestada la capa andrajosa del viejo y me la eché por encima.
Caminé hacia la entrada al refugio, Tobby me siguió y le hice una seña para que se quedara.
Era la primera vez, desde que habíamos llegado con Tamarah, que iba a intentar salir de ahí.
El camino por el acueducto se me hizo más corto que la primera vez, tal vez por mis ansias, no lo sabía.
Al llegar al otro lado, respiré aire puro, me encontraba lejos de la fortaleza de basura. Ahora lo que me rodeaban eran árboles que desprendían frescura, y una gran inseguridad.
Los pequeños rayos de sol que lograban penetrar las grandes cortezas chocaban contra la capa, pero igual ardían.
Caminé por instinto, sabía que me dirigía por el lugar correcto.
Me detuve un instante y observé a larga distancia las ropas rasgadas que habían pertenecido al acompañante de Felix, por lo visto su cuerpo, o lo que quedara de él, se había desintegrado bajo la luz del sol, ya que se encontraba sobre un descampado y los árboles no lo protegían.
Me encontraba alerta ante todo ruido, pero sabía que podía caminar con seguridad, ya que no olía a ningún licántropo y estaba más que seguro de que ellos ni se imaginaban que un vampiro loco como yo, se iba a largar a caminar cuando el sol todavía brillaba.
Al llegar al borde del campo, dudé en si seguir con mi marcha o esperar a que el sol se ocultara un poco más. También pensé en ¿Qué es lo que estoy haciendo? ¿Qué es lo que pretendía? ¿Que Zemial me viera, me diera un abrazo y me ayudara a buscar una cura? ¿Su tarea no era exterminar a vampiros como yo? Negué con la cabeza y seguí caminando, siempre con la capa sobre mi cuerpo y cubriéndome el rostro.
Sentía cómo los curiosos me observaban, pero trataba de no darles importancia.
El olor a humanos me inquietaba, deseaba un sorbo al menos, tal vez eso me curaría...
- Amigo, quedate quieto o sos boleta- Me dijeron al pasar por un pasillo bastante húmedo.
Me encontraba rodeado por tres hombres, uno atinó a quitarme la capa, pero lo tomé por la muñeca fuertemente y sentí un "clic" luego un grito de dolor por su parte.
Los otros dos se me tiraron encima, uno logró apuñalarme bajo el brazo derecho. Tenía que moverme con cautela, el sol todavía brillaba y si se me caía la capa, era hombre muerto.
Tomé por el cuello al que me había apuñalado y lo arrinconé contra la pared, mientras el otro me golpeaba con todas sus fuerzas por la espalda, por supuesto que ni lo sentía.
Gracias a mi influencia de vampiro, obligué a mi víctima apuñalar a uno de sus acompañantes tantas veces como le sea de su agrado.
La sangre brotó y manchó todo su alrededor.
Oía los gritos del que llevaba la muñeca rota
- ¿Qué hacés? ¿Qué hacés?- Gritaba, y no sabía para dónde correr.
También oía los murmullos de las personas que vivían alrededor, pero nadie se atrevía a salir y observar.
Cuando el cuerpo sobre el suelo parecía un colador, obligué a mi atacante que se suicidara, abriéndose la garganta de lado a lado.
Antes de que tocara el suelo lo tomé entre mis brazos y bebí de él, aprovechando la situación.
El tercer atacante entró en pánico y corrió. El muy imbécil corrió mirando hacia atrás y quiso cruzar la calle, pero para su desgracia no vio venir un automóvil y lo arrolló.
Sonreí con la boca llena de sangre. Observé a los tres cadáveres y seguí caminando.
Me sentía satisfecho, pero mi interior seguía vacío. Eso había aclarado mis dudas: Lo que me estaba sucediendo, no era falta de sangre.
Aceleré el paso porque las personas habían escuchado el choque y salían a ver el accidente.
Varias mujeres gritaban, no entendían lo sucedido: Un hombre apuñalado, el otro con un corte en la garganta y el tercero bajo las ruedas de un auto.
- ¿Por qué hiciste eso? - Me preguntó un nene desde una ventana.
Sentí como el corazón se me estrujó en un segundo.
- Intenté ayudarlo - Le contesté mientras le sonreía, pero supe que mi apariencia daba miedo al ver la cara de susto que puso cuando vio mis colmillos y la sangre.
- Es mentira, yo te vi y sos un hombre malo - Dijo inflando sus cachetes.
- No soy un hombre - Le dije y me fui.
Logré oír que la madre se acercó corriendo para sacar al hijo de la ventana, y lo pude imaginar, como si lo estuviera viendo enfrente mío, pataleando y moviendo los brazos hacia todos lados, diciéndole a la madre que acababa de hablar con la muerte.
Había hablado con la muerte... qué irónico me resultaba. La muerte luchando contra la muerte, buscando una solución para detenerse así misma.
Seguí caminando, aprovechando el amontonamiento de personas y pasando desapercibido.
Por supuesto que lo que acababa de vivir me había hecho pasar por alto que era territorio de licántropos y el haber armado tremendo escándalo no había sido para nada bueno.
El olor a perro comenzaba a penetrar mis fosas nasales. Se los sentía agitados, sabían que me encontraba ahí, pero desconocía los aromas, Zemial no rondaba por el lugar, así que corrí y me alejé lo más que pude.
Al llegar al gran portón verde me quedé congelado. Una señora me observaba, pero no como todos los demás curiosos, sino que en sus ojos había algo que decía "Sé lo que sos, pero ¿Qué pretendes?" y eso me aterraba.
La miré fijamente a los ojos y le ordene que se marchara, ella se tapó la boca y dio unos pasos hacia atrás, pero no quitaba su mirada sobre la mía.
Sentí un fuerte dolor en la cabeza, supuse que era el sol, pero el calor no provocaba lo que estaba sintiendo. Era como si tuviera una herida abierta, de la cuál emanaba sangre y ella con la mirada la absorbiera.
Me asusté y no supe que hacer, aquella mujer estaba haciendo algo realmente extraño, pero para mi sorpresa la vi sonreír y se marchó, entrando en la casa de al lado.
- Bienvenido al mundo real- Me dije irónicamente, aún aterrado.
Rodeé la casa y salté hacia el gran ventanal que sabía que daba al dormitorio de Zemial. Por un instante había pensado en tocar el timbre o tener una entrada más formal, pero ¿Qué clase de idiota haría eso?
Observé hacia el interior del dormitorio y no vi a nadie. La puerta de lo que parecía el baño estaba entreabierta y dejaba escapar vapor. Podía oír la lluvia de la ducha caer.
Intenté abrir la ventana pero estaba cerrada desde adentro, tenía que abrir el vidrio si o si, pero alertaría a los integrantes de la casa.
El sol ya se estaba ocultando, el exterior se volvía frío y oscuro, pero igual no me quitaba la capa.
Dejé de oír la lluvia de la ducha y me puse en alerta, no sabía lo que iba a suceder. Pensé en ocultarme, pero no tenía dónde, y para mi sorpresa, Zemial salió del baño con una toalla secándose el cabello.
Ambos nos quedamos congelados, observándonos. No sé cuánto tiempo pasó, pero nuestras miradas no se separaron.
Él observó hacia todos lados y lo vi hacer algo raro con la nariz, como si olfateara en rededor. Caminó hacia la ventana, la destrabó, se dio media vuelta y se dirigió hacia su cama, donde tenía toda su ropa.
- ¿No pensás entrar?- Me dijo. Su voz me estremeció de pié a cabeza.
Abrí el gran ventanal, di un paso y me quedé parado, desconcertado, no entendía lo que sucedía.
- Por un momento pensé que era una locura de la vieja de al lado - Volvió a hablar, mientras se colocaba un calzoncillo dándome la espalda.- ¿Justamente vos tenías que ser?
Y lo vi negar con la cabeza. No dije nada, tan solo lo observaba mientras se vestía. Tenía miedo, debo admitirlo, él actuaba con tranquilidad luego de habernos enfrentado bajo el puente en Palermo.
- Me estaba bañando y la escuché hablar- Lo oí dar una carcajada.- Pensé que estaba delirando o algo por el estilo, pero me advirtió que estabas por entrar- Ahora se dio media vuelta y me observó. Su mirada dorada contagiaba pasividad.
Me quité la capa y me acerqué un poco más. Me sentía seguro, pero mi cuerpo estaba tenso.
- Así que necesitas mi ayuda- Lo vi asentir con la cabeza de una forma irónica.
Me desconcertó por completo ¿Podía leer la mente?
- Zemial, soy Sebastian, amigo de Mapini y vengo a pedirte un gran favor- Le dije, observándolo a los ojos con gran esfuerzo. Tenía ganas de salir corriendo, no sabía qué hacer.
- Si, sé quién sos... La abuela de Mapini me acaba de contar... de una forma bastante extraña todo acerca de vos - Por el tono de voz, él también se encontraba desconcertado. Me observaba con los ojos entrecerrados, analizándome.
- ¿Y Jenny? - Pregunté.
- ¿Jenny? - Me preguntó con mucho interés - ¿La humana que casi matas? -
"Casi" Esa palabra me hizo saltar el corazón.
- ¿Está viva?- Pregunté exaltado, y lo vi asentir con la cabeza, pero en su rostro se notaba mucho más desconcierto.
- Sos raro... sos diferente a los demás - Me dijo, mientras se sentaba en la cama, y se llevaba una mano al mentón observándome.- Si no fuera por tu olor a muerte, pasarías desapercibido como un humano.
No supe que contestar, qué hacer, ni nada. Seguía congelado.
- ¿Es verdad todo lo que me contó la vieja loca sobre Mapini?-
- Perdón, no sé de qué hablas- Le contesté.
Y me contó (de vez en cuando dando una risa irónica por el desconcierto) todo lo que la extraña abuela de Mapini le había transmitido telepáticamente mientras se daba una ducha.
- Ahora lo que no entiendo... ¿Es qué haces acá? -
- Necesito tu ayuda - Le contesté rápidamente y acercándome unos pasos.
- Es que no puedo ayudarte en nada- Y al decir eso, sentí como subrayaba la palabra "nada".
- Zemial... Si supieras las cosas que sé en éstos momentos, cambiarías de parecer- Mis palabras sonaban a ruego.- ¿Por qué habría de matar a todos los vampiros impuros?
- ¡Porque son una amenaza para la sociedad! - Dijo parándose de pronto y sin dudarlo.
- Pero no todos somos iguales -
- ¡Casi matas a una humana frente a mis ojos! -
- P...pero ese no era yo. Además, nunca quise hacerle daño. Yo amo a Jenny.- Al decir eso, sentí como mi corazón se estrujaba. Vi a Zemial observarme mucho más desconcertado.
- ¿Amor? ¿Me estás hablando de amor? - Dio una risa forzada.
- Si, pero mi instinto y sed de sangre fueron mucho más fuertes...-
- No...-
- Pero Mapini me enseñó a beber sin matar -
Esa afirmación lo hizo tambalear pero se mantuvo en pié.
- ¿Sabes? Diecisiete años de amistad y jamás supe que él era un vampiro...-
- ¡Y él nunca supo que vos eras un Hombre Lobo!-
Otra vez lo desconcerté, haciéndolo abrir los ojos muy grandes.
- ¿Y vos cómo es que sabes todas esas cosas? Mi clan te aniquilaría en un segundo si se enteraran de todo ésto...-
- Zemial, por favor- Le dije, y me acerqué a él, dejando al descubierto mi muñeca y acercándosela a su cara.- Comprobálo por vos mismo.
- Estás loco - Me dijo, y me quedó observando.- ¿Qué es lo que pretendes?
- Quiero que veas todo lo que viví y después decidís lo que quieras.- Tragué saliva, lo que estaba por hacer realmente era algo de locos.- Si tu decisión es aniquilarme, lo acepto, pero primero por favor...- Y volví a acercarle la muñeca.
Él la tomó con las manos firmes, y dejó al descubierto sus dientes. Se lo veían más feroces que los de vampiros, muchos más gruesos. Abrió su boca y me observó a los ojos fijamente.
- ¿Estás seguro?- Me preguntó, y le asentí con la cabeza.
Sus grandes colmillos me hicieron estremecer todo el cuerpo. Sentía su saliva viajando por todo mi cuerpo, como si me quemara. Era veneno puro, lo sabía, esa cosa me iba a matar.
Sentí sus brazos por mi espalda y con su ayuda terminé recostado en su cama.
- ¡Hey! ¿Estás bien?- Me preguntó.
Me sentí como un tonto, yo acostado y él mirándome asustado. Asentí con la cabeza, no podía hablar, sentía su saliva en mi garganta y temía escupir sangre.
Estiré mi brazo nuevamente. Él se arrodilló junto a la cama y sin dudarlo, volvió a clavar sus dientes sobre mi muñeca. Sentí su mano tapándome la boca, ahogando mi grito de dolor.
La succión de sangre dolía como ninguna otra cosa de la vida. Sentía como viajaba a través de mi brazo la información que él necesitaba. No lograba concentrarme, el dolor me iba a matar.
Me retorcía en la cama, pero sentía sus manos aferrándose a mí fuertemente. ¿Y si me mataba ahí nomas? ¿Y si todo lo que me había dicho era mentira y tan solo buscaba vengarse? No, había algo en mi interior que decía que no... algo que sonaba como su voz.
- ¿Zemial? -
Él salió despedido hacia atrás y yo sentí que el alma me volvía al cuerpo, que volvía a respirar.
- ¿Mellodie? - Lo escuché preguntar.
Intenté reincorporarme en la cama, pero no tenía las fuerzas suficientes. Zemial se levantó del suelo y me tomó por los hombros, y me observó fijamente hacia los ojos.
- Cerrá la puerta- Le ordenó a la mujer que nos acompañaba.- Sebastian, si todo eso que me contaste es verdad, hay que hacer algo urgentemente.
No pude decir nada, tan solo mover la cabeza extrañamente, aunque le di a entender que estaba de acuerdo.
- ¿Qué es ésto? - Oí gemir a la muchacha que acababa de cerrar la puerta.
- Amor, es largo de contar, pero por ahora no hagas ruido-
- Zemial, decíme que eso no es un Convertido.
Lo vi asentir con la cabeza, pero con mucho temor.
- ¡Matálo!- Gritó ella, pero Zemial se levantó y la tomó de los brazos y no llegué a ver lo que sucedía, pero ambos se quedaron callados por un buen rato.
-No... no no, estás loco-
- Mellodie, lo necesita, se está muriendo.
- ¡Y que se pudra! ¡Es un Convertido! Zemial ¿Perdiste la cabeza?
- Es mucho más de lo que te acabo de contar, pero no hay tiempo, tenemos que hacer algo urgente.- Dijo Zemial, acercándose a mí.
Yo seguía observando el techo, débil, muriendo. La mayor parte de mi sangre residía dentro de Zemial, y la sangre de Mapini me consumía mucho más rápido que antes. Varios calambres atacaban mi cuerpo.
- La manada se va a enterar de ésto - La oí amenazarlo.
- Por supuesto amor que se van a enterar de ésto-
- ¡No me llames más amor! ¡No soy más tu amor! Vine a buscar mis cosas nada más, y me encuentro con éste espectáculo.
Vi la mirada de Zemial caer hacia el suelo, dándole la impresión de un perro triste, con sus ojos dorados brillando.
- Es lo último que te pido- Lo escuché decir.- Y después te podes ir tranquila con tus cosas, yo me encargo de hablar con la manada.
Mellodie se acercó a mí, dirigiéndome una mirada de odio.
- Necesita de mi sangre, es la única sangre que sobrepasa el poder de los Puros.- Dijo Zemial, observándome de pié a cabeza.
- Realmente estás loco...
- Es la única manera.
- O dejarlo morir.
Zemial le dedicó una mala cara a la rubia que nos acompañaba. Ahora se agachaba y se acercaba a mi rostro, para hablarme de cerca, como si me viera muerto.
- ¿Estás bien? - Me preguntó, y moví los ojos.- Si, lo está todavía.
Caminó por la habitación, dio unas vueltas, lo oía respirar profundo, mientras Mellodie suspiraba fuertemente haciendo notar su frustración de vez en cuando.
- Sebastian, no sé qué va a pasar después de ésto, pero espero que de resultado.- Me dijo el Licántropo, con un cuchillo en mano y su pecho al descubierto.- Mello, los brazos- Le hizo una seña con el mentón para que me agarrara de los brazos, y lo vi apuñalarse a él mismo el pecho.
La sangre comenzó a brotar y con una mano colocó mi cabeza junto a él.
Comencé a beber, sentía el mismo gusto que en mis sueños, pero podía reconocer que no era solo su sangre la que viajaba. Un dulce sabor recorría junto a la sangre de Zemial... Sangre que comenzaba a viajar por mí, haciéndome levantar temperatura. Mi cuerpo temblaba, quería gritar, pero Zemial me apretaba contra su pecho y ahogaba mis gritos. Mellodie me sostenía con gran fuerza para ser mujer. El licántropo gimió de dolor al momento que clavé mis colmillos en él y logré quitarle más sangre.
Sentí como si tuviera orgasmos múltiples, mi cuerpo se recuperaba a gran velocidad, pero había algo más, algo nuevo viajando a través de mí y no sabía que era, pero me hacía sentir seguro y mucho más fuerte.
Zemial me fue soltando lentamente, Mellodie lo siguió, pero algo nos alertó a los tres: Un aullido de lobo.
- Ayañir - Dijeron al unisono.
- ¡Te dije que no era buena idea! - Gritó la rubia.
- ¡Sebastian!- Me gritó Zemial, tomándose del pecho, agitado - Decíme que viniste solo...-
No sabía si ya era capaz de formular alguna palabra, pero me ayudé con las manos y me levanté.
Fue tan fácil como respirar. Me sentía renovado, con muchas fuerzas. Tal vez era una simple impresión, pero creía que era capaz hasta de volar.
Me puse de pié y observé todo. Zemial y Mellodie me observaban asustados.
- M... muchas gracias- Le dije, pero sin dejar de observar mi cuerpo.
Podía ver todo con más claridad, con más detalles. Sentía que podía ver moverse las cosas antes de que sucedieran, o saber lo que iban a decir antes de pronunciar algo. Me sentía un Dios.
- Te vas a tener que ir como sea...- Dijo Zemial.
- ¡No! ¡El se va con nosotros! ¡Prometiste contarle a la manada lo sucedido!
- Pero Mello... es un peligro justo ahora.
Y otra vez se escuchó el aullido.
- Nos necesitan.- Dijo la rubia y la vi salir corriendo tras la puerta.
- Ahorremos tiempo- Me dijo Zemial, y lo vi abrir el ventanal y saltar por él.
Lo seguí y al caminar sentía como si flotara. Mi cuerpo era más liviano que una pluma, y hasta diez veces más ágil que antes.
Salté la ventana, fue como si bajara un escalón.
Corrimos hacia la calle y vi lo que me temía: El viejo y Tamarah estaban en el medio de la calle, rodeados por tres licántropos.
- ¡Acañir! ¡No les hagan nada! - Escuché la voz de Zemial que resonó en toda la cuadra.
Todos nos observaron, quedando atónitos. El licantropo no le prestó atención y señaló al viejo.
- La cabeza, cortále la cabeza- Ordenó Acañir a sus compañeros.
- ¡No! - Grité.- ¡Tamarah, corré! ¡El viejo! ¡Ayudá al viejo!- Y sentí un impacto contra mi espalda, haciéndome volar varios metros. Me dieron vuelta y comenzaron a golpearme en la cara. Eran dos jovencitos, a los cuáles los tenía tomados del cuello, evitando que me mordieran y despedazaran.
Escuché el grito de Tamarah y el gemido de dolor del viejo, pero no pude ver qué sucedía.
Apreté con fuerza el cuello de un licántropo y lo hice volar varios metros, al otro lo hice chocar contra un árbol y lo oí aullar del dolor.
Sentí una presencia humana y la reconocí al instante. Me di media vuelta y la vi.
- ¿María? ¿Qué mierda hacés acá?- No dudé ni por un segundo y la golpeé en la nuca, dejándola fuera de combate. La tomé entre mis brazos y corrí lo más rápido que pude (a una velocidad impresionante debo admitir) hasta la casa de Mapini, dejándola recostada en la entrada.
Las dos cuadras se me hicieron más que cortas. Al momento de volver a la batalla, vi a Zemial lastimado, dándole la espalda a Tamarah que llevaba al viejo entre sus brazos.
Mellodie, Acañir, Millañir y Ayañir se encontraban en posición de ataque frente a Zemial, por lo visto ellos lo habían herido.
Zemial me observó arrodillado en el suelo, con una mano en el pecho y sangrando por la boca, y lo pude entender, sabía lo que me estaba pidiendo: Él pretendía que escapara, que lo dejara, que él podría encargarse solo, pero que ayudara a los otros dos Convertidos... Aunque por lo visto, el viejo había muerto.
En una fracción de segundo, me coloqué detrás de Zemial, le puse una mano sobre un hombro y observé a los licántropos.
Mellodie me miraba con miedo, mientras le susurraba muy por lo bajo algo a Ayañir.
- Traición- Escuché que gritó la mujer de pelo plateado.
Zemial me sonrió y lo vi correr contra la mujer. Los otros tres licántropos no se movieron, no nos quitaban la mirada a Tamarah y a mí.
El choque de los licántropos sonó como la embestida del automóvil esa tarde. Era cuestión de segundos para que las personas salieran a ver lo que sucedía.
- ¡Vayansen ya!- Escuché gruñir a Zemial.
Tomé el cuerpo del viejo y vi que Tamarah llevaba un gran rasguño en el estomago, aunque no parecía nada grave.
- No se van a ir a ningún lado- Escuché que habló Mellodie.
Acañir y Millañir se abalanzaron sobre nosotros, pero los pude evadir fácilmente, y cuando pasaron por mi lado, los golpeé por detrás con la mano libre que me quedaba, dejándolos fuera de combate.
- No te vamos a dejar- Le dije a Zemial, mientras chequeaba el cuerpo inerte del viejo.
- ¿Qué es lo que hicíste Zemial? - Decía Ayañir, con la cabeza contra el asfalto, mientras Zemial la bloqueaba.- Acabás de crear un enemigo mortal... ¡Perro estúpido! - Y la vi escupir sangre.
Mellodie caminó hacia Zemial y lo tomó por la ropa, y con un simple movimiento lo quitó de encima de Ayañir.
Ambas mujeres estaban de pié, observándonos. La de pelo plateado se sostenía del brazo de la rubia.
- Tomen el cuerpo del anciano y márchense- Dijo en voz alta Mellodie... Al parecer ella resultó ser la lider- Convertidos, es la última vez que logran escaparse, la próxima toda la manada va a ir contra ustedes. Zemial, quedas desterrado, y ahora tu cabeza corre peligro de muerte.
Zemial caminó hacia Tamarah y quiso tocarle la herida, pero ella se alejó aterrada.
Las mujeres licántropos tomaron a sus dos compañeros desmayados y se perdieron de vista.
Zemial, Tamarah, y yo nos dirigimos hacia el refugio, donde enterramos el cuerpo del viejo. Tobby aullaba junto a la tumba de su dueño, expresando su dolor por la pérdida, mientras Zemial le acariciaba las orejas y le decía : - Todo va a estar bien.

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