miércoles, 7 de septiembre de 2011

- Modern Vampire - [ Capitulo XXX -L-J-Z-T-S-M ]

 LEON        

 Me revienta la cabeza pensar en que María está con ellos.  
 Desde hacía varios años que eramos inseparables... ¿Y ahora qué? Mis dos amores se fueron. Una traición imperdonable. Mi moto y María viajando vaya a saber uno por donde.            
 Me encuentro solo en mi cama, con ésta hoja en mano y un lápiz, escribiendo mamarrachos, extendiendo lo inevitable. 
 Soy un miedoso, lo sé, por eso siento que balbuceo sobre el papel, esperando que sea el momento adecuado...
 Hace días que vengo estirándolo, y me tiemblan las manos porque sé que saben que les llegó el día. 
 Ésta hoja se encontraba sobre mi mesa de luz desde hacía varios días, como dije antes "Esperando que sea el momento adecuado" 
 María se fue y sé que no va a regresar, todo por mi maldita culpa. (Amor, si estás leyendo ésto, perdonáme, te amo y sé que lo voy a seguir haciendo hasta mi último respiro, y en el más allá... Espero que vos también) 
 No sé si fui más cagón al pensar en ésto, o si lo estoy siendo ahora mismo. (Les juro que jamás en mi vida tuve tanto miedo como ahora) 
 Me siento solo, enfermo (Aunque no lo esté) Pero sin ella, todo se vuelve enfermizo. 
 La casa ya no es lo que era antes, no... Los colores perdieron vida, las flores misteriosamente se marchitaron (Y eso que las regaba en su debido tiempo) La televisión se volvió más aburrida que antes, las mujeres no causan el mismo efecto en mí, me parecen algo sin importancia. La comida dejó de tener gusto y hasta pareciera que el sol comenzó a esquivarme. 
 María al partir, se llevó toda la vida de ésta casa... Toda mi vida.         
 Espero que las personas que lean ésto, no crean que me volví loco o que estoy tomando una decisión demasiado exagerada (Aunque dudo mucho que no me tomen así) ¡Pero quisiera verlos en mis zapatos! 
 ¿Cuál es el sentido de la vida? Yo creí haberlo encontrado... Pero ¿Qué sucede cuando ese "sentido" desaparece? ¡Por Dios! ¡Que alguien me oriente!
 Tengo la mínima esperanza de que antes de terminar de escribir ésto, mi amada de cabellos dorados entre por la puerta, con una gran sonrisa en el rostro, pidiéndome disculpas y diciendo:
- Amor, volví ¡Pude traer a Mapini de vuelta a casa! Perdón, te amo-
 ¡Ah! Lo mucho que deseo eso... Maldito hijo de puta, cómo te extraño. Espero que sepas que la lágrima que acaba de arruinar la hoja fue provocada por todos los sentimientos que tengo hacia vos. Realmente te extraño, y sé que nos vamos a ver en la eternidad amigo... Y no vamos a tener que escapar de nada ni nadie. Vamos a sacarle canas verdes al barbudo y a gastarle bromas a todos por toda la eternidad... ¿Quién sabe? Por ahí como castigo, nos mandan de nuevo a la tierra y seguimos haciendo de las nuestras. ¡Ay Dios! Hoy en día ya todo se me vuelve creíble. 
 Para las otras personas que estén leyendo ésto, espero que se enteren de lo que está sucediendo, porque (con una gran sonrisa en mi rostro) puedo imaginar la cara de desconcierto de los policías, bomberos, médicos o quien sea que esté leyendo éste papel.
 No soy quién debería revelar ésta información... No... Y tampoco creo que algún día vaya a salir al sol la verdadera historia de la vida de mi gran amigo Mapini. ¡Ah! ¡Qué personaje! 
 Ay que admitir que aunque él no hizo nada más que un simple llamado, logró cambiarme la vida drásticamente. Mi amigo puede que no sea un héroe por acciones ¡Pero qué vida lleva! Realmente me gustaría saber cómo termina todo ésto... ¡Pero qué digo! Quisiera saber cómo sigue todo, pero sé que desde algún lado voy a seguir tus pasos y te voy a estar apoyando... Tal vez sea de más ayuda en ese estado. Voy a ser tu ángel guardián. Te deseo lo mejor... Realmente sos lo que siempre demostraste ser, y en ésta última oración te confieso que voy a estar agradecido por siempre. 
 María, espero que la decisión que tomaste al partir haya sido la correcta, al igual con lo que estoy por hacer. 
 Te amo. 

P.d: El forro de Sebastian todavía tiene mi ropa... Como última voluntad espero que la devuelva en condiciones. 
P.d2: Que alguien le diga a Tamarah que la actuación no es lo suyo.

                                                                                              Leon. 









JENNY.


Me despertó mi teléfono al vibrar. Abrí la tapa y lo revisé, eran actualizaciones en mi red social.

 Jenny Love
.- No sé dónde estoy, me sucedió algo inexplicable. Hay gente caminando a mi alrededor, todos me observan y murmuran cosas... Es una especie de hospital... ¡Hay chicos lindos! nqwrybvqwr.
  Hace once días. A Judith y a otras dieciséis personas les gusta ésto. 

¡Dios mío! ¡Qué noche! No me acordaba de haber publicado tal cosa... Y a decir verdad, no sabía dónde estaba... Tal vez me había agarrado un coma etílico o algo parecido... Pero lo que me llamaba demasiado la atención, eran los comentarios de mi amiga Judith:

- Trola, atendé el puto teléfono.- Hace nueve días. Me gusta.
- ¡¿Dónde te metiste?! ¡Tu mamá no para de llamarme!.- Hace pocos segundos. Me gusta. 

Me dolía todo el cuerpo, como si hubiese estado en una pelea, el cuerpo cansado y la cabeza me daba vueltas y vueltas, pero quitando eso, me sentía extrañamente fuerte...
 La habitación tenía un estilo parecido a los que usaban en las películas de militares que veía con mi papá. La cama con resortes, el colchón muy delgado, la almohada limpia pero muy gastada y el cubrecama causaba comezón.
 Miré por la ventana y vi que estaba oscureciendo... ¡Y que estaba en el medio del bosque! 
 ¿Cómo había terminado ahí? No tengo la menor idea. 
 Intenté hacer memoria... Salí de casa, caminé hacia el Antro ¡Y aparecí acá! No, no... Jenny, recordá... 
 Caminé hacia el Antro... ¡La pareja en el túnel! ¡Ay, qué vergüenza! ¿Me había ido de fiesta con ellos? No podía recordarlo... La cabeza me seguía dando vueltas, tenía hambre y comenzaba a preocuparme.
 Salí de la habitación y me encontré conque el lugar era un sin fin de pasillos deshabitados, y para el colmo, la batería de mi teléfono estaba chillando, a punto de morir. 
 Intenté hacer una llamada ¡Y se apagó! Realmente estaba meada por un elefante. 
 Comencé a caminar sin rumbo alguno, no sabía hacia donde iba, pero sentía como si mi cuerpo reconociera esas andanzas, los olores, los colores... como si no fuese la primera vez que caminaba por esos lugares... Y así fue, en un santiamén terminé en lo que parecía la cafetería del lugar.  Comí porciones de varias tartas que encontré en la heladera,  probé toda clase de jugos y me llevé para el camino un sándwich de jamón y queso por si las dudas, aunque no me duró mucho ¡Y otra vez mi cuerpo me llevó solo! Salí hacia el exterior, y eso que los pasillos parecían un laberinto... El hambre no cesaba, deseaba más comida.
 "Campo de Mayo" decía un cartel en la puerta. ¿Por qué me sonaba tan familiar ese nombre?
 No le di importancia, mi sándwich estaba por terminar ¡Quería otro! Pensé en volver a entrar... ¡Ah! 
 Di unos saltos en el lugar y no supe que hacer, me moví por instinto y fui a ver qué había más allá... Árboles y más árboles. Mi sándwich había pasado a la historia, al igual que mi batería.
 La noche estaba acercándose y de alguna manera u otra tenía que volver a casa... Hacía más de una semana (Según los mensajes recibidos) que no volvía a casa, pero no podía ser, no... Yo no recordaba nada ¿Tanto tiempo había estado inconsciente? ¡Turbio!
 Comencé a caminar por el bosque casi en puntas de pié porque las botas se me enterraban en el barro y manchaban la botamanga de mi pantalón.
 Tarareaba una canción de Babasonicos mientras observaba todo con demasiado interés, jamás había estado por esos lugares, o eso es lo que creía. Todo me llamaba la atención, mi vista me engañaba, haciéndome ver todo más iluminado de lo que realmente debería estar. El sol se había ocultado por completo pero todavía era capaz de ver los insectos en las ramas de los árboles. Mi boca estaba seca, aunque había bebido demasiado jugo. El estomago se me estrujaba, como si no hubiese comido nada, deseaba alimentarme de nuevo urgentemente.
  Me alerté al escuchar unos pasos, la maleza bloqueaba mi visibilidad, y me sorprendí al ver un grupo de personas caminando por el lugar... Aunque los dos chicos y la muchacha se veían más conmocionados por cruzarme.
 La cabeza comenzó a dolerme, seguramente la comida que había ingerido estaba en mal estado... Si, de seguro que era eso.
 En mi mente comenzaron a viajar escenas que creí haber vivido, se iban acomodando como si fueran piezas de un rompecabezas, alineándose, destapando cosas que en mi cabeza se encontraban bloqueadas.
 Recordé a los jóvenes que me observaban, pero a la muchacha jamás la había visto.
 Me pareció gracioso el haber creído verlos peleando antes de ingresar al Antro. Supongo que eran cosas que sucedían porque la vida es loca...
 El Antro... ¡Jamás había llegado hacia el Antro! Me había desmayado antes de eso... Y el joven de cabello oscuro, ojos verdes esmeralda y tez pálida... Era capaz de sentir y recordar perfectamente su aroma...  Si, él me había atacado.
- ¡Hey! ¿Estás bien?- Escuché que me dijeron, no supe cuál de los tres había hablado, pero sentía cómo me temblaba todo el cuerpo.
 Iba a estallar, los árboles comenzaron a girar a gran velocidad, me dolía la cabeza, mis manos vibraban violentamente, sentía frío, calambres en la piernas, y un par de manos tomándome de ambos lados, sosteniéndome antes de perder la conciencia otra vez.











ZEMIAL


Uno siempre intenta hacer las cosas bien. No entiendo cómo Mellodie puede decir todas esas cosas, si nos amamos, soy todo lo que necesita, existo solamente para ella. Es tonta, lo sé, por eso no me rindo, sé que me ama también...
 Si no estoy con ella, ¿Con quién más podría estar? ¿Con Ayañir? Por dios, ¡No! me llevaba más de una cabeza de altura, además no es de mi tipo, mi Negri es perfecta... Y no conocía otra mujer en la manada.
 Para mi suerte, los padres de Mellodie me aprecian demasiado, por eso puedo seguir yendo... Si, eso iba a hacer, para que no crean que nos peleamos y así ella se daría cuenta que realmente la amo...  Sé que es mentira que mi cabeza corre peligro, ella no sería capaz de lastimarme, no creo que los temas de manada sean más importantes que nuestros sentimientos...  No, no sería capaz...

 Abrí lentamente mis ojos, estaba a punto de dormirme, me encontraba entre esa fina linea que separa la realidad de los sueños, cuando le prestamos más atención a nuestra cabeza y en segundos somos capaces de analizar toda nuestra vida y asociar todo con todo.
 Oí un aullido como si fuese una sirena de bomberos. Atiné a levantarme, pero me detuve bruscamente, cayendo en la realidad de que ya no formaba parte de aquella manada.
 El aullido me ponía en alerta, era automático, mis piernas querían salir corriendo por sí solas, era casi incontrolable, como un hechizo.
 Tamarah había curado mis heridas, pidiéndome que me quedara recostado para mejorar... podía oírla hablar en el exterior junto a Sebastian, y sentir el aroma de Tobby junto a ellos.
 Me pregunté si eran capaces de oír los aullidos con tanta claridad como lo hacía yo. Intenté seguir el análisis en mi cabeza, pero la sirena seguía y no me dejaba concentrar, aturdiendo mi interior, obligándome a contestarla. No lo soporté y me puse de pié.
 Cuando me vieron salir, los vampiros se quedaron observándome, pude ver en el rostro de Tamarah una expresión demasiado exagerada de decepción.
 - No lo soporto, tengo que ir a ver qué sucede- Les dije, evitando toser, mi pecho todavía dolía.
 - Zemial, si te llegaras a cruzar con ellos, y sé que es lo más seguro, te van a matar sin pensarlo.- Sebastian sonaba preocupado, más de lo que yo esperaba.
  Vi a la vampireza asentir con la cabeza, ambos estaban de acuerdo ¿Era un complot? Si me seguía quedando encerrado en esa fortaleza, mi cerebro iba a estallar, o peor, iba a volverme loco.
- Mellodie no va a dejar que me lastimen-
- ¡Pero Zemial! ¿Estás sordo o loco? Todos la escuchamos decir...-
- Sebastian, no la conoces a mi... a Mellodie. Ella dice esas cosas pero después no las hace.- Intenté explicarle al vampiro, nadie me entendía ¿Por qué no lo podían ver? ¡Ay!
 Me tomé de la cabeza, los aullidos volvieron a escucharse.
- Si se quiere ir, que se vaya- Dijo Tamarah, acariciando a Tobby.
- Yo no lo pienso dejar solo- Sebastian le dedicó una mala cara - Él me ayudó, le debo mi vida.
- ¿Entonces me vas a acompañar? - Le pregunté y lo vi asentir con la cabeza. Tamarah no levantaba la mirada.
- Tamarah, vamos...- Sebastian le hizo una seña con la mano para que nos acompañara, ella infló sus cachetes y de un salto se puso de pié.










TAMARAH

Pero ¿Qué les pasaba a los hombres? ¿Por qué esa necesidad de ser tan suicidas? El movernos sin la compañía del viejo (Que en paz descanse) no era para nada lógico... él conocía como nadie esos bosques. 
 Por la culpa de Zemial, Sebastian y yo nos estábamos metiendo en la boca del lobo.

 Crucé mis brazos y los seguí, caminamos por el acueducto, salimos al otro lado y nos pusimos en alerta los tres. 
 Mi instinto natural de cazadora estaba alerta al cien por ciento, ya que por el lugar alguien rondaba, de eso estaba segura.
 Vi a los chicos hacerse unas señas con las manos y ojos, caminamos sigilosamente hacia la presencia más cercana y de la cuál no provenían aullidos, algo sumamente extraño. 
Si mi audición no me fallaba, creía escuchar a una chica hablar sola, maullar y quejarse... Todo un espectáculo. 
 Nos acercamos y rodeamos el lugar. Zemial volvió a hacer una seña y nos mostró lo que era la guarida de los Hombres Lobos, pero los maullidos provenían del otro lado del refugio, así que nos mantuvimos entre los árboles y volvimos a rodear el lugar.
 Era una muchacha, si. Su aroma la delataba a kilómetros. Los chicos se observaron y no logré entender sus caras de asombro, pero sin precaución salieron de la maleza, seguidos por mí.
 La jovencita de cabello rizado negro, tez blanca y ¡Ojos violetas! daba la impresión de estar realmente enferma... hambrienta, a punto de desvanecerse. Sus ojos se desorbitaron, como si estuviese sufriendo una convulsión, Zemial corrió y la tomó entre sus brazos, ella quedó inconsciente al instante.
- No puede ser- Habló el lobo. -No, no... No puede ser- Repetía, mientras con una mano se apretaba la sien. 
- ¿Es un Convertido? - Preguntó Sebastian aterrado. Pude notar que llevaba todos sus músculos tensos y sudaba. -¡Zemial! ¿La convirtieron?- 
 El licantropo asintió con la cabeza pero no levantó la mirada. 
- ¿Está muerta? - Pregunté, y sentí como si alguien me abofeteara invisíblemente, hasta creí escuchar el impacto. Sebastian me fulminaba con la mirada.
- ¿Qué fue eso? - Preguntó Zemial, él también había oído el impacto. 
- Fui... fui yo.- Habló el vampiro, mirando sus manos, temblando, aterradísimo. 
 Me toqué el rostro... No podía ser posible. El lugar afectado ardía, como si la mano todavía estuviera contra mi piel a gran temperatura. Observé a Sebastian, llevaba sus ojos bien abiertos, sorprendido, como si estuviese por enloquecer. Le sonreí forzosamente, evitando demostrar que me dolía... Hacía demasiado tiempo que no sentía el contacto ajeno...
- E... ¿Estás bien? - Me preguntó el vampiro, recobrando la cordura, sus ojos brillaban. 
 Asentí con la cabeza. 
- Necesita alimentarse... desde que la transformaron no probó la sangre, se le nota en la piel.- Zemial llevaba en sus brazos a la convertida. 
- Lo hago yo - Dijo Sebastian, acercándose, pero el licantropo negó con la cabeza. Sus miradas chocaron, enfurecidos. 
 Caminé hacia la jovencita y le toqué el rostro. Fue instantáneo, como si le volviera el alma al cuerpo. Abrió los ojos y tomó una gran bocanada de aire, aferrándose con todas sus fuerzas del cuello del Hombre Lobo. Observó hacia todos lados, se la notaba desorientada.
- Mi cabeza- Murmuró, e intentó liberarse de Zemial.
- Jenny ¿Estás bien? - Le preguntó Sebastian, acercándose un poco más.
- ¿Jenny? ¿Quién es Jenny?- Ella volteó la cabeza hacia el vampiro, y al verlo gritó... gritó con todas sus fuerzas, obligándome a taparme las orejas. Pataleó, forcejeó, quería asirse de los fuertes brazos del licántropo y correr.
- ¡Hey! Jenny, Hey... hey. Tranquilizate, miráme, acá estoy, hey...- Zemial la tomó del rostro y la obligó a que lo mirara fijo.
- ¿Zemial? ¿Sos vos?- Preguntó en un hilo de voz. Temblaba, intentaba mirar al vampiro pero no podía.
- Soy yo, si... ¿Estás bien? -
 Ella asintió muchas veces, no paraba de temblar.
- Necesitas alimentarte ¿Vas a poder? - Volvió a hablar Zemial.
- Pero... pero ya comí demasiado, voy a explotar.-
 El licántropo le dedicó una sonrisa un tanto amargada.
- Necesitas sangre--
- ¿Sangre?- Jenny comenzó a tranquilizarse, pero la palabra sangre le llamó la atención.
- Así es - 
- ¿Estoy herida?-
- No nena, sos un vampiro- No soporté más y hablé. La escena me estaba matando, cuanto antes nos vayamos, mejor. Todos me quedaron observando.
- No entiendo.- Dijo Jenny, riendo algo nerviosa.- Zemial ¿De qué habla?-
 Zemial frunció los labios y lentamente la fue soltando, hasta que se mantuvo en pié sola.
- Es una broma ¿Verdad?-
 Ninguno le contestó.
- Díganme que es una broma... No, no...-
 Jenny estuvo a punto de perder la cordura y gritar nuevamente, pero Sebastian se movió a gran velocidad, la tomó por los brazos y con una mano le tapó la boca. Los cuatro nos pusimos en alerta, alguien rondaba por el lugar... y no olía a perro.








SEBASTIAN

 Se volvieron a oír los aullidos. Lo más lógico era que ya sabían que alguien rondaba por el lugar y venían a por nosotros. 
 Zemial nos hizo dos señas, una para que guardáramos silencio, y la otra para que corriéramos detrás de él, cosa que hicimos. 
 Mientras corríamos, no podía creer que Jenny estuviese viva... o peor aún, que sea un vampiro más. 
 Lo primero que deseaba hacer, era preguntarle por su creador, porque el viejo no mencionó a ningún otro Convertido en la zona el tiempo que estuvimos juntos en el refugio.
 Lo que no entendía, era el por qué Jenny seguía en ese lugar, luego de tanto tiempo, aunque sabía que tendría alguna explicación lógica, al igual que Tamarah y yo. 
 Once días, once malditos días y los problemas no cesaban. No sabía con qué nos íbamos a encontrar, pero seguramente Zemial entendía el significado de aquellos aullidos, yo simplemente lo seguía por pura corazonada. Realmente no sabía a dónde nos dirigíamos, pero le debía mi vida, si... Y en éstos momentos confiaba ciegamente en él, aunque eso no significaba que iba a tener mi disponibilidad por siempre, porque apenas volviéramos al refugio, me marcharía por mis propios caminos. 
 Recorrimos el mismo camino que había tomado el día anterior hacia la casa de Zemial, solo que evitando los pasillos húmedos en los cuáles había tenido el encuentro con aquellos desafortunados hombres.
 Pasamos por el gran portón verde que pertenecía a su casa, pero no se detuvo. Lo vi observar su casa con remordimiento, como si temiera entrar y encontrar algo que no quisiera ver, y cuando llegamos a la casa siguiente, ahí recién frenó y nos observó a todos, tomó aire y habló.
- No tengo ni idea de lo que está sucediendo- 
 Tamarah dio la impresión de que iba a caer de espaldas, Jenny lo observaba parpadeando excesivamente y yo contuve el aliento.
 Antes de que alguien hablara, Zemial levantó la mano para pedir silencio, pero nos sorprendimos al ver aparecer  una señora por detrás de él.
- Rápido, llegaron tarde- Dijo la mujer regordeta, haciéndonos unas señas para que entráramos a la casa. Antes de cerrar la puerta, dio un vistazo en derredor por detrás de sus pequeños anteojos de marco dorado. 
 Jenny se acercó a una silla y atinó a sentarse, pero la abuela de Mapini volvió a hacer señas con la mano.
- No, no no... No hay tiempo para sentarse-
- ¿Entonces para qué entramos?- Preguntó Tamarah, observando todo el interior de la lujosa casa.
- ¡Pero chiquita!- La mujer le dedicó una mala cara, dándole a su rostro el aspecto de un Bulldog.- ¡Es peligroso hablar ahí afuera! 
 Pude ver por unos ventanales en la otra punta de la habitación, un gran templo iluminado por velas de todos los colores y varias imágenes de santos que no lograba reconocer. 
- Como sabrán, es cuestión de tiempo para que Gabriel se entere de lo que sucedió la noche anterior...-
- ¿Quién es Gabriel?- Preguntó Jenny jugando con una canasta llena de frutas. La abuela de Mapini le dedicó la misma cara que a Tamarah.
- Prosiga América.- Dijo Zemial, en tono de disculpa y dedicándole una sonrisa a Jenny que ahora mordía una manzana y no le prestaba atención.
- Hey... Sebastian- Tamara me chistó por lo bajo.- Yo tampoco sé quién es Gabriel.- Susurró. 
 Blanqueé mis ojos.
- Por Dios Tamarah ¿No prestaste atención a la historia del viejo?.- Le pregunté. Ella se hundió de hombros y frunció los labios. Me hizo recordar mucho a una niñita. 
- Es el padre de Mapini, él fue el creador del viejo... Él es el que controla todo ésto.-
- ¡Aaaah! - Contestó ella, pero supe que no entendía ni el principio de lo que le estaba intentando explicar.
- Así es, es mi yerno.- Remarcó América, acomodándose los anteojos. Movió sus brazos bruscamente, haciendo resonar todas las pulseras de oro que llevaba sobre las muñecas y nos pidió que abriéramos paso, hasta que llegó a la ventana y observó por detrás de la cortina. Ninguno dijo nada.- Es tiempo de terminar con todo ésto.- Decía, sin salir de entre las cortinas, husmeando el exterior.- Y lo siento mucho por mi nieto, él sabe que lo amo, pero lo que está haciendo Gabriel es demasiado.- Ahora volteó, se rascó la nariz y me observó con aire de superioridad, como si oliese mal.- Mapini no es tonto, me doy cuenta por qué confió en vos-
 Abrí la boca para hablar, pero ella prosiguió.
- Por eso ésto te lo voy a pedir a vos, y solamente a vos.- 
 El corazón se me estrujó, esa mujer tenía la habilidad de estremecer todo mi cuerpo al hablar.
- Por favor, lo que sea- Mentí. 
- Traé de vuelta a mi nieto-
 ¿Qué? ¿Por qué yo? ¡No! ¿Por qué me pedía eso? ¡Ah! No pude decir nada, tan solo asentir con la cabeza. Observé a Zemial por el rabillo del ojo, él observaba el suelo, apretando sus puños mordiéndose el labio inferior. 
- Zemial- Dijo la mujer.
- Sí.- Contestó éste, como si fuese un militar, poniéndose firme instantáneamente. 
- Ésta jovencita... Es un peligro para todos- Y señaló a Jenny- Mi vida, las frutas son de plástico.- La vi entrecerrar los ojos y negar con la cabeza.
- Ay ¿En serio? Pasa que no le siento el gusto... y nada me llena.- Contestó Jenny, como si lo que estaba haciendo fuese algo natural.
 América se acercó a la novata y le puso una mano en la cabeza. Jenny observaba sonriendo como una nenita, aplaudiendo con las manos como si harían un truco de magia y algo sobrenatural estuviese por suceder. La abuela de Mapini cerró sus ojos y al instante se alejó, camuflando una cara de susto, agitándose y recobrando la postura. 
- Tu sangre... la sangre que recorre tu cuerpo es inestable. El hombre que te convirtió es malvado, y eso te va a terminar consumiendo, hasta que se apodere por completo de tu cuerpo y mente.
- ¡América! - Zemial se acercó a las mujeres y miró a la más anciana fijamente a los ojos -¿Cómo puede decir eso? ¿No la ve? ¡Es un ángel! - 
 En realidad Zemial tenía razón, yo no reaccionaba a ninguna de esas declaraciones, todavía por mi cabeza daba vueltas la idea de tener que traer de vuelta a Mapini, pero Jenny era un ángel.
 América negó nuevamente con la cabeza, se la notaba muy segura de lo que decía. 
 El aullido de los licantropos volvió a oírse. 
- ¿Qué es lo que vamos a hacer? ¿Esperar a que Sebastian traiga de nuevo a Mapini? Porque la verdad es que ya no quiero saber nada con ésto... Extraño mi vida de antes, salir co... comer- Tamarah sonaba frustrada, cruzó sus brazos y dio un suspiro. 
- Chiquita, lo que menos deseas, es quedarte sola ¿Por qué decís esas cosas? - América le dedicó una sonrisa, Tamarah la evitó observando el suelo.- ¿Sabes? Puedo hacer que tu existencia no sea tan amargada... Tengo con qué.- Y le estiró una mano.
- Tamarah, no...- Le dije, negando con la cabeza con mis ojos muy abiertos. 
 La vampiresa sonrió y se acercó exageradamente como estaba acostumbrada, sabiendo lo que iba a suceder al momento de tener contacto con la vieja... Pero nada sucedió.
- Puedo acabar con ésto, tan solo lo tenes que desear- Habló América con una gran sonrisa en su rostro, por haber frustrado la maldad de Tamarah. 
- C... ¿Cómo es posible? - 
- ¡Ah! ¡Todo es posible! Pero no es momento para éstas explicaciones, es demasiado tarde y cosas muy malas van a suceder si no nos apuramos.- América la soltó y con otra seña de manos, llamó la atención de todos nosotros, hasta la de Jenny que seguía mirando con amor la canasta de frutas.- En la casa de mi nieto, en éstos precisos momentos, hay un hombre... ¿Cómo podría llamarlo?.- La mujer se frotó la cabeza y elevó sus cejas al instante- Un hombre bastante curioso... Y como sabrán, la curiosidad mata al gato.- 
 Jenny dio un gruñido e hizo seña de garras con los dedos, solamente yo lo noté.
- Vayan, vayan... vean que hay que hacer con él- América nos abrió la puerta y nos hizo seña para que nos marcháramos.
- ¿Tan solo eso?- Pregunté. Ella me asintió con la cabeza, con una gran sonrisa en su rostro.- Pero si era solo eso ¿Por qué nos hizo esperar tanto?
- Sencillo... Quedaría de muy mala educación interrumpir a mi hija cuando tiene visitas-
 Prácticamente corrimos las dos calles que nos separaban de la casa de Mapini. Al llegar no notamos nada extraño. Zemial le hizo unos sonidos a Shermie para que no nos ladrara,  pero la muy tonta iba a estallar de emoción, haciendo demasiado ruido con la cadena y el licántropo no lograba calmarla. 
- Ellos saben que estoy acá- Logré oír desde el interior. Era la voz de un hombre que jamás había oído hablar, pero me daba mala espina. 
 Tamarah se puso en alerta, la vi treparse del portón y subirse al techo a toda velocidad. Intenté seguirla, pero Zemial me detuvo, subiendo él por mí.
 Jenny me observaba por el rabillo del ojo, evitando mi mirada, la aterraba mi presencia, lo sabía. 
 Escuché el estallo de la puerta trasera al entrar en la casa y me asusté, no me esperaba una entrada tan brusca. 
 Todo sucedió demasiado rápido, se oyó un disparo en el interior, la puerta de la casa se abrió y un pelirrojo salió corriendo. Tamarah saltó del techo, se encontraba bañada en sangre, no tenía ni idea de lo que había sucedido. 
- ¡No! - Gritó el colorado, apuntándome con un arma. 
 Tamarah corrió hacia él. Se oyó un segundo disparo. Jenny se tapaba la boca, Shermie no paraba de ladrar, el colorado pasó corriendo por mi lado, mi cuerpo temblaba, pero todos mis músculos se encontraban tensionados, no podía moverme, la imagen de Tamarah desangrándose sobre el suelo me pegaba los pies a la tierra, haciéndome imposible el caminar.
 Lo vi a Zemial salir con Soubi en manos, oí a Marcela gritar desconsoladamente. 
- ¡Lo mataste! Hijo de puta, ¡Lo mataste!- Repetía la mujer. 








MARCUS

Mis gélidos ojos se paseaban por el ventanal, junto al que se sentó esa tarde en cuanto se escondió el sol. Un segundo bastó para analizar el lado de adentro del café, pero seguía siendo igual de aburrido como lo había sido segundos antes, habiendo captado incluso detalles que no desearía haber notado, como el llamativo color rosa de las paredes, las insinuaciones desagradables de una mujer con un anillo de casada a un hombre mayor: iguales sucias intenciones.

Un suspiro se escapó de mis labios, mirándome en el reflejo del vidrio contra el cual apoyaba mi cabeza. 
Las duras facciones, el perfecto desorden ya involuntario todas las noches, todo me estaba volviendo un poco loco. 
-Demonio...- Me susurré. Así prefería llamarme a mí mismo, aceptando no solo lo que era, sino también aceptando los actos que cometía para sobrevivir, admitiendo el egoismo ante la muerte.
Solía tener ataques en los que sentía la vida como si recien la recibiera. Levantarme a destruirlo todo, 
sentir el poder. Otras veces simplemente gozaba de mis dones para ver lo maravilloso del mundo, como si yo no estuviera. 
Otros días simplemente deseaba dormir durante meses, lo cual me era imposible.
Tomé la taza de cafe, cual agua sucia, disimulando quien era, tomé tranquilamente, sintiendome parte del mundo. 
Fue ahí cuando algo me alteró, tanto como para que las manos me temblaran, el café cayera, y mi corazón parecia haber latido.
-Hay...- Susurré- hay alguien más.
-¿Está todo bien, señor?- Me preguntó una señorita cerca, sentada con unas amigas. Al alzar la cabeza les mostré mi mejor sonrisa, la emoción apoderándose de mí.
-Perfectamente.- Susurré y ella se quedó paralizada.
No me gasté en limpiarme mucho la camisa celeste, simplemente sacudí mi tapado en la silla de al lado y dejando un billete de cincuenta en la mesa me retiré.


La noche cada vez se volvía más intensa. No habría luna esa noche, el cielo se volvía negro, salpicado de tímidas estrellas asomándose entre las nubes negras. En la brisa podía olerse la descomposicion de cuerpos tan reciente que nadie la notaría. Seguí el olor.

En las escaleras de una casa vieja, aparentemente abandonada, entre tachos de basura y más cosas desechadas que no entraban en ellos, alguien se sentaba, con los codos en las rodillas, la frente descansando en el dorso de las manos. 
A sus pies yacía el cuerpo. No parecia notar mi presencia, algo lo preocupaba, algo no lo dejaba pensar en nada más. Bueno, que problema.

-Disculpá.- Dije acercándome cual sombra, y el extraño, sobresaltado, me miró amenazante. Al instante supo que era uno de los suyos, mas se mostró agresivo, enseñándome los colmillos. No pude mas que reír cálidamente, como aceptando una broma.
-¿Qué es tan gracioso?- Preguntó con una voz grave, hasta un poco actuada. Parecía tan irritado, más en contraste conmigo, que sonreía con mis finos largos labios.
-Oh, perdón, no pude evitarlo.- Hablé lento, captando cada detalle, cada movimiento involuntario. El color de sus ojos, el tono oscuro de su pelo, el similar color de piel, la altura. Con detalles también tanteaba su fuerza, por lo que llegué a la conclusión de que era un novato. Sí, gustaba de cazarlos.
Sin embargo no pude hacer nada contra este cuando su voz se quebró diciendo "Andate" con tanto convencimiento como un nene, sumiéndose en su pena.
-¿Cómo te llamas?- Pregunté al tiempo que caía suavemente de rodillas a su lado.
-Andate, dije.
-Bueno, Andate no estes triste.
Casi rió ante el mal chiste y me miró, intentando no lloriquear más.
-Sebastian. Pero...
-Pero nada-  Proseguí. -Yo soy Marcus, por cierto. Y no pude resistir venir a ver a uno de mis pares. -Mentí, ya que mi intención inicial era matarlo. Pero hoy no podía. Mis ganas de matar, al igual que mis maneras de vivir la vida, eran según el día, y hoy sentía ganas de acompañar a este -demonio-.
-Gracias, creo.- Susurró mirando el cuerpo del perro que acababa de matar. Lo miré con asco, y tomé a Sebastian de la mano y con la otra, por la cintura, lo empujé suavemente para que se levante, y salgámos de ahí.
-No se, en realidad no se que haces matando perros.- Dije mientras lo empujaba por las calles, a lo que él no se resistió.
-Yo tampoco...
Las calles oscuras, el barrio no era el más lindo, y el frío se vieron pronto acompañados por la lluvia.
Disfrutaba del silencio, mientras a Sebastian lo dejaba la tristeza pues su mente sentia curiosidad, se llenaba de preguntas, yo lo sabía.
 Los pasos sin sonido, las manos presionando suavemente, un olor que no era propio de nosotros. 
 Pero sabía también que él no quería sentirse un nene como anteriormente, asi que hizo silencio y disfrutó de mi compañía. 

Las tres, las cuatro, las cinco, las seis. La ropa mojada, el pelo húmedo, la cercanía. El miedo, la inseguridad, la confianza ciega. La intriga. La atracción.

-Sebastian.- Dije, pasando por una calle comercial, en la que él no dejaba de mirarse con él en reflejo de los vidrios, ya que le daba vergüenza mirarme de frente, aunque al oír mi voz me miró de frente, y al tenerme tan cerca se tensó, lo cual me hizo sonreír.- Sebastian, ¡Te tuve toda la noche caminando! No entiendo como se me pasó el tiempo así, pero caminar con vos, es, es realmente un placer.
Sebastian sonrió, agradeciendo el cumplido, y seguíamos mirándonos mientras caminábamos, no había ya ni una persona en la calle, y el sol amenazaba con salir. En cuanto sentimos el canto de los pájaros, ambos supimos que era hora de ocultarnos.
-¿Vas a venir conmigo?- Pregunté directamente. -No quiero dejarte ir, y tampoco quiero que nos mate la luz del sol.
-¿Eh? No se, yo...- Él dudó, intenté leer su mente, saber qué era lo que me ocultaba pero no pude, algo nos bloqueó, tal vez era el sol inminente que me hacía perder las fuerzas... pero algo me ocultaba, lo sabía.
-¿Tenes donde quedarte?-
Sebastian tardó dos segundos más de lo normal en responder, por lo que no llegó a hacerlo, yo ya había rodeado su cintura de nuevo, ahora no empujándolo, sino abrazándolo.
-De todas maneras, Sebastian, no tenes elección.- Bromeé, por lo que ambos caminamos sonriendo, ya no con la dureza de un vampiro, sino moviéndonos como humanos, por el simple hecho de rozarnos.

Apresurando el paso, comentando cosas, riendo de estupideces, cual no muy sobrios mortales, llegamos a una puerta de madera que sobresalía de las demas. No demasiado, pero parecía un buen lugar. Sebastian se sentía cual adolescente virgen después de su primer salida, cayendo por primera vez en casa de un chico. Le dio risa el solo pensarlo, mientras yo abría la puerta y lo hacía pasar. Adentro todo estaba tenuemente iluminado, parecía como si hubiera velas en vez de luz electrica.
 Solo unas escaleras de madera, una mesa de marmol y un espejo. Un gato callejero nos miraba desde la baranda.
 Yo entré primero, acariciando al gato, y haciendo señas a Sebastian para pasar.
-Esto es...- Musitó el novato mirando a su alrededor, yo había desaparecido, apareciendo luego con ropa limpia.
-Podes cambiarte en algun cuarto, tomá.- Dije ofreciéndole ropa, a lo que Sebastian rio y me miró.
-¿Somos mortales que se enferman, o algo?- Se burló, vengándose de la primer risa que le provoqué, la cual aún no me perdonaba.
-La vida no tiene gracia si nos volvemos enteramente prácticos. Siendo mortales tampoco necesitamos vernos lindos, comer cosas dulces, besarnos- Dejé un segundo en el que Sebastian se tensó una vez mas y proseguí- Pero aún así lo hacemos porque embellece nuestra vida. Y siendo demonios hermosos, creo que podríamos seguirlo. ¿O vas a decirme que preferís tu olor a muerte, o a nada, en vez del perfume que te siento aspirar cuando estas al lado mio?
-No voy a negarlo. De hecho nisiquiera entiendo a qué es ese olor.- Dijo resignado a ocultar su interes por mí.
-A flores. Así de simple. No perfume, de las flores reales. A una hora de acá hay un lugar al que no mucha gente va. Está lleno de flores, y de noche cuando no hay nadie me tiro a mirar las estrellas. Vos me desviaste. - Dí un paso adelante y Sebastian lo dio para atrás. Y así una vez más, y la tercera fue imposible para Sebastian retroceder al encontrarse contra la pared.
Otra eternidad de miradas. Sebastian me miraba, sin saber que hacer, sin mover un solo musculo, igual que yo, pero mi mirada era indescifrable para él. Cuando me acerqué más, solo fue eso, luego me alejé una vez mas y sin esperar nada desaparecí por una puerta.
Sebastian, paciente, fue a cambiarse al primer cuarto vacio que encontró, por un pasillo lleno de puertas descuidadas, todas tenían una cama con una extraña funda y un armario. Hasta encontrar una habitación realmente linda, simple y de hecho mortal. Cama de dos plazas, sábanas bordó. Pensó en para qué tendría ese cuarto. Ahora serviría al menos para cambiarse, pensó. Se quitó la ropa rápidamente y se puso las otras prendas con la misma velocidad, una remera color crema, un jean, de lo más casual. Con el tiempo justo, a punto de recordarlo...
-Map...- musitó mientras yo entraba al cuarto.
-¿Alguna razón para elejir este cuarto?- Le sonreí teniéndolo a una corta distancia.
-No lo se- admitió, correspondiéndome él también. -Realmente no lo se.
-¿Qué no sabes?
-Cómo puedo hacer para sentirme tan bien con vos estando como estoy.
-Me vas a usar.- Le susurré.
-Sí, perdón, pero te necesito.
-Voy a terminar pidiéndote perdón a vos.- Terminé de decir al oído de Sebastian, quien me abrazó del cuello.