miércoles, 7 de septiembre de 2011

- Modern Vampire - [ Capitulo XXX -L-J-Z-T-S-M ]

 LEON        

 Me revienta la cabeza pensar en que María está con ellos.  
 Desde hacía varios años que eramos inseparables... ¿Y ahora qué? Mis dos amores se fueron. Una traición imperdonable. Mi moto y María viajando vaya a saber uno por donde.            
 Me encuentro solo en mi cama, con ésta hoja en mano y un lápiz, escribiendo mamarrachos, extendiendo lo inevitable. 
 Soy un miedoso, lo sé, por eso siento que balbuceo sobre el papel, esperando que sea el momento adecuado...
 Hace días que vengo estirándolo, y me tiemblan las manos porque sé que saben que les llegó el día. 
 Ésta hoja se encontraba sobre mi mesa de luz desde hacía varios días, como dije antes "Esperando que sea el momento adecuado" 
 María se fue y sé que no va a regresar, todo por mi maldita culpa. (Amor, si estás leyendo ésto, perdonáme, te amo y sé que lo voy a seguir haciendo hasta mi último respiro, y en el más allá... Espero que vos también) 
 No sé si fui más cagón al pensar en ésto, o si lo estoy siendo ahora mismo. (Les juro que jamás en mi vida tuve tanto miedo como ahora) 
 Me siento solo, enfermo (Aunque no lo esté) Pero sin ella, todo se vuelve enfermizo. 
 La casa ya no es lo que era antes, no... Los colores perdieron vida, las flores misteriosamente se marchitaron (Y eso que las regaba en su debido tiempo) La televisión se volvió más aburrida que antes, las mujeres no causan el mismo efecto en mí, me parecen algo sin importancia. La comida dejó de tener gusto y hasta pareciera que el sol comenzó a esquivarme. 
 María al partir, se llevó toda la vida de ésta casa... Toda mi vida.         
 Espero que las personas que lean ésto, no crean que me volví loco o que estoy tomando una decisión demasiado exagerada (Aunque dudo mucho que no me tomen así) ¡Pero quisiera verlos en mis zapatos! 
 ¿Cuál es el sentido de la vida? Yo creí haberlo encontrado... Pero ¿Qué sucede cuando ese "sentido" desaparece? ¡Por Dios! ¡Que alguien me oriente!
 Tengo la mínima esperanza de que antes de terminar de escribir ésto, mi amada de cabellos dorados entre por la puerta, con una gran sonrisa en el rostro, pidiéndome disculpas y diciendo:
- Amor, volví ¡Pude traer a Mapini de vuelta a casa! Perdón, te amo-
 ¡Ah! Lo mucho que deseo eso... Maldito hijo de puta, cómo te extraño. Espero que sepas que la lágrima que acaba de arruinar la hoja fue provocada por todos los sentimientos que tengo hacia vos. Realmente te extraño, y sé que nos vamos a ver en la eternidad amigo... Y no vamos a tener que escapar de nada ni nadie. Vamos a sacarle canas verdes al barbudo y a gastarle bromas a todos por toda la eternidad... ¿Quién sabe? Por ahí como castigo, nos mandan de nuevo a la tierra y seguimos haciendo de las nuestras. ¡Ay Dios! Hoy en día ya todo se me vuelve creíble. 
 Para las otras personas que estén leyendo ésto, espero que se enteren de lo que está sucediendo, porque (con una gran sonrisa en mi rostro) puedo imaginar la cara de desconcierto de los policías, bomberos, médicos o quien sea que esté leyendo éste papel.
 No soy quién debería revelar ésta información... No... Y tampoco creo que algún día vaya a salir al sol la verdadera historia de la vida de mi gran amigo Mapini. ¡Ah! ¡Qué personaje! 
 Ay que admitir que aunque él no hizo nada más que un simple llamado, logró cambiarme la vida drásticamente. Mi amigo puede que no sea un héroe por acciones ¡Pero qué vida lleva! Realmente me gustaría saber cómo termina todo ésto... ¡Pero qué digo! Quisiera saber cómo sigue todo, pero sé que desde algún lado voy a seguir tus pasos y te voy a estar apoyando... Tal vez sea de más ayuda en ese estado. Voy a ser tu ángel guardián. Te deseo lo mejor... Realmente sos lo que siempre demostraste ser, y en ésta última oración te confieso que voy a estar agradecido por siempre. 
 María, espero que la decisión que tomaste al partir haya sido la correcta, al igual con lo que estoy por hacer. 
 Te amo. 

P.d: El forro de Sebastian todavía tiene mi ropa... Como última voluntad espero que la devuelva en condiciones. 
P.d2: Que alguien le diga a Tamarah que la actuación no es lo suyo.

                                                                                              Leon. 









JENNY.


Me despertó mi teléfono al vibrar. Abrí la tapa y lo revisé, eran actualizaciones en mi red social.

 Jenny Love
.- No sé dónde estoy, me sucedió algo inexplicable. Hay gente caminando a mi alrededor, todos me observan y murmuran cosas... Es una especie de hospital... ¡Hay chicos lindos! nqwrybvqwr.
  Hace once días. A Judith y a otras dieciséis personas les gusta ésto. 

¡Dios mío! ¡Qué noche! No me acordaba de haber publicado tal cosa... Y a decir verdad, no sabía dónde estaba... Tal vez me había agarrado un coma etílico o algo parecido... Pero lo que me llamaba demasiado la atención, eran los comentarios de mi amiga Judith:

- Trola, atendé el puto teléfono.- Hace nueve días. Me gusta.
- ¡¿Dónde te metiste?! ¡Tu mamá no para de llamarme!.- Hace pocos segundos. Me gusta. 

Me dolía todo el cuerpo, como si hubiese estado en una pelea, el cuerpo cansado y la cabeza me daba vueltas y vueltas, pero quitando eso, me sentía extrañamente fuerte...
 La habitación tenía un estilo parecido a los que usaban en las películas de militares que veía con mi papá. La cama con resortes, el colchón muy delgado, la almohada limpia pero muy gastada y el cubrecama causaba comezón.
 Miré por la ventana y vi que estaba oscureciendo... ¡Y que estaba en el medio del bosque! 
 ¿Cómo había terminado ahí? No tengo la menor idea. 
 Intenté hacer memoria... Salí de casa, caminé hacia el Antro ¡Y aparecí acá! No, no... Jenny, recordá... 
 Caminé hacia el Antro... ¡La pareja en el túnel! ¡Ay, qué vergüenza! ¿Me había ido de fiesta con ellos? No podía recordarlo... La cabeza me seguía dando vueltas, tenía hambre y comenzaba a preocuparme.
 Salí de la habitación y me encontré conque el lugar era un sin fin de pasillos deshabitados, y para el colmo, la batería de mi teléfono estaba chillando, a punto de morir. 
 Intenté hacer una llamada ¡Y se apagó! Realmente estaba meada por un elefante. 
 Comencé a caminar sin rumbo alguno, no sabía hacia donde iba, pero sentía como si mi cuerpo reconociera esas andanzas, los olores, los colores... como si no fuese la primera vez que caminaba por esos lugares... Y así fue, en un santiamén terminé en lo que parecía la cafetería del lugar.  Comí porciones de varias tartas que encontré en la heladera,  probé toda clase de jugos y me llevé para el camino un sándwich de jamón y queso por si las dudas, aunque no me duró mucho ¡Y otra vez mi cuerpo me llevó solo! Salí hacia el exterior, y eso que los pasillos parecían un laberinto... El hambre no cesaba, deseaba más comida.
 "Campo de Mayo" decía un cartel en la puerta. ¿Por qué me sonaba tan familiar ese nombre?
 No le di importancia, mi sándwich estaba por terminar ¡Quería otro! Pensé en volver a entrar... ¡Ah! 
 Di unos saltos en el lugar y no supe que hacer, me moví por instinto y fui a ver qué había más allá... Árboles y más árboles. Mi sándwich había pasado a la historia, al igual que mi batería.
 La noche estaba acercándose y de alguna manera u otra tenía que volver a casa... Hacía más de una semana (Según los mensajes recibidos) que no volvía a casa, pero no podía ser, no... Yo no recordaba nada ¿Tanto tiempo había estado inconsciente? ¡Turbio!
 Comencé a caminar por el bosque casi en puntas de pié porque las botas se me enterraban en el barro y manchaban la botamanga de mi pantalón.
 Tarareaba una canción de Babasonicos mientras observaba todo con demasiado interés, jamás había estado por esos lugares, o eso es lo que creía. Todo me llamaba la atención, mi vista me engañaba, haciéndome ver todo más iluminado de lo que realmente debería estar. El sol se había ocultado por completo pero todavía era capaz de ver los insectos en las ramas de los árboles. Mi boca estaba seca, aunque había bebido demasiado jugo. El estomago se me estrujaba, como si no hubiese comido nada, deseaba alimentarme de nuevo urgentemente.
  Me alerté al escuchar unos pasos, la maleza bloqueaba mi visibilidad, y me sorprendí al ver un grupo de personas caminando por el lugar... Aunque los dos chicos y la muchacha se veían más conmocionados por cruzarme.
 La cabeza comenzó a dolerme, seguramente la comida que había ingerido estaba en mal estado... Si, de seguro que era eso.
 En mi mente comenzaron a viajar escenas que creí haber vivido, se iban acomodando como si fueran piezas de un rompecabezas, alineándose, destapando cosas que en mi cabeza se encontraban bloqueadas.
 Recordé a los jóvenes que me observaban, pero a la muchacha jamás la había visto.
 Me pareció gracioso el haber creído verlos peleando antes de ingresar al Antro. Supongo que eran cosas que sucedían porque la vida es loca...
 El Antro... ¡Jamás había llegado hacia el Antro! Me había desmayado antes de eso... Y el joven de cabello oscuro, ojos verdes esmeralda y tez pálida... Era capaz de sentir y recordar perfectamente su aroma...  Si, él me había atacado.
- ¡Hey! ¿Estás bien?- Escuché que me dijeron, no supe cuál de los tres había hablado, pero sentía cómo me temblaba todo el cuerpo.
 Iba a estallar, los árboles comenzaron a girar a gran velocidad, me dolía la cabeza, mis manos vibraban violentamente, sentía frío, calambres en la piernas, y un par de manos tomándome de ambos lados, sosteniéndome antes de perder la conciencia otra vez.











ZEMIAL


Uno siempre intenta hacer las cosas bien. No entiendo cómo Mellodie puede decir todas esas cosas, si nos amamos, soy todo lo que necesita, existo solamente para ella. Es tonta, lo sé, por eso no me rindo, sé que me ama también...
 Si no estoy con ella, ¿Con quién más podría estar? ¿Con Ayañir? Por dios, ¡No! me llevaba más de una cabeza de altura, además no es de mi tipo, mi Negri es perfecta... Y no conocía otra mujer en la manada.
 Para mi suerte, los padres de Mellodie me aprecian demasiado, por eso puedo seguir yendo... Si, eso iba a hacer, para que no crean que nos peleamos y así ella se daría cuenta que realmente la amo...  Sé que es mentira que mi cabeza corre peligro, ella no sería capaz de lastimarme, no creo que los temas de manada sean más importantes que nuestros sentimientos...  No, no sería capaz...

 Abrí lentamente mis ojos, estaba a punto de dormirme, me encontraba entre esa fina linea que separa la realidad de los sueños, cuando le prestamos más atención a nuestra cabeza y en segundos somos capaces de analizar toda nuestra vida y asociar todo con todo.
 Oí un aullido como si fuese una sirena de bomberos. Atiné a levantarme, pero me detuve bruscamente, cayendo en la realidad de que ya no formaba parte de aquella manada.
 El aullido me ponía en alerta, era automático, mis piernas querían salir corriendo por sí solas, era casi incontrolable, como un hechizo.
 Tamarah había curado mis heridas, pidiéndome que me quedara recostado para mejorar... podía oírla hablar en el exterior junto a Sebastian, y sentir el aroma de Tobby junto a ellos.
 Me pregunté si eran capaces de oír los aullidos con tanta claridad como lo hacía yo. Intenté seguir el análisis en mi cabeza, pero la sirena seguía y no me dejaba concentrar, aturdiendo mi interior, obligándome a contestarla. No lo soporté y me puse de pié.
 Cuando me vieron salir, los vampiros se quedaron observándome, pude ver en el rostro de Tamarah una expresión demasiado exagerada de decepción.
 - No lo soporto, tengo que ir a ver qué sucede- Les dije, evitando toser, mi pecho todavía dolía.
 - Zemial, si te llegaras a cruzar con ellos, y sé que es lo más seguro, te van a matar sin pensarlo.- Sebastian sonaba preocupado, más de lo que yo esperaba.
  Vi a la vampireza asentir con la cabeza, ambos estaban de acuerdo ¿Era un complot? Si me seguía quedando encerrado en esa fortaleza, mi cerebro iba a estallar, o peor, iba a volverme loco.
- Mellodie no va a dejar que me lastimen-
- ¡Pero Zemial! ¿Estás sordo o loco? Todos la escuchamos decir...-
- Sebastian, no la conoces a mi... a Mellodie. Ella dice esas cosas pero después no las hace.- Intenté explicarle al vampiro, nadie me entendía ¿Por qué no lo podían ver? ¡Ay!
 Me tomé de la cabeza, los aullidos volvieron a escucharse.
- Si se quiere ir, que se vaya- Dijo Tamarah, acariciando a Tobby.
- Yo no lo pienso dejar solo- Sebastian le dedicó una mala cara - Él me ayudó, le debo mi vida.
- ¿Entonces me vas a acompañar? - Le pregunté y lo vi asentir con la cabeza. Tamarah no levantaba la mirada.
- Tamarah, vamos...- Sebastian le hizo una seña con la mano para que nos acompañara, ella infló sus cachetes y de un salto se puso de pié.










TAMARAH

Pero ¿Qué les pasaba a los hombres? ¿Por qué esa necesidad de ser tan suicidas? El movernos sin la compañía del viejo (Que en paz descanse) no era para nada lógico... él conocía como nadie esos bosques. 
 Por la culpa de Zemial, Sebastian y yo nos estábamos metiendo en la boca del lobo.

 Crucé mis brazos y los seguí, caminamos por el acueducto, salimos al otro lado y nos pusimos en alerta los tres. 
 Mi instinto natural de cazadora estaba alerta al cien por ciento, ya que por el lugar alguien rondaba, de eso estaba segura.
 Vi a los chicos hacerse unas señas con las manos y ojos, caminamos sigilosamente hacia la presencia más cercana y de la cuál no provenían aullidos, algo sumamente extraño. 
Si mi audición no me fallaba, creía escuchar a una chica hablar sola, maullar y quejarse... Todo un espectáculo. 
 Nos acercamos y rodeamos el lugar. Zemial volvió a hacer una seña y nos mostró lo que era la guarida de los Hombres Lobos, pero los maullidos provenían del otro lado del refugio, así que nos mantuvimos entre los árboles y volvimos a rodear el lugar.
 Era una muchacha, si. Su aroma la delataba a kilómetros. Los chicos se observaron y no logré entender sus caras de asombro, pero sin precaución salieron de la maleza, seguidos por mí.
 La jovencita de cabello rizado negro, tez blanca y ¡Ojos violetas! daba la impresión de estar realmente enferma... hambrienta, a punto de desvanecerse. Sus ojos se desorbitaron, como si estuviese sufriendo una convulsión, Zemial corrió y la tomó entre sus brazos, ella quedó inconsciente al instante.
- No puede ser- Habló el lobo. -No, no... No puede ser- Repetía, mientras con una mano se apretaba la sien. 
- ¿Es un Convertido? - Preguntó Sebastian aterrado. Pude notar que llevaba todos sus músculos tensos y sudaba. -¡Zemial! ¿La convirtieron?- 
 El licantropo asintió con la cabeza pero no levantó la mirada. 
- ¿Está muerta? - Pregunté, y sentí como si alguien me abofeteara invisíblemente, hasta creí escuchar el impacto. Sebastian me fulminaba con la mirada.
- ¿Qué fue eso? - Preguntó Zemial, él también había oído el impacto. 
- Fui... fui yo.- Habló el vampiro, mirando sus manos, temblando, aterradísimo. 
 Me toqué el rostro... No podía ser posible. El lugar afectado ardía, como si la mano todavía estuviera contra mi piel a gran temperatura. Observé a Sebastian, llevaba sus ojos bien abiertos, sorprendido, como si estuviese por enloquecer. Le sonreí forzosamente, evitando demostrar que me dolía... Hacía demasiado tiempo que no sentía el contacto ajeno...
- E... ¿Estás bien? - Me preguntó el vampiro, recobrando la cordura, sus ojos brillaban. 
 Asentí con la cabeza. 
- Necesita alimentarse... desde que la transformaron no probó la sangre, se le nota en la piel.- Zemial llevaba en sus brazos a la convertida. 
- Lo hago yo - Dijo Sebastian, acercándose, pero el licantropo negó con la cabeza. Sus miradas chocaron, enfurecidos. 
 Caminé hacia la jovencita y le toqué el rostro. Fue instantáneo, como si le volviera el alma al cuerpo. Abrió los ojos y tomó una gran bocanada de aire, aferrándose con todas sus fuerzas del cuello del Hombre Lobo. Observó hacia todos lados, se la notaba desorientada.
- Mi cabeza- Murmuró, e intentó liberarse de Zemial.
- Jenny ¿Estás bien? - Le preguntó Sebastian, acercándose un poco más.
- ¿Jenny? ¿Quién es Jenny?- Ella volteó la cabeza hacia el vampiro, y al verlo gritó... gritó con todas sus fuerzas, obligándome a taparme las orejas. Pataleó, forcejeó, quería asirse de los fuertes brazos del licántropo y correr.
- ¡Hey! Jenny, Hey... hey. Tranquilizate, miráme, acá estoy, hey...- Zemial la tomó del rostro y la obligó a que lo mirara fijo.
- ¿Zemial? ¿Sos vos?- Preguntó en un hilo de voz. Temblaba, intentaba mirar al vampiro pero no podía.
- Soy yo, si... ¿Estás bien? -
 Ella asintió muchas veces, no paraba de temblar.
- Necesitas alimentarte ¿Vas a poder? - Volvió a hablar Zemial.
- Pero... pero ya comí demasiado, voy a explotar.-
 El licántropo le dedicó una sonrisa un tanto amargada.
- Necesitas sangre--
- ¿Sangre?- Jenny comenzó a tranquilizarse, pero la palabra sangre le llamó la atención.
- Así es - 
- ¿Estoy herida?-
- No nena, sos un vampiro- No soporté más y hablé. La escena me estaba matando, cuanto antes nos vayamos, mejor. Todos me quedaron observando.
- No entiendo.- Dijo Jenny, riendo algo nerviosa.- Zemial ¿De qué habla?-
 Zemial frunció los labios y lentamente la fue soltando, hasta que se mantuvo en pié sola.
- Es una broma ¿Verdad?-
 Ninguno le contestó.
- Díganme que es una broma... No, no...-
 Jenny estuvo a punto de perder la cordura y gritar nuevamente, pero Sebastian se movió a gran velocidad, la tomó por los brazos y con una mano le tapó la boca. Los cuatro nos pusimos en alerta, alguien rondaba por el lugar... y no olía a perro.








SEBASTIAN

 Se volvieron a oír los aullidos. Lo más lógico era que ya sabían que alguien rondaba por el lugar y venían a por nosotros. 
 Zemial nos hizo dos señas, una para que guardáramos silencio, y la otra para que corriéramos detrás de él, cosa que hicimos. 
 Mientras corríamos, no podía creer que Jenny estuviese viva... o peor aún, que sea un vampiro más. 
 Lo primero que deseaba hacer, era preguntarle por su creador, porque el viejo no mencionó a ningún otro Convertido en la zona el tiempo que estuvimos juntos en el refugio.
 Lo que no entendía, era el por qué Jenny seguía en ese lugar, luego de tanto tiempo, aunque sabía que tendría alguna explicación lógica, al igual que Tamarah y yo. 
 Once días, once malditos días y los problemas no cesaban. No sabía con qué nos íbamos a encontrar, pero seguramente Zemial entendía el significado de aquellos aullidos, yo simplemente lo seguía por pura corazonada. Realmente no sabía a dónde nos dirigíamos, pero le debía mi vida, si... Y en éstos momentos confiaba ciegamente en él, aunque eso no significaba que iba a tener mi disponibilidad por siempre, porque apenas volviéramos al refugio, me marcharía por mis propios caminos. 
 Recorrimos el mismo camino que había tomado el día anterior hacia la casa de Zemial, solo que evitando los pasillos húmedos en los cuáles había tenido el encuentro con aquellos desafortunados hombres.
 Pasamos por el gran portón verde que pertenecía a su casa, pero no se detuvo. Lo vi observar su casa con remordimiento, como si temiera entrar y encontrar algo que no quisiera ver, y cuando llegamos a la casa siguiente, ahí recién frenó y nos observó a todos, tomó aire y habló.
- No tengo ni idea de lo que está sucediendo- 
 Tamarah dio la impresión de que iba a caer de espaldas, Jenny lo observaba parpadeando excesivamente y yo contuve el aliento.
 Antes de que alguien hablara, Zemial levantó la mano para pedir silencio, pero nos sorprendimos al ver aparecer  una señora por detrás de él.
- Rápido, llegaron tarde- Dijo la mujer regordeta, haciéndonos unas señas para que entráramos a la casa. Antes de cerrar la puerta, dio un vistazo en derredor por detrás de sus pequeños anteojos de marco dorado. 
 Jenny se acercó a una silla y atinó a sentarse, pero la abuela de Mapini volvió a hacer señas con la mano.
- No, no no... No hay tiempo para sentarse-
- ¿Entonces para qué entramos?- Preguntó Tamarah, observando todo el interior de la lujosa casa.
- ¡Pero chiquita!- La mujer le dedicó una mala cara, dándole a su rostro el aspecto de un Bulldog.- ¡Es peligroso hablar ahí afuera! 
 Pude ver por unos ventanales en la otra punta de la habitación, un gran templo iluminado por velas de todos los colores y varias imágenes de santos que no lograba reconocer. 
- Como sabrán, es cuestión de tiempo para que Gabriel se entere de lo que sucedió la noche anterior...-
- ¿Quién es Gabriel?- Preguntó Jenny jugando con una canasta llena de frutas. La abuela de Mapini le dedicó la misma cara que a Tamarah.
- Prosiga América.- Dijo Zemial, en tono de disculpa y dedicándole una sonrisa a Jenny que ahora mordía una manzana y no le prestaba atención.
- Hey... Sebastian- Tamara me chistó por lo bajo.- Yo tampoco sé quién es Gabriel.- Susurró. 
 Blanqueé mis ojos.
- Por Dios Tamarah ¿No prestaste atención a la historia del viejo?.- Le pregunté. Ella se hundió de hombros y frunció los labios. Me hizo recordar mucho a una niñita. 
- Es el padre de Mapini, él fue el creador del viejo... Él es el que controla todo ésto.-
- ¡Aaaah! - Contestó ella, pero supe que no entendía ni el principio de lo que le estaba intentando explicar.
- Así es, es mi yerno.- Remarcó América, acomodándose los anteojos. Movió sus brazos bruscamente, haciendo resonar todas las pulseras de oro que llevaba sobre las muñecas y nos pidió que abriéramos paso, hasta que llegó a la ventana y observó por detrás de la cortina. Ninguno dijo nada.- Es tiempo de terminar con todo ésto.- Decía, sin salir de entre las cortinas, husmeando el exterior.- Y lo siento mucho por mi nieto, él sabe que lo amo, pero lo que está haciendo Gabriel es demasiado.- Ahora volteó, se rascó la nariz y me observó con aire de superioridad, como si oliese mal.- Mapini no es tonto, me doy cuenta por qué confió en vos-
 Abrí la boca para hablar, pero ella prosiguió.
- Por eso ésto te lo voy a pedir a vos, y solamente a vos.- 
 El corazón se me estrujó, esa mujer tenía la habilidad de estremecer todo mi cuerpo al hablar.
- Por favor, lo que sea- Mentí. 
- Traé de vuelta a mi nieto-
 ¿Qué? ¿Por qué yo? ¡No! ¿Por qué me pedía eso? ¡Ah! No pude decir nada, tan solo asentir con la cabeza. Observé a Zemial por el rabillo del ojo, él observaba el suelo, apretando sus puños mordiéndose el labio inferior. 
- Zemial- Dijo la mujer.
- Sí.- Contestó éste, como si fuese un militar, poniéndose firme instantáneamente. 
- Ésta jovencita... Es un peligro para todos- Y señaló a Jenny- Mi vida, las frutas son de plástico.- La vi entrecerrar los ojos y negar con la cabeza.
- Ay ¿En serio? Pasa que no le siento el gusto... y nada me llena.- Contestó Jenny, como si lo que estaba haciendo fuese algo natural.
 América se acercó a la novata y le puso una mano en la cabeza. Jenny observaba sonriendo como una nenita, aplaudiendo con las manos como si harían un truco de magia y algo sobrenatural estuviese por suceder. La abuela de Mapini cerró sus ojos y al instante se alejó, camuflando una cara de susto, agitándose y recobrando la postura. 
- Tu sangre... la sangre que recorre tu cuerpo es inestable. El hombre que te convirtió es malvado, y eso te va a terminar consumiendo, hasta que se apodere por completo de tu cuerpo y mente.
- ¡América! - Zemial se acercó a las mujeres y miró a la más anciana fijamente a los ojos -¿Cómo puede decir eso? ¿No la ve? ¡Es un ángel! - 
 En realidad Zemial tenía razón, yo no reaccionaba a ninguna de esas declaraciones, todavía por mi cabeza daba vueltas la idea de tener que traer de vuelta a Mapini, pero Jenny era un ángel.
 América negó nuevamente con la cabeza, se la notaba muy segura de lo que decía. 
 El aullido de los licantropos volvió a oírse. 
- ¿Qué es lo que vamos a hacer? ¿Esperar a que Sebastian traiga de nuevo a Mapini? Porque la verdad es que ya no quiero saber nada con ésto... Extraño mi vida de antes, salir co... comer- Tamarah sonaba frustrada, cruzó sus brazos y dio un suspiro. 
- Chiquita, lo que menos deseas, es quedarte sola ¿Por qué decís esas cosas? - América le dedicó una sonrisa, Tamarah la evitó observando el suelo.- ¿Sabes? Puedo hacer que tu existencia no sea tan amargada... Tengo con qué.- Y le estiró una mano.
- Tamarah, no...- Le dije, negando con la cabeza con mis ojos muy abiertos. 
 La vampiresa sonrió y se acercó exageradamente como estaba acostumbrada, sabiendo lo que iba a suceder al momento de tener contacto con la vieja... Pero nada sucedió.
- Puedo acabar con ésto, tan solo lo tenes que desear- Habló América con una gran sonrisa en su rostro, por haber frustrado la maldad de Tamarah. 
- C... ¿Cómo es posible? - 
- ¡Ah! ¡Todo es posible! Pero no es momento para éstas explicaciones, es demasiado tarde y cosas muy malas van a suceder si no nos apuramos.- América la soltó y con otra seña de manos, llamó la atención de todos nosotros, hasta la de Jenny que seguía mirando con amor la canasta de frutas.- En la casa de mi nieto, en éstos precisos momentos, hay un hombre... ¿Cómo podría llamarlo?.- La mujer se frotó la cabeza y elevó sus cejas al instante- Un hombre bastante curioso... Y como sabrán, la curiosidad mata al gato.- 
 Jenny dio un gruñido e hizo seña de garras con los dedos, solamente yo lo noté.
- Vayan, vayan... vean que hay que hacer con él- América nos abrió la puerta y nos hizo seña para que nos marcháramos.
- ¿Tan solo eso?- Pregunté. Ella me asintió con la cabeza, con una gran sonrisa en su rostro.- Pero si era solo eso ¿Por qué nos hizo esperar tanto?
- Sencillo... Quedaría de muy mala educación interrumpir a mi hija cuando tiene visitas-
 Prácticamente corrimos las dos calles que nos separaban de la casa de Mapini. Al llegar no notamos nada extraño. Zemial le hizo unos sonidos a Shermie para que no nos ladrara,  pero la muy tonta iba a estallar de emoción, haciendo demasiado ruido con la cadena y el licántropo no lograba calmarla. 
- Ellos saben que estoy acá- Logré oír desde el interior. Era la voz de un hombre que jamás había oído hablar, pero me daba mala espina. 
 Tamarah se puso en alerta, la vi treparse del portón y subirse al techo a toda velocidad. Intenté seguirla, pero Zemial me detuvo, subiendo él por mí.
 Jenny me observaba por el rabillo del ojo, evitando mi mirada, la aterraba mi presencia, lo sabía. 
 Escuché el estallo de la puerta trasera al entrar en la casa y me asusté, no me esperaba una entrada tan brusca. 
 Todo sucedió demasiado rápido, se oyó un disparo en el interior, la puerta de la casa se abrió y un pelirrojo salió corriendo. Tamarah saltó del techo, se encontraba bañada en sangre, no tenía ni idea de lo que había sucedido. 
- ¡No! - Gritó el colorado, apuntándome con un arma. 
 Tamarah corrió hacia él. Se oyó un segundo disparo. Jenny se tapaba la boca, Shermie no paraba de ladrar, el colorado pasó corriendo por mi lado, mi cuerpo temblaba, pero todos mis músculos se encontraban tensionados, no podía moverme, la imagen de Tamarah desangrándose sobre el suelo me pegaba los pies a la tierra, haciéndome imposible el caminar.
 Lo vi a Zemial salir con Soubi en manos, oí a Marcela gritar desconsoladamente. 
- ¡Lo mataste! Hijo de puta, ¡Lo mataste!- Repetía la mujer. 








MARCUS

Mis gélidos ojos se paseaban por el ventanal, junto al que se sentó esa tarde en cuanto se escondió el sol. Un segundo bastó para analizar el lado de adentro del café, pero seguía siendo igual de aburrido como lo había sido segundos antes, habiendo captado incluso detalles que no desearía haber notado, como el llamativo color rosa de las paredes, las insinuaciones desagradables de una mujer con un anillo de casada a un hombre mayor: iguales sucias intenciones.

Un suspiro se escapó de mis labios, mirándome en el reflejo del vidrio contra el cual apoyaba mi cabeza. 
Las duras facciones, el perfecto desorden ya involuntario todas las noches, todo me estaba volviendo un poco loco. 
-Demonio...- Me susurré. Así prefería llamarme a mí mismo, aceptando no solo lo que era, sino también aceptando los actos que cometía para sobrevivir, admitiendo el egoismo ante la muerte.
Solía tener ataques en los que sentía la vida como si recien la recibiera. Levantarme a destruirlo todo, 
sentir el poder. Otras veces simplemente gozaba de mis dones para ver lo maravilloso del mundo, como si yo no estuviera. 
Otros días simplemente deseaba dormir durante meses, lo cual me era imposible.
Tomé la taza de cafe, cual agua sucia, disimulando quien era, tomé tranquilamente, sintiendome parte del mundo. 
Fue ahí cuando algo me alteró, tanto como para que las manos me temblaran, el café cayera, y mi corazón parecia haber latido.
-Hay...- Susurré- hay alguien más.
-¿Está todo bien, señor?- Me preguntó una señorita cerca, sentada con unas amigas. Al alzar la cabeza les mostré mi mejor sonrisa, la emoción apoderándose de mí.
-Perfectamente.- Susurré y ella se quedó paralizada.
No me gasté en limpiarme mucho la camisa celeste, simplemente sacudí mi tapado en la silla de al lado y dejando un billete de cincuenta en la mesa me retiré.


La noche cada vez se volvía más intensa. No habría luna esa noche, el cielo se volvía negro, salpicado de tímidas estrellas asomándose entre las nubes negras. En la brisa podía olerse la descomposicion de cuerpos tan reciente que nadie la notaría. Seguí el olor.

En las escaleras de una casa vieja, aparentemente abandonada, entre tachos de basura y más cosas desechadas que no entraban en ellos, alguien se sentaba, con los codos en las rodillas, la frente descansando en el dorso de las manos. 
A sus pies yacía el cuerpo. No parecia notar mi presencia, algo lo preocupaba, algo no lo dejaba pensar en nada más. Bueno, que problema.

-Disculpá.- Dije acercándome cual sombra, y el extraño, sobresaltado, me miró amenazante. Al instante supo que era uno de los suyos, mas se mostró agresivo, enseñándome los colmillos. No pude mas que reír cálidamente, como aceptando una broma.
-¿Qué es tan gracioso?- Preguntó con una voz grave, hasta un poco actuada. Parecía tan irritado, más en contraste conmigo, que sonreía con mis finos largos labios.
-Oh, perdón, no pude evitarlo.- Hablé lento, captando cada detalle, cada movimiento involuntario. El color de sus ojos, el tono oscuro de su pelo, el similar color de piel, la altura. Con detalles también tanteaba su fuerza, por lo que llegué a la conclusión de que era un novato. Sí, gustaba de cazarlos.
Sin embargo no pude hacer nada contra este cuando su voz se quebró diciendo "Andate" con tanto convencimiento como un nene, sumiéndose en su pena.
-¿Cómo te llamas?- Pregunté al tiempo que caía suavemente de rodillas a su lado.
-Andate, dije.
-Bueno, Andate no estes triste.
Casi rió ante el mal chiste y me miró, intentando no lloriquear más.
-Sebastian. Pero...
-Pero nada-  Proseguí. -Yo soy Marcus, por cierto. Y no pude resistir venir a ver a uno de mis pares. -Mentí, ya que mi intención inicial era matarlo. Pero hoy no podía. Mis ganas de matar, al igual que mis maneras de vivir la vida, eran según el día, y hoy sentía ganas de acompañar a este -demonio-.
-Gracias, creo.- Susurró mirando el cuerpo del perro que acababa de matar. Lo miré con asco, y tomé a Sebastian de la mano y con la otra, por la cintura, lo empujé suavemente para que se levante, y salgámos de ahí.
-No se, en realidad no se que haces matando perros.- Dije mientras lo empujaba por las calles, a lo que él no se resistió.
-Yo tampoco...
Las calles oscuras, el barrio no era el más lindo, y el frío se vieron pronto acompañados por la lluvia.
Disfrutaba del silencio, mientras a Sebastian lo dejaba la tristeza pues su mente sentia curiosidad, se llenaba de preguntas, yo lo sabía.
 Los pasos sin sonido, las manos presionando suavemente, un olor que no era propio de nosotros. 
 Pero sabía también que él no quería sentirse un nene como anteriormente, asi que hizo silencio y disfrutó de mi compañía. 

Las tres, las cuatro, las cinco, las seis. La ropa mojada, el pelo húmedo, la cercanía. El miedo, la inseguridad, la confianza ciega. La intriga. La atracción.

-Sebastian.- Dije, pasando por una calle comercial, en la que él no dejaba de mirarse con él en reflejo de los vidrios, ya que le daba vergüenza mirarme de frente, aunque al oír mi voz me miró de frente, y al tenerme tan cerca se tensó, lo cual me hizo sonreír.- Sebastian, ¡Te tuve toda la noche caminando! No entiendo como se me pasó el tiempo así, pero caminar con vos, es, es realmente un placer.
Sebastian sonrió, agradeciendo el cumplido, y seguíamos mirándonos mientras caminábamos, no había ya ni una persona en la calle, y el sol amenazaba con salir. En cuanto sentimos el canto de los pájaros, ambos supimos que era hora de ocultarnos.
-¿Vas a venir conmigo?- Pregunté directamente. -No quiero dejarte ir, y tampoco quiero que nos mate la luz del sol.
-¿Eh? No se, yo...- Él dudó, intenté leer su mente, saber qué era lo que me ocultaba pero no pude, algo nos bloqueó, tal vez era el sol inminente que me hacía perder las fuerzas... pero algo me ocultaba, lo sabía.
-¿Tenes donde quedarte?-
Sebastian tardó dos segundos más de lo normal en responder, por lo que no llegó a hacerlo, yo ya había rodeado su cintura de nuevo, ahora no empujándolo, sino abrazándolo.
-De todas maneras, Sebastian, no tenes elección.- Bromeé, por lo que ambos caminamos sonriendo, ya no con la dureza de un vampiro, sino moviéndonos como humanos, por el simple hecho de rozarnos.

Apresurando el paso, comentando cosas, riendo de estupideces, cual no muy sobrios mortales, llegamos a una puerta de madera que sobresalía de las demas. No demasiado, pero parecía un buen lugar. Sebastian se sentía cual adolescente virgen después de su primer salida, cayendo por primera vez en casa de un chico. Le dio risa el solo pensarlo, mientras yo abría la puerta y lo hacía pasar. Adentro todo estaba tenuemente iluminado, parecía como si hubiera velas en vez de luz electrica.
 Solo unas escaleras de madera, una mesa de marmol y un espejo. Un gato callejero nos miraba desde la baranda.
 Yo entré primero, acariciando al gato, y haciendo señas a Sebastian para pasar.
-Esto es...- Musitó el novato mirando a su alrededor, yo había desaparecido, apareciendo luego con ropa limpia.
-Podes cambiarte en algun cuarto, tomá.- Dije ofreciéndole ropa, a lo que Sebastian rio y me miró.
-¿Somos mortales que se enferman, o algo?- Se burló, vengándose de la primer risa que le provoqué, la cual aún no me perdonaba.
-La vida no tiene gracia si nos volvemos enteramente prácticos. Siendo mortales tampoco necesitamos vernos lindos, comer cosas dulces, besarnos- Dejé un segundo en el que Sebastian se tensó una vez mas y proseguí- Pero aún así lo hacemos porque embellece nuestra vida. Y siendo demonios hermosos, creo que podríamos seguirlo. ¿O vas a decirme que preferís tu olor a muerte, o a nada, en vez del perfume que te siento aspirar cuando estas al lado mio?
-No voy a negarlo. De hecho nisiquiera entiendo a qué es ese olor.- Dijo resignado a ocultar su interes por mí.
-A flores. Así de simple. No perfume, de las flores reales. A una hora de acá hay un lugar al que no mucha gente va. Está lleno de flores, y de noche cuando no hay nadie me tiro a mirar las estrellas. Vos me desviaste. - Dí un paso adelante y Sebastian lo dio para atrás. Y así una vez más, y la tercera fue imposible para Sebastian retroceder al encontrarse contra la pared.
Otra eternidad de miradas. Sebastian me miraba, sin saber que hacer, sin mover un solo musculo, igual que yo, pero mi mirada era indescifrable para él. Cuando me acerqué más, solo fue eso, luego me alejé una vez mas y sin esperar nada desaparecí por una puerta.
Sebastian, paciente, fue a cambiarse al primer cuarto vacio que encontró, por un pasillo lleno de puertas descuidadas, todas tenían una cama con una extraña funda y un armario. Hasta encontrar una habitación realmente linda, simple y de hecho mortal. Cama de dos plazas, sábanas bordó. Pensó en para qué tendría ese cuarto. Ahora serviría al menos para cambiarse, pensó. Se quitó la ropa rápidamente y se puso las otras prendas con la misma velocidad, una remera color crema, un jean, de lo más casual. Con el tiempo justo, a punto de recordarlo...
-Map...- musitó mientras yo entraba al cuarto.
-¿Alguna razón para elejir este cuarto?- Le sonreí teniéndolo a una corta distancia.
-No lo se- admitió, correspondiéndome él también. -Realmente no lo se.
-¿Qué no sabes?
-Cómo puedo hacer para sentirme tan bien con vos estando como estoy.
-Me vas a usar.- Le susurré.
-Sí, perdón, pero te necesito.
-Voy a terminar pidiéndote perdón a vos.- Terminé de decir al oído de Sebastian, quien me abrazó del cuello.


martes, 2 de agosto de 2011

- Modern Vampire - [ Capitulo XXIX- La Saga del Hombre Lobo - Híbrido- ]

Los sueños con los pequeños Zemial y Mapini siguieron. Podía verlos cada vez más claros.
Cada vez que cerraba mis ojos y quedaba entre una fina linea de ensueño, sentía que recorrían por mis venas trozos perdidos de la memoria de Mapini, aunque suene ilógico, por supuesto.
El viejo me había dicho que tal vez eran ilusiones mías por la falta de sangre humana y mi nueva dieta: Las ratas.
Tamarah no entendía nada, trataba de esquivarme lo más que podía (aunque compartíamos la misma cama todos los días desde hacía diez días) pero sé que lo hacía por miedo a perderme, en su interior me había llegado a apreciar.
Cada día que pasaba, sentía que moría más y más. Le había pedido a Andrés que me golpeara en el pecho, y lo único que sentí fue la fuerza (aunque no me golpeó tan duro) pero sí logró moverme dos pasos hacia atrás. Nada de dolor. Mucho miedo.
- ¡Ay! Basta Sebastian, debe ser cosa de vampiros... estás acostumbrándote a tu nueva vida, no me sorprendería que en cualquier momento me sucediera lo mismo- Dijo Tamarah arrodillada junto al fuego, mientras le acariciaba entre las orejas a Tobby.
El viejo nos observaba, yo me sentía incómodo, porque además de ser un invitado forzoso, era un paciente sin cura...
- En mis veinte años de vampiro - Decía el viejo acercándose rengueando hacia el fuego.- jamás sentí lo que estás sufriendo, Sebastian.- Me dijo, cosa que no me tranquilizó para nada.
Le sonreí, pero no supe por qué, tal vez solo para hacerle saber que no había problema, aunque sí, había uno muy grande y era que sentía próxima mi muerte.
Los días en el refugio me resultaban aburridos, pero agradables. Sentía que tenía una familia, algo que no había sentido desde hacía mucho tiempo... pero me sentía tan vacío, y no era por la falta de Alex, que en paz descanse... sino por la ausencia del vampiro que provocó que mi vida diera éste giro tan inesperado: Mapini.
Y fue en un segundo que recordé uno de los últimos sueños: Mapini bebía de la sangre de Zemial, podía sentir el gusto amargo en mi boca todavía y ver los ojos marrones del hombre lobo apagándose, muriendo.
La desesperación de Mapini al momento de la muerte de su amigo era contagiosa, deprimente. Mapini había comenzado con un simple corte en la palma de la mano para darle de beber al moribundo, pero siguió con un corte brutal en el brazo, derramando demasiada sangre, pero no funcionaba, de alguna maldita forma no funcionaba y eso lo desconcertaba.
Por alguna extraña razón, sabía que Mapini nunca supo que su amigo era un hombre lobo y el pacto de sangre que estaban llevando a cabo era lo más arriesgado que habían hecho en su vida... Pero su amigo lo necesitaba, Zemial realmente necesitaba de la sangre de Mapini, o eso creían... Si él le había dicho claramente que estaba sufriendo cambios en su cuerpo, estaba sintiendo como si la muerte estuviera cerca... al igual que me estaba ocurriendo a mí... Y ahí fue cuando todo se me aclaró.
- Zemial - Dije en voz alta, llamando la atención de los otros vampiros.
Tamarah me miró con los ojos entrecerrados y el viejo no entendía a qué me refería.
- ¿Zemial?- Me preguntó la vampireza.
- ¡Si! Él pasó por lo mismo que yo... La sangre de Mapini, la muerte verdadera.
En unos minutos les conté sobre mis sueños y en cómo había muerto (supuestamente) Zemial.
- Él ahora comparte la misma sangre que Mapini, es un híbrido, por eso su fuerza es tan sobrenatural.
- Son deducciones muy rápidas y frágiles.- Comentó el viejo para sí mismo, mientras le daba vueltas al tema en su cabeza, o eso era lo que aparentaba.
- En mi cuerpo hay restos de sangre de Mapini, de eso no hay dudas, por algo existe ésta conexión entre los dos, pero lo que no entiendo, es por qué Alex o el acompañante de Felix terminaron desintegrados al contacto con la sangre pura.
- Debe ser por la cantidad que ingeriste- Dijo Tamarah, luego de pararse y observarme fijamente con los brazos cruzados sobre el pecho, como si buscara en mi rostro rastros de la sangre del vampiro Puro.
- Si eso es verdad, entonces lo que estás sintiendo es la verdadera muerte que te está comiendo por dentro... como a mi mujer.- El viejo seguía hablando para sí mismo, intentando analizar todo.- La sangre Pura es como un cáncer para nosotros, y nos va matando lentamente...-
- Pero ¿Por qué?- Pregunté alertado.
- Es una buena pregunta, pero si lo sabríamos, entonces tendríamos la cura en mano o al menos una idea de cómo parar ésto.
- ¡A eso es a lo que me refiero! - No pude evitar gritarlo.- Si tan solo pudiera hablar con Zemial...-
- ¡Estás loco! - Tamarah me señalaba con un dedo.- ¡Ni lo pienses Sebastian!-
Ahora si que no me quedaba ninguna duda de que Tamarah me quería. Le sonreí, pensé en abrazarla pero fue tan solo un momento. Ella agachó la mirada y me evitó exageradamente.

La conversación terminó ahí, el resto de la noche las miradas se esquivaban automáticamente, nadie decía nada.

Cuando la salida del sol era inminente, me fui a la cama primero, quería estar solo y pensar tranquilamente.
Intentaba analizar los sueños, las cosas que sabía gracias a los recuerdos de Mapini en mi cuerpo, pero sentía que nada era útil.
Zemial caminaba a mi lado, iba sonriente y comentaba algo acerca de una broma en el colegio. De inmediato supe que me encontraba soñando.
Observé hacia atrás y vi a Marcela en la vereda observándonos mientras nos alejábamos. La calle se me hacía demasiado familiar, era la vereda de Mapini, aunque no la había podido reconocer a simple vista porque el sol brillaba sobre nuestras cabezas.
Caminamos dos cuadras, en las cuáles sentía que de mi boca se escapaban palabras, las cuáles eran las contestaciones de Mapini hacia su amigo. Yo seguía observando el lugar, era justamente el camino que tomamos con Tamarah hasta llegar al refugio.
Nos detuvimos frente a un gran portón verde, junto a una galería con los vidrios empapelados con diarios.
Entramos y no reconocí el lugar, jamás había estado en esa casa, pero subimos las escaleras y llegamos a una habitación bastante desordenada, con un gran ventanal que iluminaba todo el interior. ¡Era el dormitorio de Zemial!
Me desperté sobresaltado, era como si la sangre en mi interior me estuviera controlando, o se quisiera salvar así misma, mostrándome lo que necesitaba: La ubicación de Zemial.
Lo más irónico de todo eso, era que todo el tiempo había estado tan cerca...
Tamarah dormía a mi lado, enroscada entre las sábanas. Los ronquidos del viejo se oían desde la otra habitación.
Me levanté y caminé cuidadosamente sin hacer ruido y así no despertarlos.
Abrí las cortinas negras y pude ver que todavía era de día, el crepúsculo no estaba tan lejos, pero todavía había sol.
Tomé prestada la capa andrajosa del viejo y me la eché por encima.
Caminé hacia la entrada al refugio, Tobby me siguió y le hice una seña para que se quedara.
Era la primera vez, desde que habíamos llegado con Tamarah, que iba a intentar salir de ahí.
El camino por el acueducto se me hizo más corto que la primera vez, tal vez por mis ansias, no lo sabía.
Al llegar al otro lado, respiré aire puro, me encontraba lejos de la fortaleza de basura. Ahora lo que me rodeaban eran árboles que desprendían frescura, y una gran inseguridad.
Los pequeños rayos de sol que lograban penetrar las grandes cortezas chocaban contra la capa, pero igual ardían.
Caminé por instinto, sabía que me dirigía por el lugar correcto.
Me detuve un instante y observé a larga distancia las ropas rasgadas que habían pertenecido al acompañante de Felix, por lo visto su cuerpo, o lo que quedara de él, se había desintegrado bajo la luz del sol, ya que se encontraba sobre un descampado y los árboles no lo protegían.
Me encontraba alerta ante todo ruido, pero sabía que podía caminar con seguridad, ya que no olía a ningún licántropo y estaba más que seguro de que ellos ni se imaginaban que un vampiro loco como yo, se iba a largar a caminar cuando el sol todavía brillaba.
Al llegar al borde del campo, dudé en si seguir con mi marcha o esperar a que el sol se ocultara un poco más. También pensé en ¿Qué es lo que estoy haciendo? ¿Qué es lo que pretendía? ¿Que Zemial me viera, me diera un abrazo y me ayudara a buscar una cura? ¿Su tarea no era exterminar a vampiros como yo? Negué con la cabeza y seguí caminando, siempre con la capa sobre mi cuerpo y cubriéndome el rostro.
Sentía cómo los curiosos me observaban, pero trataba de no darles importancia.
El olor a humanos me inquietaba, deseaba un sorbo al menos, tal vez eso me curaría...
- Amigo, quedate quieto o sos boleta- Me dijeron al pasar por un pasillo bastante húmedo.
Me encontraba rodeado por tres hombres, uno atinó a quitarme la capa, pero lo tomé por la muñeca fuertemente y sentí un "clic" luego un grito de dolor por su parte.
Los otros dos se me tiraron encima, uno logró apuñalarme bajo el brazo derecho. Tenía que moverme con cautela, el sol todavía brillaba y si se me caía la capa, era hombre muerto.
Tomé por el cuello al que me había apuñalado y lo arrinconé contra la pared, mientras el otro me golpeaba con todas sus fuerzas por la espalda, por supuesto que ni lo sentía.
Gracias a mi influencia de vampiro, obligué a mi víctima apuñalar a uno de sus acompañantes tantas veces como le sea de su agrado.
La sangre brotó y manchó todo su alrededor.
Oía los gritos del que llevaba la muñeca rota
- ¿Qué hacés? ¿Qué hacés?- Gritaba, y no sabía para dónde correr.
También oía los murmullos de las personas que vivían alrededor, pero nadie se atrevía a salir y observar.
Cuando el cuerpo sobre el suelo parecía un colador, obligué a mi atacante que se suicidara, abriéndose la garganta de lado a lado.
Antes de que tocara el suelo lo tomé entre mis brazos y bebí de él, aprovechando la situación.
El tercer atacante entró en pánico y corrió. El muy imbécil corrió mirando hacia atrás y quiso cruzar la calle, pero para su desgracia no vio venir un automóvil y lo arrolló.
Sonreí con la boca llena de sangre. Observé a los tres cadáveres y seguí caminando.
Me sentía satisfecho, pero mi interior seguía vacío. Eso había aclarado mis dudas: Lo que me estaba sucediendo, no era falta de sangre.
Aceleré el paso porque las personas habían escuchado el choque y salían a ver el accidente.
Varias mujeres gritaban, no entendían lo sucedido: Un hombre apuñalado, el otro con un corte en la garganta y el tercero bajo las ruedas de un auto.
- ¿Por qué hiciste eso? - Me preguntó un nene desde una ventana.
Sentí como el corazón se me estrujó en un segundo.
- Intenté ayudarlo - Le contesté mientras le sonreía, pero supe que mi apariencia daba miedo al ver la cara de susto que puso cuando vio mis colmillos y la sangre.
- Es mentira, yo te vi y sos un hombre malo - Dijo inflando sus cachetes.
- No soy un hombre - Le dije y me fui.
Logré oír que la madre se acercó corriendo para sacar al hijo de la ventana, y lo pude imaginar, como si lo estuviera viendo enfrente mío, pataleando y moviendo los brazos hacia todos lados, diciéndole a la madre que acababa de hablar con la muerte.
Había hablado con la muerte... qué irónico me resultaba. La muerte luchando contra la muerte, buscando una solución para detenerse así misma.
Seguí caminando, aprovechando el amontonamiento de personas y pasando desapercibido.
Por supuesto que lo que acababa de vivir me había hecho pasar por alto que era territorio de licántropos y el haber armado tremendo escándalo no había sido para nada bueno.
El olor a perro comenzaba a penetrar mis fosas nasales. Se los sentía agitados, sabían que me encontraba ahí, pero desconocía los aromas, Zemial no rondaba por el lugar, así que corrí y me alejé lo más que pude.
Al llegar al gran portón verde me quedé congelado. Una señora me observaba, pero no como todos los demás curiosos, sino que en sus ojos había algo que decía "Sé lo que sos, pero ¿Qué pretendes?" y eso me aterraba.
La miré fijamente a los ojos y le ordene que se marchara, ella se tapó la boca y dio unos pasos hacia atrás, pero no quitaba su mirada sobre la mía.
Sentí un fuerte dolor en la cabeza, supuse que era el sol, pero el calor no provocaba lo que estaba sintiendo. Era como si tuviera una herida abierta, de la cuál emanaba sangre y ella con la mirada la absorbiera.
Me asusté y no supe que hacer, aquella mujer estaba haciendo algo realmente extraño, pero para mi sorpresa la vi sonreír y se marchó, entrando en la casa de al lado.
- Bienvenido al mundo real- Me dije irónicamente, aún aterrado.
Rodeé la casa y salté hacia el gran ventanal que sabía que daba al dormitorio de Zemial. Por un instante había pensado en tocar el timbre o tener una entrada más formal, pero ¿Qué clase de idiota haría eso?
Observé hacia el interior del dormitorio y no vi a nadie. La puerta de lo que parecía el baño estaba entreabierta y dejaba escapar vapor. Podía oír la lluvia de la ducha caer.
Intenté abrir la ventana pero estaba cerrada desde adentro, tenía que abrir el vidrio si o si, pero alertaría a los integrantes de la casa.
El sol ya se estaba ocultando, el exterior se volvía frío y oscuro, pero igual no me quitaba la capa.
Dejé de oír la lluvia de la ducha y me puse en alerta, no sabía lo que iba a suceder. Pensé en ocultarme, pero no tenía dónde, y para mi sorpresa, Zemial salió del baño con una toalla secándose el cabello.
Ambos nos quedamos congelados, observándonos. No sé cuánto tiempo pasó, pero nuestras miradas no se separaron.
Él observó hacia todos lados y lo vi hacer algo raro con la nariz, como si olfateara en rededor. Caminó hacia la ventana, la destrabó, se dio media vuelta y se dirigió hacia su cama, donde tenía toda su ropa.
- ¿No pensás entrar?- Me dijo. Su voz me estremeció de pié a cabeza.
Abrí el gran ventanal, di un paso y me quedé parado, desconcertado, no entendía lo que sucedía.
- Por un momento pensé que era una locura de la vieja de al lado - Volvió a hablar, mientras se colocaba un calzoncillo dándome la espalda.- ¿Justamente vos tenías que ser?
Y lo vi negar con la cabeza. No dije nada, tan solo lo observaba mientras se vestía. Tenía miedo, debo admitirlo, él actuaba con tranquilidad luego de habernos enfrentado bajo el puente en Palermo.
- Me estaba bañando y la escuché hablar- Lo oí dar una carcajada.- Pensé que estaba delirando o algo por el estilo, pero me advirtió que estabas por entrar- Ahora se dio media vuelta y me observó. Su mirada dorada contagiaba pasividad.
Me quité la capa y me acerqué un poco más. Me sentía seguro, pero mi cuerpo estaba tenso.
- Así que necesitas mi ayuda- Lo vi asentir con la cabeza de una forma irónica.
Me desconcertó por completo ¿Podía leer la mente?
- Zemial, soy Sebastian, amigo de Mapini y vengo a pedirte un gran favor- Le dije, observándolo a los ojos con gran esfuerzo. Tenía ganas de salir corriendo, no sabía qué hacer.
- Si, sé quién sos... La abuela de Mapini me acaba de contar... de una forma bastante extraña todo acerca de vos - Por el tono de voz, él también se encontraba desconcertado. Me observaba con los ojos entrecerrados, analizándome.
- ¿Y Jenny? - Pregunté.
- ¿Jenny? - Me preguntó con mucho interés - ¿La humana que casi matas? -
"Casi" Esa palabra me hizo saltar el corazón.
- ¿Está viva?- Pregunté exaltado, y lo vi asentir con la cabeza, pero en su rostro se notaba mucho más desconcierto.
- Sos raro... sos diferente a los demás - Me dijo, mientras se sentaba en la cama, y se llevaba una mano al mentón observándome.- Si no fuera por tu olor a muerte, pasarías desapercibido como un humano.
No supe que contestar, qué hacer, ni nada. Seguía congelado.
- ¿Es verdad todo lo que me contó la vieja loca sobre Mapini?-
- Perdón, no sé de qué hablas- Le contesté.
Y me contó (de vez en cuando dando una risa irónica por el desconcierto) todo lo que la extraña abuela de Mapini le había transmitido telepáticamente mientras se daba una ducha.
- Ahora lo que no entiendo... ¿Es qué haces acá? -
- Necesito tu ayuda - Le contesté rápidamente y acercándome unos pasos.
- Es que no puedo ayudarte en nada- Y al decir eso, sentí como subrayaba la palabra "nada".
- Zemial... Si supieras las cosas que sé en éstos momentos, cambiarías de parecer- Mis palabras sonaban a ruego.- ¿Por qué habría de matar a todos los vampiros impuros?
- ¡Porque son una amenaza para la sociedad! - Dijo parándose de pronto y sin dudarlo.
- Pero no todos somos iguales -
- ¡Casi matas a una humana frente a mis ojos! -
- P...pero ese no era yo. Además, nunca quise hacerle daño. Yo amo a Jenny.- Al decir eso, sentí como mi corazón se estrujaba. Vi a Zemial observarme mucho más desconcertado.
- ¿Amor? ¿Me estás hablando de amor? - Dio una risa forzada.
- Si, pero mi instinto y sed de sangre fueron mucho más fuertes...-
- No...-
- Pero Mapini me enseñó a beber sin matar -
Esa afirmación lo hizo tambalear pero se mantuvo en pié.
- ¿Sabes? Diecisiete años de amistad y jamás supe que él era un vampiro...-
- ¡Y él nunca supo que vos eras un Hombre Lobo!-
Otra vez lo desconcerté, haciéndolo abrir los ojos muy grandes.
- ¿Y vos cómo es que sabes todas esas cosas? Mi clan te aniquilaría en un segundo si se enteraran de todo ésto...-
- Zemial, por favor- Le dije, y me acerqué a él, dejando al descubierto mi muñeca y acercándosela a su cara.- Comprobálo por vos mismo.
- Estás loco - Me dijo, y me quedó observando.- ¿Qué es lo que pretendes?
- Quiero que veas todo lo que viví y después decidís lo que quieras.- Tragué saliva, lo que estaba por hacer realmente era algo de locos.- Si tu decisión es aniquilarme, lo acepto, pero primero por favor...- Y volví a acercarle la muñeca.
Él la tomó con las manos firmes, y dejó al descubierto sus dientes. Se lo veían más feroces que los de vampiros, muchos más gruesos. Abrió su boca y me observó a los ojos fijamente.
- ¿Estás seguro?- Me preguntó, y le asentí con la cabeza.
Sus grandes colmillos me hicieron estremecer todo el cuerpo. Sentía su saliva viajando por todo mi cuerpo, como si me quemara. Era veneno puro, lo sabía, esa cosa me iba a matar.
Sentí sus brazos por mi espalda y con su ayuda terminé recostado en su cama.
- ¡Hey! ¿Estás bien?- Me preguntó.
Me sentí como un tonto, yo acostado y él mirándome asustado. Asentí con la cabeza, no podía hablar, sentía su saliva en mi garganta y temía escupir sangre.
Estiré mi brazo nuevamente. Él se arrodilló junto a la cama y sin dudarlo, volvió a clavar sus dientes sobre mi muñeca. Sentí su mano tapándome la boca, ahogando mi grito de dolor.
La succión de sangre dolía como ninguna otra cosa de la vida. Sentía como viajaba a través de mi brazo la información que él necesitaba. No lograba concentrarme, el dolor me iba a matar.
Me retorcía en la cama, pero sentía sus manos aferrándose a mí fuertemente. ¿Y si me mataba ahí nomas? ¿Y si todo lo que me había dicho era mentira y tan solo buscaba vengarse? No, había algo en mi interior que decía que no... algo que sonaba como su voz.
- ¿Zemial? -
Él salió despedido hacia atrás y yo sentí que el alma me volvía al cuerpo, que volvía a respirar.
- ¿Mellodie? - Lo escuché preguntar.
Intenté reincorporarme en la cama, pero no tenía las fuerzas suficientes. Zemial se levantó del suelo y me tomó por los hombros, y me observó fijamente hacia los ojos.
- Cerrá la puerta- Le ordenó a la mujer que nos acompañaba.- Sebastian, si todo eso que me contaste es verdad, hay que hacer algo urgentemente.
No pude decir nada, tan solo mover la cabeza extrañamente, aunque le di a entender que estaba de acuerdo.
- ¿Qué es ésto? - Oí gemir a la muchacha que acababa de cerrar la puerta.
- Amor, es largo de contar, pero por ahora no hagas ruido-
- Zemial, decíme que eso no es un Convertido.
Lo vi asentir con la cabeza, pero con mucho temor.
- ¡Matálo!- Gritó ella, pero Zemial se levantó y la tomó de los brazos y no llegué a ver lo que sucedía, pero ambos se quedaron callados por un buen rato.
-No... no no, estás loco-
- Mellodie, lo necesita, se está muriendo.
- ¡Y que se pudra! ¡Es un Convertido! Zemial ¿Perdiste la cabeza?
- Es mucho más de lo que te acabo de contar, pero no hay tiempo, tenemos que hacer algo urgente.- Dijo Zemial, acercándose a mí.
Yo seguía observando el techo, débil, muriendo. La mayor parte de mi sangre residía dentro de Zemial, y la sangre de Mapini me consumía mucho más rápido que antes. Varios calambres atacaban mi cuerpo.
- La manada se va a enterar de ésto - La oí amenazarlo.
- Por supuesto amor que se van a enterar de ésto-
- ¡No me llames más amor! ¡No soy más tu amor! Vine a buscar mis cosas nada más, y me encuentro con éste espectáculo.
Vi la mirada de Zemial caer hacia el suelo, dándole la impresión de un perro triste, con sus ojos dorados brillando.
- Es lo último que te pido- Lo escuché decir.- Y después te podes ir tranquila con tus cosas, yo me encargo de hablar con la manada.
Mellodie se acercó a mí, dirigiéndome una mirada de odio.
- Necesita de mi sangre, es la única sangre que sobrepasa el poder de los Puros.- Dijo Zemial, observándome de pié a cabeza.
- Realmente estás loco...
- Es la única manera.
- O dejarlo morir.
Zemial le dedicó una mala cara a la rubia que nos acompañaba. Ahora se agachaba y se acercaba a mi rostro, para hablarme de cerca, como si me viera muerto.
- ¿Estás bien? - Me preguntó, y moví los ojos.- Si, lo está todavía.
Caminó por la habitación, dio unas vueltas, lo oía respirar profundo, mientras Mellodie suspiraba fuertemente haciendo notar su frustración de vez en cuando.
- Sebastian, no sé qué va a pasar después de ésto, pero espero que de resultado.- Me dijo el Licántropo, con un cuchillo en mano y su pecho al descubierto.- Mello, los brazos- Le hizo una seña con el mentón para que me agarrara de los brazos, y lo vi apuñalarse a él mismo el pecho.
La sangre comenzó a brotar y con una mano colocó mi cabeza junto a él.
Comencé a beber, sentía el mismo gusto que en mis sueños, pero podía reconocer que no era solo su sangre la que viajaba. Un dulce sabor recorría junto a la sangre de Zemial... Sangre que comenzaba a viajar por mí, haciéndome levantar temperatura. Mi cuerpo temblaba, quería gritar, pero Zemial me apretaba contra su pecho y ahogaba mis gritos. Mellodie me sostenía con gran fuerza para ser mujer. El licántropo gimió de dolor al momento que clavé mis colmillos en él y logré quitarle más sangre.
Sentí como si tuviera orgasmos múltiples, mi cuerpo se recuperaba a gran velocidad, pero había algo más, algo nuevo viajando a través de mí y no sabía que era, pero me hacía sentir seguro y mucho más fuerte.
Zemial me fue soltando lentamente, Mellodie lo siguió, pero algo nos alertó a los tres: Un aullido de lobo.
- Ayañir - Dijeron al unisono.
- ¡Te dije que no era buena idea! - Gritó la rubia.
- ¡Sebastian!- Me gritó Zemial, tomándose del pecho, agitado - Decíme que viniste solo...-
No sabía si ya era capaz de formular alguna palabra, pero me ayudé con las manos y me levanté.
Fue tan fácil como respirar. Me sentía renovado, con muchas fuerzas. Tal vez era una simple impresión, pero creía que era capaz hasta de volar.
Me puse de pié y observé todo. Zemial y Mellodie me observaban asustados.
- M... muchas gracias- Le dije, pero sin dejar de observar mi cuerpo.
Podía ver todo con más claridad, con más detalles. Sentía que podía ver moverse las cosas antes de que sucedieran, o saber lo que iban a decir antes de pronunciar algo. Me sentía un Dios.
- Te vas a tener que ir como sea...- Dijo Zemial.
- ¡No! ¡El se va con nosotros! ¡Prometiste contarle a la manada lo sucedido!
- Pero Mello... es un peligro justo ahora.
Y otra vez se escuchó el aullido.
- Nos necesitan.- Dijo la rubia y la vi salir corriendo tras la puerta.
- Ahorremos tiempo- Me dijo Zemial, y lo vi abrir el ventanal y saltar por él.
Lo seguí y al caminar sentía como si flotara. Mi cuerpo era más liviano que una pluma, y hasta diez veces más ágil que antes.
Salté la ventana, fue como si bajara un escalón.
Corrimos hacia la calle y vi lo que me temía: El viejo y Tamarah estaban en el medio de la calle, rodeados por tres licántropos.
- ¡Acañir! ¡No les hagan nada! - Escuché la voz de Zemial que resonó en toda la cuadra.
Todos nos observaron, quedando atónitos. El licantropo no le prestó atención y señaló al viejo.
- La cabeza, cortále la cabeza- Ordenó Acañir a sus compañeros.
- ¡No! - Grité.- ¡Tamarah, corré! ¡El viejo! ¡Ayudá al viejo!- Y sentí un impacto contra mi espalda, haciéndome volar varios metros. Me dieron vuelta y comenzaron a golpearme en la cara. Eran dos jovencitos, a los cuáles los tenía tomados del cuello, evitando que me mordieran y despedazaran.
Escuché el grito de Tamarah y el gemido de dolor del viejo, pero no pude ver qué sucedía.
Apreté con fuerza el cuello de un licántropo y lo hice volar varios metros, al otro lo hice chocar contra un árbol y lo oí aullar del dolor.
Sentí una presencia humana y la reconocí al instante. Me di media vuelta y la vi.
- ¿María? ¿Qué mierda hacés acá?- No dudé ni por un segundo y la golpeé en la nuca, dejándola fuera de combate. La tomé entre mis brazos y corrí lo más rápido que pude (a una velocidad impresionante debo admitir) hasta la casa de Mapini, dejándola recostada en la entrada.
Las dos cuadras se me hicieron más que cortas. Al momento de volver a la batalla, vi a Zemial lastimado, dándole la espalda a Tamarah que llevaba al viejo entre sus brazos.
Mellodie, Acañir, Millañir y Ayañir se encontraban en posición de ataque frente a Zemial, por lo visto ellos lo habían herido.
Zemial me observó arrodillado en el suelo, con una mano en el pecho y sangrando por la boca, y lo pude entender, sabía lo que me estaba pidiendo: Él pretendía que escapara, que lo dejara, que él podría encargarse solo, pero que ayudara a los otros dos Convertidos... Aunque por lo visto, el viejo había muerto.
En una fracción de segundo, me coloqué detrás de Zemial, le puse una mano sobre un hombro y observé a los licántropos.
Mellodie me miraba con miedo, mientras le susurraba muy por lo bajo algo a Ayañir.
- Traición- Escuché que gritó la mujer de pelo plateado.
Zemial me sonrió y lo vi correr contra la mujer. Los otros tres licántropos no se movieron, no nos quitaban la mirada a Tamarah y a mí.
El choque de los licántropos sonó como la embestida del automóvil esa tarde. Era cuestión de segundos para que las personas salieran a ver lo que sucedía.
- ¡Vayansen ya!- Escuché gruñir a Zemial.
Tomé el cuerpo del viejo y vi que Tamarah llevaba un gran rasguño en el estomago, aunque no parecía nada grave.
- No se van a ir a ningún lado- Escuché que habló Mellodie.
Acañir y Millañir se abalanzaron sobre nosotros, pero los pude evadir fácilmente, y cuando pasaron por mi lado, los golpeé por detrás con la mano libre que me quedaba, dejándolos fuera de combate.
- No te vamos a dejar- Le dije a Zemial, mientras chequeaba el cuerpo inerte del viejo.
- ¿Qué es lo que hicíste Zemial? - Decía Ayañir, con la cabeza contra el asfalto, mientras Zemial la bloqueaba.- Acabás de crear un enemigo mortal... ¡Perro estúpido! - Y la vi escupir sangre.
Mellodie caminó hacia Zemial y lo tomó por la ropa, y con un simple movimiento lo quitó de encima de Ayañir.
Ambas mujeres estaban de pié, observándonos. La de pelo plateado se sostenía del brazo de la rubia.
- Tomen el cuerpo del anciano y márchense- Dijo en voz alta Mellodie... Al parecer ella resultó ser la lider- Convertidos, es la última vez que logran escaparse, la próxima toda la manada va a ir contra ustedes. Zemial, quedas desterrado, y ahora tu cabeza corre peligro de muerte.
Zemial caminó hacia Tamarah y quiso tocarle la herida, pero ella se alejó aterrada.
Las mujeres licántropos tomaron a sus dos compañeros desmayados y se perdieron de vista.
Zemial, Tamarah, y yo nos dirigimos hacia el refugio, donde enterramos el cuerpo del viejo. Tobby aullaba junto a la tumba de su dueño, expresando su dolor por la pérdida, mientras Zemial le acariciaba las orejas y le decía : - Todo va a estar bien.

martes, 19 de julio de 2011

- Modern Vampire - [Capitulo XXVIII- Cumpleaños-]

Gabriel seguía con el padre de Paul's herido entre sus brazos.
La adrenalina iba desapareciendo de mi cuerpo. No sentía la herida de mi mano, aunque podía ver que comenzaba a cicatrizarse.
Paul's junior estaba rodeado por Ruth y Dyoxe, los tres heridos, aunque el vampiro era el más sufrido, luego de su padre.
Incrustado en el árbol brillaba mi cuchillo, con el cual había acabado al último Convertido. Caminé y lo tomé con fuerza. Estaba bañado en sangre... sangre pura e impura... pero ambas se veían tan idénticas.
Mi padre ayudaba al padre de Paul's a ponerse de pie, luego de rociarle el pecho con sangre de una herida en la muñeca que él mismo se había provocado para así la perforación en el pecho del colorado cicatrizara mucho más rápido, aunque eso iba a tardar, llevaba heridas internas.
Comencé a pensar en la combinación de la sangre, en la diferencia y en cómo reaccionaban.
Gabriel me fulminó con la mirada, oía mis pensamientos pero no le presté atención.
Intenté despejar la mente, quería pensar en Sebastian... pero no lo quería hacer en ese lugar y menos si invadían mi privacidad.
Observé a Paul's junior y me causaba gracia verlo tan lastimado... Esa imagen le quitaba todo lo soberbio que había sido conmigo el día anterior.
- Buena fiesta - Le dije fríamente.
No sé por qué lo hice, pero no pude evitar el impulso de formular las palabras hirientes. Todos me observaban.
Instantáneamente caminé directo hacia el bar donde sería la fiesta, dejándolos a todos atrás. Todavía quedaba un cumpleaños por festejar ¿No?
Estuve sentado por una hora solo en la barra del lugar, mientras la jovencita que atendía me observaba al pasar con miedo al verme ensangrentado, pero no se animaba a hablarme, ni siquiera para preguntarme si necesitaba algo.
La llegada de Gabriel al lugar me hizo voltear, su presencia era muy grande y no podía pasarla por alto. Caminó hacia mí y puso una mano sobre mi hombro. Llevaba una mochila colgada.
- ¿Y cómo te sentiste? - Me preguntó, pero extrañamente animado.
¿Que cómo me sentí? me pregunté por dentro y vi cómo él asentía emocionado con la cabeza.
- No lo sé - Contesté. Era verdad, no lo sabía. Todo era tan confuso. La hora que pasé sentado en la barra no me había servido de nada, mi cabeza seguía confundida. Sentía vértigo, miedo... pero no emoción.
- No tenes que preocuparte por los otros... ya nos encargamos-
- ¿Los otros? - Pregunté. Y el volvió a asentir con la cabeza.
- Los amigos de Paul's. Sus familiares ya están al tanto. Un accidente de tráfico- Lo vi medio sonreír.- Entonces... ¿Qué se sintió acabar con esa peste?
Creo que en ese instante no pensé en nada, pero me resultó desagradable y se lo hice notar por la expresión en mi rostro. Lo miré con el cejo fruncido y no dije nada. Me dio unas palmaditas en el hombro.
- Ya estás grande, chango- Habló para si mismo, como si se intentara convencer él mismo, y le hizo unas señas a la camarera para que se acercara. Ambos se quedaron mirando por unos segundos, hasta que ella se volteó y la perdí de vista. Gabriel sonrió.- Tomá - Y me pasó la mochila que llevaba colgada.- Acá tenés ropa para cambiarte, estás todo ensangrentado y la gente está pensando en llamar a la policía.-
Era verdad, miré en rededor y vi que todos me esquivaban la mirada antes de cruzarse con la mía. Me levanté, di un suspiro y me dirigí hacia el baño.
Jamás había entrado al baño de ese lugar y había ido cientos de veces. Estaba iluminado por una luz blanca, la cual a simple vista hacía ver todo reluciente, pero por desgracia para mi nariz sensible, podía oler que no lo estaba.
Me paré frente a un gran espejo junto al lavamanos y casi grito del espanto. Ahora notaba por qué la gente se aterraba al verme, me encontraba bañado en sangre de pie a cabeza.
Sin dudarlo me quité la ropa y comencé a limpiar la sangre de mi cuerpo, siempre atento a que nadie entrara, pero para mi sorpresa, la puerta se abrió de par en par y en un segundo vi a una persona reflejada detrás de mí. Era Paul's, se observaba los colmillos al espejo.
- Me dieron duro - Comentó, mientras pasaba un dedo sobre su dentadura.
No levanté la mirada ni por un segundo, no quería observarlo. Estar sin ropa en ese lugar junto a él me intimidaba, pero intentaba ocultarlo.
- Ayer fue la noche de mi cumpleaños... Pensé que te iba a ver- Su voz resonó en el interior de mis oídos, aturdiéndome. Él seguía observándose al espejo, mientras yo limpiaba la sangre de mi cuerpo.
- ¿No era solo para familiares? - No pude evitar sonar de una manera muy fría.
- Pero si somos familia- Se burló de mí, fulminándome con la mirada, mientras me dedicaba una media sonrisa a través del espejo.
Ladeé mi cabeza y volví a esquivarlo, siguiendo con lo mío.
Me sorprendía la velocidad con la que se estaba curando. Era impresionante ver que hacía tan solo una hora atrás, él se encontraba herido, llorando de dolor y miedo (Aunque jamás lo admitiría)
- ¿Qué haces? - Le pregunté, sobresaltándome.
- Te ayudo - Contestó tranquilamente, mientras pasaba por mi cuello un trapo húmedo, limpiando la sangre. Sus manos viajaron hasta mi nuca, y comenzaron a descender por la espalda.
Me pregunté cómo había sido posible terminar manchado con sangre por esas partes.
El roce de sus manos con mi piel provocaban estática, o eso creí. El cosquilleo que recorría mi interior me iba a matar.
Con ambas manos me tomó de la cintura, y colocó su cabeza sobre mi hombro derecho, buscando nuevamente mi mirada en el espejo. Ésta vez no pude evitarlo y me rendí ante su mirada.
Cada segundo que pasaba, me desconcertaba más y más. No me atrevía a formular palabra alguna, pero moría de ganas por preguntarle ¿Qué es lo que pretendes, Paul's? Y fue como si su mirada lo delatara. No sabía cómo lo estaba haciendo, pero sí lo que estaba sucediendo: Paul's se encontraba bajo la influencia de mis ojos, haciéndome sentir cómo viajaba desde el centro de su cabeza, hasta mis ojos y almacenándose en alguna parte de mi pecho, toda clase de información inservible acerca de él, hasta que me vi, o eso creí, todavía sin saber cómo funcionaba, pero ahí estaba yo, me podía ver claramente.
Paul's me entregaba el oso de peluche en la puerta de su casa, mientras me veía marchar junto a Gabriel.
El vampiro menor estaba recostado sobre su cama, llorando, con su teléfono móvil en mano, observando fotografías de nosotros dos juntos, y otras que tenía escondidas, de las cuáles jamás me había percatado, donde aparecía yo solo. Ahora sonreía, mirando una fotografía mía, en donde dormía con la boca medio abierta.
No sé cómo es que lo supe, pero me enteré de que los dos primeros meses luego de mi partida, él repetía las mismas acciones : Acostarse, y observar hasta quedarse dormido nuestras fotografías.
La información siguió viajando a través de mí nuevamente, pero no encontraba registro que coincidiera conmigo, era todo acerca de su vida, cosas que no me llamaban la atención, hasta que lo vi en una habitación... mi habitación en la casa de Gabriel. Paul's estaba recostado en mi cama, con varias cosas desparramadas, revisándolo todo. Gabriel lo observa desde la puerta y ambos se sonríen. Todo se puso oscuro. Gabriel...
Y en ese instante sentí como si me acabaran de patear la cabeza, desprendiéndome del vampiro.
Paul's seguía detrás de mí, era como si recién nos diéramos cuenta de lo sucedido. Él se alejó de mí, tomándose de la cabeza, caminando hacia la salida, cerrando la puerta al salir.
¿Qué había sucedido? ¿Gabriel había bloqueado sus recuerdos? ¿Los había modificado? Cientos de preguntas viajaban a mil por hora por mi cabeza, pero ninguna tenía respuesta coherente... ¿Por qué Gabriel haría algo así? ¿Acaso sabía que yo podría infiltrarme en los recuerdos del vampiro? No, era imposible... él no sería capaz de ocultarme algo tan importante... o tal vez si.


Me encontraba impecable. Gabriel había elegido una combinación de ropas demasiado elegantes para lo que solía vestir habitualmente. Me sentía incómodo porque sabía que iba a desentonar en el lugar y llamar la atención, aunque era algo inevitable.
El bar estaba repleto de personas, lleno de adolescentes ajenos a lo sucedido aquella noche, y misteriosamente no recordaban haberme visto ensangrentado.
Por lo que llegué a notar, todos se conocían entre sí... algo malo para mí.
Intenté caminar por la parte más oscura del lugar, pero igual no pude evitar la mirada y los murmullos de los curiosos.
- Bonito saco - Me dijo una muchacha de no más de quince años - ¡Hola! Soy Mellanie, y ellas son Angela y Daniela- Señaló a sus dos amigas que me sonreían tontamente.
- Mapini, un gusto - Contesté y seguí caminando.
- ¡Si! ¡Se quién sos! -
Me detuve, di media vuelta y la observé fijamente. Ella sonreía de oreja a oreja, achinando su mirada.
- Ah ¿Si? - Pregunté intrigado, y en voz baja.
Mellanie se me acercó, miró hacia ambos lados, impactó su codo varias veces contra mi pecho y dijo en un susurro:
- Si, sé quien sos - Y volvió a reír a carcajadas. Tomó a sus amigas por los brazos y se alejaron diciendo las tres al unisono: -Chao.
A todo ésto, no paraba de sentir la mirada de Paul's clavada en mi nuca, pero no volteé, me dirigí directamente hacia la mesa en donde se encontraba Gabriel, junto a los padres del cumpleañero.


- Veo que conociste a Mellanie - Me dijo Marcela, al momento de sentarme, mientras me acomodaba el saco de vestir.
Asentí con la cabeza. Gabriel me observaba por el rabillo del ojo, disimulando escuchar al padre de Paul's.
- Es la prometida de mi hijo- Volvió a hablar la mujer, siempre haciendo comentarios en mi contra inconscientemente, aunque ya comenzaba a dudarlo y me convencía de que no le caía para nada bien.
- Ah... ¿Si? - Tuve que repetir la misma pregunta que antes porque no se me ocurrió nada más. Sentía que si no me agarraba del borde de la mesa, podría caerme.
Observé a Gabriel y me vi a mí mismo enseñándole el dedo del medio, mientras le sacaba la lengua mentalmente. Él no pudo evitar dar una carcajada, e instantáneamente convenció al padre de Paul's que lo que había dicho, le había resultado gracioso. Yo miré a Marcela y sonreí.

Cuando misteriosamente los desconocidos dejaron el bar, quedando solamente los invitados, los dueños del lugar no dejaron entrar a nadie más. Gabriel me guiñó un ojo.
La música estaba un poco más alta de lo normal, pero todavía era posible mantener una conversación sin la necesidad de elevar la voz hasta gritar.
- ¿Qué pasó Porteño?- Preguntó la madre de Paul's observándome con asco, como si oliera a mierda.- ¿Primer día y ya no te hablas con tu papá?- Cerró sus ojos y negó con la cabeza.
Era verdad, no nos habíamos dirigido la palabra en toda la noche, porque ambos nos jugábamos bromas mentales a cada rato, olvidando por completo que teníamos que hablar. No supe que contestar.
- Marcela, es muy chango para hablar conmigo en la fiesta... ¿Qué dirían los invitados si nos vieran hablando?- Gabriel me humilló graciosamente frente a Marcela. Ambos reían y en mi mente la voz de mi papá que decía : Vieja metida.


No sabía cuánto tiempo había transcurrido, así que consulté la hora en mi teléfono móvil: Recién eran las doce de la noche.
La mitad de los invitados se encontraban terminando de comer, los otros caminaban por el lugar hablando entre sí, fumando junto a las ventanas, bailando al ritmo de la música, observándome.
Volví a dirigir la mirada hacia mi teléfono, tan solo para hacer algo y evitar las miradas. Revisé las últimas llamadas: Gabriel y Leon.
Leon... No dudé y automáticamente llamé a mi amigo. Agudicé los oídos y logré escuchar el tono de llamada... Nadie contestó, seguramente Leon se encontraba durmiendo.
- Dejá eso chango- Ahora si era la voz de Gabriel, nada de trucos mentales. Con una mano señalaba mi teléfono.- Estás en una fiesta, no tontees con esa cosa - Y hacía unas señas para que se lo diera.
Todo bien con que interfiriera en mi mente, era algo inevitable según él, pero darle mi celular ya era demasiada invasión de privacidad.
- Chupála - Le dije, y guardé el teléfono en mi bolsillo. Me levanté de la silla evitando las miradas de los que me habían escuchado. Necesitaba un cigarrillo.
Caminé lo más lejos posible de aquella mesa, siempre evitando la mirada fulminante de Paul's.
- Mapini - Me llamaron a mis espaldas.
Era Mellanie, se encontraba sola, sus amigas estaban alejadas tonteando con unos chicos. Ella me sonreía de oreja a oreja.
- ¡Hey! Hola...- Disimulé una sonrisa, aunque no supe si se la creyó.
- ¿Bailas? - Me preguntó, estirando una mano.
Asentí con la cabeza y no pude evitar una sonrisa verdadera. Me había intimidado, mis mejillas ardían de la vergüenza.
Toda la fiesta nos observaba. Paul's se encontraba rodeado por varios jovencitos que murmuraban cosas a sus espaldas, mientras él los golpeaba haciéndolos callar. Volví a sonreír.
Molestar a Paul's no estaba en mis planes, todo lo contrario, quería hacer las pases, pero hasta que él no aflojara por su parte, entonces iba a actuar de la misma manera. No valía la pena estar mal por él y su indiferencia, al fin y al cabo tenía problemas más importantes por los cuales preocuparme... ¡Ni siquiera eso! Me encontraba a mil trescientos kilómetros de mis verdaderos problemas. Me encontraba en una fiesta, así que estaba en todo mi derecho pasarla bien.
Gabriel intentaba alejarme de Mellanie, me recomendaba buscar a alguien más para bailar, pero junté mi mirada con la de mi acompañante y no permitimos que nada ni nadie nos estorbara.
Ambos bailábamos graciosamente. No hacía falta hablar, nos entendíamos con movimientos simples de mano, o con la mirada.
Otras parejas se nos unieron al baile, y por suerte eran más desastrosos que nosotros dos.
El grupo que rodeaba a Paul's se fue desintegrando a medida que iban entrando a la pista para mover sus cuerpos en parejas.
Mellanie me dedicó una sonrisa y al instante supe que era momento de descansar. La vi agacharse y quitarse los zapatos, luego corrió hacia una mesa y tomó Coca Cola.
- ¿Un cigarrillo? - Alguien habló de nuevo a mis espaldas, pero reconocí su presencia, aunque no podía ser...
- ¿Daniel? - Pregunté atónito, dando media vuelta.
Era él, mi amigo vampiro. Me hizo una seña para que lo siguiera, y caminamos hacia el baño.
Entramos al cuarto iluminado de blanco y al cerrar la puerta por detrás, sentí sus colmillos penetrando mi cuello violentamente. Alejó su cabeza y me observó fijamente.
Llevaba su boca llena de mi sangre. Me besó los labios, ladeó la cabeza y dejó al descubierto su cuello. Observé hacia todos lados y a simple vista no había nadie más.
Hice visible mis colmillos y lo escuché reírse, y al momento de enterrar mis dientes en su gélida carne, lo oí gemir de dolor y placer.
Se aferró con fuerzas a mi ropa y me empujó hasta terminar en un compartimiento. Me tenía atrapado contra la pared.
Ahora él bebía de mí, respirando dificultosamente. Mi sangre se le volvía irresistible, y si no ponía un poco de voluntad, se iba a terminar ahogando en ella.
- Que no termine la canción- Lo oí decir.
En mi interior me pregunté " - ¿Cómo? - " y mediante el intercambio de sangre, descubrí más de lo que esperaba:
Daniel podía viajar a cualquier lugar mediante los recuerdos, aunque había aprendido a controlarlo y viajar gracias a la música. Él había llegado a la fiesta pensando en mí y escuchando la misma canción que sonaba en ese momento. También supe que cuando la música terminara, él desaparecería.
Daniel bebía violentamente de mí. Me había desvestido desde la cintura hasta el cuello, evitando manchar la ropa nuevamente con sangre.
Yo me encontraba aterrado ¿Qué clase de habilidad era esa? Él me seguía revelando información:
Hacía unos minutos, Daniel había asistido a la fiesta donde conoció a Tamarah y Sebastian, y ocurrió la tragedia con Emanuelle y los Convertidos.
Eso no podía ser verdad. El cerebro me iba a explotar de tanta información.
- Daniel... ¡Esperá! - Gemí de dolor. Él no me prestó atención.
- Tu sangre... ¡Ah! Tu dulce sangre...- Decía con la boca llena.
Me puse a pensar, aunque el trasplante violento de sangre me distraía, dejándome llevar por un trance morboso.
Daniel había viajado hasta mí varias veces desde hacía dos noches, pero por razones desconocidas hasta para él mismo, si intentaba cambiar algo de lo vivido, aparecía inmediatamente en el lugar donde comenzó el viaje, evitando cambiar lo que se podría llamar "futuro".
Ambos nos miramos a los ojos... sus hermosos ojos color violeta. Lo vi modular, pero no logré escuchar ni una palabra. Su piel se volvía blanda al tacto, comenzando a desintegrarse rápidamente, hasta desaparecer.
Me toqué el cuello para comprobar si había sido real o no, y para mi sorpresa había sido tan real como todas las locuras que había vivido las últimas horas.
Tomé papel y limpié la sangre, aunque necesitaba lavarme si o si.
Me coloqué la ropa, pero sin abrochar la camisa. Salí del compartimiento y me observé nuevamente al espejo.
Por un segundo se me detuvo el corazón: Paul's me observaba desde una esquina, con sus brazos cruzados por delante y la mirada seria, fulminándome (Aunque sus sentimientos lo delataban, se encontraba desconcertado)
Lo vi moverse y me puse en alerta, aunque fue una falsa alarma. Negó con la cabeza y dio media vuelta, caminando hacia la salida.
- Paul's, esperá... - Le dije.
Y en una fracción de segundo me desarmó. Volé varios metros, y me embistió, haciéndome chocar contra la pared.
Quedé tirado boca arriba sobre el suelo. Él estaba parado junto a mí, observándome fríamente.
Lo vi agacharse, temí lo peor. Me besó los labios y se marchó tranquilamente.





miércoles, 6 de julio de 2011

- Modern Vampire - [ Capitulo XXVII- Marcela - ]


Me encontraba con un Tía María en mano, bebiendo. Jamás lo hacía, pero sentía esa necesidad de ensuciar mi interior, con la intención de destruir mi cerebro (aunque fuese unos instantes) para olvidar todo lo sucedido.
En mi muñeca llevaba una gran cicatriz, la cuál me recordaba al último día que vi a mi hijo: Mapini.
Yo me había negado a la sangre de vampiro para curarla, por eso la podía ver, creyendo así que él estaría más cerca.
La visita de María me había sorprendido. En realidad, encontrarla inconsciente junto a la entrada de mi casa había sido un gran shock. Pensé que estaba muerta.
De inmediato la socorrí, dejándola descansar en paz.
Dude en llevarla a un hospital o llamar una ambulancia, ya no sabía que pensar sobre lo que dirían.
¿Y si encontraban mordeduras de vampiros en su cuerpo? ¿Qué iban a decir?
Gracias a Dios, tan solo estaba inconsciente.

No me atreví a preguntarle qué era lo que había sucedido, no quería hablar sobre el tema... hacía días que venía evitándolo, queriendo creer que mis chicos estaban bien... al menos sabía que ella lo estaba.
En el transcurso del día hablamos sobre los roces entre ella y Leon, cosa que me desagradó bastante, porque los quería a los dos.
Mientras ella hablaba sobre la vida, sabía que cada vez que estábamos a punto de llegar a la parte de la conversación que tanto me dolía, instantáneamente me sonreía y cambiábamos de tema. Realmente adoraba a esa chica.
Su visita me hizo bastante bien, haciéndome recordar que todavía vivía por una razón y que no todo estaba perdido, porque cuando nuestras palabras no pudieron camuflar más las verdaderas intenciones de su visita... Me alegré de que aquella jovencita, fuera la amiga de mi hijo.
Tanto ella como yo, queríamos de vuelta a Mapini sea como sea. No es que nos encontrábamos complotando contra él, sino que nos encontrabamos intentando darle coherencia a sus acciones. El haberse ido tan repentinamente sin haberlo analizado bien, a todos nos pareció una inmadurez. Realmente lo necesitábamos... yo lo necesitaba.
Esa noche, cuando María anunció su partida, luego de que Hector, mi esposo arreglara su moto y de haberle rogado que traiga de nuevo a mi hijo, de que lo convenciera volver... un hombre llamó a mi puerta.
Se presentó formalmente, haciéndome dudar de su identidad, pero al momento de ver que sabía demasiado... no dude en dejarlo pasar.
Ambos éramos humanos, aunque eso no me tranquilizaba, ya que hoy en día no sabía a qué temerle más.
Le ofrecí de lo que estaba bebiendo, él amablemente aceptó.
Se presentó con el nombre de Dylan y pude notar que era bastante joven, no más adulto que mi propio hijo.
Soubi, la mascota de la casa rondaba por el living, se lo notaba curioso frente al invitado. Ambos lo notamos.
Amablemente me preguntó si podía hacerme unas preguntas y al instante me puse en alerta, llenando mi cabeza de ideas defensivas y demás. Si pretendía algo extraño o simplemente quería saber más de lo que podía brindarle, era cuestión de llamar a mi marido que se encontraba recostado en nuestra habitación... Yo no tenía todavía el coraje para dormir en ese lugar, todavía podía ver el lugar lleno de sangre, aunque no había quedado rastro alguno de la masacre que había sucedido en el lugar.
Comenzó con preguntas sencillas, tan solo para asegurarse.
"¿Quiénes vivían en la casa?" "¿Quienes conformaban la familia?"
Pensé en mentirle, pero no lo hice.
Me senté en la punta de la mesa y lo observaba caminar por el pasillo de las fotografías de todos los viajes. Él se quedó observando un buen rato... Hasta que volteó, me sonrió y se acercó a mí.
- Sé sobre su hijo -
Lo vi sacar de un maletín del cuál había pasado por alto, una gran cantidad de papeles y fotografías. En varias de ellas, Mapini caminaba entre personas observándolas... dedicándoles esa mirada que tanto me aterraba, pero de la cuál ya me había acostumbrado.
- Sé más cosas de su hijo de las que usted cree- Volvió a hablar.
Su insistencia me incomodaba, y el efecto del alcohol estaba ya actuando sobre mí.
- ¿Y qué es lo que sabes? - Le pregunté fríamente, intentando disimular, persuadirlo para intentar ver a dónde quería dirigirse de antemano.
- Que es un vampiro, por supuesto.
No me sorprendió ni por un momento.
- Claro, no uno como los otros... Lo observé y él cuando caza...- Se detuvo en mi expresión al pronunciar la palabra "caza"- cuando él se alimenta, no mata. Llevo tiempo en ésto, no era el único.- Y se quedó callado, observando sus carpetas, pero volvió a levantar la mirada y me sonrió.- Mi hermano murió en manos de un vampiro- Lo vi revolver entre tantas fotografías, en las cuáles creí ver a Gabriel, mi ex esposo.- Es él.
En al fotografía se apreciaba un joven sonriente, de no más de veinticinco años, una amplia sonrisa, cabello rojizo y enmarañado, y unos grandes ojos color miel, justamente igual al que se encontraba enfrente mío, cosa que me desconcertó.- Él... era mi hermano gemelo. Veníamos siguiendo los pasos de un vampiro en particular.- Y me dio a conocer otra fotografía, en la que reconocí a la persona inmediatamente.- Ésta vampireza lleva el nombre de Tamarah... y sé que usted tuvo... el agrado de conocerla.
- No sé de que me hablas.- Fue lo primero que pude pronunciar. Realmente no sabía a dónde quería llegar.
- Oh señora, sabe muy bien a lo que me refiero... Su hijo se está relacionando con las personas...equivocadas.
- ¡Mi hijo es inteligente y él sabe lo que está bien y mal! - Tragué aire y seguí diciendo - Además, él no se deja influenciar por nadie, toda la vida fue así, actúa por sus impulsos, nunca pude ponerle un control... - Y no pude seguir hablando, pero él me interrumpió sin problemas, sin respetar mi silencio.
- Al igual que la otra noche con la decisión del viaje.-
Realmente sabía más de lo que creía.
- ¿Acaso sos un espía o algo por el estilo?.- Lo fulminé con la mirada, pero él seguía sonriendo. Pude ver unas mordedura de vampiro en su cuello que resaltaban bajo la tenue luz del lugar.
- La verdad es que varias personas me hicieron preguntas similares... ¿Quién soy? ¿A qué me dedico? Pero entre vos y yo Marcela.- Me sorprendió que supiera mi nombre sin haberme presentado.- Ni siquiera yo sé qué es lo que soy, pero sí sé bien qué es lo que busco y lo que pretendo.
- Ah ¿Si? ¿Y eso qué es?
- No morir- Sus ojos se apagaron por unos segundos, o eso creí.
- Entonces estás loco. Estás tentando al destino, te metiste en el lugar equivocado... No llego a entenderte. Si lo que buscas es vivir ¿Por qué te expones tanto?.
- ¡Ahí está el punto! - Y ahí pude ver de nuevo su sonrisa, pero ésta no se veía actuada, mientras sus ojos brillaban de excitación, era como si hubiésemos llegado al punto que tanto él deseaba tocar.- Para vivir... - Comenzó a hablar como si recién lo estuviera haciendo, sin ocultar nada- hay que someterse a los peligros. Si quisiera, podría encerrarme en una gran habitación llena de libros e informarme sobre la vida, creyéndolo saber todo.- Y me miró a los ojos fijamente.- Pero vos y yo sabemos que lo teórico no sirve para nada. Todo lo escrito son puras fantasías, aunque fuesen ciertas, claro... Pero uno no termina de creerla, hasta que las vive en carne propia.- Y ahí fue cuando señaló las mordeduras en su cuello que ya había notado.
- Creo que te sigo - Comenté, pero solo lo hice para que siguiera hablando... me intrigaba saber a dónde quería llegar.
- Fui víctima de un vampiro, al igual que mi hermano, solo que yo sobreviví.- Y asintió con la cabeza.- No podría explicarle cómo fue que caímos bajo su influencia, sobre sus colmillos.-
Sonreí, evitando una carcajada. Él me observó con curiosidad.
- Entiendo a lo que te referís... la influencia vampirica. La viví por unos largos años.
- Veinte, si no me equivoco.-
Me desconcertó otra vez, aunque provocó en mí una gran intriga.
- Logré escapar, pero no viene al caso. Sé que ese vampiro estuvo en su casa. Lo vi.
Tomé otro trago de Tía María y le hice una seña con la mano para que prosiguiera.
- La noche de la muerte de aquél joven, yo me encontraba presente... Yo toqué tu hombro y le di mis condolencias.
Hice memoria y lo recordé, pero con el impacto que había provocado todo en mí , lo había pasado por alto. Soubi seguía dando vueltas alrededor nuestro.
- Usted sabe que es un delito ocultar algo así ¿Verdad?
- ¿Acaso no dijiste que no sabías lo que eras? Y ahora resulta que sos policía...- No dudé en atacarlo.
- No me malinterpretes. Ese chico en realidad no me interesa para nada, realmente lo siento por su familia, y también por lo que habrá provocado en usted- Y observó la botella de lo que estaba bebiendo.- Dudo mucho de que usted se haya dedicado a la bebida antes de todo lo sucedido, y no se necesita de mi habilidad para observar cosas, cualquier persona podría notarlo. Es una mujer bastante hermosa y bien conservada-
Por un segundo me sonrojé.
- La verdad que la entiendo... Supongo que podría haber hecho lo mismo... tirarme en mi cama a beber y entregarle mi vida al destino... ¿Pero sabe qué? Y disculpe mi falta de respeto ¡Pero el destino se puede ir a la mierda!- E impactó su puño sobre los papeles de la mesa, haciéndome sobresaltar.
- No hay problema, maldecir libera el alma, pero solo te voy a pedir que mantengas la calma y la voz baja... no pretendo que mi marido se levante para ver qué es lo que sucede... no me gustaría involucrarlo.
- ¡Ah! La verdad que lo admiro... convivir con una mujer como usted, y un hijo tan... especial.
Lo fulminé con la mirada.
- No la culpo, todo problema...- Se detuvo nuevamente al decir eso y comprobar mi mirada amenazadora.- Perdón, toda historia tiene una base. Usted cumple un rol bastante grande en el inicio de todo ésto, quiera o no, usted es la madre... ¡Que eso no quiere decir que sea su culpa todo lo que está sucediendo, claro!
Asentí con la cabeza, no supe que decir, me sentía en gran parte culpable. Él tenía razón.
- Ahora Marcela, dígame una cosa... ¿Usted va a encerrarse a beber, esperando a que su hijo vuelva sano y salvo de ésta guerra? -
¿Guerra?
- ¿O va a ayudarme a ayudarlo?.- Ambos nos quedamos observando por un largo tiempo, pero él desvió la mirada, para así correr una silla y sentarse junto a mí.
- Mirá, para mí no es fácil como madre lo que estoy pasando... más allá de que mi hijo sea un vampiro y todas las otras cosas que nombraste... él siempre vivió a mi lado y ahora se marchó. No creo que entiendas el vacío que siente una madre al momento de ver partir a su hijo.
- ¡Pero todo se puede arreglar! Por eso es que estoy acá, sino no me hubiera arriesgado. Él necesita su ayuda, usted necesita mi ayuda, yo necesito su ayuda... la comunidad nos necesita.
Ya había aclarado mis dudas internas, él no iba a desistir hasta que yo dijera todo lo que sabía.
- Y... ¿Cómo crees que eso llegue a hacerse posible? Vos... yo. O sea, es algo que no me cierra.- Y lo volví a mirar fijamente.- Decíme la verdad... ¿Quién sos?-
- Un amigo.- Y me sonrió, haciendo brillar sus ojos y dientes. No me convenció.
- Un amigo.- Repetí, casi sarcásticamente y di un trago largo.
- Marcela... ambos tenemos el poder de solucionar ésto.
- Pero ¿Cómo?- Contesté bastante rápido, casi ahogándome con lo que acababa de beber.
- Es simple... aunque me haga sentir mal admitirlo... Era tan simple que no lo veía. Para solucionar un problema, y no quiero decir que su hijo lo sea, hay que comenzar desde el principio. La solución siempre estuvo ahí ¡Pero no la podía ver! Y es algo de lo que no me enorgullezco.- Y ahora el que le daba un buen trago a la bebida era él, haciendo sonar el vaso sobre la mesa al dejarlo.- No es momento para alardear de mis conocimientos o habilidades... Pero me siento una persona bastante capacitada para éste tipo de cosas.-
- Esperá... esperá...- Él me observó con los ojos entrecerrados, analizándome.- Por el amor de Dios, no me digas que sos un simple fanático.
-Hum... No me considero un "Simple fanático" sino en éstos momentos, en vez de estar manteniendo ésta charla con usted, me encontraría en mi cama leyendo la saga de Crepúsculo y buscando en Google la palabra "Vampiro".
Ambos sonreímos.
- Adoro las historias de Lestat- Comenté. Él me observó y volvió a sonreír, yo sé que notaba el alcohol en mí.
- ¿Edward Cullen o Lestat?- Me preguntó.
- ¿A qué te referís?-
- ¿A cuál elegís?-
- Edward Cullen, por supuesto.- Afirmé. Y me analizó nuevamente.
- ¿Edward Cullen? ¿Por qué?- Quiso saber. Lo había desconcertado, lo sabía.
- Totalmente, él es el único vampiro que puede hacer algo que nadie más.- Otra vez lo había desconcertado, pero antes de que preguntara algo le contesté - Él puede brillar... ¿Algo más patético que eso?
Cerró sus ojos, pero mostrando una agradable sonrisa y negando con la cabeza, haciendo volar sus cabellos rojizos. Ambos sonreímos, alzando nuestros vasos y bebimos otro trago.
- Ahora, volviendo a lo serio... Tu hijo está en grave peligro-
Suspiré profundo.
- Todos vivimos rodeados de peligros.-
Él negó con la cabeza.
- No me refiero a esa clase de peligros... Sé que puedo salir a la calle y cualquier persona podría intentar asaltarme y por una equivocación que jalen el gatillo y listo... Pero ambos sabemos a qué clase de peligro me refiero... y es uno muy grande.- Tomó aire y pensó antes de hablar- Todo lo que suceda de ahora en más, va a traer complicaciones en el futuro. Cada paso en falso que demos, cada palabra mal pronunciada... Todo eso tiene el poder de arruinarlo todo... o de arreglarlo.
- Dylan - Dije y observé mi vaso vacío.- En lo que no te sigo, es ¿A qué clase de peligros te referís? Porque te digo algo... Por lo que sé, éste último momento, mi hijo estuvo viviendo una serie de peligro tras otro. ¿Algo más grave que eso?- Y para mi sorpresa y desilusión, lo vi asentar con la cabeza.
- Así es... algo mucho más grave que eso- Y pude sentir como subrayaba la palabra "mucho"- Sé que en ésta familia.- Observó en rededor- existen cientos de historias, cientos de antepasados y muchas cosas más, pero... Solo sé que existen.
- Y por eso es que viniste a mí, con la esperanza de que yo te las revelara.- Noté en su cara que esa afirmación no le fue de su agrado.- Lamento desilusionarte, pero yo no sé nada sobre historias de antepasados y demás. Deberías ir en busca de mi ex marido, aunque no te lo recomiendo...
- No, no... No me malinterprete. No pretendo conocer sus secretos, ni los principios. Tan solo quiero encontrar la raíz de la flor que está a punto de brotar... Va a ser una mala cosecha, y lo mejor, va a ser desenterrarla antes de que salga a la luz.
Me lo quedé observando por bastante rato mientras revisaba entre sus papeles. Se notaba que sabía demasiado, pero era tan joven... no merecía pasar por todo ésto. Comprendía que lo hacía para que la muerte de su hermano no haya sido en vano, pero si lo pensabas bien, él se lo había buscado, por haber querido jugar al caza vampiros. No sabía que hacer ni qué decir, pero él volvió a hablar.
- Ésta muchacha... María- Y me mostró una foto. Asentí con la cabeza- Sigue siendo humana ¿Verdad?-
Me sorprendió la pregunta. ¿Sigue siendo humana?
- ¡Pero por supuesto!- Me di cuenta que había levantado el tono, había sentido un poco de agresividad en su pregunta.
- Bien... bien. Ella corre peligro entonces. Es humana, y sabe mucho.
- Pero eso no la diferencia entre vos o yo...
- Marcela, sos la madre de un Vampiro, y la ex mujer de uno de los más poderosos de ellos... ¿Qué tanto peligro crees que corres al lado de esa muchacha? Ella está indefensa.
- En éstos momentos estoy indefensa.- Él asintió con la cabeza pero dudando, y me asusté, Soubi saltó sobre mis piernas. Me observaba con sus enormes ojos celestes y bizcos fijamente, como si quisiera decirme algo. Le acaricié entre las orejas, pero seguía inmóvil. Dylan siguió sacando fotografías.
- Marcela... a lo que voy con todo ésto, es que si vos me ayudas... con algo de información, lo mínimo que sea, voy a poder estar más cerca de descubrir todo.
Sobre la mesa se encontraba la fotografía de Sebastian, Tamarah, mi hijo, Zemial, y la foto que había creído ver de Gabriel. Algo no encajaba.
- ¿Por qué le ocultan la verdad sobre su amigo?
- ¿Cómo decís?
- Sobre Zemial... Ambos sabemos que no murió.
Me dejó atónita. Supuestamente, solo el clan de Licántropos sabía eso, y todos nos encargábamos de mantenerlo alejado de Mapini.
- Hace un par de días, tuve el honor de verlo en acción, frente a éstos dos- Con un dedo señaló a Sebastian, y de su chaleco sacó otra fotografía, de un hombre al cuál no reconocía, con cabello rubio rizado.- Había una humana de por medio, que vaya a saber uno en el estado que se encontrará. Todo fue tan rápido y tan confuso. Apareció éste muchacho- Y ahora señalaba a Zemial- junto a otros que no reconocí y de los cuáles no tengo ninguna información... pero sé que pertenecen... a su manada.-
Sin darme cuenta, tenía la boca abierta, me encontraba sorprendida, sabía demasiado.
- En verdad, Dylan... creo que Mapini está más seguro de lo que vos estás... te estás metiendo en un lugar bastante peligroso.- Lo volví a ver sonreír, pero de felicidad.
- El día de la fiesta, por un tema que no va al caso, terminé en el pasillo de aquellas fotografías.- Lo señaló con la mano- Y me llamaron mucho la atención. No tuve el tiempo suficiente para revisarlas bien, porque Tamarah rondaba por el lugar, y si me veía, sabía que era hombre muerto... Pero reconocí una cara, y es la de éste muchacho.- Y ahora señalaba a Zemial.- Por supuesto que no es el mismo que se puede apreciar en la pared, pero ¡Por Dios! ¡Era él! Lo sé, no puedo equivocarme. Era él quien se enfrentó a los vampiros antes de entrar al Antro, lo supe luego de escuchar la historia de Mapini al final de la fiesta... al escuchar que él lo había matado accidentalmente con su sangre-
Si seguía con la boca abierta, de seguro que alguna mosca iba a entrar en mí.
- Le pido mil disculpas, pero llegué a oír todo. Me hice pasar por un ebrio más, tirado sobre el suelo a muy poca distancia de todos ustedes, y los pude oír. Lo que no entiendo, es cómo mis latidos pasaron desapercibido frente a tantos vampiros presentes ¡Iba a estallar de la emoción!
- Bien Dylan, veo que ya te lo estás tomando como un juego... y sí, el fanatismo te va a terminar matando.
- Por favor.- Me dijo, y me tomó de una mano.- Dígame que no estoy en lo correcto... dígame que no estoy loco. Sé que en éstos momentos lo aparento, pero ¿Usted sabe lo que significa descubrir por mí mismo todo ésto? ¿Sabe el gran avance que estaría logrando si tan solo usted me confirmara mi historia? ¡La excitación pura recorrería por mis venas y ésta noche no podría dormir!-
Y un ruido nos hizo entrar en alerta a los tres, a Dylan, a Soubi y a mí. Eran las cadenas de Shermie agitándose violentamente.
- Ellos saben que estoy acá-
Lo ví levantarse y tomar las cosas rápidamente, guardando todo desprolijamente en su maletín.
- ¿Quiénes?- Pregunté semi-alarmada.
- Los licántropos- Contestó sin mirarme.
Me sobresalté, sabía que había gente fuera de casa y sobre el techo. Soubi me lo había querido decir, pero no lo entendía, por el amor de Dios, era un gato.
- Marcela, tenes que saber que Mapini está en un verdadero peligro, al igual que todo su clan... Se está metiendo en lugares equivocados y relacionándose con personas equivocadas.
La puerta del patio estalló en mil pedazos haciendo un ruido que me provocó saltar de la silla.
Dylan se tapaba el pecho con el maletín. Se escuchaban unos pasos que provenían de afuera, caminando por el pasillo en forma de L que divide la cocina.
- Me voy a tener que ir- Dijo Dylan un poco nervioso, pero emocionado.- ¡Estoy en lo cierto! ¡Siempre lo estuve! Por algo están acá, no van a dejar que sepa tanto...
Lo quedé observando, mi marido se había levantado de la cama en pijama y nos observaba.
La cadena de Shermie, la perra, no paraba de agitarse, pero no ladraba... Soubi estaba más nervioso de lo normal, con los pelos erizados y la cola tiesa, observando hacia el pasillo.
- Marcela, de verdad que fue un gusto el haber hablado con vos... me contaste más cosas de las que crees... Gracias, realmente gracias.- Y lo vi sacar algo plateado de su chaleco. Luego escuché un click. - Tengo balas de plata - Lo escuché gritar hacia los pasos que se acercaban - Si no me hacen nada, no las pienso usar.
Y desde el pasillo, apareció la figura de un hombre, al cuál yo conocía desde bebé... Algo que me sorprendió demasiado. Ya no era un jovencito, aunque por la edad debería serlo, pero su cuerpo era mucho más grande, exageradamente desarrollado. No conservaba ni un poco de la inocencia que yo había visto en él, cuando solía venir a casa y pasaba horas y horas con Mapini. Sus ojos eran dorados, pero no brillaban... Se lo veía furioso y lastimado. En la cara llevaba varios golpes y la ropa rasgada. Era Zemial, si... después de tanto tiempo sin dar señales de vida, era él y lo que veía me sorprendía. Mi marido seguía sin entender nada.
Dylan lo apuntó con el arma temblando, Soubi maulló y saltó contra el hombre lobo que observaba al pelirrojo. Se oyó solo un disparo y el quejido del gato. Dylan me observó, su cara estaba bañada en transpiración. No lo llegué a escuchar por la conmoción del momento, pero pude leer sus labios que decían "Lo siento" y lo vi marcharse corriendo por la puerta delantera, y otro disparo.