viernes, 23 de julio de 2010

- Modern Vampire - [ Capitulo XIX- La Fiesta Final - (Todos)-]

Crystal Fighters sonaba con un tema que decía "Todos nacémos solos para seguir solos, por siempre" Para los que no le prestaban atención a la letra y se guiaban por el ritmo de la música, no les importaba, pero Sebastian se encontraba solo e identificado, haciendo estallar entre sus manos vasos de vidrio que habian sobrevivido a los alcoholicos adolescentes.
Tamarah era la musa de la fiesta, una gran cantidad de jovencitos se encontraban atraídos por ella y los disfrutaba recibiendo piropos y alagos, algunos fuera de lugar y grotescos, pero le encantaba.
María se había hecho más que amiga de Luccía y se encontraban compartiendo el amor de Leon sobre una cama.
Mapini seguía con Daniel bailando, compartiendo su sangre mutuamente mientras que los efectos de las drogas y del alcohol iban desapareciendo rapidamente de sus cuerpos.
Los adolescentes seguían bebiendo y vomitando. Estaban agotados, pero la noche seguía. En el exterior helaba y la mayoría había entrado acobijandose entre el calor de la multitud. Casi no se podía caminar, sobrepasaban el límite de la casa. El olor a sudor y vomito reinaba en el ambiente.
El éxtasis los dominaba a todos, porque nadie en un estado normal podría aguantar tantas horas bailando con tanta energía.
Varios cuadros habían caído al suelo, estallando en mil pedazos, pero ya nadie estaba controlando la situación. El lugar se estaba convirtiendo en un caos y nadie lo impedia.
Los jovenes a los que Sebastian había hipnotizado, se peleaban entre ellos. Aparentemente, él los había liberado y los obligaba a destrozar el lugar, como Mapini había hecho con su corazón, aunque lo negara. Pensó en irse, la fiesta no le interesaba en lo más mínimo, ya se había alimentado y ahora la prioridad era encontrar algún lugar en el cuál dormir antes de que el sol apareciera, pero cambió de idea y se dirigió hacia el patio trasero, donde había menos gente. Pasó muy cerca de Tamarah sin observarla, pero ella lo siguió apartandose de los jovenes que la acosaban.
- Sebastian- Le gritó, pero él no volteó. Ella lo detuvo colocandole una mano sobre el hombro. Varios escalofrios recorrieron el cuerpo del vampiro. Los efectos de Tamarah no llegaron a dominarlo a causa de la ropa, pero igual los podía sentir -¿Estás bien?- En su rostro se veía una expresión muy sobreactuada de preocupación y la mirada de odio que le dedicó Sebastian, se lo hizo notar-Bueno, está bien... ¡Estoy preocupada!- Se disculpó ella sonando muy sincera. Sebastian le dedicó una sonrisa forzada, cargada de amargura -Vení- Le dijo ella, estirandole ambos brazos. Él no se resistió. Ambos se abrazaron y el cuerpo de Sebastian tembló, llenándose de adrenalina, de amor, de deseo de sangre, de sexo. La besó, mordiéndole violentamente los labios al borde de hacerla sangrar. Ella lo apretó fuertemente contra su cuerpo. Caminaron sin soltarse hasta el costado del galpón donde guardaban el equipo de música y las mesas. Sebastian desabrochó su campera de cuero, el frio había desaparecido repentinamente. Tamarah hizo lo mismo con su chaleco y camisa leñadora, rozando sus cuerpos. Jason Derulo sonaba con Watcha Say. Que sensual se volvía el momento con esa música de fondo, pensaron. Ambos lo disfrutaban. Sebastian se quiso apartar de Tamarah al sentir la presencia que tanto lo atraía, lo intentó, pero no pudo despegarse de ella, porque lo que lo ataba invisiblemente era demasiado fuerte.
Mapini pasó cerca de ellos junto a Daniel. No los observó, pero sabía que se encontraban ahí y podía percibir lo que estaban haciendo. Junto al otro puro, habían bebido bastante sangre y ahora se encontraban fuertes, así que ya podía percibir los sentimientos de los Convertidos.
Tomó a Daniel por la nuca y bailaron entre la poca gente que quedaba en el patio bajo el cielo nublado. Se dejó llevar por la música, intentando no pensar en nada. También pudo percibir cerca a Emmanuelle ¡Qué detestable le había parecído! pero con tal de que no se acercase a molestarlo, estaría todo bien. Sonrió al darse cuenta de que el jovencito estaba al borde del desmayo, su cuerpo no resistía más el alcohol y las drogas correr por sus venas y la perdida del conocimiento era inminente.
Se le mezclaron los sentimientos de los Convertidos. Deseaban matar, beber sangre, pero supo que era el momento por el cuál estaban pasando. Deseó canalizar esos sentimientos hacia otro lado ¡Pero que hambrientos se encontraban! Y eso que ya se habían alimentado. Intentó no prestarles atención, quería concentrarse en el vampiro que tenía enfrente. Le encantaba percibir como Daniel amaba su sangre, como lo deseaba. Lo hacía sentir bien, aunque vacio. Su acompañante solo deseaba beber de él, nada más, pero que más daba, al menos se sentía deseado ya que Sebastian no se fijaba en él y se encontraba compenetrado con la puta de Tamarah. Que tonto había sido en el momento que quedó fascinado por aquél Convertido.
Sintió como los convertidos deseosos de sangre pasaban junto a él, alejándose. El patético de emmanuelle también se había ido. Mapini tenía los ojos cerrados y se encontraba muy pegado a Daniel que lo besaba tiernamente por el cuello, por eso no quiso abrirlos para comprobar la situación, pero se sorprendió al volver a percibir a Tamarah y Sebastian en el mismo lugar que antes ¡Pero sin hambre! Solo atraídos sexualmente. Le pareció muy raro.
Abrió sus ojos y observó que el Convertido lo miraba fijamente, como si le quisiera hablar pero no podía por los poderes de Tamarah. Percibió el miedo de Sebastian, la lluvia cayendo sobre su cabeza, y la debilitación de un humano.
La gente comenzó a girar en el lugar bajo la lluvia, con los brazos extendidos a ambos lados, mientras Jefree Star sonaba intensamente desde los enormes parlantes de la fiesta que se estaban mojando, con su tema Get Away With The Murder.
Mapini tomó fuertemente del brazo a Daniel que se sorprendió, lo arrastró hasta los Convertidos y lo embistió contra Tamarah haciendola separar de Sebastian. Daniel dio un par de vueltas hasta que cayó sentado en el suelo sin entender nada.
- ¿Los viste?- Gritó Sebastian acomodandose la ropa- ¿Los viste? - Se agarraba la cabeza.
- ¿Ver qué? ¡Por Dios, Sebastian! ¿Ver qué? - Mapini observaba hacia todos lados en busca de algo que le llamara la atención, pero no veía nada más que a los adolescentes bailando.
- ¡Los Convertidos de antes! -
El corazón de Mapini se detuvo por una milésima de segundo, o eso creyó. Observó a Tamarah y pudo percibir la culpabilidad de ella.
- ¡Tamarah! - Le gritó. Ella agachó la cabeza y Mapini alzó un puño.
- ¿Me vas a pegar? - Lo desafió - ¡Yo no hice nada! - Ahora miraba a un costado, abrochando los botones de la camisa - Son los Convertidos del Antro... ¡Sobrevivieron! - al decir eso, su rostro se llenó de felicidad pero se percató de la mirada de odio de Mapini y Sebastian.
- ¿Por qué no nos dijíste nada? - Mapini se había acercado más, evitandola tocar.
- ¡Porque lo iban a saber y me iban a matar! - Se defendió ella.
- ¡Si no te matan ellos, lo voy a hacer yo! - Le gritó furioso el joven vampiro. Tamarah se acercó bastante, casi rozándolo con su cuerpo.
- Intentá tocarme - Lo volvió a desafiar. Daniel se había levantado del suelo.
- Yo me voy a la mierda, no entiendo nada. ¿Invitaste a Convertidos a la fiesta?- Daniel miró a Sebastian con cara de asco, luego se alejó, entrando en la casa. Por un segundo en el rostro de Sebastian, se vió una mueca de felicidad, o eso pareció.
- Nos tendrías que haber dicho, Tamarah- Dijo Sebastian controlando su tomo de voz, pero se encontraba realmente nervioso.
- ¡Ya les dije que no podía! - Se cruzó de brazos e infló sus cachetes como solía hacer.
- ¡Tendrías que haberlo hecho! - Mapini la señaló con un dedo luego de dar un par de pasos hacia atrás.
- No puedo- Volvió a decir ella.
- ¿Por qué? - Mapini había elevado al máximo su voz, haciendo que Tamarah se tapara los oídos infantílmente.
-¡Porque Felix lee la mente! - Las palabras salieron atropelladas de su boca. Ella abrió los ojos como platos al darse cuenta de lo que había dicho. Se había olvidado que tenía sus oídos tapados y no la boca, y de inmediato se la tapó con ambas manos.
A Sebastian le hizo un "click" en la cabeza. Esa era la razón por la cuál no pudo ver a los otros Convertidos, porque uno de ellos lo había visto primero y supo que estaba montando guardia, y así ocultando su presencia. Apretó sus puños fuertemente. La rabia lo dominaba ¡Todos tenían habilidades menos él!
Mapini quiso entrar corriendo a la casa, pero Tamarah lo tomó por el chaleco.
- ¡Soltáme! - Le gritó y quiso quitarle la mano de encima, pero lo pensó dos veces antes de tocarla.
- ¡Por favor! ¡No entren! No los enfrenten ¡O me van a matar amí!-
- ¡Soltáme! -
- ¡No, no! - Tamarah había comenzado a sollozar, estaba mucho más aterrada que Sebastian. Mapini tiraba de su chaleco.
- ¡Soltálo! - Gritó Sebastian, y el odio lo dominó. Quiso golpear a Tamarah en la cara, lo deseó con toda su alma, pero sabía que no podía tocarla, y para su asombro ¡Lo había hecho! pero no sabía como. La vampireza gritó, gritó muy fuerte de dolor y se tomaba el rostro con ambas manos. ¿Qué estaba pasando? ¡Si él nisiquiera se había movido, solo lo había pensado, deseado! Ningúno entendía nada. Mapini lo miró asombrado, pero no había tiempo que perder, en el interior de la casa un humano estaba muriendo, y de alguna forma lo tenían que rescatar.
Tamarah se arrodilló en el suelo, con una mano sobre su rostro donde Sebastian había deseado pegarle y le infligió un golpe invisible o algo parecido, y con la otra mano extendida inútilmente hacia ellos.
- ¡No vayan! Vamos a morir todos ¡No vayan! -
Los gritos de Tamarah quedaron atrás en el patio bajo la lluvia.
Mapini y Sebastian caminaban entre las personas brillantes bajo las luces de neón, observando hacia todos lados. Ambos se encontraban aterrados.
- ¿Por dónde? -
- ¡No lo sé, Sebastian! - Gritó Mapini a punto de tirarse de los pelos.- Hay muchas personas, se me mezclan los sentimientos, pero uno solo está muriendo.-
Al escuchar eso, Sebastian tuvo que controlar sus piernas que se aflojaron por el miedo.
Dieron un par de vueltas por el interior de la casa. Mapini intentaba concentrarse, pero odiaba la multitud que los rodeaba.
Vieron a Leon con María y Luccía sobre una cama, pero ellos no notaron su presencia, se encontraban muy concentrados en lo que estaban haciendo. Ni un rastro del humano al borde de la muerte.
Caminaron nuevamente entre las personas de la fiesta, embistiendolos sin mirar. Ningúno les prestaba atención, las drogas los había entontecido.
Mapini se frenó de golpe, haciendo que Sebastian lo chocara por detrás. el sentimiento que estaba persiguiendo, provenía de la habitación de su madre, lugar que tendría que haber estado cerrado.
- Sebastian- Le dijo sin apartar la vista de la puerta en donde se encontraban los Convertidos.
Ambos se aferraron de la mano fuertemente sin mirarse. Sebastian sonrió, un fuego recorrió su interior, llenándolo de felicidad, pero Mapini pasó por alto eso, estaba concentrado en la muerte.- Voy a entrar solo- Le dijo, intentando soltarle la mano, pero Sebastian lo aferró más fuerte, tirándolo hacia él, quedando frente a frente. Se miraron a los ojos, como lo habían hecho en el Antro, pero ahora no eran desconocidos.
- Si vos entras...- Dijo Sebastian, tragando saliva- yo entro con vos.- Ahora apoyaba su frente con la del joven vampiro, tocándole el rostro con la mano y clavandole la mirada en los ojos. Sebastian sonrió.
El momento pareció durar una eternidad, no se quitaban la mirada de encima, sus ojos parecían hechizados, clavados uno sobre otro.
Mapini se alejó lentamente del rostro del Convertido, no quería, pero debía hacerlo. Soltó su mano de la misma manera (lentamente) sin parecer grotesco. Sebastian lo liberó, y ambos recordaron respirar.
El humano estaba agotado, casi por completo, pero parecía disfrutarlo.
Mapini sonrió y bajó su mirada a los zapatos de Sebastian. Se sentía intimidado. Volteó y volvió a darle la espalda a su acompañante.
- ¿A la cuenta de tres? - Preguntó sin mirar hacia atrás. Sebastian no contestó, pero supo que había asentido con la cabeza. Se encontraban preparados para entrar, aunque tambien temblaban de miedo.
- Tres - Dijo Sebastian, sin contar los dos números anteriores, y pasó a una gran velocidad por al lado de Mapini, abriendo la puerta.
Las luces estaban prendidas, las sabanas revueltas y sobre la cama tres personas, o mejor dicho, dos vampiros y su presa desnuda, sin una prenda de ropa. ¡Emmanuelle! ¡El amiguito homosexual de Luccía!
Desde la cama, entreabrió sus ojos y los observó, pero al instante los volvió a cerrar.
Sebastian pudo oír como el corazón del joven se detenía y Mapini pudo percibir la muerte. El susto los dominó. Los Convertidos sonreian desde la cama, limpiándose la boca llena de sangre, contentos por su cometido.
- ¡Ah! Hasta que alfin llegaron - Dijo el vampiro que aparentaba más edad. Comenzó a reirse a carcajadas.
Todo pasó muy rápido:
Sebastian empujó a Mapini hacia un costado y apagó la luz.
Un grito hizo estremecer el cuerpo de Mapini.
No se podía ver nada, pero podía percibirlos.
También percibía el odio de los tres, el dolor de uno de ellos, pero no era Sebastian el que sufría, no, lo sabía porque su presencía ya la conocía bastante bien y ese dolor él no lo desprendía.
Mapini se levantó del suelo y alguien pasó por su lado, haciéndole volar el cabello. Se aterró más porque ese "alguien" era un Convertido de los que había matado a Emmanuelle, pero sintió a Sebastian parado frente a él.
Con los dedos buscó la perilla de luz - los nervios y los sentimientos ajenos lo desconcentraban. Seguía tanteando la pared en busca de la luz.
Mapini ahora se había paralizado. Su rostro se encontraba bañado de un líquido espezo y caliente. En su interior sintió el mismo dolor que Sebastian, tomándose del brazo como si a él lo hubieran lastimado, pero no, solo era la sensación que le transmitía su amigo.
Al fin encontró el interruptor de la luz y con varios intentos ( Porque los dedos le temblaban) la pudo encender.
Se preguntó para qué la había encendido.
La primer imagen que recibió le provocó nauseas... El cuerpo de Emmanuelle yacía sobre el suelo, bañado en la sangre que hacía unos instantes los Convertidos le habían robado.
Solo dos vampiros se encontraban de piés:
Sebastian, tomándose el brazo izquierdo que tenía una gran herída y en la mano apretaba algo palpitante, bañado en sangre, manchando el suelo con cada latído. Mapini sintió que se iba a desmayar ¿Era un corazón lo que tenía en la mano?
El segundo vampiro que se encontraba de pié, era el que aparentaba más edad, uno de los que asesinó a Emmanuelle. Fulminaba con la mirada a Sebastian, lleno de odio.
¿Y el otro? se preguntaba Mapini, aunque en realidad no hubiese querido saber.
El otro vampiro se encontraba tirado boca arriba sobre el suelo, junto a la cama que lo ocultaba. Llevaba un agujero en el pecho... ¡Donde debería ir el corazón! Mapini se hiperventiló.
- F... Felix- Se escuchó desde el suelo. El convertido seguía vivo sin el corazón. El que quedaba en pié frente a Sebastian no le prestaba atención, no quería quitar sus ojos de encima del otro Convertido.
- ¡Mapini! - Gritó Sebastian, asustando mucho más al joven vampiro.
¿Qué es lo que querés Sebastian? Se preguntaba Mapini ¡No podía hacer nada! Felix leía la mente. Cualquier movimiento que intentaran hacer, él lo sabría.
- ¿Su sangre? - Preguntó Felix.
¿Su sangre? ¿A qué se refería? Felix soltó una carcajada, pero Mapini supo que era falsa, podía percibir que en realidad se encontraba desconcertado y no entendía a qué se refería.
Sebastian dió un chistido, no sabía que hacer.
- ¿Por qué lo proteges? - Quiso saber Felix, pero sin que Sebastian le contestara, volvió a soltar otra carcajada. - Es una broma ¿Verdad? -
¿Qué cosa era una broma? Se preguntaba Mapini. Ahora si que no entendía nada, no podía saber qué era lo que Sebastian le estaba diciendo ¡Porque no podía leer la mente! Y ahora algo había dicho porque Felix se reía, dando una carcajada aún más fuerte que la anterior, y ésta si le había causado gracia.
- ¡Dejá de cantar! - Le gritó Felix a Sebastian, pero él no producía ni un sonido, se encontraba inmóvil - ¡Por Dios! ¿Qué es esa canción? ¿Qué es lo que tramas?-
- ¡Mapini! ¡Tu sangre! - Ahora sí había hablado Sebastian. Felix quitó la mirada de Sebastian y ahora lo miraba a Mapini cuidadosamente. El puro seguía sin entender nada. - ¡Cerrá los ojos y usa tu sangre! ¡Como pasó con Alex! -
¿Que cerrara los ojos? ¿Qué pasó con Alex? Y ahí le hizo un "click" en la cabeza.
Mapini entendió a lo que se refería Sebastian. Quería que evitara el contacto visual con Felix para que no le leyera la mente, por eso él cantaba en su interior... ¡Para desconcentrarlo! Pero no entendía qué quería que hiciera con la sangre.
Cerró sus ojos y se quedó parado, inmóvil intentando oir y percibir lo que estaban haciendo.
- ¡Usa tu sangre en el otro! - Le volvió a gritar Sebastian.
Felix se encontraba totalmente desconcertado, no entendía de lo que hablaban y se escuchó un sonido sordo, como si dos rocas hubiesen embestido. ¿Estaban peleando? Mapini no podía sentir dolor, ninguno de los dos se había lastimado, pero los Convertidos irradeaban odio.
Se podía oler la sangre que perdía el acompañante de Felix. Mapini comenzó a seguir la saeta de sangre con los ojos cerrados, evitando abrirlos erroneamente para que Felix no penetrara en su mente, tanteando a los costados, caminando totalmente a ciegas.
De vez en cuando se quedaba duro al sentir a los dos vampiros pelear junto a él, pero Sebastian intentaba mantener lejos la violenta batalla.
La fuente de sangre se encontraba cerca, el olor era muy fuerte.
Mapini había pisado sin querer el cuerpo inerte de Emmanuelle y eso hizo darle escalofrios.
Ya se encontraba junto a la cama, unos centímetros más y se acercaría al vampiro descorazonado.
- ¿Qué es lo que pretenden hacer? - Felix había gritado muy fuerte, aturdiendo a los presentes. De seguro que el grito se había hecho audible en toda la fiesta pero los drogados adolescentes lo habrían pasado por alto, pensando que era alguna clase de remix.
Los choques entre los cuerpos se seguian oyendo, era escalofriante, aterrador. Mapini chocó con su pié otro cuerpo sobre el suelo ¡Era el otro vampiro! Abrió sus ojos y vio como Felix clavaba la mirada en él.
- ¡No! - Gritó Sebastian. Pero el que más miedo había sentido, fue Felix al enterarse de lo que intentaban hacer. Se lanzó a toda velocidad sobre el Puro, pero Sebastian lo detuvo una vez más, recibiendo una cortadura sobre el rostro. Mapini se agachó, pretogiendose la cabeza con ambas manos, olvidándose de que aquél vampiro, el que se encontraba desangrándose sobre el suelo... ¡Seguía vivo!
El Convertido en un autoreflejo atrapó a Mapini, mientras forcejeaban, pero no lo soltaba. Aunque la perdida de sangre lo estaba debilitando, igual superaba en fuerzas al Puro.
La puerta se volvió a abrir, dejándo entrar el sonido de la música electrónica con más potencia y a la última persona que Mapini o Sebastian deseaban ver.
- ¡Ah! Mi amada Tamarah - Habló Felix. Sebastian la miró lleno de rabia y por distraerse recibió un golpe en el estomago.
Tamarah caminó tranquilamente (Por supuesto que sobreactuando) hacia Mapini. Se encontraba nerviosa, algo aterrada.
El Puro sabía que su fin se acercaba ahora que ella se había unido a Felix.
Pasó sobre Emmanuelle, pisando sin cuidado una pierna, mirando fijamente a los vampiros que forcejeaban. En su caminata parecía danzar ¡Que maldad desprendía aquella mujer! ¡Y cómo la maldecían Sebastian y Mapini en sus mentes!
Felix seguía peleando con Sebastian y se podian oír sus carcajadas de felicidad al haberles ganado.
Tamarah se encontraba frente a frente con Mapini. El Puro sudaba, ya había dejado de forcejear contra el Convertido descorazonado.
Pensó en lo estúpido que había sido al conmoverse con la absurda historia de Tamarah, en el momento que pensó en hacer esa fiesta y peor aún ¡Haber invitado Convertidos!
- El que ríe último- Dijo Tamarah, sobreactuando su cara de malévola, mientras fulminaba a Mapini con la mirada - ríe mejor- Dicho eso, miró a Felix y le sonrió. Mapini quiso que el golpe fuese rápido y mortal, no quería sufrir. Deseaba que todo acabase en un segundo, así podría olvidar aquél momento, aquél sufrimiento, pero lo que más temía, era por sus padres, por lo que les pasaría al llegar a la casa y encontrarse con los cuerpos en la habitación, o peor aún, si se encontraran con los Convertidos... ¡No! Sebastian tendría que hacer algo, él era poderoso, sí, él tenía super fuerza e hiper velocidad ¿Acaso no era uno de esos superheroes oscuros? ¡Tendría que salvar su vida!
- "Sebastian" - Pensó.
Tamarah desprendía fuego de sus ojos, estaba a centímetros de Mapini, disfrutándo del miedo ajeno, pero para el asombro del Puro, ella se arrodilló en el suelo y quitó los brazos del Convertido sobre Mapini, haciéndolo perder más sangre, temblándo en el suelo.
- ¡Ahora! ¡Dale! ¿Qué esperas?- Le gritó al Puro, y Mapini supo que hacer, asintiendole con la cabeza, pero algo desconcertado y sorprendido.
Con los colmillos se mordió una muñeca hasta hacerse sangrar, derramando el líquido sobre la herída en el pecho del vampiro. Felix observaba la escena atónito. Sebastian aprovechó la distracción y le aplicó una llave por detrás, dejándolo desarmado.
Todos pudieron ver como el cuerpo del compañero de Felix se endurecía y comenzaba a tomar un color gris oscuro. Los dedos se desarmaron en pequeñas partículas similares a la ceníza, justo como había visto Leon. El cuerpo cada vez se desintregraba más y más hasta volverse polvillo que se esfumaba en el aire.
- ¡Noo! - Gritó Felix. Con todas sus fuerzas, hizó palanca y quebrando sus propios brazos, se escapó de la llave de Sebastian. Tamarah cerró sus ojos por la impresión, Mapini cayó aturdido en el suelo por el dolor y Sebastian intentó atraparlo nuevamente, pero Felix había saltado por la ventana, escapando de la fiesta.