martes, 19 de julio de 2011

- Modern Vampire - [Capitulo XXVIII- Cumpleaños-]

Gabriel seguía con el padre de Paul's herido entre sus brazos.
La adrenalina iba desapareciendo de mi cuerpo. No sentía la herida de mi mano, aunque podía ver que comenzaba a cicatrizarse.
Paul's junior estaba rodeado por Ruth y Dyoxe, los tres heridos, aunque el vampiro era el más sufrido, luego de su padre.
Incrustado en el árbol brillaba mi cuchillo, con el cual había acabado al último Convertido. Caminé y lo tomé con fuerza. Estaba bañado en sangre... sangre pura e impura... pero ambas se veían tan idénticas.
Mi padre ayudaba al padre de Paul's a ponerse de pie, luego de rociarle el pecho con sangre de una herida en la muñeca que él mismo se había provocado para así la perforación en el pecho del colorado cicatrizara mucho más rápido, aunque eso iba a tardar, llevaba heridas internas.
Comencé a pensar en la combinación de la sangre, en la diferencia y en cómo reaccionaban.
Gabriel me fulminó con la mirada, oía mis pensamientos pero no le presté atención.
Intenté despejar la mente, quería pensar en Sebastian... pero no lo quería hacer en ese lugar y menos si invadían mi privacidad.
Observé a Paul's junior y me causaba gracia verlo tan lastimado... Esa imagen le quitaba todo lo soberbio que había sido conmigo el día anterior.
- Buena fiesta - Le dije fríamente.
No sé por qué lo hice, pero no pude evitar el impulso de formular las palabras hirientes. Todos me observaban.
Instantáneamente caminé directo hacia el bar donde sería la fiesta, dejándolos a todos atrás. Todavía quedaba un cumpleaños por festejar ¿No?
Estuve sentado por una hora solo en la barra del lugar, mientras la jovencita que atendía me observaba al pasar con miedo al verme ensangrentado, pero no se animaba a hablarme, ni siquiera para preguntarme si necesitaba algo.
La llegada de Gabriel al lugar me hizo voltear, su presencia era muy grande y no podía pasarla por alto. Caminó hacia mí y puso una mano sobre mi hombro. Llevaba una mochila colgada.
- ¿Y cómo te sentiste? - Me preguntó, pero extrañamente animado.
¿Que cómo me sentí? me pregunté por dentro y vi cómo él asentía emocionado con la cabeza.
- No lo sé - Contesté. Era verdad, no lo sabía. Todo era tan confuso. La hora que pasé sentado en la barra no me había servido de nada, mi cabeza seguía confundida. Sentía vértigo, miedo... pero no emoción.
- No tenes que preocuparte por los otros... ya nos encargamos-
- ¿Los otros? - Pregunté. Y el volvió a asentir con la cabeza.
- Los amigos de Paul's. Sus familiares ya están al tanto. Un accidente de tráfico- Lo vi medio sonreír.- Entonces... ¿Qué se sintió acabar con esa peste?
Creo que en ese instante no pensé en nada, pero me resultó desagradable y se lo hice notar por la expresión en mi rostro. Lo miré con el cejo fruncido y no dije nada. Me dio unas palmaditas en el hombro.
- Ya estás grande, chango- Habló para si mismo, como si se intentara convencer él mismo, y le hizo unas señas a la camarera para que se acercara. Ambos se quedaron mirando por unos segundos, hasta que ella se volteó y la perdí de vista. Gabriel sonrió.- Tomá - Y me pasó la mochila que llevaba colgada.- Acá tenés ropa para cambiarte, estás todo ensangrentado y la gente está pensando en llamar a la policía.-
Era verdad, miré en rededor y vi que todos me esquivaban la mirada antes de cruzarse con la mía. Me levanté, di un suspiro y me dirigí hacia el baño.
Jamás había entrado al baño de ese lugar y había ido cientos de veces. Estaba iluminado por una luz blanca, la cual a simple vista hacía ver todo reluciente, pero por desgracia para mi nariz sensible, podía oler que no lo estaba.
Me paré frente a un gran espejo junto al lavamanos y casi grito del espanto. Ahora notaba por qué la gente se aterraba al verme, me encontraba bañado en sangre de pie a cabeza.
Sin dudarlo me quité la ropa y comencé a limpiar la sangre de mi cuerpo, siempre atento a que nadie entrara, pero para mi sorpresa, la puerta se abrió de par en par y en un segundo vi a una persona reflejada detrás de mí. Era Paul's, se observaba los colmillos al espejo.
- Me dieron duro - Comentó, mientras pasaba un dedo sobre su dentadura.
No levanté la mirada ni por un segundo, no quería observarlo. Estar sin ropa en ese lugar junto a él me intimidaba, pero intentaba ocultarlo.
- Ayer fue la noche de mi cumpleaños... Pensé que te iba a ver- Su voz resonó en el interior de mis oídos, aturdiéndome. Él seguía observándose al espejo, mientras yo limpiaba la sangre de mi cuerpo.
- ¿No era solo para familiares? - No pude evitar sonar de una manera muy fría.
- Pero si somos familia- Se burló de mí, fulminándome con la mirada, mientras me dedicaba una media sonrisa a través del espejo.
Ladeé mi cabeza y volví a esquivarlo, siguiendo con lo mío.
Me sorprendía la velocidad con la que se estaba curando. Era impresionante ver que hacía tan solo una hora atrás, él se encontraba herido, llorando de dolor y miedo (Aunque jamás lo admitiría)
- ¿Qué haces? - Le pregunté, sobresaltándome.
- Te ayudo - Contestó tranquilamente, mientras pasaba por mi cuello un trapo húmedo, limpiando la sangre. Sus manos viajaron hasta mi nuca, y comenzaron a descender por la espalda.
Me pregunté cómo había sido posible terminar manchado con sangre por esas partes.
El roce de sus manos con mi piel provocaban estática, o eso creí. El cosquilleo que recorría mi interior me iba a matar.
Con ambas manos me tomó de la cintura, y colocó su cabeza sobre mi hombro derecho, buscando nuevamente mi mirada en el espejo. Ésta vez no pude evitarlo y me rendí ante su mirada.
Cada segundo que pasaba, me desconcertaba más y más. No me atrevía a formular palabra alguna, pero moría de ganas por preguntarle ¿Qué es lo que pretendes, Paul's? Y fue como si su mirada lo delatara. No sabía cómo lo estaba haciendo, pero sí lo que estaba sucediendo: Paul's se encontraba bajo la influencia de mis ojos, haciéndome sentir cómo viajaba desde el centro de su cabeza, hasta mis ojos y almacenándose en alguna parte de mi pecho, toda clase de información inservible acerca de él, hasta que me vi, o eso creí, todavía sin saber cómo funcionaba, pero ahí estaba yo, me podía ver claramente.
Paul's me entregaba el oso de peluche en la puerta de su casa, mientras me veía marchar junto a Gabriel.
El vampiro menor estaba recostado sobre su cama, llorando, con su teléfono móvil en mano, observando fotografías de nosotros dos juntos, y otras que tenía escondidas, de las cuáles jamás me había percatado, donde aparecía yo solo. Ahora sonreía, mirando una fotografía mía, en donde dormía con la boca medio abierta.
No sé cómo es que lo supe, pero me enteré de que los dos primeros meses luego de mi partida, él repetía las mismas acciones : Acostarse, y observar hasta quedarse dormido nuestras fotografías.
La información siguió viajando a través de mí nuevamente, pero no encontraba registro que coincidiera conmigo, era todo acerca de su vida, cosas que no me llamaban la atención, hasta que lo vi en una habitación... mi habitación en la casa de Gabriel. Paul's estaba recostado en mi cama, con varias cosas desparramadas, revisándolo todo. Gabriel lo observa desde la puerta y ambos se sonríen. Todo se puso oscuro. Gabriel...
Y en ese instante sentí como si me acabaran de patear la cabeza, desprendiéndome del vampiro.
Paul's seguía detrás de mí, era como si recién nos diéramos cuenta de lo sucedido. Él se alejó de mí, tomándose de la cabeza, caminando hacia la salida, cerrando la puerta al salir.
¿Qué había sucedido? ¿Gabriel había bloqueado sus recuerdos? ¿Los había modificado? Cientos de preguntas viajaban a mil por hora por mi cabeza, pero ninguna tenía respuesta coherente... ¿Por qué Gabriel haría algo así? ¿Acaso sabía que yo podría infiltrarme en los recuerdos del vampiro? No, era imposible... él no sería capaz de ocultarme algo tan importante... o tal vez si.


Me encontraba impecable. Gabriel había elegido una combinación de ropas demasiado elegantes para lo que solía vestir habitualmente. Me sentía incómodo porque sabía que iba a desentonar en el lugar y llamar la atención, aunque era algo inevitable.
El bar estaba repleto de personas, lleno de adolescentes ajenos a lo sucedido aquella noche, y misteriosamente no recordaban haberme visto ensangrentado.
Por lo que llegué a notar, todos se conocían entre sí... algo malo para mí.
Intenté caminar por la parte más oscura del lugar, pero igual no pude evitar la mirada y los murmullos de los curiosos.
- Bonito saco - Me dijo una muchacha de no más de quince años - ¡Hola! Soy Mellanie, y ellas son Angela y Daniela- Señaló a sus dos amigas que me sonreían tontamente.
- Mapini, un gusto - Contesté y seguí caminando.
- ¡Si! ¡Se quién sos! -
Me detuve, di media vuelta y la observé fijamente. Ella sonreía de oreja a oreja, achinando su mirada.
- Ah ¿Si? - Pregunté intrigado, y en voz baja.
Mellanie se me acercó, miró hacia ambos lados, impactó su codo varias veces contra mi pecho y dijo en un susurro:
- Si, sé quien sos - Y volvió a reír a carcajadas. Tomó a sus amigas por los brazos y se alejaron diciendo las tres al unisono: -Chao.
A todo ésto, no paraba de sentir la mirada de Paul's clavada en mi nuca, pero no volteé, me dirigí directamente hacia la mesa en donde se encontraba Gabriel, junto a los padres del cumpleañero.


- Veo que conociste a Mellanie - Me dijo Marcela, al momento de sentarme, mientras me acomodaba el saco de vestir.
Asentí con la cabeza. Gabriel me observaba por el rabillo del ojo, disimulando escuchar al padre de Paul's.
- Es la prometida de mi hijo- Volvió a hablar la mujer, siempre haciendo comentarios en mi contra inconscientemente, aunque ya comenzaba a dudarlo y me convencía de que no le caía para nada bien.
- Ah... ¿Si? - Tuve que repetir la misma pregunta que antes porque no se me ocurrió nada más. Sentía que si no me agarraba del borde de la mesa, podría caerme.
Observé a Gabriel y me vi a mí mismo enseñándole el dedo del medio, mientras le sacaba la lengua mentalmente. Él no pudo evitar dar una carcajada, e instantáneamente convenció al padre de Paul's que lo que había dicho, le había resultado gracioso. Yo miré a Marcela y sonreí.

Cuando misteriosamente los desconocidos dejaron el bar, quedando solamente los invitados, los dueños del lugar no dejaron entrar a nadie más. Gabriel me guiñó un ojo.
La música estaba un poco más alta de lo normal, pero todavía era posible mantener una conversación sin la necesidad de elevar la voz hasta gritar.
- ¿Qué pasó Porteño?- Preguntó la madre de Paul's observándome con asco, como si oliera a mierda.- ¿Primer día y ya no te hablas con tu papá?- Cerró sus ojos y negó con la cabeza.
Era verdad, no nos habíamos dirigido la palabra en toda la noche, porque ambos nos jugábamos bromas mentales a cada rato, olvidando por completo que teníamos que hablar. No supe que contestar.
- Marcela, es muy chango para hablar conmigo en la fiesta... ¿Qué dirían los invitados si nos vieran hablando?- Gabriel me humilló graciosamente frente a Marcela. Ambos reían y en mi mente la voz de mi papá que decía : Vieja metida.


No sabía cuánto tiempo había transcurrido, así que consulté la hora en mi teléfono móvil: Recién eran las doce de la noche.
La mitad de los invitados se encontraban terminando de comer, los otros caminaban por el lugar hablando entre sí, fumando junto a las ventanas, bailando al ritmo de la música, observándome.
Volví a dirigir la mirada hacia mi teléfono, tan solo para hacer algo y evitar las miradas. Revisé las últimas llamadas: Gabriel y Leon.
Leon... No dudé y automáticamente llamé a mi amigo. Agudicé los oídos y logré escuchar el tono de llamada... Nadie contestó, seguramente Leon se encontraba durmiendo.
- Dejá eso chango- Ahora si era la voz de Gabriel, nada de trucos mentales. Con una mano señalaba mi teléfono.- Estás en una fiesta, no tontees con esa cosa - Y hacía unas señas para que se lo diera.
Todo bien con que interfiriera en mi mente, era algo inevitable según él, pero darle mi celular ya era demasiada invasión de privacidad.
- Chupála - Le dije, y guardé el teléfono en mi bolsillo. Me levanté de la silla evitando las miradas de los que me habían escuchado. Necesitaba un cigarrillo.
Caminé lo más lejos posible de aquella mesa, siempre evitando la mirada fulminante de Paul's.
- Mapini - Me llamaron a mis espaldas.
Era Mellanie, se encontraba sola, sus amigas estaban alejadas tonteando con unos chicos. Ella me sonreía de oreja a oreja.
- ¡Hey! Hola...- Disimulé una sonrisa, aunque no supe si se la creyó.
- ¿Bailas? - Me preguntó, estirando una mano.
Asentí con la cabeza y no pude evitar una sonrisa verdadera. Me había intimidado, mis mejillas ardían de la vergüenza.
Toda la fiesta nos observaba. Paul's se encontraba rodeado por varios jovencitos que murmuraban cosas a sus espaldas, mientras él los golpeaba haciéndolos callar. Volví a sonreír.
Molestar a Paul's no estaba en mis planes, todo lo contrario, quería hacer las pases, pero hasta que él no aflojara por su parte, entonces iba a actuar de la misma manera. No valía la pena estar mal por él y su indiferencia, al fin y al cabo tenía problemas más importantes por los cuales preocuparme... ¡Ni siquiera eso! Me encontraba a mil trescientos kilómetros de mis verdaderos problemas. Me encontraba en una fiesta, así que estaba en todo mi derecho pasarla bien.
Gabriel intentaba alejarme de Mellanie, me recomendaba buscar a alguien más para bailar, pero junté mi mirada con la de mi acompañante y no permitimos que nada ni nadie nos estorbara.
Ambos bailábamos graciosamente. No hacía falta hablar, nos entendíamos con movimientos simples de mano, o con la mirada.
Otras parejas se nos unieron al baile, y por suerte eran más desastrosos que nosotros dos.
El grupo que rodeaba a Paul's se fue desintegrando a medida que iban entrando a la pista para mover sus cuerpos en parejas.
Mellanie me dedicó una sonrisa y al instante supe que era momento de descansar. La vi agacharse y quitarse los zapatos, luego corrió hacia una mesa y tomó Coca Cola.
- ¿Un cigarrillo? - Alguien habló de nuevo a mis espaldas, pero reconocí su presencia, aunque no podía ser...
- ¿Daniel? - Pregunté atónito, dando media vuelta.
Era él, mi amigo vampiro. Me hizo una seña para que lo siguiera, y caminamos hacia el baño.
Entramos al cuarto iluminado de blanco y al cerrar la puerta por detrás, sentí sus colmillos penetrando mi cuello violentamente. Alejó su cabeza y me observó fijamente.
Llevaba su boca llena de mi sangre. Me besó los labios, ladeó la cabeza y dejó al descubierto su cuello. Observé hacia todos lados y a simple vista no había nadie más.
Hice visible mis colmillos y lo escuché reírse, y al momento de enterrar mis dientes en su gélida carne, lo oí gemir de dolor y placer.
Se aferró con fuerzas a mi ropa y me empujó hasta terminar en un compartimiento. Me tenía atrapado contra la pared.
Ahora él bebía de mí, respirando dificultosamente. Mi sangre se le volvía irresistible, y si no ponía un poco de voluntad, se iba a terminar ahogando en ella.
- Que no termine la canción- Lo oí decir.
En mi interior me pregunté " - ¿Cómo? - " y mediante el intercambio de sangre, descubrí más de lo que esperaba:
Daniel podía viajar a cualquier lugar mediante los recuerdos, aunque había aprendido a controlarlo y viajar gracias a la música. Él había llegado a la fiesta pensando en mí y escuchando la misma canción que sonaba en ese momento. También supe que cuando la música terminara, él desaparecería.
Daniel bebía violentamente de mí. Me había desvestido desde la cintura hasta el cuello, evitando manchar la ropa nuevamente con sangre.
Yo me encontraba aterrado ¿Qué clase de habilidad era esa? Él me seguía revelando información:
Hacía unos minutos, Daniel había asistido a la fiesta donde conoció a Tamarah y Sebastian, y ocurrió la tragedia con Emanuelle y los Convertidos.
Eso no podía ser verdad. El cerebro me iba a explotar de tanta información.
- Daniel... ¡Esperá! - Gemí de dolor. Él no me prestó atención.
- Tu sangre... ¡Ah! Tu dulce sangre...- Decía con la boca llena.
Me puse a pensar, aunque el trasplante violento de sangre me distraía, dejándome llevar por un trance morboso.
Daniel había viajado hasta mí varias veces desde hacía dos noches, pero por razones desconocidas hasta para él mismo, si intentaba cambiar algo de lo vivido, aparecía inmediatamente en el lugar donde comenzó el viaje, evitando cambiar lo que se podría llamar "futuro".
Ambos nos miramos a los ojos... sus hermosos ojos color violeta. Lo vi modular, pero no logré escuchar ni una palabra. Su piel se volvía blanda al tacto, comenzando a desintegrarse rápidamente, hasta desaparecer.
Me toqué el cuello para comprobar si había sido real o no, y para mi sorpresa había sido tan real como todas las locuras que había vivido las últimas horas.
Tomé papel y limpié la sangre, aunque necesitaba lavarme si o si.
Me coloqué la ropa, pero sin abrochar la camisa. Salí del compartimiento y me observé nuevamente al espejo.
Por un segundo se me detuvo el corazón: Paul's me observaba desde una esquina, con sus brazos cruzados por delante y la mirada seria, fulminándome (Aunque sus sentimientos lo delataban, se encontraba desconcertado)
Lo vi moverse y me puse en alerta, aunque fue una falsa alarma. Negó con la cabeza y dio media vuelta, caminando hacia la salida.
- Paul's, esperá... - Le dije.
Y en una fracción de segundo me desarmó. Volé varios metros, y me embistió, haciéndome chocar contra la pared.
Quedé tirado boca arriba sobre el suelo. Él estaba parado junto a mí, observándome fríamente.
Lo vi agacharse, temí lo peor. Me besó los labios y se marchó tranquilamente.





miércoles, 6 de julio de 2011

- Modern Vampire - [ Capitulo XXVII- Marcela - ]


Me encontraba con un Tía María en mano, bebiendo. Jamás lo hacía, pero sentía esa necesidad de ensuciar mi interior, con la intención de destruir mi cerebro (aunque fuese unos instantes) para olvidar todo lo sucedido.
En mi muñeca llevaba una gran cicatriz, la cuál me recordaba al último día que vi a mi hijo: Mapini.
Yo me había negado a la sangre de vampiro para curarla, por eso la podía ver, creyendo así que él estaría más cerca.
La visita de María me había sorprendido. En realidad, encontrarla inconsciente junto a la entrada de mi casa había sido un gran shock. Pensé que estaba muerta.
De inmediato la socorrí, dejándola descansar en paz.
Dude en llevarla a un hospital o llamar una ambulancia, ya no sabía que pensar sobre lo que dirían.
¿Y si encontraban mordeduras de vampiros en su cuerpo? ¿Qué iban a decir?
Gracias a Dios, tan solo estaba inconsciente.

No me atreví a preguntarle qué era lo que había sucedido, no quería hablar sobre el tema... hacía días que venía evitándolo, queriendo creer que mis chicos estaban bien... al menos sabía que ella lo estaba.
En el transcurso del día hablamos sobre los roces entre ella y Leon, cosa que me desagradó bastante, porque los quería a los dos.
Mientras ella hablaba sobre la vida, sabía que cada vez que estábamos a punto de llegar a la parte de la conversación que tanto me dolía, instantáneamente me sonreía y cambiábamos de tema. Realmente adoraba a esa chica.
Su visita me hizo bastante bien, haciéndome recordar que todavía vivía por una razón y que no todo estaba perdido, porque cuando nuestras palabras no pudieron camuflar más las verdaderas intenciones de su visita... Me alegré de que aquella jovencita, fuera la amiga de mi hijo.
Tanto ella como yo, queríamos de vuelta a Mapini sea como sea. No es que nos encontrábamos complotando contra él, sino que nos encontrabamos intentando darle coherencia a sus acciones. El haberse ido tan repentinamente sin haberlo analizado bien, a todos nos pareció una inmadurez. Realmente lo necesitábamos... yo lo necesitaba.
Esa noche, cuando María anunció su partida, luego de que Hector, mi esposo arreglara su moto y de haberle rogado que traiga de nuevo a mi hijo, de que lo convenciera volver... un hombre llamó a mi puerta.
Se presentó formalmente, haciéndome dudar de su identidad, pero al momento de ver que sabía demasiado... no dude en dejarlo pasar.
Ambos éramos humanos, aunque eso no me tranquilizaba, ya que hoy en día no sabía a qué temerle más.
Le ofrecí de lo que estaba bebiendo, él amablemente aceptó.
Se presentó con el nombre de Dylan y pude notar que era bastante joven, no más adulto que mi propio hijo.
Soubi, la mascota de la casa rondaba por el living, se lo notaba curioso frente al invitado. Ambos lo notamos.
Amablemente me preguntó si podía hacerme unas preguntas y al instante me puse en alerta, llenando mi cabeza de ideas defensivas y demás. Si pretendía algo extraño o simplemente quería saber más de lo que podía brindarle, era cuestión de llamar a mi marido que se encontraba recostado en nuestra habitación... Yo no tenía todavía el coraje para dormir en ese lugar, todavía podía ver el lugar lleno de sangre, aunque no había quedado rastro alguno de la masacre que había sucedido en el lugar.
Comenzó con preguntas sencillas, tan solo para asegurarse.
"¿Quiénes vivían en la casa?" "¿Quienes conformaban la familia?"
Pensé en mentirle, pero no lo hice.
Me senté en la punta de la mesa y lo observaba caminar por el pasillo de las fotografías de todos los viajes. Él se quedó observando un buen rato... Hasta que volteó, me sonrió y se acercó a mí.
- Sé sobre su hijo -
Lo vi sacar de un maletín del cuál había pasado por alto, una gran cantidad de papeles y fotografías. En varias de ellas, Mapini caminaba entre personas observándolas... dedicándoles esa mirada que tanto me aterraba, pero de la cuál ya me había acostumbrado.
- Sé más cosas de su hijo de las que usted cree- Volvió a hablar.
Su insistencia me incomodaba, y el efecto del alcohol estaba ya actuando sobre mí.
- ¿Y qué es lo que sabes? - Le pregunté fríamente, intentando disimular, persuadirlo para intentar ver a dónde quería dirigirse de antemano.
- Que es un vampiro, por supuesto.
No me sorprendió ni por un momento.
- Claro, no uno como los otros... Lo observé y él cuando caza...- Se detuvo en mi expresión al pronunciar la palabra "caza"- cuando él se alimenta, no mata. Llevo tiempo en ésto, no era el único.- Y se quedó callado, observando sus carpetas, pero volvió a levantar la mirada y me sonrió.- Mi hermano murió en manos de un vampiro- Lo vi revolver entre tantas fotografías, en las cuáles creí ver a Gabriel, mi ex esposo.- Es él.
En al fotografía se apreciaba un joven sonriente, de no más de veinticinco años, una amplia sonrisa, cabello rojizo y enmarañado, y unos grandes ojos color miel, justamente igual al que se encontraba enfrente mío, cosa que me desconcertó.- Él... era mi hermano gemelo. Veníamos siguiendo los pasos de un vampiro en particular.- Y me dio a conocer otra fotografía, en la que reconocí a la persona inmediatamente.- Ésta vampireza lleva el nombre de Tamarah... y sé que usted tuvo... el agrado de conocerla.
- No sé de que me hablas.- Fue lo primero que pude pronunciar. Realmente no sabía a dónde quería llegar.
- Oh señora, sabe muy bien a lo que me refiero... Su hijo se está relacionando con las personas...equivocadas.
- ¡Mi hijo es inteligente y él sabe lo que está bien y mal! - Tragué aire y seguí diciendo - Además, él no se deja influenciar por nadie, toda la vida fue así, actúa por sus impulsos, nunca pude ponerle un control... - Y no pude seguir hablando, pero él me interrumpió sin problemas, sin respetar mi silencio.
- Al igual que la otra noche con la decisión del viaje.-
Realmente sabía más de lo que creía.
- ¿Acaso sos un espía o algo por el estilo?.- Lo fulminé con la mirada, pero él seguía sonriendo. Pude ver unas mordedura de vampiro en su cuello que resaltaban bajo la tenue luz del lugar.
- La verdad es que varias personas me hicieron preguntas similares... ¿Quién soy? ¿A qué me dedico? Pero entre vos y yo Marcela.- Me sorprendió que supiera mi nombre sin haberme presentado.- Ni siquiera yo sé qué es lo que soy, pero sí sé bien qué es lo que busco y lo que pretendo.
- Ah ¿Si? ¿Y eso qué es?
- No morir- Sus ojos se apagaron por unos segundos, o eso creí.
- Entonces estás loco. Estás tentando al destino, te metiste en el lugar equivocado... No llego a entenderte. Si lo que buscas es vivir ¿Por qué te expones tanto?.
- ¡Ahí está el punto! - Y ahí pude ver de nuevo su sonrisa, pero ésta no se veía actuada, mientras sus ojos brillaban de excitación, era como si hubiésemos llegado al punto que tanto él deseaba tocar.- Para vivir... - Comenzó a hablar como si recién lo estuviera haciendo, sin ocultar nada- hay que someterse a los peligros. Si quisiera, podría encerrarme en una gran habitación llena de libros e informarme sobre la vida, creyéndolo saber todo.- Y me miró a los ojos fijamente.- Pero vos y yo sabemos que lo teórico no sirve para nada. Todo lo escrito son puras fantasías, aunque fuesen ciertas, claro... Pero uno no termina de creerla, hasta que las vive en carne propia.- Y ahí fue cuando señaló las mordeduras en su cuello que ya había notado.
- Creo que te sigo - Comenté, pero solo lo hice para que siguiera hablando... me intrigaba saber a dónde quería llegar.
- Fui víctima de un vampiro, al igual que mi hermano, solo que yo sobreviví.- Y asintió con la cabeza.- No podría explicarle cómo fue que caímos bajo su influencia, sobre sus colmillos.-
Sonreí, evitando una carcajada. Él me observó con curiosidad.
- Entiendo a lo que te referís... la influencia vampirica. La viví por unos largos años.
- Veinte, si no me equivoco.-
Me desconcertó otra vez, aunque provocó en mí una gran intriga.
- Logré escapar, pero no viene al caso. Sé que ese vampiro estuvo en su casa. Lo vi.
Tomé otro trago de Tía María y le hice una seña con la mano para que prosiguiera.
- La noche de la muerte de aquél joven, yo me encontraba presente... Yo toqué tu hombro y le di mis condolencias.
Hice memoria y lo recordé, pero con el impacto que había provocado todo en mí , lo había pasado por alto. Soubi seguía dando vueltas alrededor nuestro.
- Usted sabe que es un delito ocultar algo así ¿Verdad?
- ¿Acaso no dijiste que no sabías lo que eras? Y ahora resulta que sos policía...- No dudé en atacarlo.
- No me malinterpretes. Ese chico en realidad no me interesa para nada, realmente lo siento por su familia, y también por lo que habrá provocado en usted- Y observó la botella de lo que estaba bebiendo.- Dudo mucho de que usted se haya dedicado a la bebida antes de todo lo sucedido, y no se necesita de mi habilidad para observar cosas, cualquier persona podría notarlo. Es una mujer bastante hermosa y bien conservada-
Por un segundo me sonrojé.
- La verdad que la entiendo... Supongo que podría haber hecho lo mismo... tirarme en mi cama a beber y entregarle mi vida al destino... ¿Pero sabe qué? Y disculpe mi falta de respeto ¡Pero el destino se puede ir a la mierda!- E impactó su puño sobre los papeles de la mesa, haciéndome sobresaltar.
- No hay problema, maldecir libera el alma, pero solo te voy a pedir que mantengas la calma y la voz baja... no pretendo que mi marido se levante para ver qué es lo que sucede... no me gustaría involucrarlo.
- ¡Ah! La verdad que lo admiro... convivir con una mujer como usted, y un hijo tan... especial.
Lo fulminé con la mirada.
- No la culpo, todo problema...- Se detuvo nuevamente al decir eso y comprobar mi mirada amenazadora.- Perdón, toda historia tiene una base. Usted cumple un rol bastante grande en el inicio de todo ésto, quiera o no, usted es la madre... ¡Que eso no quiere decir que sea su culpa todo lo que está sucediendo, claro!
Asentí con la cabeza, no supe que decir, me sentía en gran parte culpable. Él tenía razón.
- Ahora Marcela, dígame una cosa... ¿Usted va a encerrarse a beber, esperando a que su hijo vuelva sano y salvo de ésta guerra? -
¿Guerra?
- ¿O va a ayudarme a ayudarlo?.- Ambos nos quedamos observando por un largo tiempo, pero él desvió la mirada, para así correr una silla y sentarse junto a mí.
- Mirá, para mí no es fácil como madre lo que estoy pasando... más allá de que mi hijo sea un vampiro y todas las otras cosas que nombraste... él siempre vivió a mi lado y ahora se marchó. No creo que entiendas el vacío que siente una madre al momento de ver partir a su hijo.
- ¡Pero todo se puede arreglar! Por eso es que estoy acá, sino no me hubiera arriesgado. Él necesita su ayuda, usted necesita mi ayuda, yo necesito su ayuda... la comunidad nos necesita.
Ya había aclarado mis dudas internas, él no iba a desistir hasta que yo dijera todo lo que sabía.
- Y... ¿Cómo crees que eso llegue a hacerse posible? Vos... yo. O sea, es algo que no me cierra.- Y lo volví a mirar fijamente.- Decíme la verdad... ¿Quién sos?-
- Un amigo.- Y me sonrió, haciendo brillar sus ojos y dientes. No me convenció.
- Un amigo.- Repetí, casi sarcásticamente y di un trago largo.
- Marcela... ambos tenemos el poder de solucionar ésto.
- Pero ¿Cómo?- Contesté bastante rápido, casi ahogándome con lo que acababa de beber.
- Es simple... aunque me haga sentir mal admitirlo... Era tan simple que no lo veía. Para solucionar un problema, y no quiero decir que su hijo lo sea, hay que comenzar desde el principio. La solución siempre estuvo ahí ¡Pero no la podía ver! Y es algo de lo que no me enorgullezco.- Y ahora el que le daba un buen trago a la bebida era él, haciendo sonar el vaso sobre la mesa al dejarlo.- No es momento para alardear de mis conocimientos o habilidades... Pero me siento una persona bastante capacitada para éste tipo de cosas.-
- Esperá... esperá...- Él me observó con los ojos entrecerrados, analizándome.- Por el amor de Dios, no me digas que sos un simple fanático.
-Hum... No me considero un "Simple fanático" sino en éstos momentos, en vez de estar manteniendo ésta charla con usted, me encontraría en mi cama leyendo la saga de Crepúsculo y buscando en Google la palabra "Vampiro".
Ambos sonreímos.
- Adoro las historias de Lestat- Comenté. Él me observó y volvió a sonreír, yo sé que notaba el alcohol en mí.
- ¿Edward Cullen o Lestat?- Me preguntó.
- ¿A qué te referís?-
- ¿A cuál elegís?-
- Edward Cullen, por supuesto.- Afirmé. Y me analizó nuevamente.
- ¿Edward Cullen? ¿Por qué?- Quiso saber. Lo había desconcertado, lo sabía.
- Totalmente, él es el único vampiro que puede hacer algo que nadie más.- Otra vez lo había desconcertado, pero antes de que preguntara algo le contesté - Él puede brillar... ¿Algo más patético que eso?
Cerró sus ojos, pero mostrando una agradable sonrisa y negando con la cabeza, haciendo volar sus cabellos rojizos. Ambos sonreímos, alzando nuestros vasos y bebimos otro trago.
- Ahora, volviendo a lo serio... Tu hijo está en grave peligro-
Suspiré profundo.
- Todos vivimos rodeados de peligros.-
Él negó con la cabeza.
- No me refiero a esa clase de peligros... Sé que puedo salir a la calle y cualquier persona podría intentar asaltarme y por una equivocación que jalen el gatillo y listo... Pero ambos sabemos a qué clase de peligro me refiero... y es uno muy grande.- Tomó aire y pensó antes de hablar- Todo lo que suceda de ahora en más, va a traer complicaciones en el futuro. Cada paso en falso que demos, cada palabra mal pronunciada... Todo eso tiene el poder de arruinarlo todo... o de arreglarlo.
- Dylan - Dije y observé mi vaso vacío.- En lo que no te sigo, es ¿A qué clase de peligros te referís? Porque te digo algo... Por lo que sé, éste último momento, mi hijo estuvo viviendo una serie de peligro tras otro. ¿Algo más grave que eso?- Y para mi sorpresa y desilusión, lo vi asentar con la cabeza.
- Así es... algo mucho más grave que eso- Y pude sentir como subrayaba la palabra "mucho"- Sé que en ésta familia.- Observó en rededor- existen cientos de historias, cientos de antepasados y muchas cosas más, pero... Solo sé que existen.
- Y por eso es que viniste a mí, con la esperanza de que yo te las revelara.- Noté en su cara que esa afirmación no le fue de su agrado.- Lamento desilusionarte, pero yo no sé nada sobre historias de antepasados y demás. Deberías ir en busca de mi ex marido, aunque no te lo recomiendo...
- No, no... No me malinterprete. No pretendo conocer sus secretos, ni los principios. Tan solo quiero encontrar la raíz de la flor que está a punto de brotar... Va a ser una mala cosecha, y lo mejor, va a ser desenterrarla antes de que salga a la luz.
Me lo quedé observando por bastante rato mientras revisaba entre sus papeles. Se notaba que sabía demasiado, pero era tan joven... no merecía pasar por todo ésto. Comprendía que lo hacía para que la muerte de su hermano no haya sido en vano, pero si lo pensabas bien, él se lo había buscado, por haber querido jugar al caza vampiros. No sabía que hacer ni qué decir, pero él volvió a hablar.
- Ésta muchacha... María- Y me mostró una foto. Asentí con la cabeza- Sigue siendo humana ¿Verdad?-
Me sorprendió la pregunta. ¿Sigue siendo humana?
- ¡Pero por supuesto!- Me di cuenta que había levantado el tono, había sentido un poco de agresividad en su pregunta.
- Bien... bien. Ella corre peligro entonces. Es humana, y sabe mucho.
- Pero eso no la diferencia entre vos o yo...
- Marcela, sos la madre de un Vampiro, y la ex mujer de uno de los más poderosos de ellos... ¿Qué tanto peligro crees que corres al lado de esa muchacha? Ella está indefensa.
- En éstos momentos estoy indefensa.- Él asintió con la cabeza pero dudando, y me asusté, Soubi saltó sobre mis piernas. Me observaba con sus enormes ojos celestes y bizcos fijamente, como si quisiera decirme algo. Le acaricié entre las orejas, pero seguía inmóvil. Dylan siguió sacando fotografías.
- Marcela... a lo que voy con todo ésto, es que si vos me ayudas... con algo de información, lo mínimo que sea, voy a poder estar más cerca de descubrir todo.
Sobre la mesa se encontraba la fotografía de Sebastian, Tamarah, mi hijo, Zemial, y la foto que había creído ver de Gabriel. Algo no encajaba.
- ¿Por qué le ocultan la verdad sobre su amigo?
- ¿Cómo decís?
- Sobre Zemial... Ambos sabemos que no murió.
Me dejó atónita. Supuestamente, solo el clan de Licántropos sabía eso, y todos nos encargábamos de mantenerlo alejado de Mapini.
- Hace un par de días, tuve el honor de verlo en acción, frente a éstos dos- Con un dedo señaló a Sebastian, y de su chaleco sacó otra fotografía, de un hombre al cuál no reconocía, con cabello rubio rizado.- Había una humana de por medio, que vaya a saber uno en el estado que se encontrará. Todo fue tan rápido y tan confuso. Apareció éste muchacho- Y ahora señalaba a Zemial- junto a otros que no reconocí y de los cuáles no tengo ninguna información... pero sé que pertenecen... a su manada.-
Sin darme cuenta, tenía la boca abierta, me encontraba sorprendida, sabía demasiado.
- En verdad, Dylan... creo que Mapini está más seguro de lo que vos estás... te estás metiendo en un lugar bastante peligroso.- Lo volví a ver sonreír, pero de felicidad.
- El día de la fiesta, por un tema que no va al caso, terminé en el pasillo de aquellas fotografías.- Lo señaló con la mano- Y me llamaron mucho la atención. No tuve el tiempo suficiente para revisarlas bien, porque Tamarah rondaba por el lugar, y si me veía, sabía que era hombre muerto... Pero reconocí una cara, y es la de éste muchacho.- Y ahora señalaba a Zemial.- Por supuesto que no es el mismo que se puede apreciar en la pared, pero ¡Por Dios! ¡Era él! Lo sé, no puedo equivocarme. Era él quien se enfrentó a los vampiros antes de entrar al Antro, lo supe luego de escuchar la historia de Mapini al final de la fiesta... al escuchar que él lo había matado accidentalmente con su sangre-
Si seguía con la boca abierta, de seguro que alguna mosca iba a entrar en mí.
- Le pido mil disculpas, pero llegué a oír todo. Me hice pasar por un ebrio más, tirado sobre el suelo a muy poca distancia de todos ustedes, y los pude oír. Lo que no entiendo, es cómo mis latidos pasaron desapercibido frente a tantos vampiros presentes ¡Iba a estallar de la emoción!
- Bien Dylan, veo que ya te lo estás tomando como un juego... y sí, el fanatismo te va a terminar matando.
- Por favor.- Me dijo, y me tomó de una mano.- Dígame que no estoy en lo correcto... dígame que no estoy loco. Sé que en éstos momentos lo aparento, pero ¿Usted sabe lo que significa descubrir por mí mismo todo ésto? ¿Sabe el gran avance que estaría logrando si tan solo usted me confirmara mi historia? ¡La excitación pura recorrería por mis venas y ésta noche no podría dormir!-
Y un ruido nos hizo entrar en alerta a los tres, a Dylan, a Soubi y a mí. Eran las cadenas de Shermie agitándose violentamente.
- Ellos saben que estoy acá-
Lo ví levantarse y tomar las cosas rápidamente, guardando todo desprolijamente en su maletín.
- ¿Quiénes?- Pregunté semi-alarmada.
- Los licántropos- Contestó sin mirarme.
Me sobresalté, sabía que había gente fuera de casa y sobre el techo. Soubi me lo había querido decir, pero no lo entendía, por el amor de Dios, era un gato.
- Marcela, tenes que saber que Mapini está en un verdadero peligro, al igual que todo su clan... Se está metiendo en lugares equivocados y relacionándose con personas equivocadas.
La puerta del patio estalló en mil pedazos haciendo un ruido que me provocó saltar de la silla.
Dylan se tapaba el pecho con el maletín. Se escuchaban unos pasos que provenían de afuera, caminando por el pasillo en forma de L que divide la cocina.
- Me voy a tener que ir- Dijo Dylan un poco nervioso, pero emocionado.- ¡Estoy en lo cierto! ¡Siempre lo estuve! Por algo están acá, no van a dejar que sepa tanto...
Lo quedé observando, mi marido se había levantado de la cama en pijama y nos observaba.
La cadena de Shermie, la perra, no paraba de agitarse, pero no ladraba... Soubi estaba más nervioso de lo normal, con los pelos erizados y la cola tiesa, observando hacia el pasillo.
- Marcela, de verdad que fue un gusto el haber hablado con vos... me contaste más cosas de las que crees... Gracias, realmente gracias.- Y lo vi sacar algo plateado de su chaleco. Luego escuché un click. - Tengo balas de plata - Lo escuché gritar hacia los pasos que se acercaban - Si no me hacen nada, no las pienso usar.
Y desde el pasillo, apareció la figura de un hombre, al cuál yo conocía desde bebé... Algo que me sorprendió demasiado. Ya no era un jovencito, aunque por la edad debería serlo, pero su cuerpo era mucho más grande, exageradamente desarrollado. No conservaba ni un poco de la inocencia que yo había visto en él, cuando solía venir a casa y pasaba horas y horas con Mapini. Sus ojos eran dorados, pero no brillaban... Se lo veía furioso y lastimado. En la cara llevaba varios golpes y la ropa rasgada. Era Zemial, si... después de tanto tiempo sin dar señales de vida, era él y lo que veía me sorprendía. Mi marido seguía sin entender nada.
Dylan lo apuntó con el arma temblando, Soubi maulló y saltó contra el hombre lobo que observaba al pelirrojo. Se oyó solo un disparo y el quejido del gato. Dylan me observó, su cara estaba bañada en transpiración. No lo llegué a escuchar por la conmoción del momento, pero pude leer sus labios que decían "Lo siento" y lo vi marcharse corriendo por la puerta delantera, y otro disparo.